8/7/23

Poema de Martín Raninqueo

 


Con la lapicera dorada

de mi abuelo escribí:

Fui feliz aun estando en la guerra.

Entre disparo y disparo,

bebí el silencio y la luz del cielo.

 

Hoy que mis padres

batallan con sus males,

camino por la ancha avenida

repitiendo do fa la do fa la

de Spiegel im Spiegel de Arvo Pärt.

Los árboles quemados

arañan las nubes ceniza

y pujan por salir las débiles hojas.

 

Las ramas le ofrendan al cielo

los nidos de la tarde.

 

© Martín Raninqueo

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5/5/23

Poema de Martín Raninqueo

 


Museo de Ciencias Naturales de La Plata, 1972

 

¿Qué son esos cráneos humanos

y esos huesos en las vitrinas, papá?

¿Son  los antepasados del hombre

junto a los dinosaurios, los pumas,

y los pájaros embalsamados?

 

Hubo un largo silencio en la sala

donde solo se oían murmullos

y el andar de unos pasos cansados.

 

Pude oír: “Son los huesos de la poesía

que vas a cantar mañana.”

 

Un anciano se alejaba cantando:

“Aquí estoy,

siguiendo la huella de los que se fueron,

sigo el rastro de sus pisadas.”*

 

Yo seguí desclavando con mis ojos

aquella mariposa

montada con dos alfileres

gigante y azul

como el primer cielo de la mañana.

 

 

*Fragmento de un canto Selk´nam, extraído del libro Antropología del genocidio - Colectivo Guías, Editorial De la Campana, 2010.

 

© Martín Raninqueo

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18/3/23

Poema de Martín Raninqueo

 


La atmósfera se cumbia

el domingo a las tres de la tarde

y se respira el aliento del río,

marihuana, cerveza y carbón.

En el camping suenan los Visconti:

Y no es que me arrepienta

de haberte amado tanto.

En los Dunas, el reguetón bombea

en el camino serpenteado

y uno siente perderse

en un juncal infinito

salpicado por casas de chapas

sobre pilotes donde amarran

botes desalmados

y perros que ladran

a nuestro paso.

 

© Martín Raninqueo

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24/2/23

Poema de Martín Raninqueo

 


Küla huapi Küla Ko

(tres islas - Tres Arroyos)

 

No sé cómo escribir,

Sargento Tantén,

sobre sus Remington Patria modelo Argentino,

prolijamente enfilados en su sala de armas

que abrieron sus bocas de pillanes de acero,

volcanes para frenar la maloca,

el cabalgar de mi tío abuelo

que enrojeció el pastizal.

Iba en busca de ganado,

pampa adentro,

cuando el disparo dio en el blanco de su pecho

y no pudo irse al humo en el entrevero.

 

Su hermano, mi abuelo Ignacio,

pudo escapar hacia Tres Arroyos

y comprar su primer traje en Casa Mulazzi,

la Esquina del Buen Vestir,

y alzarse los bigotes a lo mostacho

como le enseñó Don Leopoldo, su dueño,

para pasar desapercibido

como un italiano del sur.

 

¿”Ka mapu iem Ka mapu iem”

cantaría mi abuelo en la otra tierra

en un Nguillatun?

Atrás habían quedado Los Toldos y La Verde,

y aun volaban cenizas de un rewe

mientras su padre, el lonko Ragnin Kewpü,

era bautizado por el lazarista Birot

en Martín García, la isla de la prisión.

¿Mi laku tendría el mandato ancestral,

el küme felen,

la voz que le diría: “No abandones a tu gente

que vendrá a tocar tu puerta,

a sanar su kutran”?

¿Sabría que iba a encontrarse

con la cristiana María Salomé de Subiza,

a quien llamarían La Madre María?

¿Mi abuelo curaría con plantas,

les hablaría?

 

Tampoco sé cómo escribir,

Sargento Tantén,

sobre sus morteros pesados

que en 1982 se hundían

en la espera untuosa de la turba

con cada disparo

de esas balas que besé

antes de ser lanzadas

a otro ejército invasor.

 

¿Cómo empezar un poema

sobre la nueve milímetros que me entregó

para ir a las islas? “Vas a necesitar

mucha suerte con esta” –me dijo–,

¿Cómo escribir sobre

la noche de mis costillas

tatuadas por sus borcegos?

¿Qué versos sobre el día

de mi partida del Ejército

que finalicen con el arma que desenfundó

en la cancha de Gimnasia y Esgrima

donde, terminada la guerra,

nos dieron medallas

que arrojamos al viento

como cucarachas?

 

No sé escribir

sin hundir en mi lengua castellana

piedritas del mapudungun,

no para conspirar contra usted,

tampoco para no olvidarlo,

porque ya lo he olvidado.

Escribo sin gloria y sin pena

para seguir domando

los caballos de mi canto

que renacen y rastrillan

los caminos de mis venas.

 

 

 Nguillatun: ceremonia espiritual

rewe: espacio ceremonial; tronco escalonado de canelo o laurel

lonko: cabeza; autoridad máxima de la organización socio-territorial básica mapuche (lof)

laku: abuelo paterno

Ragnin Kewpü: su forma en castellano es Raninqueo y significa “en medio del pedernal”

küme felen: sistema de vida (literalmente: “ estar bien”)

kutran: enfermedad

mapudungun: lengua mapuche, el habla de la tierra

 

© Martín Raninqueo

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16/1/23

Poema de Martín Raninqueo

 


Zanja de Alsina

                                                                       

                                                                         

“En el pozo no busqué ni originalidad ni poesía.”   

                                                Adolfo Alsina                                                                                                                               

 

¿Quién abrió esta garganta

de gualichu en la tierra?

Tripailao,

hay que dir

del otro lao

por aguardiente

y achúcar.

Traiga, lonko,

aquel rebaño de ovejas.

Las arrojaremos

en la zanja

y cruzaremos

por sobre sus lomos.

Esto es poesía.

 

¿A quién se le ocurre

un puente de lana

que bala toda la noche

entre los cardos

y la niebla? 

 

gualichu o gualicho: espíritu maligno presente en distintas culturas originarias

lonko: cabeza, autoridad máxima de la organización socio-territorial básica mapuche (lof)

 

© Martín Raninqueo

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26/11/22

Poema de Martín Raninqueo



 Tañi lewfü

 

Mi río no tiene un palmar sin orillas

ni los sauces tienen aura.

 

Mi río tiene un encaje raído

de recreos sindicales vaciados

y hombres arrojados a sus fauces

en vuelos nocturnos.

 

Mi río tiene la atmósfera enrarecida

de La ribera de Enrique Wernicke donde

“las ramas de los sauces,

acostadas sobre el agua,

parecen los cabellos desgreñados

de un gigante que se ahogara”.

 

Mi río tiene el color de las chapas oxidadas

de la corriente paralela que forman las villas

Tranquila, Rubencito, El Zanjón,

El Molino, el Miguelín.

 

Mi río es una pampa de agua

donde mis ojos cabalgan. 

 

Tañi lewfü: mi río

 

© Martín Raninqueo

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10/10/22

Poema de Martín Raninqueo

 


Dolinda

 

A mi madre, obrera del Frigorífico Swift a sus 14 años.

 

Como un kiwi con una cucharita,

así me enseñaste vos.

Voy cerrando las puertas de los cuartos,

la ruka está tomada.

 

Me siento frente a la computadora 

y río con el mensaje de un amigo

sobre una lectura en el MALBA:

unas viejas amigas de Ensenada

invitadas por Arnaldo Calveyra,

salieron en estampida

tras escuchar los primeros versos

del poeta afrancesado que se jactaba

de no volver con fines retóricos

a los lugares de la infancia.

 

¿Dónde estaban en su poesía

las claves de la Ensenada?

¿Allí, en esas engoladas peroraciones

donde cruzaban entre la niebla

los trenes de ganado hacia el sur?

 

Viejas que volaron como langostas

tras la fumigación poética

del fumigador de barcos.

 

La fruta llega a su fin en tres bocados amargos

y la sangre que fluye de mis venas nasales

busca un cauce, un arroyo en la mapu

para desembocar en el río seco de tu sangre.

 

Dos lindas en una, soy tu weichafe,

una chispa del kütral en medio del pedernal,

el que escuchó en nuestra despedida

la injuria de aquel inglés

del Frigorífico Swift.

Meli meli, obrerita viniste

y perfumada en versos de lluvia

te vas.

 

Me voy de tu ruka

con tus ollas y vasijas,

todo lo que es cuenco es tu vientre.

 

 

ruka: casa

mapu: concepto que ordena y explica la cosmovisión mapuche; Tierra con su subsuelo, el espacio sobre ella y las vidas tangibles e intangibles

weichafe: guerrero

kütral: fuego

meli:  cuatro

 

 

© Martín Raninqueo

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12/9/22

Poema de Martín Raninqueo

 


Tami choyün


Soy yo, padre,

el que está naciendo

desde tu silencio

bajo este cielo desdentado,

el que empieza a reconocerse

en el galope del viento

en el filo de la escarcha

en la piedra que canta

y cruza las balas del gendarme.

 

tami choyün: tu brote

 

© Martín Raninqueo

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8/8/22

Poema de Martín Raninqueo

 


A la manera de Craig Czury

 

Escribí un poema

entre las nervaduras

de unas hojas caídas,

luego las barrí

y las prendí fuego

en mi kütral

para ver el humo

en los versos negros

elevarse hasta

la tierra de arriba.

 

Desde entonces la poesía

no ha vuelto a visitarme.

Hoy tocará la puerta

de otra ruka,

de alguien que sepa

recibirla descalzo

darle abrigo

fondear

en sus ojos de lluvia. 

 

 

kütral: fuego

ruka: casa

 

© Martín Raninqueo

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