9/3/26

Poema de Luis Benítez

 

taxidermia

 

tomar un buen poema y quitarle cuidadosamente las tripas

que son tan venenosas como las del pez globo

rellenarlo de paja académica

peinarle los pelos como está a la moda aunque

insistan en irse para el otro lado

colocarlo sobre un pedestal y aplicarle en la base

una placa de bronce con su nombre imaginado en moderno latín

 

y la bestia inmóvil nunca más joderá

 

© Luis Benítez

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Poema de Dora González

 


A tu resistencia


La mira

con los ojos macerados

vaya a saber uno

en qué estrella de niño distinto.

La nombra

con una lengua imposible

y aun así  prendida a la luz

dice la palabra.

La sigue

con lo inocente puesto

en el secreto de sus piernas

y aun así

parece avanzar encarnado

por algún arco iris.

Él la mira

la nombra

la sigue

y adolece.

Ella sólo es madre

del abandono irremediable

que la envuelve.

Vaya a saber uno

hasta cuándo él.

 

© Dora González

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Poema de Osvaldo Víctor Fernández

  


En el silencio roto del alba

los pájaros trazan signos en el aire

jeroglíficos de alas y sombras

que el cielo guarda en secreto

.

no cantan

pero su vuelo murmura preguntas

que nadie puede responder

.

en su mirada hay algo sagrado

como si hubieran visto el principio

el fuego y la luz

que moldearon las montañas

y el universo

todo

.

la brisa lleva su mensaje

indescifrable

pleno de algo eterno

un eco del latido del cosmos

.

y al posarse en ramas desnudas

sus cuerpos pequeños

se vuelven templos

donde lo divino se esconde

bajo plumas de polvo

y de oro.

 

© Osvaldo Víctor Fernández

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Poema de Carolina Brieux Olivera

 


Mamá

 

Soy la que derramó el perfume,

la niña que te busca

dentro del tallo.

 

© Carolina Brieux Olivera

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Poema de Mauricio Giulietti

  


El abanico de mi abuela era un páramo

una estela de aire en movimiento

donde el calor se detenía

Mi madre enferma

la radio prendida

mis hermanos tratando de salvarse

a costa de silencios

Cuando mi abuela se iba

la casa se volvía una nube

densa sobre nuestros cuerpos

Entonces apagábamos la luz

y nos disponíamos

a desaparecer.

 

© Mauricio Giulietti

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Poema de Liliana Majic

  


El corazón latía

                impávido

en la palma de la mano homicida

desde adentro

            sonaba un llanto

confuso

con una navaja

abrió en dos al órgano

               vivo

aullido

un mar infinito

desató millares de lágrimas

con todos los dedos

cerró violentamente

la herida

                y se fue

 

 

lastimada

la carne

quedó en el suelo

mirando la noche

 

© Liliana Majic

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Poema de Lucía Franchi

 


Es fácil escribirte

así, en la oscuridad,

no hay mirada que penetre,

no permito que te defiendas.

Pero, entendé, que esto no es

un juicio,

es mi manera de hablar

para que el derrumbe

no se convierta en avalancha,

para que la palabra sobreviva

al frío que estoy

a punto de pasar.

 

Sí, frío.

¿Alguna vez sentiste

realmente frío?

Ese que viene de adentro.

Imaginate una mariposa

atada a un cordón

sobrevolando la mesa

sin imaginar siquiera

que la libertad no es eso,

imaginate su único día

sobrevolando ceniceros desbordados

y el diario de ayer.

Ahora imaginate mariposa,

pero con consciencia

de libertad.

De ese tipo de frío te hablo

 

© Lucía Franchi

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Poema de Antonio Ramón Gutiérrez

 


LECTOR 

 

Mi gratitud hacia usted, lector

que en este preciso instante

está leyendo estas líneas.

¿Me ve?, ¿advierte mi presencia?,

¿afuera es de día o es de noche?

Estoy aquí frente a usted

y si estirara mi mano

yo podría tocarlo.

Siento su respiración, sus latidos,

sé que me oye, que sus pupilas caminan

esta página por el noveno verso

y un escalofrío le recorre el cuerpo.

Usted es parte primordial del poema,

está inmerso en la trama, de pie en su cabeza,

en la escritura que nos lleva hacia punto final.

Sin su inclusión, querido lector, este poema

no sería posible, cierre ahora los ojos,

afuera se escucha el rugido de la época,

los caballos que marchan por el declive.

Hemos ya casi transitado el camino

de palabras que aún nos hablan.

Estamos en el penúltimo renglón.

Usted me está dictando el poema.

 

© Antonio Ramón Gutiérrez

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Poema de María Julia Druille

  


Flores nocturnas 

 

en el dormidero de la noche 

                                  los seres se retraen 

se hunden las flores 

en sueño profundo 

como si absorbieran de lo oscuro

                                  el rocío de la vida 

una flor soñó una vez 

que era eterna 

y  hace siglos que renace

donde germina su semilla

 

© María Julia Druille

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Poema de Blanca Correa

  


Palabras 

en tiempo de soles errabundos.

Alarido vertiginoso de una hembra

despereza el cielo

y cae la última respiración animal.

Cae

la piedra blanda

desde la espalda desnuda

de este otoño agónico.

 

La furia de los mares infértiles

despierta a los dioses

y un olor fétido,

habitante,

expulsa tu vida virginal.

 

© Blanca Correa

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7/3/26

Texto de Hugo Francisco Rivella

 


La espalda carga el peso de la culpa

la cruz

el árbol que alguna vez fue rama algarabía nidales de las aves semilla de algodón

fruto guarida

hoy es apenas cepo madera astilla de naufragio

la espalda y el azote como un trueno un estallido

el odio acurrucado en el niño al que acunan caballos alunados

la espalda con el peso de la mina llenándose de sed cavernas solitarias el socavón polvoso en donde el día es un vestigio torpe de la noche

la espalda que soporta el monasterio las paredes del templo del asceta

el silicio que esparce sus aceros de cuero más temibles que el pecado

he visto en Guatemala a los hombres cargar a las espaldas esculturas de piedra y trepar las callejas también de piedra para llegar al alto de la plaza y ser arriba sueño

la espalda del florista la tejedora de huipiles las vendedoras de ají de miel de abejas

de panes de maíz de chirimoyas

la espalda del gigante que sostiene al universo con sus raspaduras los campos de batalla y sus tanques las bazookas sus laser sus mesnadas

la espalda en donde el trueno se hace estrella

la espalda Quasimodo contrahecha lo mismo que un puñal hecho con barro

 

© Hugo Francisco Rivella

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Poema de Olga Liliana Reinoso

  


MUCHAS VIDAS


Un par de piernas flacas

que se debaten

entre subir al árbol

o salir corriendo.

 

Danza del látigo

el pegamento

y la prostitución.

 

Esconderse entre ladrillos

y cemento.

Como un suspiro.

Parte desprevenida

indeseada.

Residuo.

 

Tumbas de pie.

Cadáveres que actúan,

mundo invisible.

Rompecabezas

papel de lija

boca violada.

 

En el sueño /solamente en el sueño /una caricia.

 

© Olga Liliana Reinoso

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Poema de Mauricio Cappiello

 


   (...) a veces giro hacia una brújula inversa

donde el sur es el norte y el horizonte salida

Zulma Zubillaga                    

                                                      


Hay un tiempo, que deja de ser limite,

sobre su propio transitar          - se diluye -

                         arde por todos los vórtices.

 

Hay un tiempo donde la logística de la vida

se detiene          mira hacia un costado

          el costado izquierdo / el memorial costado

irrumpe en cada uno de sus instantes 

atraviesa todas las posibles noches

atraviesa hasta la misma sombra,

en la cual una especie de brújula       deslumbra el horizonte.

 

Hay un tiempo donde el bosque     es un pájaro

                         donde el verso desfallece

el último paso yace en lo efímero y

la primitiva roca ya es destello sobre el polvo.

 

Ahora las miradas atestiguan al signo

su inalterable magnitud    sobre la trama del aire

                        donde emerge la palabra /

                        donde el sagrado páramo

                            -es mi refugio-.

 

Ahora algo semejante a un conjuro, cubre al reloj que avanza

mientras digo / desdigo un poema       (como un antiguo mantra).

Atravieso la encrucijada  /

     la madriguera en la cual habita esa escritura.

 

Sé de un tiempo donde la huella es devorada  /

Sé de la nada y su oscuridad

 

no sé el dialecto con el que se manifiesta

tampoco la levedad de su existencia

sin embargo

ahora algo me dice / susurra  (apenas susurra)

¿lo oís?

es el tiempovida

                      él, me dice lo contrario

sí,                                 me dice lo contrario.         

                                                                                     

© Mauricio Cappiello

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Poema de Alicia Loza

  


“Dejen dar a las flores

 un paseo

 en lunes,

para que pueda ver diez margaritas

en un florero azul…”

Anne Sexton Flores y Gusanos 

 

Diez margaritas

 

diez margaritas

        para tu florero azul

            diez margaritas

                 para el cuarto de Van Gogh

                    y el frío del mundo se acabará

 

diez margaritas blancas

       buenas

               amadas

                         y serás tan feliz

 

allí

     en el campo apacible

             encontrarás

                       el poema que finalmente te salve

                    de aquella noche estrellada

                             en la que deseaste morir

y tu madre

      y dios

           y tu vientre ahogado de cielo rojo

 

ya no buscarás la noche estrellada

          en la que quisiste morir

                     sin banderas ni llanto

 

sino margaritas

           en el campo

                   mágico

                           y secreto

                                       del mundo

 

entonces

        el mundo

              creerá en esas estrellas

                    vivas

                         que se mueven

                              en la noche azul del artista

creerá

            y  no habrá gusanos

                 que escuchen

                       los suspiros de la muerte

                                              en sus oídos

ellos

        los gusanos

                   lo saben mejor

 

                           solo diez margaritas…

 

© Alicia Loza

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Poema de Gloria Arcuschin

        


INCENDIOS


A mí amada Patagonia. Alto Río Senguer.

Chubut. Escuela de Frontera N°106.

 

Primeras luces de docencia,

Allí anduve la escarcha

de los caminos

por bosques sagrados

y lagos de cristal.

Allí gente cuyos rostros

me habitan para siempre

Elena Beatriz Carles mi amiga maestra.

 George Clarke. Sofia. Thomas.

El Vasco Villelabeitía y Cacho Touyat

                 periodistas.

Tula compañera del municipio.

Patagonia Amada. Una cornamenta

                         ciervo colorado,

                         con musgo,

"el musgo, porque no fue cazado,

sinó encontrado en el bosque,

lleveló para Buenos Aires señorita,         

de recuerdo." Me dijo el peón- puestero,

 allí conocí su miseria de rancho

puro frío y viento en medio de la belleza.

Laderas de pinos multicolores,

yacimientos de fósiles flechas originarias,

testigos de la historia.    

 Pescados frescos sabrosos

y mermeladas rojas chorreantes!            

Ahora ésos recuerdos

se incendian son cenizas

al cerrar los párpados.

Un Fantasma recorre el Mundo,

el fantasma del Capital. 

 

© Gloria Arcuschin

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6/3/26

Poema de Patricia Suñer

 


La Memoria y el Tiempo

 

Pasado el tiempo, más de seis décadas

vienen a la memoria, los recuerdos.

Aprendí sentada en la escalera

de la casa de las sierras,

atarme las zapatillas, mi abuela paterna

estaba allí, a mi lado.

Sentí la voz de mi abuelo paterno

cada noche con un cuento,

sentadito en mi sofá cama.

"Habibi" esa palabra que abrazaba

mi corazón, de mi abuela materna libanesa. Sus confesiones y sus intrigas sobre la vida sexual.

¡Cómo lo recuerdo! yo dándole consejos.

Wadid mi abuelo libanés la vida y las guerras que soportó, manteniendo una gran familia. Viene a mi memoria,

tanta lucha y llegar a sobrevivir dándole lo mejor a sus hijos.

 

Llevo dentro de mí, una gran historia.

Larga de contar en Poesía.

Sólo sé que fui enriquecida de amor

y sabiduría.

Hubo momentos crudos y duros,

que hoy mi memoria no quiere registrar,

porque se las entregué al viento,

que lejos de mí las llevé.

De mis padres, supe valorar la vida.

Supe de la honestidad, aunque también

supe de la agresión, ah, eso el viento

lo llevó.

El tiempo y la memoria, acunó tres niños.

Mi vientre los albergó y a la vida se los entregué. Y ahí estoy, siempre cuidándolos.

Ahora la memoria tiene cinco bellas sonrisas con rostros de nietos.

Hoy, la memoria no me falla

aunque el tiempo tuvo su lugar.

Me queda el agradecimiento

de que en versos puedo expresarla.

 

© Patricia Suñer

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Poema de Vanesa Almada Noguerón

 


NATURAL INTELLIGENCE

 

vas por la calle

no hay árboles donde encontrarse con la sombra

la sombra es la cosa extinta

vas por la calle

un río aplastado de vidrios viene hacia tu cuerpo

el brillo lo adorna

pensás en huir

algo en la luz muta cada tarde

algo en la luz amenaza todo elemento orgánico

todavía despierto

vas por la calle aunque no existe calle

como refugio ni como término

faltan el agua y la forma

falta el mar y todo lo que de él nunca llegaste a conocer

hace una buena parte de tiempo que arriba

dejó de ser arriba

vas por la calle

otro engendro autoconstruido pule ensimismado el metal

de su propia estructura en la cercanía de lo que antes

ha sido un parque

el jardín de una gran casa o la entrada

a una reserva natural

se acerca inquieto a pedir rumbo

revelación o sentido

ahora sos vos quien tiene que ofrecer alguna

de las posibles soluciones

la máquina permanece inmóvil mientras el aire

destruye trastos

armazones y superficies

la calle se apaga y no lográs recordar siquiera

su nombre

la máquina sigue aguardando

ahora sos vos quien procesa

depura

y ejecuta

 

qué vas a responder?

 

© Vanesa Almada Noguerón

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Poema de María Marta Donnet

 


Con su saliva moja mis labios   después

de sacar el dedo de la boca lo pasa

por encima de la mía.

El dedo índice que señala    mis errores

se transforma ahora   en un movimiento sensual.

Se agacha y puedo oler    su sexo

el aroma de la existencia   la fragancia que da a luz

una forma de vaho que nunca se olvida.

Tomadas de la mano me lleva     hasta el lugar

donde todo se transforma.        Remojamos entonces

los tomates en agua caliente       les quitamos el pellejo

y los cortamos en trocitos.      Después de colocarlos

en la olla agregamos una lluvia de azúcar.

Y comenzamos a revolver.       Su mano sobre la mía.

La cuchara de madera.

Cuidado.     Que no se pegue, dice.

Cuidado.      No me pegues, digo.

Bulle el dulce de tomates     que comeremos de postre

y yo saboreo   su presencia.

Caminamos juntas hasta el colegio.

Con su instinto de madre se moja el dedo con saliva

y limpia el resto de dulce al costado

de mi boca.

Cuando se agacha para besarme la huelo.     Aroma a uvas

y frutas silvestres me acompañan hasta la puerta.

El día del Amor     el único día del Amor.         

Padre, he pecado. He pecado y he sido feliz.

Cierro este poema     con la esperanza

de que Dios      tal vez      algún día

me perdone.

 

© María Marta Donnet

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Poema de José Luis Frasinetti

 


Invierno

 

Entonces, era el invierno

y yo añoraba la nieve de los cuentos de Chejov.

Mi padre hachaba leña

y juntábamos ramas caídas.

Yo iba desde Gorki hasta Gogol,

desde Truman Capote a Dostoievsky.

Tiempo después, más allá de la casa,

la cerrazón escondía los paraísos, los plátanos.

Con mi madre oíamos tronar,

llover.

Oíamos a mi padre

ir y venir

como un recuerdo persistente.

 

© José Luis Frasinetti

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Poema de Leonor Mauvecin

 


ESPINA

 

Cómo me duele la ausencia

                                         espina

arañando la tarde.

 

Cómo me nace el sueño / bordándome  la blusa.

 

Y lloverá el silencio.

                  Y  como una bruma  el aire.

Un surco

       tu perfume  / abierto en plena calle.

 

© Leonor Mauvecin

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Poema de Juan Manuel Zeni

 


MUNDO

 

Vicente dice poquitas palabras:

con ellas nos llama, festeja la teta

pide agua

pide algún juguete lejano

 

cuando le respondemos se ríe

 

¿Cuántas palabras hacen falta

para nombrar el mundo que queremos?

 

© Juan Manuel Zeni

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Poema de Elena Garritani

 


El sol de un largo día

 

Amanecía de golpe con los ojos abiertos.

La conciencia, en su callada hora,

demoraba ese breve espacio de tiempo

para abjurar del día,

escuchar la lluvia en el techo de zinc,

sentir el calorcito de las frazadas.

La sensualidad  inútil de la penumbra

me anticipaba el café que saborearía  luego

con  ojos de sueño. 

Vaciaba  el sol  un  laberinto sobre mi confusión. 

 

© Elena Garritani

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