18/7/26

Poema de Matías Aldaz

 


ZARPAZO ANIMAL

 

lo primero

que me dijo la mamá

cuando me llamó

fue que Lorenzo estaba bien

 

que la perra

lo había atacado

pero que estaba bien

 

que estaba bien

que sólo había sido

un corte cerca del ojo

 

el picante es un dolor

como cualquier dolor

me dijo el dueño

del restorán mexicano

 

un rato antes

le había preguntado

si picaba el guacamole

que había dejado en la mesa

 

es para que pueda

comer él

dije y lo señalé a Lorenzo

 

¿qué edad tiene?

me preguntó

 

un año

y cuatro meses

dije

 

en méxico ya desde el año

comen comida picosa

es mejor que de chavitos

vayan asimilando el dolor

¿no cree?

 

desde hace un tiempo

su herida se transformó

en la cicatriz

que más hay que cuidar

 

untarle una crema

todas las mañanas las tardes las noches

untarla con el cuidado de no alcanzar el ojo

arrastrar el dedo suave para arriba suave para abajo

hasta que la crema desaparezca por completo

hasta que el relieve desaparezca por completo

 

unos minutos más tarde

de que la perra lo atacara

fui a buscar a Lorenzo

para llevarlo a la clínica

 

faltaban pocos minutos

para que comenzara

el partido del mundo

 

la avenida vacía

el sanatorio vacío

 

sólo una recepcionista

que nos pidió nombres y números y huyó

y un guardia con una cancha

en la palma de la mano

 

esperamos más de una hora y media

a que la cirujana lo cociera

 

todas las noches

que Lorenzo duerme

en mi departamento

antes de acostarme

busco la crema

en su mochila roja de animales

pongo en mi dedo índice

una bolita blanca

me siento al lado de la cuna

y aprovecho para mirarlo un rato dormir

las piernas siempre cruzadas

el ronquido de pajarito

la nieve en las manos

 

después sí

meto el brazo entre los barrotes

acerco el dedo

con la bolita blanca de crema

y la froto y la froto y la froto

hasta que desaparece

 

pero justo anoche

me olvidé de hacerlo

 

me dormí temprano

para acompañar su sueño

y fue el ladrido de los perros

que me despertó

 

en lo primero que pensé

fue en la cicatriz

 

eran las tres y cuarenta

de la madrugada

 

busqué el pomo

en la mochila roja de animales

y me puse la bolita blanca

en el dedo índice

 

al empezar a frotar

la crema

en la cicatriz

Lorenzo se sonrió

 

fue una sonrisa chiquita

y silenciosa

 

© Matías Aldaz

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28/3/26

Poema de Matías Aldaz

 


KAWASAKI

 

en la misma cucharita

que a la noche usábamos

para revolver el té

de día disolvíamos

media aspirineta

en agua de bajo sodio

 

pero eso fue

después de salir de la clínica

 

en la clínica las enfermeras

partían las aspirinetas

con un cuchillo

y las metían con agua

en una jeringa

la agitaban

y la descargaban

de una sola vez

en la boca de Lorenzo

 

su cama de hospital

se parecía

a una pileta de natación

los monitores con cifras

y líneas luminosas

vibraban

cada cinco minutos

 

en esa pieza también

resplandecía Lorenzo

conectado a una vía permanente

que lo sujetaba al mundo

en el que vivía

hacía sólo tres meses

plagado de pelusas en la cabeza

y movimientos espasmódicos

 

fiebre alta

decaído

el paracetamol

que funciona una hora

para que luego la fiebre vuelva

y se instale en la cumbre

de nieve que no hace otra cosa

que quemar las palabras dichas con amor

 

de esa manera

en la pieza de la clínica

un día y otro día

y otro

 

por las tardes

salía a dar paseos

caminaba por maipú

quince veinte cuadras de ida

quince veinte cuadras de vuelta

me aplacaba oír

los autos

las bocinas

las voces

 

el límite de mi caminata

era una librería de usados

en la que sólo me paraba

a mirar la vidriera

durante un largo rato

 

cuando volvía a la pieza

el pitido del monitor

con cifras y líneas luminosas

me hacía marchitar el cuero

 

lo importante es que

él está de buen ánimo

decían las médicas

 

también hacía otra cosa

cuando daba ese paseo

una cuadra antes de volver a la habitación

tomaba un helado

siempre del mismo gusto

 

la joven que me atendía

se sonrió las dos o tres primeras veces

que se lo pedí

las veces siguientes

ya no hizo falta

sacaba el helado de su bolsillo

como si fuera un pase de magia

 

en aquella primera fiebre

yo estaba a cuatrocientos kilómetros

de la clínica

 

todo el viaje de vuelta

lo hice con el cielo

hecho una lengua oscura

ondeándose sobre el parabrisas

 

la calma

llegó recién

con la gamma globulina

y con una pediatra rubia

y correntina

que encontró

la vena en la ingle

y le inyectó durante cuatro horas seguidas

una gigantesca variedad de maravillas

 

y al poco tiempo

el sarpullido de las rodillas

y el sarpullido del pecho

y el abombamiento

de los vasos sanguíneos del corazón

desaparecieron

 

horas antes del alta

salí a caminar de nuevo

con la certeza

de que era el último paseo

quince veinte cuadras de ida

quince veinte cuadras de vuelta

mirar la vidriera llena de libros

durante un largo rato

y por fin llevarme uno de Molinari

donde la tarde es un pájaro

y al volver la joven

y su pase de magia

 

antes de irnos

le pusimos a Lorenzo la ropa

más nueva que tenía

escribimos en un papel de cielo

una nota llena de dibujos

para las enfermeras

para las médicas

y la pegamos con prolijidad

en un corcho al final del pasillo

 

© Matías Aldaz

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7/2/26

Poema de Matías Aldaz

 


ACENTO DE PIEDRA PRECIOSA

 

el otro día

dijo por primera vez

su nombre

en realidad

no dijo Lo ren zo

sino su sobrenombre

aunque para ser más preciso

tampoco su sobrenombre

tal cual es

o sí

pero con un pequeño cambio

en lugar de lolo

dijo

loló

 

¿cómo te llamás vos?

loló

así lo dijo

con una mueca iracunda

hundiendo los cachetes

y achicando la boca lo más posible

loló

dijo

y fue como si sonara el campanario

de una capilla perdida

en el campo de federación

donde nacieron sus abuelos

sus tíos

donde nací yo

 

dijo

loló

y fue sorpresa

pero también fue pavor

 

dijo

loló

y quizás

en un corto tiempo

ya no lo diga más así

y sólo diga como le dicen todos

lolo

que se presente como lo nombran

sin ese acento de piedra preciosa

que él se inventó

para usarlo sólo un ratito

 

dijo loló

y yo repasé algunos

de los otros nombres

que teníamos pensado para él

 

en un pizarrón que estaba

en nuestra casa

en colegiales

escribí con una tiza blanca

la fecha del día

en que con la mamá

nos vimos por primera vez

y también anoté ahí

las fechas precisas

en que tenía que tomar

unos comprimidos

y que ahora

no recuerdo

para qué servían

 

en ese mismo pizarrón

arriba de todo comencé

durante la última etapa del embarazo

a poner los nombres

que nos gustaban

comencé el mismo día

que nos enteramos

que iba a ser un varón

 

antú fue el primer nombre

antonio también

los separé con un guión

 

antú guión antonio

tupí guión ciro

camilo guión juan

el último fue Lorenzo

y ya no hubo más guión

 

antes de salir del sanatorio

con la mamá estuvimos sentados

durante más de quince minutos

frente a la señora del registro civil

que lo tenía que anotar

 

dudábamos aún

qué nombre ponerle

queríamos Lorenzo

pero vacilábamos

porque había que vacilar

porque estábamos

obligados a vacilar

 

no era algo como comprar una casa u otra

como ir de vacaciones al sur o al norte

no

era el nombre de nuestro hijo

(mientras él dormía

en el huevito

con el gorro mal puesto

así como lo tuvo las tres

o cuatro veces

que lo usó

ninguno nunca

ni la mamá ni yo

se lo supo poner

de la manera correcta)

 

dudábamos entonces

(los dos frente a la señora

del registro civil

que tenía un malhumor

color turquesa)

si camilo o Lorenzo

 

la pulserita de plástico

que le habían puesto

en el sanatorio

decía Lorenzo

todo con mayúsculas

un solo nombre

 

ningún nombre heredado

ni mío ni de ningún abuelo

 

sin el peso

de felicidad

ni desdicha

 

y casi fue camilo

(pero en aquel momento

había un cantante

que se llamaba camilo

y que usaba un bigotito ridículo

y a mí no me gustaba

ese paralelismo para Lorenzo)

 

en verdad

sé que nunca lo voy a llamar lolo

tal vez sí lo llame loló

como él se puso el otro día

como él eligió que lo llamaran

para anunciar yo también decido

yo también puedo consagrarme a la fe

el modo prodigioso de fundar su identidad

y de cambiar la mía para siempre

 

y yo ahora

le digo Lorenzo

 

le digo

Lorenzo

¿dónde hay una palmera?

y él me mira

y hace una sonrisa

que se parece mucho

al brillo del mar

y con entusiasmo

se da vuelta rápido

me la señala


© Matías Aldaz

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