29/10/25

Poema de María Teresa Andruetto

 


Por qué a cada sobresalto...

te vuelven a la mente los troncos

y el río y la colina con la luna

detrás y el camino...?

C. P. l9 de agosto de l946.

Diario.

 

Lapataia/94

 

Caen sobre el camino los troncos

centenarios. Un zorro acecha.

Más allá los manchones

de las castoreras.

Somos nosotros los que vamos

bajo la lluvia, pero parece

que nadie fuera,

que nos hubiéramos hecho de aire

entre las lengas.

 

© María Teresa Andruetto

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Poema de Miguel Falquez-Certain

 

Carpe diem

 

Goza tu instante, goza tu locura

todo se ciñe al ritmo del amor.

―Porfirio Barba Jacob

 

Del álbum olvidado se desprende

jibio tu retrato y no comprendes

adónde se te fueron esos años.

Te miras con asombro y pronto dudas

que seas tú el mismo, la barba al viento,

el rostro juvenil, franca sonrisa,

el cabello alborotado ― perduras

en la magia memoriosa del albur.

 

De improviso vives los días idos,

la insolencia, el desparpajo, ya no

le temes a la muerte, todo es puro,

el gran amor que te revela presto

los deleites, instantes fugitivos

que te devuelven al presente mudo.

 

                   A Pedro R. Monge Rafuls

 

© Miguel Falquez-Certain

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Poema de Marina Petersen

 


Ventana

 

Una fina capa invernal

duerme

hasta que el sol

toma fuerza

 

un puente sobre un arroyo

piedras aún vestidas de blanco

algunas matas verdes

 

más allá

árboles listos para sobrevivir

y la capilla en la que se realizan

los rituales matutinos

frío en los pies

mantra mantra mantra

 

sobre la ruta

el altar para la ceremonia del fuego

las tablillas con nombres de muertos

se queman y sus almas se purifican

aunque en paz

siguen muertos.

 

© Marina Petersen

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Poema de Ricardo Di Mario

         


 El silencio sostiene el linaje y la muerte, único refugio el camino y la palabra.

Maribel Mora Curriao 

 

Para qué escribir le pregunté a la mujer que se iba en la corriente

las palabras son gotas que se funden en el río

en la lluvia

en las lágrimas

la pregunta siguió resonando en las salas

en los libros

en las tertulias aparece una y otra vez

¿Cuántos de esta comunidad se preguntarán frente a la arcilla blanda?

A Yourcenar, a Szymborska, a Olga Orozco, y a Mistral, les pregunté

a las suicidas

a las beat

y a cada silencio que escribieron

en tono de un mismo ligero y suave género

sus tramas se humedecerán con ellas

y la pregunta quedará sin responder.  

 

© Ricardo Di Mario

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Poema de Olga Edith Romero

 


TANTA PEQUEÑEZ

 

Nuestra humanidad

tiene la pequeñez

del comején

y pretende que un Dios

se ocupe de sus días y sus noches

cuando un enorme

y oscuro pie

destruye el hormiguero.

 

© Olga Edith Romero

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Poema de Néstor Alonso

 


GOTERAS


Inauguró goteras esa tarde

de amenazantes nubes claroscuras

como algodones sucios

que llegaron rodando desde siempre.

 

¿Quién apedreó los techos?...

acaso travesuras, pasatiempos de dios,

para aplacar un ocio insoportable.

Después,

se barajaron culpas y castigos

y especulamos con esto y con aquello

por no saber,

por ignorar nuestra insignificancia.

 

Por fin, alzamos piedras,

sopesamos sus blancas inocencias,

las exhibimos a la vista de todos

cada una de ellas convertida

en un chivo expiatorio

cuyo único pecado, fue caer.

 

© Néstor Alonso

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Poema de Miry Sarkis

 


La farolera


                 “ Mi tierra es una ronda de niños” Carina Paz.

 

En el patio de la niñez

                              la farolera tropezó

                                                     se cayó

                                                     se calló

                                                     -la callaron-

le cosieron la boca

        con el hilo resistente    de lo prohibido.

 

© Miry Sarkis

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Poema de Matías Nicolás Guzmán

 

CHAPLIN

 

“...aún ahora, mi voz llega a millones en todo el mundo…”

El Gran Dicatador, 1940.

 

Chaplin fue un

opositor al cine sonoro

cuando este comenzó

a hacerse paso en los años '30

 

él creía en el cuerpo

en lo que este podía expresar

a través de la pantomima

sin la intervención de la voz

 

sin embargo

una vez habló

para decir algo que

el poder de sus gestos

no podía expresar

 

habló tan fuerte

que ni la persecución

ni el exilio

ni la muerte

lo pudieron callar

 

Chaplin no pudo

arreglar el mundo

como hubiese querido

 

pero su voz

grabada en esa cinta

nos dice que si lo intentamos

lo hagamos con alegría

 

© Matías Nicolás Guzmán

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Poema de María Cecilia Piscitelli

 


“Una lumbre”

 

La calma despuntaba

se entreabría

entre flecos

de maleza

una lumbre

a la distancia

derretía

con aquella

fuerza inusitada

la frases del adiós

humedecidos

los vocablos

aguijones

que habían sido

 

ya no eran

más que ecos

suspendidos en el hoy

pálidos semblantes

de otro tiempo

abandonado

entre flecos

de maleza

una lumbre

prometía

           el final

de una era

destinada

          a sostener

                   la sujeción.

 

© María Cecilia Piscitelli

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Poema de Margarita Presas

  

Pobres bichos


Aceptar que lo que unos/ pisan con desprecio/ puede ser un manjar/ para otros

Estela Figueroa

 

Una cucaracha

entra desde el patio a la cocina

su cuerpo marrón y lustroso

refleja la luz

esa conjunción de velocidad y brillo

me sacude el estómago

me pone en estado de alerta

desata mi instinto ancestral

despierta a una cazadora que no reconozco

la aplasto con mi zapatilla

pienso en las tantas veces que hice ese gesto

y en mi incomodidad después

de decidir sobre la vida de ese  bicho

y la de cualquier otro.

Se queda un rato panza arriba

moviendo las patas

No las pises,

decía mi madre,

podés desparramar sus huevos

y se llenará la casa de cucarachas.

La bicha sigue moviendo

 sus patas pero más lentamente.

Es una postal de la agonía.

Hay humedad y su cuerpo

está rodeado de golpe de

pequeñas hormigas

que antes no vi.

Es misterioso ese modo de

invitarse solas al festín.

 

© Margarita Presas

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25/10/25

Poema de Viviana Rodriguez

  


AUNQUE TIEMBLE


Ya no quiero callar

hacerme la otra

huir

 

Qué va a pasar si no lo aguantan

si deciden detenerme

meterse con mis hijos

con mi amor

 

Qué va a pasar si no lo aguanto

si me raptan

tiran desde un avión

o me ahogan

Si me piden nombres y no creen que estoy sola

si me torturan junto a otros inocentes

si me matan diciendo que era revolucionaria

o me llevan a la guerra

 

Suena el despertador

estoy parada en el ring de mi verdad

 

Que comience

 

© Viviana Rodriguez

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Poema de Rafael Felipe Oteriño

 


 

DESDE ESTA EDAD SE VE TODO

 

Se ve la orilla impetuosa,

se ve el fulgor de las colinas,

se ve el patio donde todo sucede,

se ven las puertas que nadie abre,

se ven los desiertos que ninguno celebra;

 

se ve el mar y se ve la espuma del mar,

se ve el río que viene desde la infancia,

las nubes corriendo ligeras más allá;

se ve la luna y el resplandor de la caverna,

la cumbre como un pensamiento inacabado;

 

se ve el centro del mundo sin cambiar de lugar

-arriba y abajo, a derecha e izquierda, con los ojos fijos-

y se ven nítidos, hechos de espanto y soledad,

nuestros pies desnudos en el aire,

lejos aún de las colinas, del caritativo viento y del mar.

 

© Rafael Felipe Oteriño

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Poema de Leonor Mauvecin

 


EL MONTE


Molles

algarrobos

chañares y talas

Cactus  y jumes

verdolaga salada

jumecillo / jume blanco

vinagrillo

cachiyuyo

espinillo

quebracho  y  mistol.

 

Es  el monte

que ofrece / aleteos de pájaros

laberintos de luz

sobre la hierba fresca / estrellas que juegan

con mis pies descalzos.

A  lo lejos / entre churquis

                    los cardales violetas.

 

Juego a ocultarme en el follaje

                            agreste y hechizada.

En esa plenitud

mi soledad /desnuda /se enriquece.

 

© Leonor Mauvecin

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Poema de Fabio Cardarelli

                    


Este no es un poema político,

es de otra cosa,

la mujer que hace años vive conmigo

cuando soy de izquierda

es de derecha

cuando soy de derecha

 es de izquierda

hacemos el ejercicio de cambiarnos

el lado de la cama para compensarnos

tuvimos dificultad para juzgar

cual era la izquierda o la derecha

en cual dirección se iba

a la zona sin esclavos

sin hambrientos

ni oprimidos

en qué país estaba la justicia

pero se cruzaban las flechas

se pisaban

quien alrededor nuestro lo fue lo es lo será

el resquemor en quien confiar

quien confunde confundió confundirá

la izquierda de ayer no es la de hoy

la derecha de ayer no es la de hoy

envejecemos

los años acicalan la inocencia

parecen extraviadas en un gran laberinto

y patinamos en ese fango

 

tenemos felicidad además

 

nos amamos de izquierda y derecha

con el frenesí de las veletas

que el viento arrastra a su antojo

 

izquierda y derecha nos confirman

a la mujer que hace años vive conmigo y a mí

que derechas e  izquierdas

se empeñan en equilibrar los sueños

sobre la misma cuerda floja

y ahí

nos preguntamos

¿ y esa cuerda?

¿ quién la instaló?

 

pero insisto

este no es un poema político,

ni se parece,

es de otra cosa,

 

es

de algo que me aferra ciego

a la mujer

que hace años

vive conmigo.

 

© Fabio Cardarelli

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Texto de Cecilia Carballo

 


El dios pan

 

Empezar el día no es fácil, malestares nos vapulean, no podemos asegurarnos los pies en la tierra del presente. Un panadero puede volar alto, pero nosotros apenas si miramos por la ventana el desgaste de los días, que pasan, que se caen como polvo. La calle es un desierto de locales cerrados. Todos hablan de la muerte porque vivimos entre cadáveres. El riesgo está en la boca, en las entrañas. Las palabras de aliento hacen eco, vacío. La identidad no conoce su casa.

 

© Cecilia Carballo

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22/10/25

Poema de Luis Benítez

 


hombres y mujeres comunes

 

hombre bravo en la parte superior de la luz

por toda referencia pasajero desde la estación

de los dinosaurios a la de lo que vendrá

un experimento fallido que dotó al mono

de álgebra y un cierto discreto romo muy discreto encanto

elementos esenciales para buscar en tu secreto

como una costurera que revuelve sus cajitas

y nada en verdad encuentra entre las dispersas cosas

porque el hombre empieza en los ojos

y termina allí donde saltando de témpano en témpano

no se halla finalmente otra cosa que el agua

del océano de lo conocido para siempre

(él ya tiene el olor de las bestias que se van)

un automóvil abandonado es tu metáfora

un edificio apagado      acaso  terminará la especie

en estos grises soldados de la noche

fustigados por todos los delincuentes y criminales

que hoy levantan la invisible y tan presente

lanza del jefe de los clanes    la tácita corona de huesos

que ciñen la espada de poder       ellos también

hombres comunes mas como los chamanes

capaces de invocar a todos los espíritus del miedo

cada vez que sea necesario    tan efectiva cita

da siempre lucrativos resultados

oh pragmáticos asesinos ladrones y farsantes

herederos del primero que sonrió a escondidas

tras acertar el pronóstico de un eclipse

la migración del mamut la crecida del río nilo

señores del hombre y la mujer común

sus más preciadas y eternas posesiones

 

con la ternura de un nazi

y la sinceridad de un mentiroso

pregunté y me dijeron los que aprenden el lenguaje del temblor

que listos a migrar como los pensamientos desesperados

están dispuestos siempre a dar por la primavera natal

la suma de muchas pilas de calaveras       la moneda oficial de la muerte

el cambio menudo de la vergüenza

 

en la primera helada del año que se levanta como la lluvia

una diosa severa enciende nuestros hogares y solamente se escucha el miedo

su cabeza los hombres inclinan cuando ella ha llegado

 

© Luis Benítez

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Poema de Juliana Chacón

 


BOLSA DE NYLON


Una bolsa de nylon

en el fondo del placard podría

archivar ovillos de lana, agujas de tejer

o de crochet,

y, con ello, el paisaje

de las manos, espiralando

la lana. Perforando el vacío,

para salir de él con bufandas

que no opriman la garganta

y no como si, en vez de eso, la bolsa

escondiera las cartas de los padres,

amantes y  jóvenes entonces,

soñadores militantes entonces.

Secretos anudados en:

No podría decirte que…

Estoy bien igual. No te preocupes…

Ya empezó a caminar…

Y va a la escuela…

La causa…

Una opresión tal en el pecho que desatara

cuestionarios e indagaciones

si en vez de una mujer

fuera una adolescente

quien supiera a hurtadillas

que hay que callar

no mencionarlo ni ante él

porque luego

padre

ahogaría sus palabras

en ríos de alcohol

no sabría qué decir

ocultaría su cabeza dentro de una bolsa para gritar

picana, agua, interrogatorio, miedo

Una bolsa de nylon acaso

guarde un cuerpo mutilado,

lo que calla,

la manera de desovillarlo.

 

© Juliana Chacón

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Poema de Diego L. García

  

old fashioned 

 

la voz de Doris Day cabe en el humo

que baila con gracia sobre los edificios

de una ciudad x, escena sin configurar

más que la sensación de bienestar envasada

que anhelamos comprar con los párpados

pesando cada hora de vigilia.

debemos justificar esas victorias

ganadas a los portones metálicos,

a las zapatillas apretadas, a una lengua

que en algún momento se volvió violenta?

el negro de su espalda y la camisa del tipo

se parecen a un cupón de comida gratis 

 

es una escenografía de los años 50, pero

en las luces de cada ventana

podríamos guardar como si fuera

una caja fuerte

recuerdos de viento o de río.

sé que es la propaganda de una victoria

sostenida a base de autos nuevos y cigarrillos,

que la radiación nuclear no se disimula

con peinados con fijador, caras juveniles,

amor

en papel de celofán

para envolver grasa y fritura

en un momento

capaz de saludar a la muerte 

 

old fashioned, dice un cartel

como el trago que toma Don Draper

en esa serie que me fascinó tanto tiempo.

nadie va a ninguna parte, los diálogos

no tienen importancia. lo que gusta

es justamente no tener que romper el vidrio

en caso de emergencia diariamente.

a media sombra el mate, un florero plástico,

el control remoto, Otelo con la solapa rota.

una fuente anticuada escribe palabras

en el boleto de alguien que no viaja más

 

© Diego L. García

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Texto de Alejandra Boero Serra

  

Ícaro volando

                                 A A. M.

 

¡Qué peso el de la ingravidez! Sucede que, por un momento -no importa cómo lo midamos-, quedamos suspendidos. Lo que sorprende, un poco después -no importa cuándo suceda, ¡pero sucede!- es que la altura quema. Caemos.

 

Arriba la presión corrompe las coordenadas -las que no fueron previstas, las que enfocan la mirada: huellas en desorden - que permite el resplandor fugaz…

 

Los ojos van cayendo. El cuerpo se relaja y deja que las pupilas se contraigan y dilaten la revelación:

Que los párpados amortigüen la pendiente. Que las pestañas filtren el tránsito.

Que el rostro se haga cargo.

 

Una sonrisa se precipita: la desobediencia.

 

Se derrite la cera. La sombra del padre se aleja. Ícaro ya no es Ícaro.

 

Se liberan tus alas. ¡Ícaro! ¡Vuelas!

 

Hay ruidos profundos. Crujen los cartílagos. Los músculos duelen. Hay extensiones de arterias que se abren. Y se desangran.

 

En el centro un abismo se prolonga. Y salta. Y juega. Y nos destruye. Se abren los sentidos. Un soplo. Un respiro.

 

Llegamos. (Llegamos).

 

© Alejandra Boero Serra

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Poema de Daniel Arias

 


Aquí nadie duerme,

la ciudad con los escombros del día

reposa como un pájaro alucinado,

el silencio del asedio se extiende

en un paisaje de murallas

no se debilita ni amaina ni promete,

hace su esforzado trabajo destructor.

 

Amanece,

los peregrinos ahogados

por el veneno del maquillaje,

los arrojados a la tempestad,

los de mejillas oscuras,

los que desean ser libres,

todos en un canto coral,

arrodillados en largas filas

nos inclinamos en la esperanza,

somos huéspedes de la tierra

y ya no tenemos temor.

 

© Daniel Arias

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Poema de Alicia Waisman

  


Nosotros y los cátaros


I


No fuimos

cátaros.

 

enredadera de palabras

destinadas a morir

en nosotros.

 

Fulguraciones

en las tardes de los sábados,

ardiente frescor.

Nunca

ascetas. 

 

II


Pero fuimos cátaros:

Austero y frugal,

habías renegado de la iglesia,

no era ese

tu dios.

 

Te empapaste de mundo

lo devoraste.

 

Fuiste  Proteo

y yo,

sin ser Sofía,

fui sabia

al encontrarte.

Por una vez

turbamos al tiempo.

 

© Alicia Waisman

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Poema de Eugenia Coiro

 

Lisboa

 

Es verano y el sol pleno

pero la luz

entra en la ciudad

acariciando una tonalidad naranja

pone dulzura

sobre los azulejos partidos

 

Las calles todas van

hacia arriba

y las sonrisas

se hacen cada vez más

sueltas

 

Cómo puede ser

una amabilidad así

tan cerca del mar

 

© Eugenia Coiro

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