30/1/26

Poema de Juliana Chacón

  


NO DIGAS QUE NO TENEMOS NADA


…Cuidado

con los que no tenemos nada: cuando no queda

nada que perder… 

Claudia Masin


No digas que no tenemos nada

que los nacidos a destajo de la historia

no aprendimos a llorar

sino a callarnos.

Nosotros, no lo dudes, hablamos

enraizados apenas en suelo árido

entre las grietas.

Después armamos con retazos, murmullos

cartas, las curaciones necesarias.

No digas que no tenemos nada.

Atesoramos una corriente bullendo

por lo bajo, una balsa, una posibilidad.

No sabíamos entonces que siempre hay algo amenazado:

una caricia, un hálito de vida

amigos y parientes que se van.

Igual la maleza crece en contra

de toda voluntad de someter.

Amparándonos unos con otros,

en medio del baldío,

hundimos los pies en el barro ancestral.

No sé cuándo florecimos, pero ocurrió

pese a todos los pronósticos.

Eso también puede perderse.

Abríamos los pétalos

cuando llegó la tormenta

para llevárselos. Nos empeñamos en olvidar

que son así de inefables la vida y la muerte.

Supusieron que los desposeídos

nos arrancamos todo:

las glorias de los antepasados, la ingenuidad

los hijos que pronto se irán

la orfandad y la piel.

Nadie entiende que procuramos

aferrarnos a las paredes

que tarde o temprano

se desmenuzan en escombros.

Yo pisé los restos

de la casa mía como quien aplasta

con los pies su memoria.

Un rayo de luz sobre las cosas muertas

se parece al renacimiento.

Decís que no queda nada que perder

y yo, que fui naufragando hasta esta costa

recibí el fuego voraz que todo lo destruye:

los juguetes de mis hijos

las fotos donde estoy riendo

las herramientas que dejó el hombre que se fue

los amigos que estaban ocupados

los utensilios de mi abuela muerta.

¿No ves? Podemos perder cada uno de nuestros rasgos

y así, pese a todo y sin embargo

resurgir para seguir perdiendo

y al tiempo descubrirnos

amarrarnos a un nuevo salvataje

a un detalle que no nos pertenece

el canto de los pájaros

la espuma del mar

la sonrisa del amor

los ojos en la despedida final.

No digas que no queda nada por perder.

 

© Juliana Chacón

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24/11/25

Poema de Juliana Chacón

 

PERDIDO


Cuando se extravió tu cuerpo desprendí de mí

un latido sin ninguna posibilidad

Quise buscarte

como una ráfaga gruñendo entre las ramas

y silbé en forma de pájaro

ya inútilmente

Crujió en su devenir el sol las hojas secas

el suelo helado del invierno

abejas tintineando en los estambres

anfibios en las siestas de verano

Así una y otra vez

la tierra entonó el hálito de vida

surgiendo interminablemente

Detenida ante el ritmo de las cosas

supe que las gotas calando greda muerta

no son agua en la turbulencia del río

Te llevaste el timbre de tu voz

en mis oídos

Ando a la caza

de un rasgueo donde estés agazapado

un murmullo que te traiga y no me deje

aullando al universo tu regreso

¿No me oís?

Soy esta criatura que relincha

en la planicie para que la encuentres

el siseo entre las hierbas

la piedra que en caída golpea la montaña

por tu fin precipitado

soy la que ruge de furia

y de tristeza

 

© Juliana Chacón

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22/10/25

Poema de Juliana Chacón

 


BOLSA DE NYLON


Una bolsa de nylon

en el fondo del placard podría

archivar ovillos de lana, agujas de tejer

o de crochet,

y, con ello, el paisaje

de las manos, espiralando

la lana. Perforando el vacío,

para salir de él con bufandas

que no opriman la garganta

y no como si, en vez de eso, la bolsa

escondiera las cartas de los padres,

amantes y  jóvenes entonces,

soñadores militantes entonces.

Secretos anudados en:

No podría decirte que…

Estoy bien igual. No te preocupes…

Ya empezó a caminar…

Y va a la escuela…

La causa…

Una opresión tal en el pecho que desatara

cuestionarios e indagaciones

si en vez de una mujer

fuera una adolescente

quien supiera a hurtadillas

que hay que callar

no mencionarlo ni ante él

porque luego

padre

ahogaría sus palabras

en ríos de alcohol

no sabría qué decir

ocultaría su cabeza dentro de una bolsa para gritar

picana, agua, interrogatorio, miedo

Una bolsa de nylon acaso

guarde un cuerpo mutilado,

lo que calla,

la manera de desovillarlo.

 

© Juliana Chacón

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3/7/25

Poema de Juliana Chacón

  


EN EL AGUA


Flotamos antes del rompimiento de las olas

Somos balsas en la intemperie del océano

Esta es la historia de tu sagacidad:

un niño que le teme al agua

puede con el tiempo

ir hacia el nacer del oleaje

Hundidos en parte, el mar

nos regurgita una y otra vez

nos mece acompasadamente

en su materia de la que poco sabemos

Nadan los peces en el fondo devorándose

los unos a los otros en el ciclo milenario que no cesa

las medusas abren transparencias

y la arena se revuelve debajo

trayendo lo que alberga su misterio:

los primeros anfibios, los cardúmenes

los pulpos con voracidad de crustáceos

mantis marinas, tiburones

el espectro luminoso de corales

la primitiva oscuridad, una fauce abierta

que todo lo reduce

Flotamos antes del rompiendo de las olas

hasta tanto salga a la superficie un animal salvaje

y ateridos veamos pastos y algas del enigma

en su pelo y los colmillos dispuestos a la caza

Decís entonces: ¡Nadá! ¡Nadá!

intentando el salvataje

Bracearé remolcada

hasta la orilla

Y aunque salgamos airosos

quedarás enfrentando a los lobos marinos

para siempre

 

© Juliana Chacón

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30/5/25

Poema de Juliana Chacón

  


ITINERARIO


Hacés girar el globo terráqueo

desquiciándolo de su propio eje

una y otra vez

Imaginás destinos posibles

aeropuertos hacia los que podrías partir

abandonando un jirón de vos

Los letreros acaso digan dónde estás,

el horario del próximo vuelo,

el acceso a otro embarque

como ser

Milán, Barcelona, Nueva York,

Tebec, México, Lima

Podrías pero no

Camino al trabajo

te preguntás si no es mejor

dispararte

una flecha al vacío

tajear el aire de la ruta

sentir la aceleración del motor

latiendo despedidas

en esta

acá

monotonía

El azul a velocidad

del globo

lo tiñe todo.

Es un cielo el mar

una sacudida desvaneciéndose

un apuntalamiento del índice

para dejarte ir

sin impedimentos:

la imposible soledad

la hora de la comida

el timbre, la moto que pasa

el ladrido de los perros

la misma cama, el mismo aroma

el mismo día, la misma noche

abandonado

vos mismo

 

© Juliana Chacón

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7/2/25

Poema de Juliana Chacón

  


ENRAMADA


Las mujeres que bordaron desbordando sus vientres    

para que yo anide en las raíces de este árbol

dónde están

Qué dicen las hojas

retorciéndose en la copa

Qué piden el último día

antes de que sucumban con el viento y las mude

hacia otro sitio

Qué añoranzas dibujan sus cuerpos

alados cuando el aire se las lleva

Cuáles son las nostalgias

que el vuelo precipita

Cuál será la que pueda

en medio de la enramada detenerse

escapar

evadirse

Cuáles son las mujeres que me trajeron

hasta acá

donde me desplomo

para hacerme parte del paisaje

Cuáles

Yo dejo que me anden las hormigas

en el cuerpo

como un auspicio de las sustancias

que esconde la tierra

donde quiero entrar

finalmente

para descubrir lo que se acuna

allá arriba

y guarda el secreto de mi propio nacimiento

y de mi muerte

Donde están las mujeres que me trajeron hasta acá

Mi madre, mis abuelas, las otras

las que bordearon mares, las que sintieron la púa en sus estómagos

el vómito de la hambruna por no poder sentir

de no desear

Donde están las mujeres que mecen

las hojas en el soplo

las que arroparon a sus hijos

para que mamaran el resabio

de lo que ellas tampoco habían sido

Dónde están las que olvidaron

los nombres y las cosas de este mundo

las que de tanto callar

fueron borrando

Donde están los rostros agrietados por el sol

las manos de las que limpiaron casas propias y ajenas

las que inclinaron sus espaldas para amasar el alimento

las que a orillas de los moribundos

los sostuvieron

para endurecer sus cuerpos todavía vivos

Dónde están las que criaron y multiplicaron esta carnadura

que llega a la superficie

Dónde las que florecieron hijas

a costa de propios sacrificios

y cosieron sus ropas

para que supieran

que alguien había hilado

en silencio

lo que justo antes de que la hoja cayera

cantaría

en tono de pájaro

 

© Juliana Chacón

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1/1/25

Poema de Juliana Chacón

  


LA CASA


Busco una vez más el refugio de tu casa

que ahora es un barco hundido.

Lo sobrevuelo como un ave migratoria

y veo crecer el musgo en su proa

El aroma de la cocina, el mate dispuesto,

los juegos de cartas, nuestras pieles al sol

cuarteando las figuras difusas del agua

y también

el olvido de tu padre, sus palabras

punzándole el cerebro,

el balbuceo final con el que supe me reconocía

reptan desde el pasado lejano hasta mis oídos. 

Rastreo el eco de su voz, la tuya, la de todos,                      

el modo de decir este abandono.

Vi las nubes de humedad en las paredes del living

dibujando el mapa del éxodo,

las partículas del revoque que cayeron,

enfermándolo todo, hasta las células de tu madre.

Para que ahumara al borde de su muerte

le regalé resina de copal.

Madre un poco la de todos

de los que ascendíamos a su mesa

como quien trepa a cubierta

para atravesar paisajes que no conoce

y sabe le arderán después en las pupilas.

Queríamos que se salvara,

pero el derrotero fue otro.

Tu hermana, acaso la mía,

recibió el zarpazo de la tormenta,

el arrebato del viento,

el rayo tendiéndose sobre la vida débil,

una confabulación del equilibrio universal de la materia

que arrebata y traga y transmuta

cualquier cosa amada.

Solo sobreviviste vos, amiga mía,

para aullar el dolor de lo que queda,

guardar los platos inútiles,

tender las camas, regalar la ropa de los muertos,

cerrar las ventanas y las puertas.

Flotan las tablas tras el naufragio

y por la rendija de luz asoman las gaviotas

devorando todo lo que cabe en el recuerdo.

La marea baja y golpea los flancos como si,

desde las fronteras de la memoria,

una casa cantara

 

© Juliana Chacón

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21/10/24

Poema de Juliana Chacón

 


CONVERSACIONES CON MAMA 


Me entrego y caigo

en ella nuevamente.

Peina mi pelo

recordando tal vez el de mi padre.

Se incendió mi casa, le digo

No tengo nada.

Posa su mano en mí

con liviandad, sobre las flores

una mariposa

libando mi tristeza

Estás viva, dice, Tenés a tus hijos.

Se quemó mi piel

mamá, y ya no tengo cara.

Estoy descamándome.

Yo, anidada así

lo que no podría soportar

es perderla a ella

pero no lo digo.

Agarra mi tembladeral

entre sus manos

en silencio.

Después señala los gajos

en las raíces del jazmín.

Me invita a que excavemos,

los despeguemos del tronco

para transplantarlos en una nueva tierra.

Los cuidaremos.

Hablaremos de ellos

de sus brotes

del perfume que tendrán.

 

© Juliana Chacón

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9/9/24

Poema de Juliana Chacón

 


RENUNCIA


Por qué fuiste oruga abandonando la crisálida

antes de desplegar las alas

hacia naranjas y rojos

de un cielo desconocido

Por qué retrocediste

y te volviste ausente

perdida de vos

alisando las plumas

que caídas decían

que ya no

ya no

Por qué no desbocarte libre

por campos y tierras que no existen

Por qué renunciaste

a cualquier posibilidad

de saberte

insondable

una cascada en la eternidad

Por qué no ceder

a la afrenta

de lo que ninguna herencia

podía nombrar

como acaso los primeros anfibios

no anticiparon

que terminaríamos

siendo

estas criaturas

disecándose al sol

dispuestas a la herrumbre

de la carcaza

que ya no es refugio

sino grieta

Por qué decidiste replegarte

como un caracol

meterte adentro de la cápsula

no perder la casa de secos filamentos

deshacerte

 

© Juliana Chacón

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8/8/24

Poema de Juliana Chacón

 


LA MUJER QUE ESTOY SIENDO

 

Algo suena.

Es el canto de una ronda      

es lejanía.

No florecerás en junio, dice.

Y yo no florezco.

Será para vos este canto, dice.

Y yo no me canto.

Los llamados vienen desde afuera

para que me salga

para que esta mujer que estoy siendo no sea

más que ornamentos inútiles de una casa desolada

para que esta mujer no sea

más que madre, compañera

mandadera, administradora

lavadora, escuchadora

sexuadora, oculta pajas

para que no sea

y no sea.

Pura tachadura.

Toda tachadura.

Incrustada en comodidades

mientras los hijos

hablan, gritan, cantan, se pelean

para que la mujer que estoy siendo no sea.

Sea madre, amparo, alimento.

Para que no escriba y tache.

Para que no sea

esta mujer que estoy siendo no sea.

Hasta tanto vuelva por ellos su padre

si es que vuelve

porque para volver hay que haber estado.

Pero no vuelve

para que esta mujer que estoy siendo no sea

sino exmujer

para que esta mujer que estoy siendo no sea

como no han sido mis abuelas ni mi madre

que sí me vio florecer

y, en junio

perfumó mi ropa blanca

y la envolvió en papel de diario

como si recién

nacida me envolviera

en palabras

para que diga siempre la mujer que estoy siendo

que no florezca

que no sea

que rasgue

cicatrice el engañoso papel y no sea

que cicatrice en papel y no sea

que rasgue el papel

y no sea.

 

© Juliana Chacón

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