DILUVIO
El cucharon
descarga sobre el plato profano
una suerte
de minúsculos dolores
que no
siempre tienen, o sí
el mismo
sabor, la misma cantidad, la misma caridad.
Cuando el
hombre se lleva la cuchara con sopa a la boca
no levanta
la cabeza. Se mira en la marea de fideos y en oleadas
apura el
plato, para ser el primero en repetir
otro diluvio
o lo que
quede pegado en el hueso de la olla.
Luego se
irá sorteando los, hasta mañana, casi invisibles
para dormir
la noche en su arca puente
fumarse un
armado y mirar como desencaja el humo
entre
palomas y estrellas que nacen a un costado de su gloria.
© Sofía Isabel Rodriguez
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