30/1/26

Poema de Sebastián Jaka

 


COITO

 

Es sucia la noche y es mansa la noche

para los insomnes.

En cada movimiento hay un castigo

y en cada castigo una revelación.

¿Se masturbará el insomne, quizá

mirando el video

de la chica que le lee

poemas por whatAsapp?

Porque cuando ella dice “coito”

en la voz de Vilariño

él entiende

por primera vez

que el peso específico de un cuerpo vivo

es el mismo peso específico de un cuerpo muerto

y porque “Coito”

dicho así, en su voz de Vilariño

es la muerte asustada que corre colina abajo

con su niño en el regazo

O el sueño húmedo de una camarera que ha parido

la noche en un hostal

y no regresa.

 

© Sebastián Jaka

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28/11/25

Poema de Sebastián Jaka

 

 

MAMUSHKA

 

Hay una mujer que

vive dentro de una mujer que

vive dentro de una mujer

y todas confluyen en una.

Una está enamorada de un capitán

la otra teje escarpines porque quiere ser madre

la otra quisiera irse a vivir a otro país, uno en donde no haya colinas y los hombres la cortejen como a una princesa.

De vez en cuando alguna llora

o porque el capitán no la ama

o porque no puede ser madre

o porque no encuentra el modo de irse a vivir a otro país,

entonces las demás cantan alegres villancicos para aliviarla

y le preparan enormes tazas de té de manzanilla para calmar sus nervios

y le hacen trenzas en el pelo como si fuese una niña.

Un día de estos se fundirán las tres en una sola mujer

y esa mujer se casará con el capitán

y se ira a vivir a la llanura, en un país lejano, donde la cortejarán como a una princesa

y será madre de siete hijos.

O bien, algún día

las tres mujeres entenderán

que están hechas de la misma madera

y que los sueños rara vez se cumplen

y arderán en una fogata que elevará sus lenguas al cielo

y desaparecerán en el aire

como si jamás hubiesen existido.

 

© Sebastián Jaka

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8/7/25

Poema de Sebastián Jaka

  


LA ESPERA DEL CANGREJO 

 

Cantar con la boca rota

como cantan los amantes

que han sido

desposados

por la muerte;

 

aquí la vida fue en un día

uno solo.

 

Y no hubo sol

ni huerto

ni espiga

en que el aire no desquiciara los deseos.

 

Ahora aprendemos a cruzar las piernas

en largas y agostadas reposeras

en la espaciosa espera del cangrejo

y miramos las gaviotas

devorar los restos que va trayendo la marea

en playas de horizontes verticales.

 

Y mientras vemos a los bañistas

nadando más allá de la corriente

hasta convertirse en puntos

iridiscentes

y cubrimos las playas

con largos metrajes

de celofanes

amarillos

nos parece mentira

que todo el universo

pueda caber

en este puto

puñado

de arena.

 

© Sebastián Jaka

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19/5/25

Poema de Sebastián Jaka

 


CAE LA NOCHE

 

Cae la noche

y caen los hombres

y cae sobre el yuyo la mortaja de la madrugada

y el mundo se recoge como un ovillo sobre su ombligo

o como un niño que juega en la playa

o como una madre que acuna estos cuerpos

que el tiempo trajina y mutila.

 

¿Y qué hemos hecho de nosotros?

¿Y dónde quedó aquella luz que trina?

 

¡Oh Dragón, Colmillo Negro de la noche

reza por estos cuerpos que el tiempo trajina y mutila!

 

Y caen también los lucidos cristales conque ciframos el día

y nuestras voces, ya obesas, como frutos pringados

y los dioses que amamos tan fervorosamente

caen en su madriguera como frágiles alimañas que bebe la noche

y todo cae sobre el ojo limpio del olvido

y arriba la luna es una moneda que todavía no alcanza a pagar la jornada.

 

¿Y en qué se han convertido nuestras manos?

¿Y qué es esto que apretamos tan fervorosamente entre los dientes?

 

¡Oh Luz, Alita de Mosca de la mañana

reza por estos cuerpos que el tiempo trajina y mutila!

 

Y así cae el mundo

se traga y se lame, se reinventa de su propia hiel

y al despertar nos parece un niño recién nacido

que amamantamos con trémulas manos de leche

y no cabe en nosotros tanto alborozado desconcierto

tanta novedad acostumbrada de ver que todavía siguen allí

los imperiosos atlantes del día.

 

¿Y qué si esta lluvia impía nos cala hasta los huesos?

¿Y quién levanta un tapial sobre este llano que es todo intemperie y olvido?

 

¡Oh, virgen de los caídos, gallo que abres un tajo triunfal en medio del día,

reza por estos cuerpos que el tiempo trajina y mutila!

 

Y al fin todo leva en un fervoroso amasijo de horas que se yerguen

de manos y brazos que se levantan trabajosamente sobre el yugo

y abrimos los ojos a la prístina luz, el incandescente candelabro de vida

y nos preguntamos cómo hemos llegado hasta aquí

qué milagro, qué dios, qué prodigio nos depositó en la orilla del alba

justo al borde de la caída.

 

© Sebastián Jaka

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14/3/25

Poema de Sebastián Jaka

 


MIRA LA PIEDRA QUE CAE DEL CIELO

 

Mira la piedra que cae del cielo.

Alguien ha dicho tu nombre en algún lugar no muy lejano

y ahora un gorrión negro se precipita sobre tu barrio

como un presagio o una plegaria.

 

Tu nombre ha sido dicho con o sin pureza

por una boca, por una garganta, por un cuerpo bien de este mundo

pero bastó la mera mención para que algo irrevocable cambie en el universo.

 

¿Quién eres ahora hombre del gorrión muerto, despedazado ante el hastío de las cosas cotidianas?

 

¿Es el mismo hombre que auscultaste esta mañana en el espejo?

¿Con el mismo pulso acaricias la mejilla de la existencia?

¿Cabe en tu mano el gorrión muerto, tibio todavía, o es tan solo una piedra encontrada en el camino?

 

Oyes, lejanas, las campanas de las catedrales y con leve extrañeza piensas en el color de tu nombre

¿Era azul, mi nombre, uva de carne crujiente y dulce?

Oyes y la distancia te parece imposible, como si el tiempo ya no pudiese atravesarla.

Estás lejos y tus pasos ya son de un material que se desgrana

Y es la arena y tu nombre que flota a dos metros de altura, como el espíritu de un ser amado y perdido.

 

© Sebastián Jaka

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10/1/25

Poema de Sebastián Jaka

  


ESTE INTERMINABLE DESIERTO DE VER

 

Hombre de mirada oblicua

mi padre

ahora recorre la vastedad del ojo:

¿Dónde empieza y termina la mirada? ¿La luz?

Si has visto una vez, la bastedad del ojo, has sido ojo para siempre:

he ahí la silla, la mesa, el atril (decís), y lo has visto todo;

basta una mirada para abarcar el universo.

Una silla,

basta.

Y ahora mi padre recorre la vastedad del ojo y se corrige, o más bien amplía:

el que ha visto todo, dice, no ha visto nada.

sólo el niño que ve una mancha perfecta en la pared

un color

Inaugura el mundo.

-¿Y, padre?-, le pregunto, desde la vastedad del ojo

- ¿Para siempre no es mucho tiempo, allí, en esa córnea tuya que ya es más bien mundo, más bien niebla?

-Sí -dice padre- devenido en grieta, en gota lenta que se detiene y cae

-es mucho, y sin embargo es apenas una mirada

una sola:

la silla, la mesa, el atril

es este interminable desierto de ver-.

 

© Sebastián Jaka

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4/12/24

Texto de Sebastián Jaka

 

 

TIERNA VACA

 

Ahí yace la tierna vaca enterrada emputrecida.

Los días crecen ahí donde la vaca pasta y bostea la muerte blanca de la vaca.

Los enjambres se arraciman como frutos tierna vaca

y el hombre anda desnudo erectado de pies y manos y médula y el ánfora y el golpe de hacha materno que le dio por fin la vida, tierna vaca.

Acaso los molinos te celebren en el viento

y un rumor de acacias te traiga un hálito de estrellas y planetas, lentejuelas

Porque ahora todo es cielo y todo es tuyo, tierna vaca.

Todo el cielo y el gaucho enamorado que mea en los alambres los yuyales

los postreros días jóvenes de la dicha y el esperma que hacían girar la rueda de molino de las horas, tierna vaca.

Todo es joven en tu muerte, tierna vaca.

Todo anda renacido y como enjuto y en sí mismo

y es mi huella la que busco en tu cuerno alucinado tierna vaca

porque lo que amamos yace en tu memoria allí enterrado

como el oro en las encías de los muertos.

 

© Sebastián Jaka

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6/11/24

Poema de Sebastián Jaka

 

    

TOROS AL SOL

 

En el cielo bajo de los barrios

los chimangos roban el alimento de las bestias

y lo golpean toscamente contra los portones;

del otro lado, cancerberos sarnosos se disputan el cetro del Dios de la discordia:

un fémur lustrado de tiempo y hastío que ha sobrevivido bajo tierra el último milenio.

Adentro, en el rancherío incendiado de verano

contra un fondo de chicharras

el sexo luctuoso trabaja y transpira la carne amoratada del deseo

mientras el barrio gime y se eleva hacia esa nube que tiene forma de todo, inclusive, la forma de tu cara.

Es el aguacero que por fin se acerca con su claxon de auto viejo y su promesa redentora.

Apenas cuando amanece, el gallo ecuménico inaugura de un tajo La Pureza, solo para que el ojo emporcado de los chanchos atestigüe la faena de sangre coagulada y embutidos chorreando en los galpones.

Más allá de los pastizales, donde blandean las tranqueras

dos toros se cuecen bajo el sol

barriendo las moscas con la cola, bufando

ajenos al mundo que se estremece y tiembla

igual que la mujer del comisario (la más bella, la más puta),

cuando los reos la miran de soslayo.

 

© Sebastián Jaka

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2/9/24

Poema de Sebastián Jaka

 


LA FONTANA DI TREVI

 

No soy pobre, no.

Cada moneda que meto en mis bolsillos

va a parar a La Fontana di Trevi.

No es exactamente La Fontana di Trevi

ni ninguna otra

engaña pichanga para los turistas.

Cuando una moneda entra en mis bolsillos es garantía de un

deseo que se cumple.

De ahí que enamorados (poetas), pobres diablos (poetas),

despechados (poetas), ladronzuelos de gallinas (poetas), y todo aquel que acuñe un

deseo ardiente entre sus tripas venga a mí con su dádiva engañosa.

Son tantas las monedas que recibo por día que tuve

que inventarme estos bolsillos mágicos

que van a dar directo a La Fontana di Trevi.

El verdadero secreto de este artilugio es que cada fin de mes

recojo las monedas del mingitorio y compro un buen whisky, tres atados de cigarrillos

un bazooka antiaéreo

drogas duras, drogas blandas

para festejar el gran acontecimiento de la vida.

La única prueba -irrefutable- de la absoluta efectividad

de este procedimiento

es que nunca, ni por asomo

ninguno de ellos ha vuelto

para asesinarme.

 

© Sebastián Jaka

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17/8/24

Poema de Sebastián Jaka

  



PRIMERA MUERTE

 

Nos mojábamos los pies

en el agüita de una laguna tan mansa

que parecía el iris de Krishna

asomando desde ese fondo sin fondo

de donde todo nace vivo y roto.

Estábamos ahí hasta el atardecer

cuando el aire se volvía Oro

y las primeras estrellas -su desmesura-,

nos hacían pensar que el mundo

no estaba hecho todavía.

Más tarde volvíamos a “Las Casas”

cargando un peso excesivo sobre los hombros;

quizás por aquel entonces ya intuíamos

como una piedra en el zapato

o un duro día de trabajo

que el después estaba hecho de mañanas

y mañanas...

 

© Sebastián Jaka

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