1/3/26

Poema de Raúl Orlando Artola

 

 

La Habana, 1958

 

Chucho Valdés le afinaba

el piano a mi abuela

cuando vivíamos en el malecón

y ella regenteaba un burdel.

Mi abuela le decía

negro buaié

y lo esperaba días y días

prendiéndole velas

al Santo de los Negros Afinadores.

Lo atendía con café y canela

mientras Chucho le afinaba

el instrumento.

Así aprendió a tocar

el piano.

Mi abuela creyó que era

un desperdicio

que negro tan lindo y hábil

sólo usara el clavijero

como parte de su trabajo

y no por puro placer.

Entonces le permitió

que deslizara sus dedos

por todo el encordado.

Era una maravilla

cómo sonaban las cuerdas

del piano de mi abuela

en las manos

de Chucho Valdés

practicando.

 

© Raúl Orlando Artola

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13/9/25

Poema de Raúl Orlando Artola

  


Vida privada


Con algo hay que comparecer ante la muerte.

César Fernández Moreno 

 

Yo, que me he cuidado tanto

de no privarme nunca;

yo, que me he privado mucho

de no cuidarme nada;

yo, que poco me he cuidado

de casi no privarme;

yo, que prívome la cuida

de no pintarme tanto;

yo, que cuídome la pinta

de nada que me prive;

yo, que píntome tan solo

de cuidarme en lo privado;

yo, que soledades cuido

en la privacidad de la pintura;

yo, que pinto la soltera nada

que se priva de cuidar.

 

© Raúl Orlando Artola

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21/9/24

Poema de Raúl Orlando Artola

  


Fabla viril


Pasolini me ha hecho leer y yo lo quiero

como al padre que nos señalaba la página perfecta

los canales venecianos y el capitel corintio

la belleza de la rama de glicinas

que cae sobre el muro y evocamos

una mañana neblinosa al ir a clase

sin saber la lección

las manos ateridas y los pies mudos

sobre las baldosas húmedas, desparejas.

Me hace leer Pasolini esa página

y yo le agradezco en silencio

acompañado por su sombra

y su mirada de padre que no quiso ser patrón

pero voló por olímpicas alturas.

Me contagia un ensalmo envolvente

para soportar el recuerdo

de aquellas mañanas impiadosas

y los atardeceres turbios

de regreso a la casa del amor arrinconado.

Y Pasolini no estaba todavía

para decirme: muchacho,

esto pasará, ya tendrás

tus horas de sueño y de vigilia ensoñada,

aguanta el invierno de la infancia,

yo te miro y a mi modo te cuido.

Y aunque no lo dijera aún

yo oía su voz en otras bocas,

en el aire adverso

se abría un canal amistoso

con el piano que me devolvía

una paz ignorada,

rescoldo que siento en mi pecho

tantos años después.

 

© Raúl Orlando Artola

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10/4/24

Poema de Raúl Orlando Artola

 

 

Perfil

 

El que mira percutir al hombre

su teclado

no sabe nada.

Ve los movimientos de los dedos

y los brazos

la espalda algo encorvada

anteojos que resbalan

por la pendiente de la nariz

algún sudor.

El que mira controla su reloj

y el tiempo pasa

igual que siempre

hasta un poco más lentamente.

El hombre que percute las teclas

no advierte la figura

que forma

ni le importan el sudor

o el cansancio.

Su tiempo no existe

en los términos corrientes.

El hombre que teclea sin cesar

no sabe nada más

que lo que hace

debe hacerse.

Y termina feliz su jornada

nunca satisfecho.

 

© Raúl Orlando Artola

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27/3/24

Poema de Raúl Orlando Artola

 


Sorpresa

 

A la noche

al terminar de comer

repasamos la mesa

queda todo limpio.

 

Por la mañana

siempre aparecen

miguitas

que no habíamos visto.

 

© Raúl Orlando Artola

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17/2/24

Poema de Raúl Orlando Artola

 


Uno a veces revela secretos en un poema

pero no se lo dice a nadie. Por ejemplo,

uno escribe tuétanos y casi todos leen

retruécanos o témpanos o caracú. Y solo

una persona entiende que le hablan de

amor.

 

© Raúl Orlando Artola

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5/1/24

Poema de Raúl Orlando Artola

 

 

Construcción del día (IV)

 

Es temprano

y esculpo una manzana

en la cocina.

La escasa luz

de invierno

empieza a filtrar

por la ventana

sus lentos pinceles.

La manzana

puede ser pez

magnolia

cerebro

granada

pero es el alba

y sería mejor

que el barrio

siga descansando.

Me como

la granada

antes

de que estalle.

 

© Raúl Orlando Artola

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13/12/23

Poema de Raúl Orlando Artola

 


Construcción del día (II)

 

Se hace el día otra vez

con una docena de cerezas

por todo desayuno

y la ambición de una música

que aún no hemos elegido.

No hay derrotero,

lo que seguirá es busca

en un espectro

ilusoriamente infinito.

Recién al tocar

las superficies conocidas

la materia del tiempo

toma cuerpo

como el nombre y los sueños.

Consultado el corazón,

las manos hacen

las horas por venir.

 

© Raúl Orlando Artola

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