7/5/25

Poema de Pablo Seguí

 


RENÉ DOUMIC

 

Joven. Pero no tan

mujer. Pero bonita.

Pero distante. Pero

receptiva de a ratos.

 

Joven. Ése es el modo

en que se reconoce.

Lo que sigue lo enuncia

nomás este deseante.

 

Joven. ¡Qué vaharada

de perfume sentí

cuando pasó vergüenza

involuntariamente!

 

Joven. Ese calor,

vuelto aroma, retorna

de nuevo a mis narinas,

cuerpo sobre el que escribo.

 

© Pablo Seguí

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21/9/24

Poema de Pablo Seguí

 


¿ERA EL GATITO BLANCO?

 

Sostenés un gatito

entre tus brazos, madre,

en la foto, de pie

junto a tu abuela, Doña

Liberata, en un patio

en que, sentada, mira

a la cámara. "¡Todo

ha sido tan veloz...!",

quizá te digas. Cuántas

remembranzas traslucen

tus ojos al callar,

hoy que por fin te escucho...

 

© Pablo Seguí

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12/6/24

Poema de Pablo Seguí

 


LA VERGÜENZA A QUÉ MÁS

 

A veces un carrito

pasa en la madrugada.

 

Alguien lleva cartones:

sin cantar, sin silbar.

 

Yo que entonces leía

en voz alta me muerdo.

 

Y se aleja hacia el este.

Y me quedo callado.

 

© Pablo Seguí

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25/3/24

Poema de Pablo Seguí

 


LA SALA POSMODERNA

 

Es un sitio vaciado

de toda certidumbre.

 

Allí las cosas se alzan

como Esfinges obscenas.

 

Esfinges cuyo objeto

es su descascararse.

 

Mi sombra no merece

que la llame mi sombra.

 

Algunos años más

y moriré del todo.

 

© Pablo Seguí

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24/2/24

Poema de Pablo Seguí

 


 

EXPERIENCIA DEL TIEMPO

 

Es una grabación

la ventana. Un paisaje

sonoro --pasan autos

interminablemente--

al que a veces prestás

atención. Los motores,

sin rostro, son un mismo

motor que se repite

hasta implantar la luna.

Entonces otra pieza

se escucha (si prestás

atención): el morder

del Tiempo sobre todas

las cosas, sobre todo

aquello a que asistís.

 

© Pablo Seguí

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5/1/24

Poema de Pablo Seguí

  


ORGULLO

 

Uno escribe arrojado

lejos de los amigos

y se arriesga por sendas

que muy pocos conocen.

 

No hay subterfugios. Hay

que llegar a la cumbre

de una montaña azul

donde imperan las águilas.

 

Uno tasca y prosigue.

Las ventiscas le muerden

la piel sin el perdón

de las tristes llanuras.

 

Uno escribe en silencio

su propio mediodía.

 

© Pablo Seguí 
Foto: Paul Gilmore

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