Poema de Nito Biassi
Haikus
Hoy las lágrimas
mutarán en sonrisas,
días sin dolor.
Juega el río
con las bravías rocas,
como tu alma.
Llora muchacha
lágrimas de olvido
y recuérdate.
© Nito Biassi
Etiquetas: Nito Biassi
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Haikus
Hoy las lágrimas
mutarán en sonrisas,
días sin dolor.
Juega el río
con las bravías rocas,
como tu alma.
Llora muchacha
lágrimas de olvido
y recuérdate.
© Nito Biassi
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Historia de ausencias
El caminaba hacia atrás,
no quería abandonar
los lugares donde había estado.
Explicaba:
“Uno está donde su mirada”.
Ella se movía en la tierra nadando,
como si el suelo fuese agua
y las lomas olas coronadas de espuma y sal.
Se encontraron sobre
las ardientes arenas
del desierto de Gobi.
En un templo de Shiva buscaron refugio.
El tiempo fue eco de soles y lunas.
Permanecieron sentados frente a frente,
en la oscuridad del lenguaje sin palabras.
Él, antes de marcharse, habló:
“Acá, bajo el sol de un mediodía,
hice el amor con tu sombra”.
Ella antes de sumergirse
escribió en uno de los muros:
“Entre estas paredes, bajo la atenta mirada de Shiva,
dos ausencias se hicieron compañía.”
© Nito Biassi
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La niña del cortadero
Niña y sueño, sueño y barro, barro y guano.
Manitos que amasan barro y guano,
un caballito, que no es de madera,
pisa que pisa los sueños de barro y mierda.
Niña que amasa la masa de barro
para formar ladrillos que hacen casas,
casas que nunca ella podrá habitar.
Y con sus manitos forma una muñeca,
una muñeca negra de barro y guano,
y el patrón que la reta: “No pierda el
tiempo
niña tonta y póngase a trabajar.”
Niña y sueño, sueño y barro, barro y guano.
La carita sucia de barro tiene surcos de
lágrimas,
lágrimas como arado de miseria,
que surcan y marcan líneas que el tiempo no
van a borrar.
En cada ladrillo que sus manitos amasan,
la Niña amasa sus sueños, su educación y su
vida.
Niña y sueño, sueño y barro, barro y guano.
Apilando ladrillos secos, haciendo la
casita de muñecas
que ella sueña, en sus sueños de barro y
mierda,
hasta que el fuego, quema los sueños
quema el barro, quema la mierda,
y un humo de barro y guano,
le quema los pulmones, le quema la vida.
Niña y sueño, sueño y barro, barro y guano,
barro, barro, barro, mierda, mierda y
mierda.
© Nito Biassi
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Un ritmo acompasado
como metrónomo de existencia.
Coreografía de danzas,
que siguen cadencias
de relojes de arena.
Todos conocemos
cada uno de los movimientos.
El futuro está dictado y planeado,
para escapar de la nada,
del incierto mañana
en ceremonias vitales.
Rotas por el vacío repentino
de ausencia de vida.
© Nito Biassi
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Yo
Yo, que viví en agua dulce
que corre entre paredes de tierra,
que horada las piedras y las rocas,
que mueve la rueda del molino
donde se hace harina de tiempo.
Yo, que viví en ríos,
como un Cristo cansado
me dejé acunar en tus brazos salados.
Mi cuerpo se hundió en tu vientre
verde y de espuma blanca,
como volviendo a ser embrión otra vez.
Yo que viví en agua dulce de río,
renací en el agua salada del mar.
© Nito Biassi
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Ayer
I
Ayer
recorrí el llanto,
el piso helado
y quizás,
el hambre y el frío.
Lo sé porque
están en mis huesos,
no en mi memoria
de viejo.
II
Ayer
balbucee sonidos
de letras
que no fueron palabras.
Dije ABC y frases completas,
pensamientos
aprendidos de libros.
Lo sé porque
están en mi memoria
de viejo.
III
Ayer
tuve en mi piel
otra piel, en mis labios
otros labios
y,
por algunos momentos
fui otro siendo yo mismo.
Lo sé porque
están en mis huesos
y en mi memoria
de viejo.
© Nito Biassi
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Historia de
Ausencias
El caminaba
hacia atrás,
no quería
abandonar
los lugares
donde había estado.
Explicaba:
“Uno está
donde su mirada”.
Ella se
movía en la tierra nadando,
como si el
suelo fuese agua
y las lomas
olas coronadas de espuma y sal.
Se
encontraron sobre
las
ardientes arenas
del
desierto de Gobi.
En un
templo de Shiva buscaron refugio.
El tiempo
fue eco de soles y lunas.
Permanecieron
sentados frente a frente,
en la
oscuridad del lenguaje sin palabras.
Él, antes
de marcharse, habló:
“Acá, bajo
el sol de un mediodía,
hice el
amor con tu sombra”.
Ella antes
de sumergirse
escribió en
uno de los muros:
“Entre
estas paredes, bajo la atenta mirada de
Shiva,
dos
ausencias se hicieron compañía.”
© Nito Biassi
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La casa del
acantilado
a Laura
García del Castaño
Descendí a
rappel por la vertical de la letra ele
hasta la
línea horizontal de la misma,
que al
estar inclinada me condujo suavemente
a una A
como lágrima sin acento, sin contención,
que
presagiaba el ulular de una U, como rumor
de vientos
entre ramas de árboles desnudos,
que anunciaban
que venia una ere suave,
para que
una A de alma se acurruque en un rincón.
Una casa
enclavada en lo más alto de un acantilado,
a sus pies,
un mar bravío rompe olas contra los muros,
al costado
de la casa entre brumas de recuerdos,
un árbol
con las ramas desnudas, un Castaño,
nos muestra
que en una de sus ramas,
un pájaro,
con el pico herido por hacerle un hueco
a su jaula,
ha
construido un nido, con ramitas del pasado, con barro de recuerdos.
Estuve
caminando cerca de esa casa, un 6 de otoño,
con el
viento frío, del pasado que no se recupera,
empujándome
hacia la casa por la senda.
Vi cerca,
entre el acantilado y la vivienda
a una
niña-mujer, a una mujer-hada, a un hada-poeta,
que con
oleos de palabras y letras
pintaba
paisajes del interior de las almas.
Bella,
radiantemente bella, distante, lejana,
su mirada
recorría el mar bravío, el cielo de tormenta,
me
descubrió observándola y mi alma fue un grito sordo,
tal era el
fuego y la fuerza de su mirada,
fue un segundo,
sólo un segundo corriendo,
que
nuestras pupilas en la distancia se unieron, y siguió mirando el cielo.
Me alejé,
me retiré, me sentí como invadiendo un templo,
subí la
colina luchando contra el viento
y, antes
que todo desapareciera en la distancia,
me llené
los ojos con la imagen etérea
de la
niña-mujer, de la mujer-hada, del hada-poeta
que con su
paleta de palabras, pinta paisajes del alma.
© Nito Biassi
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Fría mesada
de acero
Fría mesada
de acero,
que
trasmitía el frío a tu cuerpo.
Te miraba
tras mis lágrimas,
tu piel
fría, dura, como porcelana,
y mis
lágrimas que me congelaban.
Quería
abrazarte, quería acostarme con vos,
retroceder
el tiempo y tenerte viva de nuevo.
Mis
lágrimas me despertaban,
contemplaba
tu cuerpo en la fría mesada
y mis
sueños de encanecer juntos,
se
desvanecían con cada lágrima
que en tus
mejillas se estrellaban.
No hay
cuentos de hadas,
ni los mil
besos que te dí
te lograron
despertar de tu sueño.
Ya era
hora, los del sepelio te buscaron,
con mi
último aliento y mis últimas lágrimas
te vestí
con la ropa que más te gustaba,
y no me
despedí, no podía, no puedo,
porque tanto, tanto te deseo
que no
puedo y no quiero.
© Nito Biassi
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Marcharon
hacia el sur
Marcharon
hacia el sur,
para vengar
rencores antiguos con furias nuevas,
para
recuperar tierras viejas con sangre nueva.
Marcharon
hacía el frío,
para
devolvernos una tierra nuestra,
para
devolverla en la memoria y en los mapas
y quizás,
en los corazones de la mayoría.
Marcharon
hacia el sur
con un
fusil viejo, con sentimientos nuevos,
con un
espíritu espartano, con jefes alcoholizados,
tus
soldados, mis soldados, nuestros soldados
en el frío
y la soledad pelearon
no los
olvidemos, que sean para siempre recordados.
Marcharon
hacia el frío,
marcharon
hacia el sur,
algunos en
esa tierra para siempre quedaron,
no lastimemos su memoria,
fueron y
serán héroes presentes y nunca olvidados.
© Nito Biassi
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El árbol de la mora
Era el árbol que me enseñó
la dureza de la madera,
la rugosidad de la corteza,
el color verde de la clorofila
que tiñe piernas brazos y rodillas.
La dulzura de sus frutos
deslizándose por mi boca,
era el árbol de la mora.
Año tras año, primavera tras primavera,
la mora marca el paso del tiempo
con rítmico y cadencioso dulzor.
Cuando las mariposas aleteaban
cambiando el hambre por emoción,
una mora blanca, una mora negra,
sostenida por tus labios, mis labios,
me regalaron el primer beso de amor.
Cuando el tiempo se hace tarde de sol,
y la vida me regala un momento de calor,
con mi hijo sobre mis hombros,
le enseñare a probar de ese árbol,
que la naturaleza siempre te da un nuevo
sabor.
Cuando el sol avance más rápido que mis
pasos,
y necesite un apoyo para equilibrar mi
caminar,
bajo el árbol de la mora, tomaré un
respiro,
y con sus frutos refrescaré mi cuerpo
cansino
para unos pasos más en la vida poder dar.
Año tras año, primavera tras primavera,
la mora marca el paso del tiempo
con rítmico y cadencioso dulzor.
Y cuando ya no pueda más mis huesos llevar,
no quiero cajón, quiero que mi cuerpo se
haga cenizas,
y que en las raíces del árbol de mora me
han de sepultar,
quiero ser fruto que año tras año vuelva
la vida endulzar.
© Nito Biassi
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Existí
No existo en el tiempo agigantado del vacío
que envuelve a la nada que hago.
No existo cuando grito desesperado
cubierto de lagrimas en un cielo azul frío.
No existo cuando corro y corro hacia la
negación
y agitado me detengo sin sentido, sin
respiración.
Existí cuando tus piernas comprimían mi
cuerpo,
apretando y soltando, como latido de
corazón.
Existí cuando tu aliento secaba mi
traspiración
y tu rostro era un estrella que brillaba
como el sol.
Existí en cada caricia que tu mano pintaba
en mi piel
el retrato de nuestros cuerpos haciendo el
amor.
© Nito Biassi
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