24/6/22

Poema de Nito Biassi

 


Haikus

 

Hoy las lágrimas

mutarán en sonrisas,

días sin dolor.


 

Juega el río

con las bravías rocas,

como tu alma.


 

Llora muchacha

lágrimas de olvido

y recuérdate.

 

© Nito Biassi

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14/5/22

Poema de Nito Biassi

 


 

Historia de ausencias

 

El caminaba hacia atrás,

no quería abandonar

los lugares donde había estado.

Explicaba:

“Uno está donde su mirada”.

Ella se movía en la tierra nadando,

como si el suelo fuese agua

y las lomas olas coronadas de espuma y sal.

Se encontraron sobre

las ardientes arenas

del desierto de Gobi.

En un templo de Shiva buscaron refugio.

El tiempo fue eco de soles y lunas.

Permanecieron sentados frente a frente,

en la oscuridad del lenguaje sin palabras.

Él, antes de marcharse, habló:

“Acá, bajo el sol de un mediodía,

hice el amor con tu sombra”.

Ella antes de sumergirse

escribió en uno de los muros:

“Entre estas  paredes, bajo la atenta mirada de Shiva,

dos ausencias se hicieron compañía.”

 

© Nito Biassi

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7/4/22

Poema de Nito Biassi

 


 

La niña del cortadero


Niña y sueño, sueño y barro, barro y guano.

Manitos que amasan barro y guano,

un caballito, que no es de madera,

pisa que pisa los sueños de barro y mierda.

Niña que amasa la masa de barro

para formar ladrillos que hacen casas,

casas que nunca ella podrá habitar.

Y con sus manitos forma una muñeca,

una muñeca negra de barro y guano,

y el patrón que la reta: “No pierda el tiempo

niña tonta y póngase a trabajar.”

Niña y sueño, sueño y barro, barro y guano.

La carita sucia de barro tiene surcos de lágrimas,

lágrimas como arado de miseria,

que surcan y marcan líneas que el tiempo no van a borrar.

En cada ladrillo que sus manitos amasan,

la Niña amasa sus sueños, su educación y su vida.

Niña y sueño, sueño y barro, barro y guano.

Apilando ladrillos secos, haciendo la casita de muñecas

que ella sueña, en sus sueños de barro y mierda,

hasta que el fuego, quema  los sueños

quema el barro, quema la mierda,

y un humo de barro y guano,

le quema los pulmones, le quema la vida.

Niña y sueño, sueño y barro, barro y guano,

barro, barro, barro, mierda, mierda y mierda.

 

© Nito Biassi

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22/1/22

Poema de Nito Biassi

 


 

Un ritmo acompasado

como metrónomo de existencia.

Coreografía de danzas,

que siguen cadencias

de relojes de arena.

Todos conocemos

cada uno de los movimientos.

El futuro está dictado y planeado,

para escapar de la nada,

del incierto mañana

en ceremonias vitales.

Rotas por el vacío repentino

de ausencia de vida.

 

© Nito Biassi

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7/12/21

Poema de Nito Biassi

 


Yo

 

Yo, que viví en agua dulce

que corre entre paredes de tierra,

que horada las piedras y las rocas,

que mueve la rueda del molino

donde se hace harina de tiempo.

Yo, que viví en ríos,

como un Cristo cansado

me dejé acunar en tus brazos salados.

Mi cuerpo se hundió en tu vientre

verde y de espuma blanca,

como volviendo a ser embrión otra vez.

Yo que viví en agua dulce de río,

renací en el agua salada del mar.

 

© Nito Biassi

 

 

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4/10/21

Poema de Nito Biassi

 


Ayer

 

I


Ayer

recorrí el llanto,

el piso helado

y quizás,

el hambre y el frío.

Lo sé porque

están en mis huesos,

no en mi memoria

de viejo. 

 

II


Ayer

balbucee sonidos

de letras

que no fueron palabras.

Dije ABC y frases completas,

pensamientos

aprendidos de libros.

Lo sé porque

están en mi memoria

de viejo. 

 

III


Ayer

tuve en mi piel

otra piel, en mis labios

otros labios

y,  por algunos momentos

fui otro siendo yo mismo.

Lo sé porque

están en mis huesos

y en mi memoria

de viejo.

 

© Nito Biassi

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25/7/21

Poema de Nito Biassi

 


Historia de Ausencias


El caminaba hacia atrás,

no quería abandonar

los lugares donde había estado.

Explicaba:

“Uno está donde su mirada”.

Ella se movía en la tierra nadando,

como si el suelo fuese agua

y las lomas olas coronadas de espuma y sal.

Se encontraron sobre

las ardientes arenas

del desierto de Gobi.

En un templo de Shiva buscaron refugio.

El tiempo fue eco de soles y lunas.

Permanecieron sentados frente a frente,

en la oscuridad del lenguaje sin palabras.

Él, antes de marcharse, habló:

“Acá, bajo el sol de un mediodía,

hice el amor con tu sombra”.

Ella antes de sumergirse

escribió en uno de los muros:

“Entre estas  paredes, bajo la atenta mirada de Shiva,

dos ausencias se hicieron compañía.”

 

© Nito Biassi

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16/6/21

Poema de Nito Biassi

 


La casa del acantilado

                                     a Laura García del Castaño

 

Descendí a rappel por la vertical de la letra ele

hasta la línea horizontal de la misma,

que al estar inclinada me condujo suavemente

a una A como lágrima sin acento, sin contención,

que presagiaba el ulular de una U, como rumor

de vientos entre ramas de árboles desnudos,

que anunciaban que venia una ere suave,

para que una A de alma se acurruque en un rincón.

Una casa enclavada en lo más alto de un acantilado,

a sus pies, un mar bravío rompe olas contra los muros,

al costado de la casa entre brumas de recuerdos,

un árbol con las ramas desnudas, un Castaño,

nos muestra que en una de sus ramas,

un pájaro, con el pico herido por  hacerle un hueco a su jaula,

ha construido un nido, con ramitas del pasado, con barro de recuerdos.

Estuve caminando cerca de esa casa, un 6 de otoño,

con el viento frío, del pasado que no se recupera,

empujándome hacia la casa por la senda.

Vi cerca, entre el acantilado y la vivienda

a una niña-mujer, a una mujer-hada, a un hada-poeta,

que con oleos de palabras y letras

pintaba paisajes del interior de las almas.

Bella, radiantemente bella, distante, lejana,

su mirada recorría el mar bravío, el cielo de tormenta,

me descubrió observándola y mi alma fue un grito sordo,

tal era el fuego y la fuerza de su mirada,

fue un segundo, sólo un segundo corriendo,

que nuestras pupilas en la distancia se unieron, y siguió mirando el cielo.

Me alejé, me retiré, me sentí como invadiendo un templo,

subí la colina luchando contra el viento

y, antes que todo desapareciera en la distancia,

me llené los ojos con la imagen etérea

de la niña-mujer, de la mujer-hada, del hada-poeta

que con su paleta de palabras, pinta paisajes del alma.

 

© Nito Biassi

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12/5/21

Poema de Nito Biassi

  



Fría mesada de acero


Fría mesada de acero,

que trasmitía el frío a tu cuerpo.

Te miraba tras mis lágrimas,

tu piel fría, dura, como porcelana,

y mis lágrimas que me congelaban.

Quería abrazarte, quería acostarme con vos,

retroceder el tiempo y tenerte viva de nuevo.

Mis lágrimas me despertaban,

contemplaba tu cuerpo en la fría mesada

y mis sueños de encanecer juntos,

se desvanecían con cada lágrima

que en tus mejillas se estrellaban.

No hay cuentos de hadas,           

ni los mil besos que te dí

te lograron despertar de tu sueño.

Ya era hora, los del sepelio te buscaron,

con mi último aliento y mis últimas lágrimas

te vestí con la ropa que más te gustaba,

y no me despedí, no podía, no puedo,

porque tanto, tanto te deseo

que no puedo y no quiero.

 

© Nito Biassi

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29/3/21

Poema de Nito Biassi

 


 

Marcharon hacia el sur

 

Marcharon hacia el sur,

para vengar rencores antiguos con furias nuevas,

para recuperar tierras viejas con sangre nueva.

Marcharon hacía el frío,

para devolvernos una tierra nuestra,

para devolverla en la memoria y en los mapas

y quizás, en los corazones de la mayoría.

Marcharon hacia el sur

con un fusil viejo, con sentimientos nuevos,

con un espíritu espartano, con jefes alcoholizados,

tus soldados, mis soldados, nuestros soldados 

en el frío y la soledad pelearon

no los olvidemos, que sean para siempre recordados.

Marcharon hacia el frío,

marcharon hacia el sur,

algunos en esa tierra para siempre quedaron,

no lastimemos su memoria,

fueron y serán héroes presentes y nunca olvidados.

 

© Nito Biassi

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2/1/21

Poema de Nito Biassi

 


 

El árbol de la mora

 

Era el árbol que me enseñó

la dureza de la madera,

la rugosidad de la corteza,

el color verde de la clorofila

que tiñe piernas brazos y rodillas.

La dulzura de sus frutos

deslizándose por mi boca,

era el árbol de la mora.

 

Año tras año, primavera tras primavera,

la mora marca el paso del tiempo

con rítmico y cadencioso dulzor.

 

Cuando las mariposas aleteaban

cambiando el hambre por emoción,

una mora blanca, una mora negra,

sostenida por tus labios, mis labios,

me regalaron el primer beso de amor.

 

Cuando el tiempo se hace tarde de sol,

y la vida me regala un momento de calor,

con mi hijo sobre mis hombros,

le enseñare a probar de ese árbol,

que la naturaleza siempre te da un nuevo sabor.

 

Cuando el sol avance más rápido que mis pasos,

y necesite un apoyo para equilibrar mi caminar,

bajo el árbol de la mora, tomaré un respiro,

y con sus frutos refrescaré mi cuerpo cansino

para unos pasos más en la vida poder dar.

 

Año tras año, primavera tras primavera,

la mora marca el paso del tiempo

con rítmico y cadencioso dulzor.

 

Y cuando ya no pueda más mis huesos llevar,

no quiero cajón, quiero que mi cuerpo se haga cenizas,

y que en las raíces del árbol de mora me han de sepultar,

quiero ser fruto que año tras año vuelva la  vida endulzar.

 

© Nito Biassi

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18/9/20

Poema de Nito Biassi

 


Existí


No existo en el tiempo agigantado del vacío

que envuelve a la nada que hago.

No existo cuando grito desesperado

cubierto de lagrimas en un cielo azul frío.

No existo cuando corro y corro hacia la negación

y agitado me detengo sin sentido, sin respiración.

Existí cuando tus piernas comprimían mi cuerpo,

apretando y soltando, como latido de corazón.

Existí cuando tu aliento secaba mi traspiración

y tu rostro era un estrella que brillaba como el sol.

Existí en cada caricia que tu mano pintaba en mi piel

el retrato de nuestros cuerpos haciendo el amor.

 

© Nito Biassi

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29/7/20

Poema de Nito Biassi


Ella, mujer

Ella va con sus hijos
en la espalda, en el pecho,
a un costado de su cuerpo.
Ella los parió de cuclillas
sobre la arena, en la montaña,
en la llanura, en la selva.
Ella regó el suelo con su sangre,
y como ofrenda, su placenta,
la entregó a la tierra madre.
Ella va con vestidos largos y multicolores,
va con una falda y los pechos al aire,
va con la cara limpia, o pinturas rituales.
Ella es la sabiduría de sus ancestros,
el futuro de su gente, el futuro de sus hijos,
el cuenco donde se guardan las tradiciones.
Ella vive en la Puna, en el Chaco, en los Andes,
en el Amazonas, en la Patagonia o en Buenos Aires,
en las comunidades originales o en nuevas ciudades.
Ella es una mujer que representa a todas las mujeres,
a la mujeres que de los pueblos originarios son naturales,
y para Ella este pequeño homenaje, 
Mujer con mayúscula, MUJER con letra sostenida,
Mujer con todas las letras, mujer que es vida.

© Nito Biassi

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3/6/20

Nito Biassi recuerda a Angélica Garay




Poema XI 

Sólo seré habitante de un valle de ausencias: 
no habrá árbol, 
ni pájaro 
ni vuelo. 
Entonces, abriré los brazos 
y edificaré mi propia sombra.

Una cruz solitaria. 

© Angélica Garay




Ausencias 

Ausencias
de “ya no están”,
en espejos
sin reflejos;
en abrazos
sin cuerpos;
en recuerdos
llenos de presencias,
y presentes vacíos.
En nombres
que antes eran llamados,
ahora rezos.
Y en las flores
que arrojé,
sobre cada grito,
antes del silencio.


© Nito Biassi

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24/4/20

Poema de Nito Biassi




Así
Así, así, despacio sin apuro
como demoliendo una pared
junta por junta, ladrillo por ladrillo,
Así, así despacio para sentir
y sin que uno se de cuenta,
va perdiendo de a poco todo.
Hay paredes que no son de cemento,
hay paredes construidas de nada
que son más duras y resistentes.
Así, así despacito como caminar de oruga
se llega al punto de la quietud
que ni la inercia te moviliza.
Así, así … empieza el reino del vacío.

© Nito Biassi

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22/1/20

Poema de Nito Biassi




Alas, brazos, alas

Alas, brazos, alas;
el cielo es negro profundo,
sólo lo no creíble es cárcel.
Cuando quiero volar
quiero traspasar los límites.
Brazos, alas, brazos,
el cielo es azul luminoso,
los límites son mi mente,
el infinito son tus ojos.
En el oscuro profundo
como luz luminosa surgiste,
mujer valquiria sin arco,
flechas en tu mirada,
increíblemente bella,
me tendiste tus manos
sacándome, elevándome,
por eso,
siempre vuelo
cuando me refugio en tus brazos.

© Nito Biassi

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5/8/19

Poema de Nito Biassi


  

Tormentas demenciales

Tormentas demenciales,
con rayos de alucinaciones
y truenos de desvaríos.
Navego en el océano
de mis delirios,
en un kayak sin remos.
Las olas me empujan y golpean,
¿cuánto tiempo podré permanecer?
Imágenes superpuestas.
Me río a carcajadas
como gallo que canta a las 3 de la tarde,
en una plaza de cemento, sin árboles
completamente desierta.
La tormenta que arrecia.
Me aferro a los bordes de algún recuerdo
para no caer por completo.
Me persiguen viejos Demonios
aliados a Ángeles nuevos.
¿Cuánto tiempo podré estar así?
¿Por cuánto tiempo podré permanecer
virgen de manicomios?

© Nito Biassi

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8/5/19

Poema de Nito Biassi




Cárceles

Hay cárceles construidas
con gruesos muros de piedra
y grandes atalayas,
con duros barrotes de acero.
Con guardias armados de muerte.
En su interior se pasean
figuras altaneras, arrogantes
que han perdido el lenguaje cotidiano
para hablar un nuevo lenguaje.
Figuras cuyas sombras
se acurrucan en un rincón
temblorosas, asustadas, anhelantes.

Hay cárceles construidas
con calles y veredas,
con árboles y perros que mueven la cola.
Con gruesos muros de corrupción
y grandes miserias.
Con duros barrotes de carencias.
Con guardias armados de indiferencia.
En ellas se pasean
tristes figuras harapientas,
con el cuerpo doblado por el hambre,
con la cabeza gacha
y el espíritu lleno de tristeza.
Tanta tristeza que aún convirtiéndose
en altaneras y arrogantes,
sus sombras se acurrucan
en un rincón temblorosas, asustadas
anhelantes.
Entre ésta cárcel y aquella
entre aquella y ésta,
no veo diferencia,
ninguna diferencia.

© Nito Biassi

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22/4/19

Poema de Nito Biassi



El otro

El otro está
en la vereda
del  frente.
Como flor,
abrigo,
puerta,
desamparo.
El otro soy yo
en la mirada
de otro.

© Nito Biassi

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18/3/19

Poema de Nito Biassi



Poesía

La poesía
desnuda nuestros cuerpos
a la orilla del tiempo
y nos hace nadar en la eternidad.


© Nito Biassi

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