25/7/26

Poema de Nancy Montemurro

  


YOGA 

 

A los ochenta y dos años,

después de la muerte de mi padre,

mamá comenzó a usar pantalones.

Siempre se había vestido con pollera

obediente a la premisa                                               

“los pantalones los llevan puestos

los varones”.

Así eran las mujeres de antes.

Recién entonces pudo

empezar a hacer yoga,

como si la muerte del esposo

le permitiera tomar consciencia

del propio cuerpo,

sentir el corazón latiendo

a un paso del final.

 

© Nancy Montemurro

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17/6/26

Poema de Nancy Montemurro


La madre peina a su hija

una larga cabellera                                                      

de hilos en rebelión

Mientras, ella repasa la vida, 

que también se enredó 

Debe formular las preguntas correctas                  

para darle alguna respuesta                                      

a su propia cabeza enmarañada                

Lentamente se ordenan,                                                                          

el amor en el amor

el desdén en el desdén

el pecado en el pecado

salvo un nudo   

hecho de olvidos y miserias

Necesita

separar pelo por pelo

pero no hay tiempo hoy

Ensaya un corte, tira

y la vida pasa

como quien pasa un peine

 

© Nancy Montemurro


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17/1/26

Poema de Nancy Montemurro

 


FLORES FUGACES

 

Mi madre ha reunido en su jardín

algunas plantas de floración fugaz.

La Ipomea Alba y el cactus Cereus

florecen por la noche,

embriagan la oscuridad

con su perfume blanco

y a la mañana sólo son un capullo

encerrado en sí mismo.

La orquídea de un día

despliega sus pétalos violetas

en las horas de luz

y esa solidez tan tenue

se marchita al anochecer.

¿Por qué mamá amaba a esas plantas?

Muchas veces pensé que la atraía

su despojada fragilidad,

en la sutileza del instante.

Ahora creo entender el regocijo de su alma,

esa fascinación atenta                                               

de los sentidos

en el momento en que se abre la flor.

 

© Nancy Montemurro

Imagen enviada por la autora del poema

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5/12/25

Poema de Nancy Montemurro

  

FLORES FUGACES 

 

Mi madre ha reunido en su jardín

algunas plantas de floración fugaz.

La Ipomea Alba y el cactus Cereus

florecen por la noche,

embriagan la oscuridad

con su perfume blanco

y a la mañana sólo son un capullo

encerrado en sí mismo.

La orquídea de un día

despliega sus pétalos violetas

en las horas de luz

y esa solidez tan tenue

se marchita al anochecer.

¿Por qué mamá amaba a esas plantas?

Muchas veces pensé que la atraía

su despojada fragilidad,

en la sutileza del instante.

Ahora creo entender el regocijo de su alma,

esa fascinación atenta                                               

de los sentidos

en el momento en que se abre la flor.

 

© Nancy Montemurro

Imagen enviada por la autora del poema

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21/11/25

Poema de Nancy Montemurro

  

MALVONES 

 

¡Cuánto han crecido los malvones!

Encontré por fin el lugar

donde se sienten cómodos.

Parece haber un microclima   

en este patio

que los ha reverdecido

y ya florecen.

Fue un poco como la vida

que reniega y resiste

al esplendor de lo bello

y al final se rinde.


 © Nancy Montemurro

Foto de la autora del poema                     

                                                                                                                       

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15/7/25

Poema de Nancy Montemurro

               


LECHE DE YEGUA 

 

A poco de nacer la tos convulsa

casi me mata.

Era la primera hija

y mis padres desesperados

no sabían qué hacer.

Otra vez el destino

acercaba la muerte a los pequeños

como una desgracia de familia.

El Dr. Gutiérrez no dio

mucha esperanza,

pero un paisano de cerca de las vías

viendo a mi padre triste y preocupado

le dijo que debía darme

leche de yegua,

de esa yegua que había parido hacía poco

en los corrales cercanos,

que podía ir cuando quisiera

que le daría un poco cada vez.

Y ahí fue mi madre día tras día

con su jarro enlozado.

Una mujer criada en el campo

frente a una yegua

que podía salvarle a su hija,

un giro del tiempo

en la sincronía de la vida

para romper hechizos y destinos.            

Lo cierto es que me salvaron

mi madre y esa yegua

y aquí, agradecida

lo estoy contando.

 

© Nancy Montemurro

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18/6/25

Nancy Montemurro comparte a Colombo/Miranda/Tracey

  


Cuando las tres chicas se acercan, el padre cierra el abanico de sus sentimientos, de golpe. Tiene miedo el padre chino de que el calor de sus hijas desplanche las rayitas de su alma, plisadas con suma paciencia por sus antepasados.

El miedo le hace pitar de una boquilla elongada hasta el límite. Chupa del pico el hombre, y de su boca evaporada por el humo se desprenden pensamientos finitos como el perfil de un pez raya. Es el opio de los pueblos con que carga su boquilla el que lo hace descifrar sus pensamientos en voz alta.

“Esas tintoreras –dice de sus hijas– calientan la pava y después yo salgo hecho una planicie. Qué saben ellas, tan chiquitas, del trabajo que costó a mis antepasados imitar el oscuro abanico de las olas, escama por escama, durante milenios, hasta hacer de mi alma este biombo musical que sólo los hombres chinos saben desplegar con dignidad.”

Al escucharlo, la más china de las tres chicas desenrolla el caracol de su rodete en señal de rebelión.

Cae ondulado el bandoneón de su pelo, y el padre recuerda el golpe, seco, de una sombrilla al cerrarse.

 

© María Del Carmen Colombo


 

Lugar

 

Un templo, una calle,

un único cuarto, un jardín,

el interior

de una flor de ese jardín,

el interior de un auto

rodando a toda velocidad

o sobre una piedra

a la orilla del río.

Cualquier lugar es bueno

para quedarse,

fundar

de nuevo el mundo.

Después del amor

cualquier lugar es bueno para quedarse,

pero no el corazón,

ese lugar

aprieta demasiado.

 

© Marta Miranda



Él dibujó un cuadrado negro

lo pintó cerrado y compacto y ciego

 

Dijeron es absurdo

Dijeron la nueva fe

Dijeron no es nada

 

como si nada él desde allí

con el pincel más fino de

su valija de pintor pintó una línea del horizonte

que se aleja hasta que ni el horizonte ni él

pueden más la línea entonces

dibuja un oval que es lo más cercano a un

rostro y tiene sus ojos y su boca y su cuerpo

lo más cercanos a una figura humana

y con sus ojos sus propios ojos de pintor

hace una magia rara los envuelve en papel de seda

y los acuna en el corazón.

 

© Mónica Tracey

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14/5/25

Poema de Nancy Montemurro

 


LÁPICES 

 

En una tarde de lluvia,

nuestra infancia.

Mi hermanita y yo

con un papel y un lápiz,

sentadas a la mesa de la cocina,

dibujábamos algo   

que no recuerdo ahora.

Una casita, la misma lluvia,

o tal vez un arco iris

porque el cielo comenzaba a clarear.

Entonces entró mamá

con un paquete envuelto

en tela de algodón

atado con hilo sisal,                                    

sacó los lápices de colores

de cuando ella iba a tercer grado

en la escuelita José Pedroni, 

de Sandford.

No venían de la abundancia

sino de la guarda de las cosas preciadas,

porque hay poco y no hay para todos.

Eran un tesoro

que pasó de sus manos

a las nuestras para continuar el color

de una niñez que se cortó temprano.

Sentimos el olor de la madera

añejada en el recuerdo,

el olor de su aula y su banco.

Ella que no pudo terminar la primaria

guardaba en esos doce lápices desparejos

la fuerza de su trazo por la vida.

Nos dio ese regalo como legado divino

y jamás volvimos a tener

lápices

con la punta en el amor, afilada.             

 

© Nancy Montemurro

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28/3/25

Poema de Nancy Montemurro

 


 

LOS REZOS DE LA NOCHE

 

La estrellita de oro

no le teme a la muerte

la luna vigila

mientras todos se duermen.

Canto popular

 

Mamá decía que el bisabuelo José

era un hombre muy dulce,

ni la pobreza del campo

ni perder a varios hijos

cambiaron su bondad.

Todas las noches

juntaba en su pieza

a los nietos

y antes de dormir

los hacía rezar.

El ángel de la guarda

puso una estrella

de luz en cada uno

para alejar la muerte.

 

© Nancy Montemurro

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24/1/25

Poema de Nancy Montemurro

 


CORONITA DE REINA 

 

Teníamos en el fondo de la casa

un jazmín chino de primavera,

sus ramas colgaban                                                   

arqueadas, repletas

de florcitas amarillas.

Con dos varas se podía

enlazar una corona.

En la frescura de las tardes,                      

tantas veces

mamá me coronó,

sin que tuviera importancia

en esa ceremonia

ser la princesa o la reina,

ya que el maravilloso gesto

de su mano en mi cabeza

era suficiente

para sentirme

por ella, bien amada.

 

© Nancy Montemurro

Foto enviada por la autora del poema

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6/11/24

Poema de Nancy Montemurro

  


La madre peina a su hija

una larga cabellera                                                     

de  hilos en  rebelión

Mientras, ella repasa la vida, 

que también se enredó

Debe formular las preguntas correctas                

para darle  alguna respuesta                                   

a su propia cabeza enmarañada                             

Lentamente se ordenan,                                                                        

el amor en el amor

el desdén en el desdén

el pecado en el pecado

salvo un nudo   

hecho de olvidos y miserias

Necesita

separar pelo por pelo

pero no hay tiempo, hoy

Ensaya un corte, tira

y la vida pasa

como quien pasa un peine

 

© Nancy Montemurro

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14/6/24

Poema de Nancy Montemurro

 


Soy una mujer que envejece

aquí, frente al papel

Los años pasan

y arrebatan

aquello que no quiero perder

Enhebro                                                                          

la última palabra pronunciada,

retomo desde ahí

el discurso,

pero la vista falla                                                         

El ojo de la aguja

no es el mío

por eso veo

al mundo deforme                                                                     

Debería                                                                                          

ajustar la mirada                            

a la esencia de las cosas

atrapar  su belleza                                        

y serenarme

 

© Nancy Montemurro

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21/5/24

Poema de Nancy Montemurro

 


La brisa

asoma por las hendijas

y es un alivio

para este calor intenso

Apenas perceptible                                                      

mueve un vendaval                                      

de recuerdos

en el fuego de otro verano                

cuando el amor                                                            

como el día

terminaba          

 

© Nancy Montemurro

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12/1/24

Poema de Nancy Montemurro

 


 

Entra oblicua la luz

por la ventana

a las dos de la tarde

y despliega

su temprano abanico de sombras

En la tenue opacidad                                                                                

una vida se instala

taza de café                                                                   

sobre la mesa                                                                

mansa,                                                                            

esperando

que en el calor del rayo

alguien la consuma

 

© Nancy Montemurro

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11/12/23

Poema de Nancy Montemurro

  


Puntada tras puntada

mi madre zurce

las medias rotas

Con cuánta precisión

la aguja toma un punto, otro,            

y la herida se obtura                                 

Siempre una cicatriz queda

de ese desgarro,

pero se puede seguir

andando

a  medias

 

© Nancy Montemurro

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16/10/23

Poema de Nancy Montemurro

 


Figuras en secuencia rápida

hacen caer

en el sopor del sueño

mientras se viaja en tren

a ningún sitio o a sitio

alguno. Pasar

de imágenes como pasan

los amores, los muertos

Ni saltar del tren ni destruir

los anagramas del mundo

acabarían con el destino

de decir. Un viaje, un tren

 

© Nancy Montemurro

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21/8/23

Poema de Nancy Montemurro

 


Salida de mí

quién es

la que en carne viva

encarna mi papel

No soy más que

y soy más que

una criatura afilando

sus dientes para el beso

Ángel o demonio

contra el mundo

mi destino será

como el de todos

un gusano, más o menos

en la contienda de mi cuerpo

 

© Nancy Montemurro

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21/6/23

Nancy Montemurro comparte a Iniesta/Santiago/Sazunic

 

Sentido 

 

Porque me vulnero a veces me entero

de la conmoción que trae o me da

 

la magia que pasa ciega en un vientito

a orilla del río

 

la belleza única que no tiene apuro

y sin embargo ha de hacerse pronto

 

las estadías súbitas de la melancolía

 

cuando vulnera la tarde  no atardece 

hace horizontal el presente único

 

vulnera la rienda que me atrae

hacia el deseo y no me deja espacio

 

vulnero yo el alma del cuerpo

cuando insisto y pego

patadas de ternera frente al desafío

 

delgada fibra me estremece

recuerda una y otra vez

a mí misma en esa arista

que resiste

 

asoma una razón

más por la que seguir

encontrándome en la perplejidad

 

Frente al poder

de esa florcita amarilla

estremeciéndose

en el viento, Apolo

 

deje su lugar.

 

Ana Iniesta  

 


LOS HALCONES DE LA NOCHE *

 

En el Oceanógrafo de la ciudad de Lisboa

las especies se acercan a la superficie vidriada

y una ya sabe quiénes están adentro y quiénes afuera

Tratan de comunicarse de alguna manera

pero sabemos de entrada que no es por medio del lenguaje oral

De la misma forma en esta pecera de Hopper

-hace tiempo que nos dimos cuenta-

los personajes no hablan y no nos hablarán nunca

Por más deseo que pongamos en estar adentro, el vidrio es blindado

e impide a la visita ser otra cosa que visita

Los actantes en cambio permanecen

y visten el mismo traje, el mismo peinado todos los días

¿Cuándo se acicalarán?- pienso- para aparecer así en escena

No existe el tiempo para Humphrey Bogart, tampoco para Marylin

Son pasajeros de la eternidad

Trabajan veinticuatro horas por día en un tiempo que no es tiempo terreno,

sin salirse de cuadro

Es imposible: ya no tenemos nada para decirles

Es igual hablarle al pescado que mandamos al freezer hace cinco semanas

Sin embargo, hay días en que los veo más cansados

¿Será el efecto de tanta exposición?

Esto de pasar a la eternidad me está resultando un tanto molesto.

Rompo cada papel escrito para cuidarme. Vaya a saber

por qué lugar desconocido se introducen ellos en la pecera

y quién sabe si no se llevan uno de mis textos

en medio de una fortuita casualidad

o del mero hecho de hacer maldades

como las realizadas por los objetos inanimados

objetos que de tanto serlo han adquirido vida propia 

 

*Cuadro de Edward Hopper

 

María Cristina Santiago 

 



Hablar de la pasión

                                                                                                        

 escribir aquel ceibo

colmado de flores rojas

 

aparición

 

que jamás

he vuelto a ver

 

sólo

verdes las hojas

más tarde

sus ramas desnudas

 

pero ya no

 

ese ceibo, la imagen

cruzando mi costado

completa y coral

a pesar

de la textura

oscura y rugosa

en la madera

 

figura fugaz

aún latente

en mí,

entonces qué

de la fugacidad

de la pasión

 

las flores rojas

de ese ceibo

que no olvido 

     

Silvina Sazunic                                                                  

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