25/9/24

Poema de María Cristina Santiago

 

 

LOCA DE ARENA

 

Me admira ver como construye

castillos en la playa.

Parece no importarle saber

que todo muere. Igual, ventura

y desventura se modifican

según las circunstancias.

Alfarera en vigilia ella no ignora

que sólo modela su cacharro.

Caricia, la de la mano experta.

Ojos fijos sobre el conjunto piensa

que es propicio perseverar

a cambio de extraviarse. No hacerlo

indicaría confundir arcilla

con diamante. Por eso es

que me hechizo ante los dedos

de esa vieja que humedecen

arena para moldearla.

Arma con la yema a golpecitos

simulacro de torre. Los pies

casi en el agua y sus manos

pacientes; me pregunto

¿puede otra vez alzar el mito

si a veces tarda medio siglo

en sólo delinear su imagen?

Y algo más aún me asombra: sabe

-porque de la playa conoce

todos los secretos; ni siquiera

siente desencanto- que a la larga

la primera ola del verano

destruirá efímera

su construcción en una tarde.

 

© María Cristina Santiago

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28/2/24

Poema de María Cristina Santiago

 


LA BRÚJULA DEL TIEMPO

 

Pasear por las habitaciones merodeando.

Hemos perdido la escuadra del tiempo –reconozco-

y una se mueve con el cuerpo a cuestas,

la gamuza en la mano.

Anda por rincones de la casa

observando con rictus en los ojos

los retratos en sepia

como si solamente sacudiera

el polvo de los muebles.

En realidad busca entre las fotos

la marca, huella de su nombre.

El único, olvidado. Y han transcurrido muchas

Vidas tratando de orientar la brújula.

Hay cambio de piel y son apenas

leves los recuerdos por la mañana.

Algún instante de intuición

nos revela la magia y allí

mientras se corre el velo

de pronto atrapamos la vida.

Comprendo: la gracia nos fue dada.

Es un murmullo.

Frente al retrato de papá

Reconocer que los gladiolos marchitaron

Deshojarlos uno por uno, total ¿quién necesita

ya su nombre?

Entre los infinitos puntos

de luz que filtra la persiana

se recuperó el tiempo en un instante

El misterio era ése.

Después doméstica, volver con el plumero

en mano a recorrer los cuartos

como si nada. En realidad la gracia

nos encontró in fraganti, era casi la hora

del almuerzo y ya no la esperábamos.

 

© María Cristina Santiago

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16/8/23

Poema de María Cristina Santiago

 


ROPA DE ENTRECASA

 

No es cuestión de encender

por nimiedades el horno a cada rato.

La cabeza es un lugar

que de por sí arde.

Por eso se hace útil

rescatarla. En el deseo de sazonar

los alimentos realizamos

según el azar de cada día

visitas hacia partes de nosotras

en una operación de salvataje.

Camino de avance y retroceso

que nos hace tomar las precauciones

de retornar con entereza al mismo sitio:

cocina donde faltan las especias.

Hacemos una lista de sustancias

apuntando la ausencia en borradores.

Igual, somos conscientes, no cualquier

mortal está predestinado

a gozar en plenitud de sus sentidos.

La punta de la lengua prueba el gusto

mientras se espera una llamada

al orden de las cosas. Sin desesperación

reconocer que igual el condimento

no es bastante. La regla de sustitución

-vino en la salsa en vez de agua-

no constituye falta. Cuando termina el día

la cena está servida

Y al saborear el plato

viven contradictorios

dos principios diversos.

Hemos preservado con ventura

las leyes de la casa.

 

© María Cristina Santiago

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