Poema de Liliana Mainardi
Aves nocturnas
descarnan los ojos.
¿Quién habita
en
los cuerpos rapaces?
¿Qué pasaje han sacado
si
hay un solo infierno?
© Liliana Mainardi
Etiquetas: Liliana Mainardi
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Aves nocturnas
descarnan los ojos.
¿Quién habita
en
los cuerpos rapaces?
¿Qué pasaje han sacado
si
hay un solo infierno?
© Liliana Mainardi
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La hoja en blanco
también
es la noche en el mar.
Brotan de las olas
niños a la deriva
por las guerras de unos pocos.
Amanece la orilla
en los ojos cerrados.
¿Acaso duermen?
© Liliana Mainardi
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El campo
El campo quemado
los restos
apenas tapera
y en el centro del patio
el aljibe
como único
sobreviviente.
© Liliana Mainardi
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Fondo
Cuenta mi madre
que en el monte
tres veces el fuego
devoró su casa.
Los veo;
de espaldas en las calles de arena
con sus bolsas
sus gallinas
y su perro.
Caminan
como quien sale
como quien se va
sin despedirse.
© Liliana Mainardi
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Secreto
Nace el poema
en la olla cotidiana
en el humo de la ropa
en la casa de la abuela.
Un plato humeante
en el hueco de la cocina
todos amontonados
con la mirada en los leños
como esperando la respuesta
de unas manos aradas
surcadas por el tiempo,
que guardan
el silencio
como único tesoro.
© Liliana Mainardi
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Elemento
Fuego inseparable
de la historia
de los vientos
fuego del pan
del barro
del hombre
entiendo que con tu círculo
ahuyentes a las sombras.
© Liliana Mainardi
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La verdad de la cuchara
está en el mango
que no alcanza la mano
tal vez haya que cortar los dedos
TRACK.
Uno es el fondo
dos el abismo
tres dedos tristes en el plato
sin trigo la olla
sin dedos la mano.
© Liliana Mainardi
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Eco
El eco es silencio:
en el paisaje del árbol
en el centro del cerro
en el plato vacío
en el bolsillo lleno
lleno de vacío.
© Liliana Mainardi
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Niño Sauce
Niño Sauce eres,
con tus ramas sosteniendo el nido
en ese río tan cerca tan lejos.
–lo tocas, se escapa–
Lo aprietas en los ojos.
Es tiempo:
de dejar correr el río,
de enraizar
del otro lado.
© Liliana Mainardi
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Golpear las cucharas
en la madera
mientras el plato grita.
Caerán migajas
de los ojos lloverá el fruto
-es necesario resistir-
en sus manos se horneará el pan
y las cucharas golpearán
más fuerte aún
se multiplicarán
y esas manos resistirán
la seca y la sal
hasta haber satisfecho el último
golpe de la noche.
© Liliana Mainardi
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Si el rostro se inmuta
será necesario casi un abismo
responder el acertijo.
Es sabido que el hambre
pasa por lo llano como un cascabel.
Fijar el horizonte
entre cáscaras de algo.
Algo habrá sido,
en cuestiones de yuyos
el ajenjo juega a ser caricia.
Episodio cotidiano:
ella parte migajas
entre garras de polvo
mientras cuervos revolotean
aquellos cuerpos
ya
sin intenciones de volar.
¿Cómo sentir hambre
en el cuerpo ajeno?
© Liliana Mainardi
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A menudo la noche
es la mirada de un niño
me zambullo
entre palabras oscuras
braceo a ciegas
busco llegar
trago agua
enmudezco
sigo.
Sus luciérnagas
me guían
al supuesto paraíso.
© Liliana Mainardi
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