17/7/26

Poema de Fabián Leppez

  


Persianas

 

El cartel escrito a mano

implora

Liquidación por cierre.

La clientela

entusiasmada por las ofertas

no compadece

al negocio que se desmorona

a los empleados que pierden su trabajo

al inversor que fracasa

a  la economía que se derrumba.

 

El cartel reza Liquidación por cierre

y el público se entusiasma

frente al cajero que suda

frente a la empleada que medita

frente a los objetos que se desparraman

con las manos revoltosas.

Con las manos que no resuelven.

Con los que amontonan

el llanto ajeno

para regar sus plantas. 

 

© Fabián Leppez

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16/5/26

Poema de Fabián Leppez

 


Soy hijo de mi santa madre.

Soy hijo de la sangre picante

que inmoló sus huesos

y los retorcijones blancos en la camilla.

Soy el hijo de la madre que me parió

vestida de algodón

en una clínica de cemento.

Hijo de la madre que pujó por mí

con los cachetes inflados

forzando la planta de sus pies

con sabañones

contra el caño frío.

Hijo de la madre que gritó

sin anestesia

mezzosoprano

en un intento de multiplicarse,

en un pacto filicida.

Pariendo piezas rotas.

 

Las paredes se ajustaron.

Caí entre sus piernas,

rojo, como un botón.

Varios dedos me sostenían.

 

Soy la placenta congelada en un tupper.

Un globo de cumpleaños reventado

con un cigarrillo.

Soy el croquis, el boceto de

un millennials que mutila

fantasmas en su adn.

 

Soy raíz de mi madre,

nervio de su corteza,

arteria en sus pómulos,

curva morada en sus músculos.

Soy un peldaño de mi madre

y una cápsula de ella habita en mí,

suspendida

como caja de Pandora.

 

Soy un virus lisérgico que rebotó

en las persianas de su selva

y abrió las cortinas

para incomodar.

Soy la caspa del stress de mi madre,

barro en sus zapatillas.

 

Soy lo que cabeceó una semilla partida.

Una semilla sin glifosato.

Un germinado en un frasco de dulce.

Soy lo que queda en el fondo del vaso

donde flota una dentadura

y desde allí, me hago carne.

 

© Fabián Leppez

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6/2/26

Poema de Fabián Leppez

 


Petricor*

 

El día plomizo se columpia

en una moneda manoseada.

El cielo cubierto de cartones.

La humedad es un virus

que ablanda los huesos.

Si del cielo cae una gota

una sola

será el inicio de un orgasmo.

Mi cabeza es un balde rebalsado.

El agua emulsiona mis ojos.

Un concierto de burbujas se celebra

en mis oídos.

Miro al cielo.

La gota que está por caer

será la campana/

el botón rojo.

Los paraguas son metralletas sin munición.

El agua enhebra el témpano

cuando sube por mis manos

y traza surcos jurásicos.

Son escamas que representan los años.

Es el incierto presagiando aleluyas.

El cielo rastrilla celulitis y es

un espasmo a punta de jabalina.

Un cadáver se incinera entre dos nubes

y el sol

se endereza los anteojos

para ver el espectáculo

sin antifaz.

 

*Olor a lluvia, tierra mojada.

 

 © Fabián Leppez

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22/10/25

Poema de Fabián Leppez

 

Doomer*

 

Cuando mi cuerpo desaparezca

dirán

tiene el pelo castaño

y unos kilos de más.

Cuatro tatuajes

y una pulsera de Boca.

Llevaba puesta una mochila

con libros y una campera azul.

Fue visto por última vez

en un cine

y acompañó a una amiga hasta

la parada del colectivo.

Dirán

no contesta el teléfono, es raro.

No pasó por su casa ni por la casa

de su novia.

Nadie lo vio durante el fin de semana.

Dirán

nadie tiene las llaves de su casa.

Faltó a una reunión el martes

sin avisar.

Es raro.

Tiene una cicatriz en el abdomen,

no usa anillos ni colgantes.

 

El día que desaparezca

dirán es bueno,

no se mete con nadie.

A veces un poco reservado.

Pero nunca 

deja las puertas abiertas.

 

*Persona que vive con la creencia de que va a pasar algo catastrófico.

 

© Fabián Leppez

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3/7/25

Poema de Fabián Leppez

 

 

Atavismo*

 

Levanto la piedra puntiaguda

y proyecto.

Siento el incienso,

la espuma que finge al ras de la mirilla

camuflada entre los cascos.

A ellos los protege un escudo.

A nosotros, una bandera roja.

Siento en la yema de los dedos

la imperfección de la piedra.

La tierra esgrime mi piel.

Siento la pistola que tala mi frente

y reprimo las ganas de estar

libre de pecados.

Es la piedra un detonante.

Es la herida un agujero en el tiempo

donde escondemos las cabezas.

 

*Movimiento que hace perdurar acciones o pensamientos de sus antepasados.

 

© Fabián Leppez

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29/3/25

Poema de Fabián Leppez

 


Lilith en Acuario / 13

 

Soy mis ojos tónicos

observando el camino del Inca.

El dibujo oblicuo de las alas

que buscan romper mi espalda.

Soy la gelatina que transparenta

el resfrío de sol.

Mis pies desatados en el parque,

corriendo hacia la niñez.

Corriendo

para que no se apodere de mí

el abandono.

 

Soy adobe en el guardabarros

de la bicicleta y mis manos

succionando el inflador.

Soy mi scanner recorriendo a

los pasajeros del colectivo,

mi cuerpo impactado por la llegada del tren

y mi culo reprimido

en un micro de larga distancia.

Mis lecturas somníferas

atravesando montañas,

mi lengua chisporroteando

con salsa picante norteña,

mi voz pastosa en el audífono del teléfono,

mis palmas golpeándose, crudas

detrás del portón,

mi puño meticuloso punzando una puerta.

 

Soy la paranoia del viaje perdido,

el saludo nebuloso

desde el segundo piso en la terminal

y la mirada elástica

siguiendo los cables de luz en la ruta.

Soy mi espalda abrazada

al asiento reclinado,

el café tibio y aguado

servido en un vaso de tergopol

y la bandeja de cena minimalista.

El sánguche envuelto en papel film

abollado en la mochila de mano y

la cerveza artesanal comprada en Córdoba.

 

Soy las manos dispuestas a

samarrear al chofer

para que arranque,

para no centrifugar el camino.

Para ganarle la carrera a las gaviotas.

 

© Fabián Leppez

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29/1/25

Poema de Fabián Leppez

 


Pañuelos

 

¿Qué pasaría si todos los pañuelos se unieran

levantando los brazos en una danza frenética?

La esquizofrenia elevando nuestros pies

para marchar hacia el frente

hacia los oídos mordisqueados

por las ratas/

hacia la lluvia que enloquece a la radio.

¿Qué pasaría si todos los caminos

dejaran de bifurcarse

y las lenguas penetraran la injusticia?

Serían los pañuelos una nube de siestas.

Un territorio donde nunca llueve

y la tierra tendría la humedad de

las canciones que no fueron censuradas.

La memoria habita en el agua que

rebota en las plantas

y en la fibra que entumece las manos

que sostienen al papel.

La historia se tiñe la cabeza cada vez

que abrimos un libro

y es la sangre que se oculta,

un documento.

 

El pañuelo blanco absorbe las cicatrices

y apuna la desigualdad debajo de los cielos.

Tendrá el nudo del pañuelo la

firmeza del metal.

Tendrá la pureza de tantas cosas

que ni podremos masticarlo. 

 

© Fabián Leppez

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16/12/24

Poema de Fabián Leppez

 

 

Mujer ojos de metal

 

Mujer,

El corazón me trota cuando la veo.

El barro cubre nuestras paredes

donde el amor se acurruca.

Tiemblan nuestras ventanas.

No hay fantasmas zarandeando las cortinas.

Es el amor que asoma sus pestañas

sentado al borde de la cama.

El corazón me trota cuando la veo y

siento la herradura caliente

fundirse en mi pecho.

Escapa mi voluntad al galope y

las palabras se incrustan en mi lengua

como alfileres de gancho.

El miedo nos destapa por la madrugada

y las plantas del insomnio

nos envuelven con su chala.

Hay que sucumbir a la tentación del abismo

para descongelar los pies.

Mujer,

la mañana nos despluma con los rayos del sol.

Tengo tanto amor que se me cae

de los bolsillos.

 

© Fabián Leppez

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15/11/24

Poema de Fabián Leppez

 


Hilo de luz

 

Nos abrazamos

y el cartón corrugado que abriga

nuestro pecho se moja.

Las palmas ardientes almidonan la espalda

y es la jeringa un escopetazo al alma.

Mi pera en tu hombro se hunde

como un durazno machucado en la tierra

y es el arcoíris de la sonrisa

un pináculo inservible.

No funciona la marcha atrás

en las caricias que contornan

la angustia congelada dentro

de una botella.

El sol afila sus gases

entre medio de nosotros.

Siento en tu abrazo el calor de un bisonte.

La vida es eso que arranca

cuando nuestros dedos dejan de mejorar

las ondas desparramadas del fuego.

 

© Fabián Leppez

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10/10/24

Poema de Fabián Leppez

 


Lilith en Acuario / 9

 

Soy todas las mujeres que besé.

Ellas flotan en mi boca

como peces muertos.

Incluso las que no me apuñalaron.

Hay astillas en mis labios.

En la cartuchera que guarda

la tinta reventada de mi corazón.

En los jardines que enraizaron

los yuyos atómicos.

En los orgasmos que no fingimos

porque no hizo falta

oscurecernos más de la mitad.

 

Soy todas las mujeres que solté

y también las que me ataron

con lágrimas de metal.

Soy todas las frustraciones que enterré

en sus pechos

cuando tuvimos que pelarnos.

Soy todas las veces que me desintegré

y las veces que me mutearon.

Una espalda minada con pestañas azules.

Soy todas las sonrisas que se fueron

enderezando.

Soy las manos que se enyesaron.

 

Hay un extracto de ellas

en las cuerdas de mis ojos,

en mis pómulos inflamados,

en mis cunetas,

en los tambores que inmolaron mi pecho.

Aún encuentro sus costras debajo de mi piel/

las que fuimos arrastrando

por negar la cicatriz.

 

Su invierno está debajo de mis uñas/

Su fuego está embebido en un trapo

con nafta dentro de mis pulmones/

Su miel está oxidada en mis encías.

 

Hay un ramo de ellas

en cada una de mis tumbas.

Hay un tronco de ellas

atravesado en mis culpas.

Y no lo niego.

 

© Fabián Leppez

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