28/8/25

Poema de Emiliano Campos Medina

 


QqqSobre los huesos

de abuelos y tíos

crece el ramaje.

El escarabajo hace su casa

en las cuencas

de los ojos de una niña.

Se extinguen

los cantos sagrados,

la tierra se abre,

el sol se vuelve negro. 

 

     Cuando yo les hablaba para llenar la ficha médica, las madres wichí evitaban el contacto visual. Balbuceaba mis palabras de gringo, y ellas simplemente asentían sin dirigirme la mirada. Como quien escuchase un grillo raspar las patas entre los arbustos, o viera pasar la hoja suelta de un árbol.

     Tampoco obtuve respuesta de unos niños que jugaban haciendo ronda.

     Ellos hablaban la lengua de los pájaros y yo estaba completamente solo, en mi lenguaje de colonos y de muerte.

     Sobre Napalpí desataron su furia los hacendados del algodón y del quebracho. Ahora, con un puñado de médicos y enfermeras, ponemos paños inútiles, pálido bálsamo, sobre la llaga abierta de la usura.

 

© Emiliano Campos Medina

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23/5/25

Poema de Emiliano Campos Medina

 


Las ancianas entonan

canciones sagradas mientras caen.

Sus cuerpos se doblan

como juncos.

Melitona mira las nubes

desgarradas por el fuego,

corre al resguardo de los árboles,

y sus piernas de niña

van dejando uvas de sangre

entre los espinos.

 

© Emiliano Campos Medina

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22/3/25

Poema de Emiliano Campos Medina

 


Se disipa el humo

entran a machetazos

policías y colonos.

La gringada aúlla de euforia,

matan indios

como quien corta caña.

La tierra se pone roja.

Crecen cercos de alambre

sobre los cuerpos.

 

© Emiliano Campos Medina

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15/2/25

Poema de Emiliano Campos Medina

 


Una niña qom empuja

con su mano el hocico

de su chivito

que mastica los caramelos

de a puñados.

Vuelve el zumbido en el aire

cae otra lluvia

pero de plomo

 

© Emiliano Campos Medina

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22/1/25

Texto de Emiliano Campos Medina

 


    En el Paraje Güemes, los niños caminaban descalzos sobre la tierra, jugaban con una pelota descosida mientras los adultos hacían fila para ser atendidos por el médico. Tomamos muestras del agua de los pozos y repartimos pastillas potabilizadoras. Alguien me tocó el hombro. Era una anciana que llevaba una caja de cartón con algunas artesanías. Después de mirarlas una por una, me quedé con una lechuza de hilo. Contemplé el entramado de sus filamentos. Diagonales de hilo negro cortaban las modulaciones exquisitas del blanco, dos pequeños botones para los ojos ¿Serían el mismo tipo de figuras que tejían con sus manos las mujeres asesinadas en Napalpí? ¿Las mismas que sostenían aquel 19 de Julio de 1924 cuando escucharon los motores del avión que las acribilló? Miré a mi alrededor. Ancianos y niños al borde de la desnutrición; portadores de enfermedades erradicadas en la mayor parte del país. Sentí que las masacres de antaño permanecían vigentes, reactualizadas por otros medios. Como si el tiempo no hubiera pasado.

  

3 aviones sobre el paraje,

madres y niños saludan

con los brazos en aspa

al pie de las taperas.

De la barriga de las naves

caen golosinas en cascada.

Alboroto de piernas flacas

como rama de ceibo.

 

© Emiliano Campos Medina

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14/12/24

Poema de Emiliano Campos Medina

 


Saint-Rémy

                V. VG

 

La sombra del ciprés

es una estaca azul,

tiembla sobre el trigo.

Junto a un almendro en flor

un grupo de aves se escabulle

entre los juncos.

Padre nunca entendió

que el color

es uno de los nombres de Dios

y yo un cordero en sacrificio

que deberá recomponer

el daño que vinimos a causar

al mundo.

Porque nada tocado por lo celeste

puede perdurar.

La luz canta en cada cosa

con voz azul, amarilla o verde

y esa música pasa

a través del cuerpo

como la melodía

por la cuerda del violín.

Soy una cuerda padre,

que no puede hacer música

sin romperse.

 

© Emiliano Campos Medina

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26/9/24

Poema de Emiliano Campos Medina

 


Constelaciones

 

Hablás con los vagabundos

y los animales extraviados.

Inventamos un juego

de tomar calles al azar,

hilvanamos una historia

con sus nombres.

Nuestros pasos

son el único registro

de esa literatura

que nos lanza

a barrios desconocidos.

No queremos llegar

a ninguna parte.

Caminar es hacer dibujos

en el asfalto.

 

© Emiliano Campos Medina

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10/8/24

Poema de Emiliano Campos Medina

 


No sale en la tele Villa 20

 

Me siento a escribir un poema

con el ventilador en la cara,

escucho a dos vedettes

que se gritan

en lo de Polino,

las aspas hacen interferencia

con los rayos catódicos.

 

Es la tele Philips,

mi herencia familiar 24 pulgadas,

entrada y salida de audio,

la garantía venció

hace como veinte años.

No dicen nada sobre los amigos

que hoy echaron del trabajo.

 

En la garita de gendarmería

los agentes les gatillan

el percutor en la cabeza

a los pibes.

 

El Percha ángel de la muerte

se apareció en el velorio del Eze

y les dijo a los pibes

ahora voy por ustedes.

 

El viento me aturde los ojos

y no escucho nada

de todo esto,

no hay letras amarillas

sobre carteles rojos.

 

Al Caíto lo mataron por atrás

frente a la panadería

de los viejos,

y quién será,

de entre la cofradía angélica

el que desencadene el plomo

sobre los cráneos

de los otros chicos,

para que después

pintemos sus retratos

en las paredes de la Villa.

 

Sus nombres

escritos con tiza

se los lleva

el agua del pozo ciego.

 

Las vedettes aturdidas

por el sol vociferan,

una mano sin cuerpo

sostiene el micrófono

frente a sus bocas

hinchadas.

 

La garantía venció

hace veinte años,

será por eso

que no sale el Kiki en la tele

ni Caíto ni Jonathan

 

ni los amigos que hoy

se quedaron sin trabajo,

 

24 pulgadas

cuatro balazos

ciento cuarenta despidos.

 

© Emiliano Campos Medina

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