9/5/26

Poema de Eliana Amschlinger

 

Lo naciente inclina

su lengua al sol

los rayos atraviesan

la carne vegetal

demasiada vitalidad puede

provocar un incendio.

Vos inclinás tu silla

hacia la sombra

el sol busca conmoverte

como si fueras un injerto.

Extendés la palma abierta

hacia su llamado

pienso

si es un reclamo o

si la muerte es también

un acto de vida

 

© Eliana  Amschlinger

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9/1/26

Poema de Eliana Amschlinger

 


El agua de la lluvia curiosea

se asoma y come

las baldosas de la cocina.

La tribu practica un arte solidario

juntamos los trapos empapados,

escurrimos su secreto entre las cañerías.

Ritmo mecánico y organizado

entre chancletazos húmedos que corren

cada uno conoce su puesto

en esta danza que le celebramos a la lluvia.

 

© Eliana Amschlinger

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14/11/25

Poema de Eliana Amschlinger

 


 La caliptra

es la protección con la

que terminan las raíces.

Cuando tui bisabuelo

contempló el árbol familiar

taló el bosque

para quebrar el maleficio,

construyó con la madera

un bote humilde

y el agua se lo tragó.

Me han dicho que todo

lo que en nuestra tierra crece

no llega a madurar.

Soy una mujer joven, temerosa

no respondo a las hazañas

ni los gestos de mi linaje.

Si el agua un día me posee,

por favor, no me entierres

en este bosque:

nada protege las raíces

de mi historia.

No madurará el fruto que tengo,

ni siquiera los gusanos

portarán como emblema, mi cuerpo.

 

© Eliana Amschlinger

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20/9/25

Poema de Eliana Amschlinger

 


Una presencia habita nuestra casa

un hombre anda perdido,

con la vista posada en un

punto imaginario

que dispara hacia sí mismo.

Sentado todos los días en la mesa,

el espectro parte su silencio

en tres y nos alimenta

fija su mirada en mí,

evocando el reflejo

de su joven rostro sucio

en un río.

Mi madre aún lo busca

en sus ojos, en esa fosa

que succiona

hacia el pasado.

No se queja.

Lo único que mi madre reprocha

es que nos lo hayan entregado así:

partido a la mitad.

con la carne en el continente

y la memoria enterrada

en las Islas.

 

© Eliana Amschlinger

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11/8/25

Poema de Eliana Amschlinger

 


No debiste proferirlo, no.

Hay maleficios que es mejor guardar.

Ahora, ningún fruto crecerá

en el vientre seco

ningún dios protegerá

esta ciudadela en ruinas,

que es mi cuerpo.

El amor es un combate de poderes

y hoy, tu conjuro es tan sólido

que construí con él una casa

sin ventanas.  

 

© Eliana Amschlinger


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21/6/25

Eliana Amschlinger comparte a Elizondo/Domínguez

 


El hombre con ochenta corazones

 

Carece de esqueleto, carece de pulmones,

ni un hígado siquiera, neuronas ni duodeno.

Apenas un manto de piel inútil, obsceno,

Pero es el hombre con ochenta corazones.

 

Su cuerpo es un bulto inflado de chichones;

camina muy mal, trotar no puede, correr menos.

Es blando y maleable como los barros morenos.

Pero es el hombre con ochenta corazones.

 

Fue hecho (o se hizo) para pocas funciones

en las que sobresale o, mínimo, es bueno.

El resto de los actos humanos le es ajeno.

Pero es el hombre con ochenta corazones.

 

Su vida será un breve desfile de lesiones;

cuando se hiere sangra a chorros y sin freno.

Puede que pierda un par por el robo o el veneno.

Pero es el hombre con ochenta corazones.

 

© Leonel Elizondo


 

"Espantapájaros"

 

quién carajo dice

que lo que no se nombra no existe

si mis sones

son las cartas no escritas de los suicidas

si mi lumbre

hace sombra para ahogarme

si este ardid de vida mía

 es de otros

si esta violencia indecible en violencia

destroza la sutura de piel

y deja escapar

mi alma de huecos flecos

yo espantapájaros

 

© Martín Domínguez

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5/5/25

Poema de Eliana Amschlinger

 


Un hilo de leche

corta tu mejilla y

muere contra el suelo.

 

Hay apetitos que no

podemos colmar.

 

En tus ojos veo suceder

imágenes de batallas,

un imperio perenne,

 un joven

rebosante de lujuria

 

y brillando al fondo

de tu mirada infantil

mis ojos de loba romana,

mis pechos: este mito

fundacional.

 

© Eliana Amschlinger

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17/3/25

Poema de Eliana Amschlinger

 


Mi padrino

tiene la lengua enlodada

de arcaísmos.

Dispara su canto

hacia un pasado tan primitivo

que llega hasta el otro extremo

de mi memoria.

Ancestros orfebres

de la palabra

fundaron nuestra sangre

no sabemos quienes

inventaron antes las leyendas

si llegaron a nosotros como

legados, si el impulso de

las raíces fractura el tiempo.

 

Cuando a la primera mujer

de la casa

le entran deseos de tejer

es que el invierno ha susurrado

los hombros desnudos de

alguna tía, cientos de años atrás.


© Eliana Amschlinger

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