7/10/23

Poema de Claudia Ferradas

  


Polaroid

 

Miro una foto de tus compañeros.

Intento imaginarte

envejecido.

Como ellos.

Como yo.

Disfrutando

del sutil caracol de horas ociosas.

Es inútil.

Solo percibo

esta herida lozana. 

 

Intento convencerme de que está bien así,

que sólo te negaste al deterioro,

y me río recordando

cómo llorabas al pelar las cebollas

para hacer nuestro guiso favorito.

Igual que yo esta noche,

con la hornalla encendida

y la mesa ya puesta para uno.

 

© Claudia Ferradas

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16/8/23

Poema de Claudia Ferradas

 


Amantes de Pompeya


Calcinados.

Así habrán de encontrarnos.

Petrificados

bajo la lava 

que nos habrá salvado de un destino de polvo.


Inventarán la historia

de nuestro abrazo fósil.

Hablarán de un volcán  

y de sus erupciones.


Nunca sabrán 

que excavando en secreto

encontramos la chispa prometeica,

que cada noche somos

una llama temblando en el abismo.


© Claudia Ferradas

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5/7/23

Poema de Claudia Ferradas

 


XIX. El sol

 

Yo soy el centro

de los ciclos del cosmos

donde el  tiempo

va trazando los rayos

en los que giran todos los mortales.

En mí convergen las correspondencias.

En mi diaria catábasis

despliego la belleza de cada despedida,

afirmo la certeza del reinicio.

 

Cuando andabas a tientas,

supiste que vendría a convocarte

a celebrar conmigo la alborada.

Hoy vengo a recibirte en mi carro dorado

porque ya has construido ese santuario

donde se reconocen los gemelos alquímicos.

Te has reconciliado con tu sombra,

has aceptado al otro que te habita.

Cuerpo y espíritu se funden

en este splendor solis.

No hay vestigio de duda ni de miedo.

Resplandece en el cenit tu inocencia.

 

Ha llegado el momento de cosecha y de gozo.

Invicto en el solsticio,

sobre el altar de Stonehenge

consagro el derrotero de tu sabiduría.

 

© Claudia Ferradas

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6/2/23

Poema de Claudia Ferradas

 


XVIII. La luna              

 

Puedo verte bracear en el estanque

procurando llegar a alguna orilla.

Un fango oscuro lame tu contorno.

Mi luz especular

conjura el sortilegio donde viven tus sombras:

una alucinación viscosa, amniótica,

pura emoción sin bordes ni frontera.

 

Soy Selene.

Soy Ishtar.

Soberana de mares y de vientres.

Astarté.

Mama Quilla.

Divinidad triforme:

doncella virginal, madre, hechicera.

 

Contémplame.

La oscuridad revelará el misterio:

arco iris del cosmos que se eleva

alimentando a Helios,

con cuya luz revelo mi presencia. 

 

Esta noche soy Diana cazadora.

No insistas, como Acteón,

en descubrir el rictus de la cara que oculto.

Mis sabuesos custodian los portales,

Perséfone conduce la jauría.

En la noche del alma,

no temas al cangrejo zodiacal:

él puede revelar la matriz cósmica.

 

Te has atrevido al rito de pasaje.

Los miedos ancestrales no te agobian:

tu intuición es la balsa.

 

Ya lo sabes:

cada dolor no fue más que un peldaño.

Más allá de las torres

espera el mundo fértil de tu conciencia plena.

 

© Claudia Ferradas

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30/12/22

Poema de Claudia Ferradas

 


 

XVII.  La estrella

 

La luz me ha conducido hasta el arroyo.

Aquí no hay carro, templos ni palacios.

Sin transporte ni abrigo,

en el seno nutricio de la naturaleza

me reconozco plena.

 

Ya no me quedan máscaras,

ropajes, distracciones, compañía:

tan solo los dos cántaros alquímicos

que supe recibir

del ángel generoso que me otorgó templanza.

En el sosiego, soy ondina, soy náyade.

 

Agua a las aguas

para que fluya la energía del mundo.

Agua a la tierra

para que se renueve el ciclo primigenio.

 

Bajo el mandala de luz que me ha guiado,

los cabellos de la Venus Urania

acarician mis hombros.

Las Pléyades

despliegan octogramas de orden ineludible.

Ungida con el halo del lucero,

ya nada me hace falta.

En las ramas perennes de los árboles

oigo al cuervo de Elías prometer abundancia.

 

La soledad carcome,

pero acepto la pausa y el reposo.

El centro de mi vientre

acuna el germen de la transmutación.

 

Caminante, no dudes:

la estrella de tu alma te mostrará el destino.

Despojado, vulnerable y desnudo,

encontrarás la senda que trazó el sufrimiento.

 

© Claudia Ferradas

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18/11/22

Poema de Claudia Ferradas

 


Resquebrajada

 

Una grieta profunda

en el plato rosado que heredé de mi madre.

Amenaza de quiebre.

Herida que enmascara

el diario sortilegio

de la comida humeante y la mesa tendida.

 

Metonimia del rastro

que cada cirujano dibujó en nuestros cuerpos.

Profunda, irreversible,

es cada cicatriz, cesárea, arruga.

Por ella menstrúa el tiempo,

supuran olvidados secretos de familia.

Es alambre de púaen la piel de mi abuela.

El bastón de Virginia.

La columna de Frida.

 

Fisura, tajo, brecha.

Camino recorrido.

Hendidura filosa

por la cual me rehúso a heredar el desgarro.

Es raíz que se extiende.

Horizonte obstinado.

Renglón donde se escribe

la historia que resiste al dolor y al mandato.

Fiel.

Feroz.

Femenina.

 

© Claudia Ferradas

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10/9/22

Poema de Claudia Ferradas

 


XIII. El arcano sin nombre

              

¡Ay, pobre Yorick!

William Shakespeare, Hamlet, V, i 

 

No sé por qué te espanta mi llegada.

Después de todo, soy tu mayor certeza.

Sé que no es preciso presentarme.

     Podrás reconocerme a pesar de las máscaras

y pronunciar mi nombre.

Dame la bienvenida,

porque con mi guadaña ensangrentada

        vengo a desmalezar tu territorio.

 

Urano te propuso que transformes

todo lo que creías inmutable.

Hades, con su energía ancestral, te ha desmembrado,

decapitó al que eras, montado en tu carro de soberbia,

pero si te atreviste al sacrificio,

ya podrás levantarte, renovado.

 

Ahora es tiempo de duelo.

Quizás sientas que tu alma se desgarra en jirones.

Lo lamento.

Es preciso que veas

la ofrenda que entregaste al inframundo

sembrada en el pasado estéril

y así reverdecer

hasta que Cronos permita otra cosecha.

 

No me niegues.

No se trata de nada personal.

Yo soy esa estructura que sostiene

el orden ancestral del universo.

Del mismo modo,

tu esqueleto será lo que perdure cuando mudes de piel

y tus huesos marcarán tu presencia

cuando cambies de plano y tu carne sea polvo.

Soy tu sombra interior.

Solo cuando me aceptes

tu propia vida cobrará sentido.

 

Vengo a invitarte a celebrar el tiempo

con autenticidad,

la única victoria posible sobre Cronos,

a ver mi destrucción como esplendor,

a crear otra historia con todo lo que resta de tu vida

hasta el día que cruces el umbral

sin ningún equipaje y sin preguntas.

 

Soy la transmutación:

entre mis huesos vive    

la energía creativa que todo lo transforma.

Soy Tánatos, alado como Eros,

coreografía de la eternidad.

 

© Claudia Ferradas

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1/8/22

Poema de Claudia Ferradas

 


Leaving High Wycombe in November

 

Troncos endebles, delgados como agujas.

La desnudez revela el implacable abrazo de la hiedra.

Gotas de cobre y oro temblorosas

ornamentan los brazos del otoño.

Herrumbre y lava sobre los senderos.

Crujen los pasos sobre la hojarasca

añorando el susurro de la grava

en caminos cubiertos

de pimpollos violáceos

en la ciudad tendida junto al río.

Ese exceso de ramas y de aromas,

promesa de jazmines y de sol en la cara,

y la piel sudorosa

que en la memoria evoca

besos recién cortados...

 

© Claudia Ferradas

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21/7/22

Poema de Claudia Ferradas

 

 

Pucará

 

 Arañen el silencio de la piedra.

¿Quién nos contó que es un “testigo mudo

de una antigua nación que ya está muerta”?

Es el eco del grito reprimido

que inflama la garganta de los cerros,

ese grito ancestral cuya belleza

enmascara la ausencia entre las pircas

de lo que fue ritual y risa y danza.

Como el cardón, la dignidad resiste.

Dueña de la mirada y del paisaje,

se yergue soberana en la quebrada.

Como el cardón, enfrento el horizonte.

Resisto. Una vez más. Como esta raza.

 

© Claudia Ferradas

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1/6/22

Poema de Claudia Ferradas

 


Talampaya

 

¿Qué verán los arqueólogos mañana

cuando encuentren los rastros de mi paso?

¿En qué especulaciones se leerán a sí mismos

hurgando en los vestigios de extraños petroglifos?

El cincel de la historia horadará, implacable,

la paciente y rotunda terquedad de la piedra.

Donde el cóndor despliega su sombra soberana

serán estalactitas las lágrimas de ausencia

y arena irreversible los objetos queridos.

En cada plenilunio, el dolor silenciado

desgarrará su eco ancestral, primigenio.

El puma, sigiloso, intuirá la presencia

de caricias perdidas bajo escamas de cuarzo,

y, una vez más, el tiempo preservará el secreto

y en su áspera garganta guardará la quebrada

las voces del pasado, lo que nunca sabremos.

 

© Claudia Ferradas

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