17/1/26

Poema de Mercedes Roffé

 

Devocionario

 

Pruebas de amor:

Esperar.

Tomar prestada una palabra.

Recobrar la memoria de un lugar donde nunca se estuvo.

Demorarse en la contemplación, el retorno, de un pasado ajeno, recreado.

Sentir el logro de lo que nunca hizo falta.

Callar. Retirarse. Estar.

Anhelar, prometer, aquello que brama por desvanecerse

—un ralentando apenas para acentuar la loca

resolución del rubato…  

 

Gracia para bailar.

Un osito.

Olvidar. No olvidar.

Anticipar. Irse yendo.

 

© Mercedes Roffé

Etiquetas:

Poema de Rogelio Ramos Signes

 

El trompo 

 

Cuando jugaba a los trompos con mi padre

                  siempre me ganaba.

Yo ponía todo mi empeño

pero era muy corto de vista, y él

                 siempre me ganaba.

Mi trompo giraba plácidamente en la mano de mi padre

y su trompo se escapaba por entre mis dedos.

Yo ponía todo mi empeño pero quien ganaba era él.

Y reía, no burlándose

reía como a la espera de algo que no llegaba,

una explicación,

una deducción

que estaba al alcance de mis ojos

               pero yo era muy corto de vista.

“Hay que mirar detenidamente”

               me decía.

“Hay que mirar y sacar conclusiones”

mientras mi trompo bailaba en la palma de su mano

y él reía con sus dientes chiquitos

gastados por el tiempo.

 

Un día

          tras una inolvidable clase de Física en el colegio

volví a casa y le pedí que enrollara el trompo.

Hacía más de cinco años que no jugábamos a eso

y mi padre me miró de una manera difícil de describir,

con cariño,

con satisfacción,

pero más que todo con alivio,

como diciendo “Ha llegado el momento.”

Mi padre era zurdo

             (siempre lo supe, pero no deduje)

y enrollaba el hilo en sentido contrario a las agujas del reloj,

por eso el trompo que él preparaba

se escapaba de mi mano torpemente diestra,

y no de la suya, astutamente siniestra.

 

La infancia es un despiadado campo de aprendizaje

donde las clases prácticas

se dictan fuera de horario.          

 

© Rogelio Ramos Signes

Etiquetas:

Poema de Nancy Montemurro

 


FLORES FUGACES

 

Mi madre ha reunido en su jardín

algunas plantas de floración fugaz.

La Ipomea Alba y el cactus Cereus

florecen por la noche,

embriagan la oscuridad

con su perfume blanco

y a la mañana sólo son un capullo

encerrado en sí mismo.

La orquídea de un día

despliega sus pétalos violetas

en las horas de luz

y esa solidez tan tenue

se marchita al anochecer.

¿Por qué mamá amaba a esas plantas?

Muchas veces pensé que la atraía

su despojada fragilidad,

en la sutileza del instante.

Ahora creo entender el regocijo de su alma,

esa fascinación atenta                                               

de los sentidos

en el momento en que se abre la flor.

 

© Nancy Montemurro

Imagen enviada por la autora del poema

Etiquetas:

Poema de Osvaldo Rossi

 


COMER UNA MANZANA es sacrificarla,

privilegiar nuestra vida a la de ella,

decidir, como un dios, que ha llegado su turno.

Comer una manzana y convertirla

en sangre, en vigor, en accidente,

en poderoso azar,

en materia que piensa, en poesía.

Comer una manzana es un túnel a la infancia,

al párrafo bíblico,

a la pregunta y al tatuaje de la respuesta.

Comerla sin confusión, sin dudas,

transformarla en masa, en mezcla, en azúcares,

en pasiones no previstas.

Comerla fresca, entera, con cáscara,

sentir el placer de su sabor, el sonido inconfundible,

su voluptuosidad en la mordida,

y hacerla propia, íntima, necesaria,

hacerla una con uno.

Conferirle un propósito, una trascendencia.

 

Pero aun así,

comer una manzana

es sacrificarla.

 

© Osvaldo Rossi

Etiquetas:

Poema de Marta Ortiz

 


¿puede una palabra rellenar un vacío?

¿treparse a una línea de puntos

seguida de la conjunción y

por ejemplo?

 

como sílaba rebelde insiste el viento

golpea la transparencia

arroja sobre mí

gajos de un tiempo dormido

 

–la sombra en el repliegue de la seda–

 

suturo con palabras

como quien recoge y une

trocitos de un espejo astillado.

 

© Marta Ortiz

Etiquetas:

Poema de Osvaldo Víctor Fernández

  


Antes del sol

la tierra respira

.

silenciosa y oscura espera las manos

.

el agricultor despierta

con pasos firmes y el corazón atento

sus dedos conocen el lenguaje del suelo

la aspereza que guarda promesas

el aroma húmedo que anuncia vida

.

bajo un manto de paciencia y sudor

la azada corta el aire frío

el mensaje de los pájaros acompaña su labor

el horizonte aún dormido

mira con respeto al hombre que lo siembra

no hay prisa en sus movimientos

solo el ritmo eterno del campo

que devuelve en frutos y raíces

lo que el cuerpo entrega sin reclamar

.

cuando el día despierta

su espalda ya lleva la carga del trabajo

en su mirada brilla algo más

la certeza humilde

de quien alimenta al mundo                                   

 

© Osvaldo Víctor Fernández

Etiquetas:

Poema de Marta Elena Guzmán

 


Es de humo la paz de los silencios

siempre habrá un roce

que alborote la memoria.

Las manos, la lengua

un gesto y el susurro

de las horas lánguidas.

No hay que mensurar

las palabras no dichas

esas se graban a fuego

debajo de los párpados.

Como si fuera fácil

nombrar los dolores.

Como si no doliera

desterrar los pájaros.

 

© Marta Elena Guzmán

Etiquetas:

Poema de Marina Petersen

 


Reencarnar

 

Quedó mi bufanda

en un colectivo

mientras mi cuello

de otra forma

resolvía el calor necesario

 

sobre un hidrante

días después

en otra ciudad        

otra bufanda esperaba

 

nos dimos

vida nueva.

 

© Marina Petersen

Etiquetas:

16/1/26

Poema de Susana Szwarc

 


Alhaja

              

Ella mortifica el pasado.

Lo despliega lo despeina lo desenvuelve

lo moja lo limpia lo subraya en la hoja

que le habla. Fotografía y cita.

Ella no sabe y sabe lo que guarda

en la manga y nombra el mango del patio

y resta a la suma: el mango perdido.

 

Ella anota, mucho poquito nada

la margarita.

La palabra

- acertada como un disparo -

revive al grillo

que nos entró en la  pieza

bajo la sábana.

 

Corazón, suspiro.

Corazón que late.

 

Ella acaricia la cifra, el signo

del/en presente

y su nave campesina

atraviesa el pacífico,

los neutrinos.

 

Su cabello fulgura

la noche, los  días.

En el rodeo del junco

el cuerpo: flexible.

 

© Susana Szwarc

Etiquetas:

Poema de Carlos Aprea

  


Vidurria de San Fermín

 

Uno de enero. Viajar con vos.

Excusas y el tiempo

un puro goce de niño

por nombrar el universo abierto

lejos de la casa paterna,

el hormiguero humano

que derrama voces y andares

en el rumoroso río de la calle.

Dos de febrero. Entrar de tu mano

al caos abigarrado de la ciudad

por las ventanas de mi asombro

sin pestañear siquiera.

Tres de marzo. Perdernos

en un aroma de fondas y músicas,

en el trajín de las grandes estaciones,

donde se juegan

pequeñas tragedias cotidianas

y el melodrama acrecienta el corazón.

Cuatro de abril. Sobrias tus excusas

para oficiar la vida y obsequiarla

como un sabio y meditado derroche.

Qué vidurria esos días.

Cinco de mayo. Aquí están ahora intactos,

el dibujo de nuestro caminar

y el don de mundo que me diste

con elegancia criolla, sin exaltaciones ni reparos

al tiempo dilatado del aprendizaje

y mi lento entendimiento de las cosas.

Seis de junio. Ese callado fervor que bautizó mi fe

en el mundo por venir, una confianza

más allá del terror de los desclasados por el día siguiente

que aventaban las vecinas en los zaguanes del sol.

Siete de julio. Qué vidurria Juancito, hubiera sido,

pero a Pamplona no llegamos nunca.

 

Aquí me quedo, apenas  un segundo en un rincón

donde aún brillan girones de tu rostro,

atrapados por la violenta borradura del tiempo

y por esa imagen final, que insiste en solaparse,

de tu querida cabeza sin memoria,

en esos, tus días últimos, donde buscábamos

por tus ojos vacíos, en tu boca muda,

tu nombre, nuestros nombres,

señales

de haber estado en este mundo.

 

© Carlos Aprea

Etiquetas:

Poema de Griselda Rulfo

 


Un lobo clava los colmillos

en tu garganta.

 

Pétalo rojo

se dibuja

sobre el pecho.

 

Huye el aire

ahogando la voz

que no se calla.

 

Desgarra la piel

que ya no cubre

las curvas ultrajadas

de tu cuerpo.

 

Bebe con ansias

tu sangre cálida

mientras huye

la mirada.

 

© Griselda Rulfo

Etiquetas:

Poema de Anahí Duzevich Bezoz

  


LA REALIDAD ES EL GRAN INTERROGANTE

 

                                                   “Vivo de modo diferente al de mi cuerpo

                                                     de tierra loca que pugna por ser ala

                                                     y alcanzar aquel muro del espacio “

                                                                             LUIS CERNUDA.  

  

 El tiempo y la ficción se mezclan.

 

La vida se escribe …

no siempre con tinta.

Los ladrillos de los edificios calan al cielo.

 

La muerte tiene padre y madre

la realidad es el gran interrogante.

El fuego según Heráclito

es el símbolo del cambio.

En forma digital

cielo y tierra juegan

a ser gotas en el mismo río.

El hombre aún se pregunta

el porqué de su intromisión en el cosmos.

 

© Anahí Duzevich Bezoz

Etiquetas:

Poema de Marta Comelli

  


SEXO

 

             " El abrazo puede        ser eterno,

                      o sólo por hoy..."

                              m.c.

 

Como si no fueramos nosotros,

en voz baja preguntas

cuál es mi punto de estallido.

Sonrío.

"El mundo hoy"  te digo. Y me cuelgo de tu brazo.

 

Caminamos.

La calle es un desierto.

Un mar cercano grita sobre los escombros.

 

Dentro nuestro lo que perdura de un buen amor.

Dentro del mundo

todos los lamentos.

 

© Marta Comelli

Etiquetas:

Poema de Jorge L. Carranza

  


Las veces que respiré el cielo

que el cielo me respiró

un aire helado

limpio

entró en mí

yo era su respiración.

 

Pocas veces fueron pero fueron

sin merecerlo fueron

no había cuerpo

era aire y cielo

cielo y aire en mí

la casa

la cuadra

la plaza del barrio

el barrio

eran aire y cielo conmigo

y en mí.

 

© Jorge L. Carranza

Etiquetas:

14/1/26

Poema de Dolores Etchecopar

 

 

que hay demonios los hay

crispados o con caras de personas tranquilas

el pecho batido por un viento maligno

(o al menos malévolo)

se reconocen por sus maneras

beben de a pequeños sorbos

un veneno que no mata

y calibran sus frases como armas

el primer disparo siempre apunta

-y no falla al

corazón de la alegría

 

© Dolores Etchecopar

Etiquetas: