3/6/26

Poema de Ricardo Ruiz

 


Lo que podía haber sido y lo que ha sido

apuntan a un fin, que es siempre presente.

T.S. Eliot

 

en este tiempo

que persiste

en su medianoche

en un cielo

sin estrellas

y negro biblia

 

escuchamos

sus máquinas

de guerra

bendecir

 

en letras

de sangre y fuego

 

el bajo continuo

de la rapiña

 

de la mentira

la construcción

verdadera:

el sinsentido

de las cosas

 

el resto

del resto

los sin nombre

que somos

 

aparecidos

de cuerpo presente

cantando

un sueño plural

que no despierta

 

bajo este cielo

que nos queda

 

la indisciplina

de la oralidad

reunida

en escritura

 

decir

tal vez

y 

que tal vez

sea

 

© Ricardo Ruiz

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Poema de Alicia Loza

 


Cómo será no poder escribir

 

La desesperación de buscar lo imprescindible

                                     y no encontrarlo

el terror de no llegar a describir el final

          la locura de querer

                       y no poder converger

el delirio por terminar el poema

                      que nunca comenzó

el fracaso de las palabras

               insuficientes para encender

 el fuego que quema desde adentro

               y no tiene

                      el aire necesario para crepitar

la plegaria inconclusa

                         que se quedó sin voz

el ángel que adivina el secreto

                    el demonio que lo difunde  

las arpías que se burlan

                el mar que ahoga

                            el grito que no fue

un ventarrón

         que no encuentra escapatoria

el galope frenético que no avanza

     el espejo que no estalla

 

el espanto por la impotencia

por la frigidez del habla. 

 

© Alicia Loza

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Poema de Cecilia Glanzmann

 


PERSISTIR

 

He de persistir

como el faro aquel de nuestras costas

enhiesto, solitario,

arrullado por las tempestades

y los soles.

 

He de persistir

con mi valija de gnomos

guardianes desde siempre de mis sueños

los sueños que caminan y caminan

con los haceres que me dicta el alma

cotidianos

y que son los que me susurra

el ser.

 

He de persistir

con la soledad acompañada

                        que agradezco

con el acompañar a la soledad de los otros

con la pura soledad que me conversa

y me encuentra, bien adentro

 

he de persistir

aunque me canse

en este acelerado desasirse de los lazos

desasirse de los nudos

de los enredos promiscuos del apego.

 

He de persistir

contigo, hermano, en este tiempo.

           

© Cecilia Glanzmann

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Poema de Gloria Calvo

 


EL VIAJE DE TU PAÑUELO

 

A mi tarde afligida de sábado

Llega tu pañuelo tía Amparo.

Ya me guiñaba sus brillos dorados desde tu cuello.

Tan vivos de colores sus rojos arabescos,

del cuello o la cabeza bajaban al pecho

para abrigar su corazón fatigado ya de tanto

El mar separó la historia.

Acomodó la vida de los recuerdos,

abalorios todos prendidos al alma

que llegan a mis días de infancia.

Lo verde del pañuelo son las viñas de Galicia

y el agua, los hilos dorados que lo brillaban.

Cuando tu historia habla

Desde que  tú no estabas,

ya te amarra a ella

tan fuerte que estas ahí

sin haber llegado.

La tía Amparo era la calidez

de su pañuelo al cuello.

Era el olor de su sopa calentando el invierno.

Era el puerto

Era las historias que contaba su cuerpo

para calmar el alma.

No volvió a Galicia.

Aquí encontró su vida

y su vida me encontró

y mi necesidad de eternidad

de lo que se quiere tanto

trajo a mí su pañuelo

y su pañuelo se ató a mi sueño

y a mi cartera

y a mi viaje jamás pensado

Como las piedritas que voy llevando

de los cerros a los que me atrevo.

El duelo puede tener muchas formas,

nunca dejar de extrañarte.

Y sin hablar, até tu pañuelo al viaje.

y se trasformó en tu mano.

Nos embarcamos juntas

Un plato servido lleno de aromas y colores

en la aventura.

Y sin hablar, juntas después de tanto,

con mis ojos desbordando tus paisajes

llegamos de la mano,

sin hablar, juntas

mientras tu infancia jugaba en la orilla

sumergimos el pañuelo en el río.

y sin hablar nos fuimos de Caldas, tu pueblo,

Sin hablar porque reía

empapada yo

de tu vida.

 

© Gloria Calvo

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Poema de José Luis Frasinetti

 


TRÍPTICO INVERNAL

 

1

Entonces, era el invierno

y yo añoraba la nieve de los cuentos de Chejov.

Mi padre hachaba leña y juntábamos ramas caídas.

Yo iba desde Gorki hasta Gogol,

desde Truman Capote a Dostoievsky.

Tiempo después, más allá de la casa,

la cerrazón escondía los cipreses, los pinos.

Con mi madre oíamos tronar, llover.

Oíamos a mi padre ir y venir

como un recuerdo persistente.

 

2

Anochece.

Mi abuela enciende su lámpara a querosén.

Toda la siesta, ha bordado

florcitas de su aldea natal,

el vitraux de la iglesia de la Madonna di Loretto.

Es invierno y, en sus cabellos blancos,

el viento estremece la nieve de otros días.

Percibo sus pasos hacia el poema

y, entre una estrofa y otra,

hago una pausa para evocar sus ojos.

 

3

Mi madre y mi tía salían a caminar.

Hablaban hondo como los ríos,

después de la lluvia.

En el monte, descubrían hongos,

raíces, pichones caídos.

Advertían la fuga de una liebre,

un camino de hormigas.

Cruzaban alambrados y tristezas.

 

Cruzaron los días y las noches

y se fueron tan más allá

que un día no volvieron.

 

© José Luis Frasinetti

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Poema de Alicia Waisman

 


Sí, los pájaros


El silencio no existe

dice mi hijo

cuando le pido que lo escuche en el camino

de regreso de la playa.

Me habla de John Cage,

encerrado en una cápsula anecoica,

obligado a escuchar el ritmo de sus pulsaciones

y su respiración.

 

Yo hablo del silencio humano.

 

Mientras caminamos nos acompañan, sí, los pájaros.

No reconozco más que algunos de sus cantos;

está también el murmullo acompasado de los pinos

y una canción que en mi adolescencia decía

lo que hoy no tiene palabras.

 

Silencio:

fragor ausente

cielo límpido

inexistencia                aparente

de deseo.

 

Dejarse estar.

                                           Vaciarse.

 

© Alicia Waisman


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