29/9/18

Poema de Rubén Capodaqua



Hay mucha soledad pegada en las paredes
y demasiadas flores amontonadas
Todo el mundo habla de cementerios
de labios carcomidos
de huesos y de polvos
Hay que morir sin espanto
(repite una vieja)
Morir sin sueños
(dice la otra)
Sin luz
Sin sombras
los cadáveres
escurriéndose bajo la tierra.


© Rubén Capodaqua

Poema de Raquel Jaduszliwer





De elegir entre todas las cosas el talismán de oro
por ejemplo, esa presencia que todavía persiste pero que corre riesgo
o ese guijarro por lo tan pequeño, audaz en su firmeza
o la palma traslúcida, esa mano
al momento en que logra desclavarse

de apegarnos a alguna de esas cosas
la palabra destino irá cobrando vida

así
encarnada en el corazón expuesto a su mayor esperanza
y siempre a costa nuestra

a cuenta de las futuras pérdidas
y de todas las bajas.


© Raquel Jaduszliwer

Poema de Ana Lafferranderie




Luz femenina

Bajo el ala quieta retiene
un dado negro.
Alguien le enseñó  los ojos abiertos.
Ella invierte en ver pero quisiera
montar el velo de su luz femenina
ir hacia el cerro donde suben las niñas
mirar su cruz de plumas
el espacio vegetal que eleva
y andar.

© Ana Lafferranderie

Poema de Dardo Festino



SITUACIÓN DE PATIO

A media mañana
vi desprenderse la primera naranja de la planta
entró completa en color y jugo a la viscosidad del aire
se soltó con esa serenidad que tienen las cosas
Entró en su peso al llamado del planeta
al sonido seco y acolchado
que la engarzó a los pastos

De botón a capullo
de azahar a fruta
fue un año de mutua compañía
La tierra es lo que es y por eso me gusta
un cuerpo de barro celeste
no hay escándalo en su aurora como tampoco en el ocaso
El movimiento y la caída se heredan o se adquieren
igual se llega

También yo
cuando pierda el equilibrio y corte el cabo
habré entrado en la parsimonia de las cosas
maduro en sangre y color
deslizaré al terreno sin expectativas
seré fruto de suelo

Se sabe que después de la segunda helada
la naranja está en su punto

© Dardo Festino

Poema de María Laura Coppié



Que no se diga 

Entraste a mi vida como suele llegar el verano,
sin aviso, radiante, indómito.
Masajeaste mis hombros cansados y
me dejaste con un beso en cada párpado.
El siguiente viernes te acomodaste
en el hueco de mi cuello como un gato fiel.
El mundo es grande, pero el amor es inmenso
me escribiste en la servilleta junto a tu teléfono.
Hicieron falta muchas palabras,
algún que otro secreto
y un frío que nos arañaba las mejillas
para separarnos.

Hoy que la vida no es tan real ni tan intensa
vuelven a mí esas palabras y las que me regalaste
cuando nació mi primer hijo,
-cómo supiste estar ahí con tus gestos de mago-.
Lo primero que tenés que enseñar es a elegir.
Elegir, ahora, parece lejos, ajeno,
una palabra foránea, como construir o nosotros.

Ahora, que las palabras tienen un valor relativo
y las ilusiones empiezan a perder color,
es más fácil decir mañana
aún sabiendo que ya no hay tantos mañana disponibles.

Ahora que casi no tenemos palabras
pero quedan éstas de hastío, de indiferencia,
palabras complicadas con el amor,
palabras que recuerdan al amor
aunque no le pertenezcan,
que sólo tenemos ruido de palabras
ahora que estamos cansados de  tanta estupidez
y tanto olvido.

El mundo ahora es más grande
El amor, igual de inmenso.

Ahora que no estás
y ninguna palabra viene a romper el silencio.

© María Laura Coppié

Poema de Vanesa Almada Noguerón




guión bajo

pasamos nuestra mejor infancia
abriendo huecos en la cuerina gastada
de los sillones

dejábamos mensajes
que sólo podía leer
(y con mucha destreza psíquica interpretar)
el más cercano
a la siguiente perversidad

antes de cada incursión
cada objeto interrumpido en la memoria
era obligado
a desertar

anotábamos en el reverso del papel glasé
sus natalicios y sus matrículas
(anotábamos)
las maravillas que en voz alta se nos habían leído
cifradas de un libro
escrupulosa y redundantemente maltratado
con nombre de mujer

a pesar de la insistencia
nos regalaban para cada aniversario juegos discontinuos
de palas,
baldes y rastrillos

hay hoyos todavía incompletos en el patio
de esta casa

ninguno de los conejos 
furiosamente blancos
que aprendieron a balbucear
(y con mucha destreza psíquica a interpretar)
nuestro primer idioma
quiere salirnos
al encuentro


© Vanesa Almada Noguerón

Poema de Adela Margarita Salas



.-Habita el frío en
ciertos espacios del alma,
cuando el amor no alcanza
para templar con fuegos imprevistos.
Porque,
amar y querer
suelen ser rutina de convivencia
para dos que imperan
en  permanencia fingida.
Ahogada de egoísmos, la cobardía
zozobra  en aguas de resurrección,
 Ya no el desafío,
de beberse  lujurias de los vinos
bajo una noche sembrada de estrellas,
ni liberar deseos de  piel
contemplando la bravura del mar.
Cunde el frío en
ciertos espacios del alma,
porque el amor,
dormita sólo en la costumbre
del rutinario encuentro de los dos…


© Adela Margarita Salas

28/9/18

Poema de Jorgelina Soulet



Como el aguaribay
que se derrama
en verde cascada
balancearme
y permanecer erguida
ya pasada la tormenta.
Ostentar el don
de ser flexible
ir de la tierra al cielo
hundir hasta el núcleo las raíces
pellizcar las nubes.
Resignar
la costumbre de lo inmóvil
sobrevivir al latigazo del viento.

© Jorgelina Soulet

Poema de Diego E. Suárez





PRIMER ACTO / CUADRO II

Letra a letra
forjo mi exilio:
esta indefinida
línea de fuga.

SEGUNDO ACTO / CUADRO III

Derrotado por la antipatía
y la sinceridad del egoísmo
empiezo a desandarte:

éste probablemente sea
el último atardecer que miro
desde la palma de tu mano

SEGUNDO ACTO / CUADRO IV

(Epifonema.)

Lo más hermoso que perdí
es lo más terrible que conservo.


© Diego E. Suárez

Poema de Cecilia Glanzmann



¿Y con la muerte?

Celebramos la vida de tantas maneras. 
Somos creadores fecundos.

¿Y con la muerte? 
Apenas unos pasos 
en el sentirla en  nuestra historia,

Celebrar las estaciones  
    –el tren en marcha 
    –el andén que siempre está… 
El ciclo  nos trasciende.

Hay otras maneras 
como florecillas  abriéndose 
que nos esperan.


© Cecilia Glanzmann

Poema de Carlos Morteo




Raíces a las aguas 

tienen marcas en sus claros
                    tajos suaves de una daga
que no desangra          únicamente lastima      
la corteza fue cuñada con el afán de amores
escondidos a la sombra de esa fronda paciente
donde han disimulado al arroyo de esos tilos
dueños en un mundo de diagonales  de afecto
      qué mas han de esconder los hombres
las pieles han crecido y velado mensajes
                no se lee Lorena y Mariano  6/8/77
ni un desesperado corazón con flecha y todo
tez madera tatuada de nombres que no se ven
        la calle de los tilos flota sobre un torrente
que moja las raíces de centenarias confesiones
y se lleva en sus aguas los secretos de amor
que aún rondan los pasos de Mar del Plata
raíces a las aguas de una arboleda en fila larga
que saca de bajo tierra en montones de cosas
despojos de pasiones  que ya no se reconocen
                                                     y los redimen

los vientos no sólo se llevan las hojas muertas
       por ese boulevard oblicuo de la ciudad
con esa
       la fragancia de los árboles penitentes

© Carlos Morteo

Poema de Carolina Peleretegui




quise ser giralda      vulnerable al viento
tomar tu beso por asalto
como una tropa de lechuzas buscándote      hacia todos lados
girando la cabeza de acá para allá    
  
 o poner en mi puerta una ristra de ajos
que me lleve las frentas hacia cualquier molino y las transforme
en agua
o río

© Carolina Peleretegui

26/9/18

Poema de Lucía Carmona




Sueño

Dentro del otro cosmos
una niña me llama,
después, soy yo quien me reclama
el otro nacimiento
y entre la del pasado
y esta mujer que grita
solo queda el silencio.


© Lucía Carmona

Poema de Susana Zazzetti




para morder la vida. 
para enterrar la historia 
que arrojamos cada día 
a la sospechosa eternidad 
no nos  hace falta 
ni  todo lo que brilla 
ni el cordón de los zapatos 
ajustando los talones. 
ni una muchacha con mi nombre 
ni un hombre en el refugio 
del deseo. 

sólo necesitamos 
respirar luego de la 
asfixia.


© Susana Zazzetti

Poema de Ivana Szac





¿Por qué guardás la semilla 
en la profundidad del dolor? 

Abrí tus ojos
las ventanas que dan al mar
 mirá el campo
que es enorme
podés correr y correr

sin que nada te detenga

soltá lo que te duele

dejá que germinen
con la luz de cada día

que crezcan
al borde del río
en los balcones
en lejanos desiertos
en caminos de agua

los brotes
están en tus manos

no las guardes

en lo oscuro

de tu corazón.


© IVANA SZAC

Poema de Rolando Revagliatti




Sobre diez 

Sobre diez, nueve renuevan encuentros conmigo
sobre nueve, ocho vuelven a verme por tercera vez
sobre ocho, siete apuestan a una cuarta
sobre siete, seis persisten en considerarme para una
     [quinta ocasión
sobre seis, cinco todavía se prestan a una sexta
sobre cinco, cuatro aguardan de mí algo estimable
     [en una séptima
sobre cuatro, tres alientan la penúltima esperanza
     [en una octava
sobre tres, dos, desesperadas, ya directamente se
     [resignan a una novena pena
sobre dos, una, en la décima cita, aunque arguye de
     [un modo confuso que me ama

se suicida delante de mí.

© Rolando Revagliatti

Poema de Marta Ortiz





huele a rancio,
a canje nauseabundo

al cabo de la lluvia
un sol amarillo jaque mate

brillos de cuchillas
cruzan el puente prohibido


© Marta Ortiz

Poema de Mónica Palla/Daniel Marino







muerta la urgencia
tus pulmones serenos respiran cercanía dilatada.
hay el tiempo de los tuyos.
hay el tiempo de la voz abandonada.

tu minúscula existencia engendra solitaria multitudes solitarias.
el ojo atraviesa párpados y rostros por venir.

no importa tu ignorancia.
sabia es tu impotencia. sabia, involuntaria.
habitante subterráneo de vastas intemperies.

feliz el liberado de su nombre.
muerta tu heredada urgencia hay el tiempo de los tuyos.
hay el tiempo de otras cuerdas desgarradas que vibran canto.

© Mónica Palla/Daniel Marino

21/9/18

Poema de Hugo Francisco Rivella



EL TABERNERO Y LA MUCHACHA DESCALZA 

El tabernero afila la mirada en el cliente que acaba de llegar,
sonríe,
y la penumbra, por un instante, parece un pez dormido.
Yo sé que el tabernero aquieta un tigre que lo empuja a saltar sobre las mesas
y a beber de las copas los restos de soledad y de tristeza,
pero contiene al tigre y saca a pasear, entonces, su cordero,
le limpia las orejas, las pezuñas, acaricia su lomo dulcemente.
El tabernero señala con un dedo, y la mesera estira su cintura,
la luz se apaga, y la penumbra, ya no es un pez dormido sino un pequeño incendio.
Corre el amanecer tras su pollera y baja dios a besar sus pezones.
Jadea como un poseso,
por un instante,

Dios vuelve a ser el hombre que entrega su corazón para que la mesera vuele al cielo.


© Hugo Francisco Rivella

Poema de Silvia Castro





como los peces
sólo recuerdo
la mitad de lo que vi

la mitad de lo que viste

una línea de tiza
alrededor de la memoria

sujeto con alfileres
el papel de molde

al desplegar la tela
no me olvido de dejar
un margen
para la costura


© Silvia Castro

Poema de Susana Rozas





El mar  sigue 
horadando 
persuasivamente 
la costa     galana; 
mi memoria 
insana     de tu costado, 
Y 
esa voz 
que me lame 
                          despacio.


© Susana Rozas

Poema de Verónica M. Capellino



Onírica 
                        
 “Voy a dormir, nodriza mía, acuéstame…”                                
Alfonsina Storni – Voy a dormir                                    

  
Sueña con muñecas rotas   
les acomoda los omóplatos arregla
los ojos hundidos les prepara
comiditas
las hamaca y susurra les
canta nanas
las abriga    se abriga
las abraza y se duermen
ovilladas. 

                               
© Verónica M. Capellino

Poema de Raúl Pignolino



SUSPIRO  
            
       a Susana Fabrykant,
               en vuelo 


Hay una mina que la bate
 posta 
De la parola y el chamuyo
 reo 
Una percanta que curtió
 el mareo 
Del verso rante y  la vereda
 angosta 

Embroca Buenos Aires por
 la costa 
De ese río marrón que huele
 feo 
Y va subiendo como en un
 floreo 
Por la esperanza que jamás
 se agosta 

Juna de patios viejos y
 malvones 
De poemas malevos y canciones 
De una ciudad que ya se
 tomó el piro 

En el barullo de este mundo
 rana 
Mientras suene la musa
 de Susana 
Hasta el más punga largará
 un suspiro


© Raúl Pignolino