28/7/17

Poema de Sonia Rabinovich


De abandono 

Nunca supe su historia
abuela la cortaba con un llanto final
pero ella me hablaba al oído
me hablaba de su soledad entre la nieve
y de su sangre rota en el barco que partía
yo  buscaba en la mesa familiar
con los ojos saliendo del borde de una taza
el silencio que hablara de las penas
De la hermanita de aquella bisabuela
de quien sostengo el nombre
en el nudo apretado
de ese  pañuelo negro de Rusia
De abandono.


© Sonia Rabinovich

Poema de Víctor “Pajarito” Cuello


NOSOTROS 

crucificamos a los pétalos 
y dejamos que el humo 
mastique nuestros talones 

negamos la sonrisa y el vuelo

permitimos que la serpiente 
saboree las frutas y los ojos

las sopas y las uñas nos desagradan 
porque la humedad y las cucarachas secas 
son nuestro pan cotidiano

si alguno de ustedes desea saber quiénes somos: 

mírese al espejo cuando no haya niños en el aire


© Víctor “Pajarito” Cuello

Poema de Susana Szwarc


EN EL FONDO

El punto de verdad se descose
en la repetición del sufrimiento,
dijo una de nosotras mientras mirábamos el balde
(¿de qué color era?)
juntar el agua
escasísima
del fondo del aljibe (por la sequía hicimos
un pozo
en el lugar de la huerta. Yo amaba las ortigas,
lugares de aventura: ¡madre! ¡madre! mirá
me picaron las ortigas, está roja
como un balde mi mano.
Y en la Reservación, ella,
curandera, me peinaría). 

Allá, en el fondo del aljibe
el movimiento era un paraíso y la boca
se nos llenaba
de frases que cumplíamos. Por ej: "quien se aleja
                               de su casa ya ha vuelto".
De sólo decirla hicimos los bolsos. Nos fuimos
a la ciudad. (Una costumbre
de mujeres, hacer acto la palabra). 

Olvidadas al volver
gritamos: ñde añamembyre, ¿mba'ére
pikó oré reyá? 

Podría enojarse, trancar
la puerta. 

"Lublú" le insistía durante la noche
por el sufrimiento del verano y él
-la puerta abierta-
ofrecía su torso desnudo. 



© Susana Szwarc

Poema de Susana Rozas


Gestos

la mueca de esta boca 
reflejo de sonrisa 
-hábito o cosmético-. 
Los ojos 
no 
  pueden. 
Se marcharon
                  Con        los tuyos.



© Susana Rozas

Poema de Diego Bennett



Pesado atisbo de tristeza

Marcados signos de pocos años atrás me devolvieron un pesado atisbo de tristeza.
Empujaron al mar como un otoño empuja las hojas maltratadas en verano,
sufriente cáscara de mármol, misterio de estación.
Dice frío el pronóstico del verbo entusiasmar,
falso escuadrón en la ilusoria capa de caricias.
Fatuas canciones ensoñadas.
Mañana que es una madrugada insomne.
Eso dice que será la semana entrante en predictas páginas de diario íntimo.
Bocanadas cuyo humo es todo parte de la total Sabana de fe.
Una fe que es poco santa igual que la niña y el gato que pasea sin ganas por el
pasaje de la costa. Arrastra ilusiones como barcos a la deriva.


© Diego Bennett

Poema de Carolina Zamudio

  

Teoría sobre la belleza

Me dijo que le duele la belleza
que la alegría, la razón la abruman
detesta el suave cinismo de los días
la aparente armonía.
Me lo dijo con la voz que sale de los ojos
desaguándose tan completa
que no pude más que creerle.

La belleza no cabe
en un trozo de papel
sí en los ojos. Como ajustar
el enfoque de una lente
por detrás.
No en la punta de la lengua
más allá.
Cabe en el aire
al abarcar el ser.

Puede asirse la belleza
en silencio al reposar el cuerpo
desde atrás, en eso de ser
atesorar lo que haya sido
y bello es.

La belleza habita en la oscuridad
el don que nos fue dado oculto
la cáscara que se quita
lo bello es un fin vacío de principios
nace en el último tramo del próximo deseo.

La belleza abraza la luz de la muerte
o desata la nebulosa de la vida.


© Carolina Zamudio

Poema de Mónica Angelino




por qué sí
la penultima
y no
la penprimera.



© Mónica Angelino

Poema de Rolando Revagliatti



Sin gracia 

La gracia latente
de las mujeres sin gracia
me impele a proponerme
a los fines magníficos
inobjetables
de regocijarlas
cuando conmigo
la gracia
la manifiestan.



© Rolando Revagliatti

Poema de Soledad Medina


toma 

Convulsionemos
Volvamos sin lastima de la casi muerte
Garrotazo duro para la bestia
 muestre su cogote perverso buen pulcro
 muralla de tiernos dolidos aquí
encima de lo que aburre y lastima bailamos
¿ritual de los desesperados dice?
Mire como  aplaudimos al miedo para despedirlo
¿La transacción menos esperada no?
Ahora  toca a usted bailar la conga dolorosa
Aquí los sin planes los sin subsidios aquí la manada hambrienta
Mire como  aplaudimos al miedo para despedirlo
Muestre su cogote perverso buen pulcro
Devuelva la buena voluntad sin uso que archiva
Aquí la respuesta al acertijo
Es todo un gran dolor el día  y basta de todo
Aquí los alcoholizados  del aire
Dementes por vivir aquí
Mezcladitos en el caos
¿a quien busca?¿nos confunde en manada?
Requise venga  odio amor odio amor odio
¿ritual de los desesperados dice aun?
Ahora usted la conga del dolor
Porque aquí los sin planes los sin subsidios
Aquí la manada hambrienta
Despide el miedo
Convulsionemos
Aquí dementes por vivir
¿ritual de los desesperados dice aun?  Es todo un gran dolor el día 
 y basta de todo
Convulsionemos
Volvamos sin miedo de la casi muerte


© Soledad Medina

Poema de María Luisa Márquez


HIMNO

Llamo desde mis hombros
las resonancias
las que llegen al alma
   con anuncios.
Despiertos de colores
traídos de un jaguel
de una senda conocida
      combinados con rocío.
Para que lo tomes
         en tus oídos
o en la caja del pecho
e incorpores para siempre
y de la vida
                tengas un Himno.


© María Luisa Márquez

26/7/17

Poema de Estela Smania




                                                                          
Alejandra: pájaro nocturno
No despiertes
 no sabrás qué hacer
con el miedo.
Todavía estarás de más
 en el lugar donde los otros respiran.
Quédate de piedra
sin deseos ya
de escribir el poema imposible.
No te levantes
la vida duele tanto tanto.

(Alejandra Pizarnik: 1936-1972. Nació en Buenos Aires y se suicidó en París, al decir de Enrique Molina, sin salvación, sin haber aprendido a mentirse, a resignarse, a olvidar. Hizo de su vida y su poesía una sola cosa y se fue tras la palabra exacta, inaprensible.)



© Estela Smania

Poema de Hugo Francisco Rivella



Mis vestiduras sangran desgarradas al viento desgarradas,
como palomas crueles, como nubes de plomo,
el círculo de espadas revienta mis omóplatos y vuela,
se asoma a las uñas del ateo,
a la risa del ajo y el muérdago reseco.

Mi Madre reza un no sé qué en voz baja
y el ladrón al costado saliva mis espinas,
escupe lo que pienso de dios y la palabra,
la demencia,
las doncellas que fraguan laberintos en donde el peregrino arrodilla sus huellas.

Padre,
siento que voy cavando poco a poco tu olvido.


© Francisco Hugo Rivella

Poema de Mariana Vacs


CONFESION DE SOR JUANA

Aunque no haya roto
los mandatos y en las ofrendas
los principios sean exactos,
si reviso mi alma
quizás sea correcta
la palabra que me acusa.


© Mariana Vacs

Poema de Sandra Escobar Ginés


Transformer

No te escribo
No te pienso en la morbidez
No te creo en la putrefacción
No te concibo de áurea evaporable
No te considero fantasmagoría
No te imagino ánima desintegrada
         porquesiempre
serás mariposa


© Sandra Escobar Ginés

Poema de Dolores Pombo


cuando todo llueve
menos tus ojos
ya nada importa
llueve sobre mojado
ya nada moja
ya nada es nadie
porque no llueven tus ojos


© Dolores Pombo

Poema de Norma Starke


barro seco
en la suela ancha de esta bota

es la lluvia el agua
el barro
y estas manos que no rezan



© Norma Starke

Texto de Mónica Aramendi


Un árbol, mis manos. Pájaros en los dedos. De tronco envejecido las palmas.
Sostengo en ellas flores secas de antiguos otoños, nubes llovidas y el único gorrión que perdió su nido.
Sobre mi pecho, en noches demoradas, esparcen semillas, liban colibríes.
Amanezco de un sueño no soñado.
El jardín de la infancia se hace pueblo y un lirio se recuesta en mi mejilla.


© Mónica Aramendi

Poema de Jorge L. Carranza


HILO 

En un barrio de las afueras
de una ciudad bien al sur,
la señora que barre la vereda
por las madrugadas
apaga la estrella
que está justo ahí
sobre su casa.

La estrella que esperó
que ella hiciera su rutina.

Doña,
doñita;
barra nomás,
barra tranquila,
aunque a veces un dolor grande
le anude la garganta.

Usted, que se las arregla
con dos pesos,
sépalo bien.

Allá en el techo del cielo
su esmero
es atendido.

No ha sido en vano.




© Jorge L. Carranza

Poema de Beatriz Minichillo


Esta mujer

No tiene nombre,
transita el tiempo
con ojos asombrados,
un búho en su noche,
una gacela en su mañana.
Me pone apodos,
me busca con insistencia,
trae a mi memoria pasados futuros.
Me hace preguntas
que no comprendo
y ofrece respuestas
que no me interesan.
Se muere de muerte natural,
me muerde sin vergüenza,
me repite que la ame
y me embiste cuando no la reconozco.
Se adueña de mi tiempo,
quiere vestirse con mi piel,
jugar con mis amantes
y borrarse, borrarme.
Es arisca
pero a la vez se entrega.
Es todas las mujeres
que me habitan
y yo una casa desolada.
Me envuelve en una nube transparente
y me lanza a un río
donde nos ahogamos
tomadas de la mano.


© Beatriz Minichillo

Poema de Ana Romano


Zozobra

Trepa
astuta
la imagen
(y es como
espía)

Estacionada
en la hendidura
deposita

La madre
aulla
en un rincón.



© Ana Romano

25/7/17

Poema de Aníbal De Grecia



DIEZ

Sos la muchacha que escribí con mis ojos
en el aire. 

JUGUAMOS A PERDURAR
Y te busqué entre la bruma
desde los pliegues imperfectos del dolor.
Sos esa lágrima de luz que quiebra el tiempo y la distancia.



© Aníbal De Grecia

Poema de Anamaría Mayol


ESTALLIDO

Diré árbol
aparecerá un bosque
que será sombra magia silencio
estallido

pero si digo lluvia
otoño
también diré mayo

diré un número
que será hoja seca
 muerte -renacimiento

final de un estallido que recomienza

y entonces diré mi nombre
siete veces mi nombre caducifolio

me llamaré a la vida
y pariré otro rostro
detrás del viento


© Anamaría Mayol

Poema de Susana Zazzetti




nadie sabe cuándo está solo.
cuándo aparece la ausencia y
lo tajea. lo salpica.
y sin embargo
todos caemos en esa red.
no sabemos
quién es
el que ajusta nudos
para que lo oscuro no abandone
nuestra sangre.
quién el que mueve
el chorro de la noche
para que el silencio nos ate.
nos persigne y se aleje.


© Susana Zazzetti

Poema de Patricio Emilio Torne


DEL RETRATO DE DORIAN GRAY
A LA BALDA DE LA CÁRCEL DE READING

Tropezar y levantarse,
sacudir el polvo de la botamanga,
mirar alrededor y desear
que sean pocos los ojos que te vieron.
El dolor vendrá después,
seguramente con esa intensidad
que te hará pensar que el ridículo
era más leve que la dolencia.
Hay lugares donde lo indigno de una reverencia
tiene la aceptación que no consigue el tropiezo.
Uno mira los huecos del desorden
y quiere llenarlos de cordura,
de buenas intenciones,
pero se hace imposible.
Deberíamos aprender a caer,
o hacer de las caídas un sistema homeostático
regulado por el placer de lo inestable.


© Patricio Emilio Torne

Poema de Edda Sartori


La caminata 

tan azarosos nuestros nombres
tan inconstante la rutina
del presente

el silencio abarcaba
esa mañana que se iba deslizando
con extrañeza
en el desboque de nuestros latidos
así dibujábamos el escozor del encuentro
incómodos nuestros cuerpos
mientras el hilado de sombras
nos guiaba
izándonos
por los interminable huecos
de la avenida
donde la luz plata acompañaba
nuestro pensamiento
y   lo transformaba

era el entretiempo del equívoco
la pausa irrepetible
de ese espacio interpuesto
que íbamos cruzando
con tanto goce
casi sin advertir
la planicie  de grandes hoyos
el pantano hecho luna

hundiéndonos levitados al fin

                ¿podrás ahora oírme
                 en la envoltura del tiempo?
                ¿podrás distinguir
                 huidos ya
                 nuestro hallazgo?

¿podrás
remontar mi abrazo
en este acongojado desperezo? 


© Edda Sartori

Poema de María Belén Silva



En otra tierra
Desde otras tierras.
Encuentro pactado por dioses.
Niños que se creían privados de los parques
remontan sus barriletes en el cielo de la sorpresa.
Desprovistos de pasado.
Incendian relojes.
Mariposas que no ven su propia belleza.
Usan los ojos de alguien más.


© María Belén Silva

Poema de Teresa Gerez


“No sé qué preferir/ si el limón en el cuadro 
    o el limón en el plato” Hugo Paledetti 


Cambiante ante los juegos de la luz 
oblicua  redonda  enorme 
pequeña  flexible 
a los cambios del día 

No sé 
si es más real la sombra 
que su objeto 

No sé 
si esa opacidad 
que me atraviesa como espina 
no es más real 
que esto que llamo 
mi verdad 

Siempre fue en la sombra 
(y no en la luz) 
que encontré 
                  el secreto



© Teresa Gerez
Imagen: Gustav Gurschner
Enviada por la autora

Poema de Osvaldo Víctor Fernández



gritó con la furia
que el derecho le asistía

pidió una explicación
sabiendo que la única respuesta
seria un ensordecedor silencio

sus mariposas de ceniza
Inmóviles
aterradas
por la inmediatez de la tormenta
fueron el
único mensaje

sus mariposas de ceniza
le indicaban
que nada es definitivo
ni siquiera
el vacío


© Osvaldo Víctor Fernández

Poema de Graciela Barbero


Amarillea el tiempo
                              otoño los árboles
 tibio el sol entre las ramas

En el interior
                         aún llueve la piel.


© Graciela Barbero

Poema de Teresa Vaccaro


HILANDERA

a Alba Estrella Gutiérrez.

En qué corazón se esconde la metáfora,
esa palabra heroica y esquiva.
Qué vuelo la hará renacer, trasmutarse,
escapar del cautiverio.

Sólo una hilandera
podrá reverenciarla mañana
en una trama de flores.




© Teresa Vaccaro.

11/7/17

Poema de Raquel Jaduszliwer

                              
Estampa

Su cabeza se erguía
sin embargo
un movimiento interno la empujaba hacia el fondo
hacia el perpetuo hundirse de las cosas en los ríos alternos

quizá por eso yo la veía despeñada
en caída libre
dolor ignoto
precipicio
andarivel ausente en que se abisma un padre

su cabeza se erguía sin embargo
y así
como una estampa hecha de turbulencia
quedó clavada la perpetua lanza
y el filo de la luz desesperada y bella

y ya es recuerdo mi propio pensamiento
y es corola de sombra y de la luz alzada
en el espejo súbito de la vieja memoria.


© Raquel Jaduszliwer

Poema de Gisela Galimi


Concretamente

Estar del otro lado
ver la forma
y no sentir el fondo.

Desplegar la falda azul
de la alegría
en contadas ocasiones.

Este arduo deber
y esa fantasía realizada
serán, al final,
las peores arrugas.



© Gisela Galimi

Poema de Alejandro Méndez Casariego




La luz del mundo

Se abría la luz del mundo
el latido en sordina de las cosas
que empezaban a ser
el fluir de la sangre entre los ojos
la aspereza del aire
la semilla de la voluntad que se abría paso
entre lo incomprensible
sin otra referencia que una mano
limpiándome la frente
Y entonces, como un río que desborda
el saber
el reconocimiento
los objetos. Pura apariencia.
Todo está aquí como ese día
no ha cambiado
mi comprensión del mundo
aún me muevo a tientas
sigo intuyendo, revelando de a poco
interpretando indicios en la bruma.
Todavía me desplazo entre los hechos
desnudo y germinal
como al principio. 


© Alejandro Méndez Casariego

Poema de Marita Rodríguez-Cazaux

                                          
                                   
  
POR AQUÍ TE AMÉ EN AZUL

Callado pensamiento de cobalto,
vértice de la vida
en bosque blue.

Apenas desguazado en añil, 
estío silente
de pasiones azul Francia.

Afilado sesgo índigo,
desvainado
sobre mi cuerpo.


© Marita Rodríguez-Cazaux

Poema de Amalia Mercedes Abaria




EL COLOR DEL SUFRIMIENTO
                                  
Sí, el sufrimiento está allí,
sin ningún color, o señal, o aviso.
Quizás sea un gris, como un lento luto de piedra
o un violeta descascarado, o el no color
                           del mundo subterráneo.
El sufrimiento viene,
invade el corazón con sus negros cuerpos
despiadados.

El sol no está
el sol se ha ido con tu muerte
y se ha llevado todos los colores
y una sombra de papel gigante
huye hacia el fondo, hacia la penuria del mármol.
Dónde están, dónde están los colores?
el verde, el rojo, el naranja?
Con los dientes de la despedida?
Con la hoja seca de la noche?
O en los juncos abandonados en la orilla del dolor?
Ya no verás el cielo, desde tu ventana,
la luna clara, abierta, palpitante,
esa luz de abanico blanco que tanto,
                                              tanto amabas.


© Amalia Mercedes Abaria