28/10/18

Poema de Víctor "Pajarito" Cuello




PIEDRITAS PARA CLARA ANAHÍ 

1

el odio/ 40 años atrás/ 
agujereó las paredes de la casa

el amor permitirá que 
a través de esos mismos agujeros 
cientos de mariposas blancas 
vean tu sonrisa


2

porque 40 muñecas 
desean tu abrazo 
porque se oyen 30.000 latidos 
y nuestra esperanza 
crece 
en las redes sociales:

tu rostro se multiplica


3

"chicha" mariani 
se apoya en un bastón  
y en una foto 
para caminar

ojalá que pronto 
muy pronto 
"chicha" mariani 
vuele  en los ojos de anahí



María Isabel "Chicha" Mariani es una de las tantas mujeres y hombres que sufrieron, en carne propia, todo el odio de la última dictadura militar en Argentina. Su familia fue asesinada. Su nieta fue secuestrada y hasta el día de hoy no se conoce su paradero. "Chicha", todos los años, se hace presente en la casa donde vivían su hijo Daniel, su nuera Diana y su nieta Clara Anahí. Todos los años, "Chicha" deja una muñeca en el lugar como señal de que su esperanza  por encontrar a su nieta, no desaparece.


© Víctor “Pajarito” Cuello

Poema de Andrea Farchetto



a veces
escribo
como
 un animal
empecinado
con una presa
que un predador
mayor
ya se robó

© Andrea Farchetto

Poema de Luis Luna



Con el cuchillo dulce / del silencio / la sílaba / apuñalas.
Sangras la voz.
Para que duela.

© Luis Luna

Poema de Gisela Galimi



Efectos secundarios

Hace más de cien años
moría en Calabria mi bisabuela.

Cuentan que tomó una pócima,
excedida en cianuro,
para vencer un catarro feroz
en vísperas de Nochebuena.

Nos dejó una  herencia
de Navidades tristes
y toses persistentes.

Era condesa -explica mi padre-
para justificar la pena
que todavía lo asalta las noches de fiesta.

Todo esto también hay que saberlo
si se quiere entender mi historia.

Mi niño me dijo ayer
que no cree en Dios
y yo
lo llevé al neumonólogo,
para evitar males mayores.


© Gisela Galimi

Poema de Norberto Barleand


  

Surcos de Furia

Camino las noches en sombras
tras las últimas luces del otoño

Polvo de miedo esparce el  rostro,
niños despiertos ,
algún sitio cercano
dibujo del hambre  y el juego infinito.

Son  reyes sin magia
cuando el hombre evade su acto sublime
en la póstuma estrella de los hilos y el rumbo.

¿Dónde ocultan los dioses su máscara opaca
al amparo del mundo?

Los tallos crecidos en las frívolas tardes
Y todo es la nada
y lo poco es ausencia,
y  la muerte es vigilia
de todas las muertes
            y no tienen nombre

¡Ay de los sueños y las lluvias desiertas,
estas lágrimas secas de dolores antiguos¡

¿Cuántos ríos miseria
navegan el odio
                       
Un calvario de pájaros
horagando el destino
Y
estos surcos de furia



© Norberto Barleand

Poema de Liliana Majic



cansados de andar
       vuelven a la antigua mente
                                 no comprenden
        ¿en qué momento pasó el tiempo?
¿de qué se trata esta locura?

      sin querer ven que lo están mirando
                                                        rojos ojos

© Liliana Majic

Poema de Cristian Jesús Gentile





Me sos urgente, todo el tiempo.


© Cristian Jesús Gentile

Texto de Carolina Peleretegui



Como si nada

como si en mi boca no soplara el viento
no retumbaran tus besos    las agujas de este reloj    que infinito     se detuvo en un segundo
y se repite   repite   repite  queriendo retenerte y quedarnos como estatuas
de miel
o de espuma    volátiles y silenciosas 
como si en mis pestañas no anidaran las esquirlas de cuando explotamos
el destierro momentáneo        o eterno    de nuestras súplicas al cielo por ser uno
y que otras vidas nos volvieran a juntar    sucesivas e  infinitas 
como si en mis músculos que quedaron tambaleantes
dolorosamente útiles
no hubiera quedado registrado tu paso 
como si en tu pelo y el mío que se empaparon  no hubiera habido culpa
transformada en sudor
en amor
saltando rayuelas mas al cielo que a la tierra 
como si el borde de nuestra cama no hubiese sido el único freno a retorcernos
exprimirnos
acecharnos       hasta quedar hechos una sola sed       buscando el oasis más cercano 
entonces me pregunto ¿cómo vas vos, creyendo que estoy yo
como si nada?

©  Carolina Peleretegui

26/10/18

Poema de Reyna Domínguez



ACOMETIDA  ANIMAL

Estuve en la guarida
viendo cómo crecían mis pezuñas
cómo los árboles se deshojan

la mirada en refucilo
fija en lo imposible
daba mordiscos al aire

Como loba debería
haber zarpado tu carne
desmoronar la imagen
el culto a tu importancia

Como loba debo ahora
arrancarme el corazón
y andar solitaria
en medio de la niebla.



© Reyna Domínguez 

Poema de Diego E. Suárez



DENSIDAD

          –¿Cuánto falta para que esto termine?

Tus palabras han cobrado
otra densidad. Una pregunta basta
para nublar cielo y tierra.

Con la lengua adormecida
no por los psicotrópicos sino
por la religión la ciencia el arte y otros opios
miro tus ojos de un día después sin querer
recordar alguna respuesta.

© Diego E. Suárez

Poema de Anamaría Mayol


  

LA DESECHADA

Yo fui la otra
(elegí serlo una vez)

la invisible
la insurrecta mujer 
que  quiso ser negada

la del exilio

fui el amor clandestino
(lícito en otra  alcoba)

la incógnita para muchas
la desechada

fui tantas y tan poco
tan abismo en tu cuerpo
tan ceniza en el aire
tan nada en los silencios

 sólo
la que tu boca quiso
y se negó en la piedra 

sin lágrimas
sin sangre
secuestrada en la noche

la que aún
en la penumbra te sueña
y se derrama


© Anamaría Mayol

Poemade David González



huesos del esqueleto social
erguidos de ausentes
bailan la música del polvo
descartes de la memoria
enterrados en descampados
el miedo gotea y calla
quedan en fotos los muertos.

© David González

Poema de Alicia Márquez



EL HOMBRE DE LA BOLSA

Cuando eran las vacaciones,
cuando los patios se llenaban de glicinas y uvas chinche,
cuando el cielo era inocente,
cuando jugábamos a la pelota, al dinenti,
al carnaval, con baldes y risas,
cuando saltábamos a la soga o cambiábamos figuritas,
(las que tenían brillantina valían más),
cuando nos escapábamos de dormir la siesta
y nos divertíamos en la calle,
apenas subía el griterío,
una madre se asomaba y decía,
como un juicio final: “Si se siguen portando así
va a venir el hombre de la bolsa”.
No decía nada más. Ni que nos llevaba
ni que nos secuestraba, ni que nos iba a matar.
Simplemente dejaba caer el evangelio feroz
del disciplinamiento: “Va a venir el hombre de la bolsa”.
Nunca venía. Y seguíamos con nuestros juegos,
transpirados, colorados, felices.
Hasta que una tarde apareció por la esquina un viejo
con una bolsa que gritaba: “Lemone, lemone”.
Ese fue nuestro Freddy Kruger. Un terror barrial,
pero terror al fin se apoderó de todos. La calle quedó desierta.
Las madres habían ganado la partida

© Alicia Márquez

25/10/18

Poema de Adelina Lo Bue S.





Dos mundos

Éramos dos mundos en el otro lado del mar
Por las noches
cuando el calor alegraba la hora
el valle renegrido se dormía en el recuerdo
de algunas luciérnagas

Éramos dos mundos en el otro lado del mar
En los pantanos
cuando la negritud de las aguas
escondía el sueño clamoroso de hipopótamos rosados
el aire hacía temblar los cráneos luminosos

Otras tardes frías de luz
el sol se retorcía hasta llegar más allá
donde la nieve olvida su escondite
jadeante por extenderse e iluminar
nuestros pasos

Ahora
las aguas del océano buscan nuestro espíritu
hay un quejido constante en su agua
y
todas las noches un barco nos llama

Éramos dos mundos en el otro lado del mar


© Adelina lo Bue S.

Poema de Amadeo Gravino



esta mujer
es
humilde
              como
               las
               violetas

sus manos
son
tan delicadas
                   como
                   las
                   glicinas

con dulzura palpitan
lanchones areneros
             de su corazón.

© Amadeo Gravino

Poema de Marina Centeno




LA ESPERA

Ahora comprendo el atasco de los huecos
al llenarse de cosas sin sentido
entre el cúmulo de orgasmos y de buitres
No seré quien diga "basta"
aunque a veces creo sentir el canto de la muerte
tarareando a mi oído con dulzura
una canción de páramo y abruptos
(La forma que tiene la ternura
de devolver el reflejo hacia las cosas)
Hubiese padecido de nostalgia
de no ser por tus dedos penetrando
en los conductos obstruídos de mi herida...
esa herida que palpita entre los mares
abiertos a la incógnita del tiempo

© Marina Centeno

Texto de Claudio Portiglia





Me gusta desmigarte por las noches cuando la lluvia pega / separar las tres sílabas prolijas de tu nombre y atarlas / a un bote de papel de caramelos / subirme a la quilla y navegar tu risa / acariciar la cifra que has grabado para siempre en tu cuello / tomarlo como mástil / y dejarme llevar hasta esa orilla de esperanzas comunes / donde un día tendremos que encontrarnos / tal vez en otro tiempo / y otro suelo

© Claudio Portiglia

Poema de Celina Feuerstein





¿ves esa mujer sentada en la vereda?
con el cuello tan largo
parece una muñeca de trapo
así torcido el cuello
está a punto de caer sobre la piedra

shh no la despiertes
qué sueño profundo el de la mujer
el cuerpo erguido y en la boca el cigarrillo
ceniza a punto de unirse
con la tierra

¿la ves dormir o ya está muerta?

hace rato que yace la dama
del cuello largo de
jirafa
mi hijo dice que es un hombre
pero yo veo
a una mujer

eso no importa
en esta ciudad nadie mira
a nadie le interesa
un cuello que crece hacia abajo
como rama de sauce

vení mirá
el cuello torcido
de la mujer que duerme en la vereda

© Celina Feuerstein

Poema de Adela Margarita Salas





.-Dejar que la noche nos engañe
                 con luciérnagas de seda; cuando
mezquinan las estrellas para
                   no mostrarnos la realidad…

© Adela Margarita Salas

Poema de Miguel Ángel Ferreira



Desde tus barrios oscuros vino una tarde triste
Y por eso llegaron tan cansados tus hombres.
Fernando Demaria.-


De cielo neblinoso esta mañana se aparece
El perfil enérgico de tu 9 de julio
Hacia el índice
Emblemático
Encamino mis poemas
Mis ansias enmohecidas
De bandoneones amanecidos
En camastros de conventillo
Y bodegones del puerto
Se me disparan las melodías
Al encontrarte en este día
De llovizna claudicante
Te recorro con el ansia de amante
Cual fueras una mujer desnuda
A la que beso en despedida
Un café en tu compañía
Sabe a historia de malevos
De adoquines y cuchillos
Entre tanto las horas cuentan mis devaneos de poeta
La ciudad de corte europeo se estira
En milonga
Hace un corte y se eleva hacia el universo
De voces en fa.-

© Miguel Ángel Ferreira

24/10/18

Poema de Laura Ponce




Soy la mujer omnímoda el ojo del desastre
la que crea la noche porque su párpado cerrado
la que sutura el tiempo y lo desgarra.
Devenida longeva y eternamente joven
así concebía yo el paso de los años/ casi
como un collar que va sumando vueltas
como si fuera el tiempo no más que una distancia.
No calculé, empero, algunos desvaríos que el tiempo
trae aparejados, y advierto ahora que acallé sus voces
ignoré sus presagios, los reduje a episodios.

Habría bastado con decretar la inexistencia de las cosas.
Cerrar los ojos. Ejecutar la noche.

© Laura Ponce


Poema de Nancy Beatriz Lamberto


  

En el atardecer
las luces se derraman,
sobre la penumbra de los árboles olvidados.

Un viento de nostalgia
derriba las hojas de la vida.
Veo baldosas de colores salpicadas
por el vértice gris de los días.

La noche parte el grito
de un mundo quebrado,
donde los desamparados
claman en el eco sordo
de la indiferencia.

Una brisa de luna
quiere tambalear
la aridez de los avaros,
donde no cabe
la anchura del corazón desgastado
por relojes de injusticia.

Mientras, yo trato de apagar
la agresión que advierto
pero un simple farol no basta
para encender
el plumaje de la bondad 

que vaga a oscuras
sobre el abismo de un materialismo
            que acribilla.


© NANCY B. LAMBERTO

Poema de Michou Pourtalé



“Creo que empiezo a darme cuenta del
placer propio de los bosques de pinos” 
                                        Francis Ponge 

Llueve muy manso ha llovido.
Bajo el pinar van creciendo hongos
blancos se muestran felices
anacoretas fatuos
con redondos penachos
sólo un pie los sostiene.
Algo velado los irá cubriendo
de mortífera herrumbre.
No saben que la constante humedad
es motivo de su existencia
tan frágil ante el más mínimo roce.
Entre las agujas secas del pino
la rutina de la naturaleza
inexorable rotación de rueda
expande naranja una fronda
natural tapiz para ese hongo
espontáneo curioso.
Entre el bálsamo y la pausa
con perfume discreto
todo lleva a la contemplación
y posiblemente a la luz
don de un dios presencia inefable
que a gusto deambula entre los pinos.

                                                                
© Michou Pourtalé

Poema de Laura Elena Bermúdez Tesolín



Hoy primavera fría y gris.
En este mundo habitado por bestias y seres sensibles,
por manipuladores y chantas
por políticos necios y corruptos.
Me llueve el cielo, por tantas súplicas,
tantas libertades esclavizadas
en la ignorancia.
Siento el sollozo del viento
en tristes lamentos .
En cuclillas una madre implora
por la salud de su hijo,
otras desnudan su miseria mendigando
un trozo de pan para su mesa.
Mientras juegan carreras
contra el viento, aquellos “locos”
que en eterna fantasía se recrean
y se esconden de la realidad.
Y vos estas ahí sin querer ver,
porque es más fácil entrar en el juego
de la hipocresía.
Es divertido girar sobre un mismo eje,
donde el ego se retroalimenta.
Habitamos el mundo y nos creemos
pequeños universos, un mundo en sí mismo…
Ayer, como mañana o pasado
los seres sensibles seremos testigos
del abandono, del desamor, de las injusticias
del atropello , de la prepotencia de los poderosos.
Y labremos de levantar la voz
como el poeta en sus versos con la libertad
de espíritu, no como en la prensa vendiendo humo
o papelitos de colores.

© Laura Elena Bermúdez Tesolín

Poema de Nito Biassi




Alejandra

Me soñé como dueño del tiempo,
del amor, de los sueños vividos
y de toda semilla que siembro,
corazón sangrando sin sentido.

Alisté mi piel en tus entrañas
 y para no sucumbir de pena
construí con calma la telaraña,
cubriendo de miradas ajenas

nuestra desnudez entrelazada.
Fuimos, somos y seremos juntos.
Y trepa la pasión, enredada
mi sombra tu cuerpo, contrapuntos.

Sólo nosotros dos, abrazados.
Sólo nosotros, enamorados.

© Nito Biassi

Poema de Clelia Bercovich



VIÑAS DE IRA Y EL EXTRANJERO 

Hermana, nos veo tambaleando 
como la tortuga 
La de la primera página de las viñas. 
(¿Había una tortuga?) 
El riesgo es quedar patas arriba 
en el camino polvoriento. 
El inútil pataleo,  que  nadie te escuche.

         Ser la misma materia del olvido. 

Todo apura hacia  su fin. 
como un carretel que se vacía 
y escupe el hilo. 
Mersault, el extranjero, 
iba detrás de su madre 
El sol todavía vertical , a las dos . 
¿Cómo puede Mersault pensar en el sol? 
me preguntaba sentada,  en el escalón del patio. 
Vos ya te habías ido,  vestida de falda acampanada. 
Verónica Lake  te decían. Traías los libros , esa maravilla.
 El pelo rubio te tapaba un ojo. 
Después confesaste que no leías todo. 
Hacías teatro independiente. 
Tragedias impactantes. 
 una arpillera en la mano 
manchada de rojo. 
Hermana, vos soñabas. 
Soñabas. 
Tenías tus quimeras, y te fuiste. 

Yo me quedé en los patios 
en el cambio de las estaciones. 

Los gatos me miraban desde los techos altos 
y el cielo fijo de color turquesa 
los sábados de invierno. 
Hermana, 
eras más fuerte que yo. 

Vos soñabas. 
(Nunca te dije gracias)


© Clelia Bercovich