LA VOZ
Dijeron: no podrá salir
al balcón como el General,
le pondremos candados en celo
y tendrá guardar estático mutismo
por dictamen de los jueces implacables.
Pero de pronto, ante tanto cerrojo,
la voz giró con su mano invisible el picaporte,
abrió la ventana, trepó la reja y salió
sin proscripciones judiciales a la calle.
Liberada, desplegadas sus alas sonoras,
sobrevoló los techos, dejó atrás
los altos edificios, esquivó las antenas
y pasó entre las cúpulas de la gran ciudad.
En la 9 de Julio burló a los piquetes policiales
que con sus rifles cebados escrutaban el aire.
En Avenida de Mayo bajó a la superficie,
caminó por la vereda entre la gente
y hasta se dio tiempo de saludar con la mano
a su admirado Julio Cortázar que le sonreía
desde la vidriera del Café London.
Finalmente la voz arribó a la plaza, se trepó
a la pirámide y de pie, con el brazo en alto,
como en el cuadro "La libertad guiando al pueblo",
consigo misma al cuello, les habló a las multitudes.
Libre de absurdas cerraduras y sentencias,
sobrevoló el ámbito de la colmada plaza
y se instaló definitivamente en la historia.
© Antonio Ramón Gutiérrez
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