27/8/26

Poema de Antonio Ramón Gutiérrez

 


PROSA POÉTICA 

 

Las palabras "reunión familiar"

hacen que los objetos se entiendan

entre ellos, no así las personas.

Es de noche, hace calor, es verano,

las glicinas del patio arrojan fragancias,

una mariposa negra revolotea en sus flores,

la época emite sus chillidos,

los seres coinciden en el tiempo,

la brisa mueve una rama, parece un cuadro,

hay una mesa de mármol, unos bancos,

unos helechos instalados

en su mismidad de helechos,

un farol que sabe que su razón de ser

está en la luz, una enredadera

que se aferra a su existencia, una begonia

que no sale de su centro, un cielo

demasiado oceánico para admitir

definiciones, un conjunto de cosas

que rebasan la posibilidad de un poema.

 

© Antonio Ramón Gutiérrez

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7/6/26

Poema de Antonio Ramón Gutiérrez

 


MOLDE PARA UNA METAFÍSICA

 

Para crear una existencia sólo hay que retirar

los sobrantes, la materia que le rodea,

llegar con el martillo hasta las galaxias

y continuar sacando mundo, cavando sombra

hasta dar con la forma justa y definitiva

separada de todo lo que la trasciende.

Obtenido ese modelo de piedra temblorosa,

hay que volver a llenar el universo,

colocar en sus órbitas los planetas,

las estrellas en sus constelaciones,

los ríos en su cauce, los peces en su espina,

jardines alrededor de los brazos,

huertas que broten en el afuera vacante.

Por último, del centro de todo lo posible,

retirar la pieza de mármol, ahuecar ese espacio,

para dar cabida a la nada,

es decir, a un hombre repleto de vacío

con la mirada puesta en todo lo que le falta.

 

© Antonio Ramón Gutiérrez

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2/5/26

Poema de Antonio Ramón Gutiérrez

  


LA VOZ


Dijeron: no podrá salir

al balcón como el General,

le pondremos candados en celo

y tendrá guardar estático mutismo

por dictamen de los jueces implacables.

Pero de pronto, ante tanto cerrojo,

la voz giró con su mano invisible el picaporte,

abrió la ventana, trepó la reja y salió

sin proscripciones judiciales a la calle.

Liberada, desplegadas sus alas sonoras,

sobrevoló los techos, dejó atrás

los altos edificios, esquivó las antenas

y pasó entre las cúpulas de la gran ciudad.

En la 9 de Julio burló a los piquetes policiales

que con sus rifles cebados escrutaban el aire.

En Avenida de Mayo bajó a la superficie,

caminó por la vereda entre la gente

y hasta se dio tiempo de saludar con la mano

a su admirado Julio Cortázar que le sonreía

desde la vidriera del Café London.

Finalmente la voz arribó a la plaza, se trepó

a la pirámide y de pie, con el brazo en alto,

como en el cuadro "La libertad guiando al pueblo",

consigo misma al cuello, les habló a las multitudes.

Libre de absurdas cerraduras y sentencias,

sobrevoló el ámbito de la colmada plaza

y se instaló definitivamente en la historia.

 

© Antonio Ramón Gutiérrez

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9/3/26

Poema de Antonio Ramón Gutiérrez

 


LECTOR 

 

Mi gratitud hacia usted, lector

que en este preciso instante

está leyendo estas líneas.

¿Me ve?, ¿advierte mi presencia?,

¿afuera es de día o es de noche?

Estoy aquí frente a usted

y si estirara mi mano

yo podría tocarlo.

Siento su respiración, sus latidos,

sé que me oye, que sus pupilas caminan

esta página por el noveno verso

y un escalofrío le recorre el cuerpo.

Usted es parte primordial del poema,

está inmerso en la trama, de pie en su cabeza,

en la escritura que nos lleva hacia punto final.

Sin su inclusión, querido lector, este poema

no sería posible, cierre ahora los ojos,

afuera se escucha el rugido de la época,

los caballos que marchan por el declive.

Hemos ya casi transitado el camino

de palabras que aún nos hablan.

Estamos en el penúltimo renglón.

Usted me está dictando el poema.

 

© Antonio Ramón Gutiérrez

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6/12/25

Poema de Antonio Ramón Gutiérrez

  


BOSQUEJO DE POEMA AL TIBER                      

                      

Veo las invisibles embarcaciones

allá abajo, ¿tú las ves acaso?,

ahí va una, mira, mira,

un poco más allá ¿la ves?, detrás viene otra

pintada de verde, naufragada por dentro,

con sus maderas ausentes, con sus remos

dibujando figuras geométricas

en el agua apacible, en el río callado.

Son las generaciones que han confluido

en esta tarde extraña y se dirigen

hacia las desembocaduras, hacia los prados

de altas coníferas donde el viento estático

 arrastra inmóviles a los ahogados.

Ahí pasa otra repleta de gente, oye,

van cantando antiguas canciones,

vienen de lejanas praderas, quizá desde siempre.

Las madres van amamantando

a sus hijos ya viejos, los ancianos

dormitan y sueñan bajo un sol pretérito,

los más jóvenes nos han visto

y parecieran querer decirnos algo

pero no puedo oírlos por el bullicio

del presente, por el rumor de la época.

¿Tú los oyes ahora? Creo que sus voces

hablan de los Idus de marzo y de un crimen

ocurrido hace unos pocos días en el Senado.

Haz un esfuerzo, sé que puedes oírlos

y verlos pasar en el agua insistente.

Van los esclavos, las multitudes,

los mártires, los campesinos, los soldados,

los reyes, los emperadores, los guerreros,

los obreros, los niños, los gatos, los nombres.

Recién, me pareció que en una de las barcas

iba Adriano y siglos después los partisanos

y también los muertos que retornan a sus casas

cantando de la guerra. Es una de las barcas creo

haber visto a los revolucionarios de América.

Mira, mira ahora, ahí, una barcaza avanza

en años futuros y en ella vamos nosotros,

tú vas leyendo un libro infinito, yo voy

escribiendo este mismo poema.

Y las invisibles embarcaciones continúan

pasando allá abajo como las nubes caídas,

los plumerillos del campo, las babas del diablo

mientras nosotros, amor, miramos por ahora

el río desde el puente Sisto.

 

© Antonio Ramón Gutiérrez

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3/9/25

Poema de Antonio Ramón Gutiérrez

 


POEMA PARA DESPEDIR A CAYETANO

 

                         A la memoria de Cayetano Zemborain

 

Te has ido rodeado de poesía

para proseguir tu misión imperecedera,

tu prédica que no cesa por cierto esta mañana.

Te has ido con carpetas bajo el brazo,

con tu portafolio repleto de metáforas,

con las páginas y los nombres intactos.

Allá te encuentras con las sombras

de los poetas que pastan sentido

en los campos melodiosos,

con una luz que la brisa abismal

transporta entre los callados árboles

y que es el contorno de Juan Gelman

y su historia que regresa bajo la quieta lluvia.

Con la voz de Joaquín que continúa

escribiendo para siempre aquel poema a Kafka.

Con Alfonsina que entra en el mar eternamente.

Con Lugones que prosigue en ese tren hacia el Tigre.

Con Silvia, con Raúl, con Leónidas y tantos

que ya no se dan una vuelta por las noches

pero que viven en la memoria y en la letra.

Con Marcos que aún ve en el populoso puerto

a quien un día será su padre.

Te encuentras con Beatriz, con Oliverio, con Julio.

Y de pronto sobre una pronunciada colina

se aparece la ausencia de Antonio

que en el tiempo relativo ya ha muerto

y que está escribiendo este poema.

 

© Antonio Ramón Gutiérrez

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29/5/25

Poema de Antonio Ramón Gutiérrez

  


ROMA


          “Ser ciudadano de Ginebra, de Montevideo, de Austin y

           (como todos los hombres) de Roma.”  Jorge Luis Borges


Caminar una y otra vez estas calles,

atravesar los mismos lugares

como si hubiera estado aquí desde siempre

Y de pronto a la vuelta de una esquina,

en Rione Monti, me encuentro

con mi infancia en Bell Ville, con mi padre

que regresa del trabajo y me dice:

“mañana sábado iremos a Ordoñez

a visitar a tus tíos y primos

a los que hace tiempo no vemos”

y también las mañanas de los inviernos

en la llanura y la escuela Ponciano Vivanco

ahí cerca, vicina della Vía Nazionale

y el guardapolvo blanco almidonado,

el moño azul, la escarcha

en las cunetas de una memoria de tierra.

Más allá, a metros de la Piazza dell´Esquilino

el “Comercial” de la calle Entre Ríos,

los asientos de la contabilidad, la historia,

aquel poema de Rubén Darío que aún hoy

me acompaña como una música alada,

 la confitería bailable con el Credence…

y los Beatles y Almendra o Los Gatos

o si no el cine de los sábados con los carros

desbocados en Ben Hur, aquel amor

y ese beso en medio del fragor de la batalla

y luego mi radicación en Salta

en las proximidades de la Piazza Navona,

los primeros intentos del poema,

las clases de la universidad, los autores,

Liliana que lee a Leopardi, mi hija María Verónica,

los años agolpándose detrás de las puertas,

los libros, la literatura, las conversaciones,

la larga lista de hechos que surcan una vida.

Pero no es la imaginación ni un sueño;

todo eso ya estaba aquí desde siempre

porque Roma es el Aleph, el punto universal,

el haz de luz donde por un momento

confluyen simultáneamente

todos los hombres y todas las cosas.

 

© Antonio Ramón Gutiérrez

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17/2/25

Poema de Antonio Ramón Gutiérrez

 


SIMULTANEIDAD 

 

Todo está sucediendo al mismo tiempo,

mientras escribo este poema y lo nombro:

En Roma están asesinando a César,

un ejército templario todavía entra

en el desfiladero Cuernos de Hattin

cerca de Jerusalem, en este instante

está ardiendo Cartago (¿puedes ver las llamas?),

Diógenes cavila en una plaza de Atenas

(estoy hablando con él bajo un árbol),

un navegante genovés surca el océano,

la traición a Cristo aún no ha atravesado

siquiera la galaxia, una estrella apagada

continúa brillando. Todo es simultáneo

y ocurre en este preciso momento

en que tú lees esta repetida página.

En el campito de la vuelta de casa

soy un niño jugando a la pelota,

mi padre sigue regresando del trabajo

a la misma hora con las mismas preguntas,

mi abuela Natalia muere todos los días,

todos los días bombardean Plaza de Mayo,

alguien repite los pasos en la galería.

Hemos entrado en esta dimensión

y escribimos el mismo poema interminable,

la misma grafía, el mismo atardecer.

El gato en el patio es el mismo gato

que habita en un templo de Atenas

o en Paestum o en una casa en Bell Ville.

Afuera corre viento y hace frío

y se escuchan las creaturas sobre la hierba.

Todo está sucediendo al mismo tiempo,

en este momento exacto

mientras escribo este poema y te nombro.

 

© Antonio Ramón Gutiérrez

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9/8/24

Poema de Antonio Ramón Gutiérrez

  


ESCEPTICISMO


¿Qué permanecerá sobre la tierra?

Las tormentas de arena arrastran

palabras heridas, frases moribundas.

A lo lejos se oyen los violines del viento.

¿Qué sobrevivirá a este temporal absurdo?,

¿cuál es la razón de la insistencia?

Ni siquiera el poema queda en pie a esta hora,

los relámpagos iluminan los cuerpos,

las bocas de los caídos por dentro.

Es tarde ya y el viento sopla sobre los campos,

la nada aúlla ahí afuera como un can vacío,

animal ausente ladrando a la geometría pura.

Es tarde ya, todo está quieto ahora

y ha empezado a sangrar de nuevo en el planeta.

 

© Antonio Ramón Gutiérrez

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22/6/24

Poema de Antonio Ramón Gutiérrez

 


TÍA ISABEL


La recuerdo en su casa en la llanura,       

levantándose al alba para ordenar el día

y colocar el sol en el firmamento,

el canto de los pájaros en los árboles,

el azul del cielo en el cielo, los ríos

en su curso, los sonidos en la mañana.

La recuerdo encendiendo la claridad,

instalando primero el tiempo y el espacio

para repartir luego la geometría entre las cosas,

extendiendo la luz, redescubriendo el fuego,

insistiendo en la fórmula del agua,

preparando con sus manos panes de sentido,

yendo de aquí para allá, trajinando desde temprano,

atareada en todas esas diarias labores

para que la vida se pudiera proseguir en el planeta.

 

© Antonio Ramón Gutiérrez

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20/4/24

Poema de Antonio Ramón Gutiérrez

  


EL BESO


Nuestras bocas se besan, amor,

pero sólo encuentran       

al final de encendido viaje,

el lugar de partida, el punto de inicio.

Nos besamos en esta noche,

hasta sangrarnos, hasta dolernos.

Tu cuerpo comienza

donde termina el mío.

Abrazo tu figura bellísima,

la forma de una diosa a mi costado,

pero los brazos sólo llegan

hasta las murallas de piel

de nuestras residencias vivientes.

Oh, dulce vacío entre nuestras bocas

que besan el amor, los propios labios,

la propia comisura al borde

de todo lo que no somos.

 

© Antonio Ramón Gutiérrez

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15/3/24

Poema de Antonio Ramón Gutiérrez

               


TODOS BAILABAN

              

                       III


Todos bailaban esa noche en la llanura.

Los mayores miraban la escena en sus cabezas

y de a ratos eran vencidos por el sueño y los acordes;

“Con el alma la quería y un negro día la abandoné”.

A veces se animaban y salían de sus certezas

para bailar una pieza con la maestría de los años,

pero volvían rápidamente a sus asientos

para descansar de los tiempos difíciles que les tocó bailar.

Quizá recordaban a sus padres que bailaron el repetido tango

hasta quedar extenuados a un costado del recinto.

Habían venido bailando en el barco y siguieron en tierra firme

con ágiles pasos vivientes hasta muy entrada la hora.

Todos bailaban a su tiempo en lo habitable,

lo que nunca tuvieron, lo que les fue negado,

lo que dejaron atrás, los amores perdidos.

Todos bailaban de muerte esa noche en la llanura.

 

© Antonio Ramón Gutiérrez

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10/1/24

Poema de Antonio Ramón Gutiérrez

  


TODOS BAILABAN

              

                      II


Todos bailaban por dentro en las afueras:

los pasos de la desdicha,

el ritmo monótono de los aniversarios,

las notas de la adversidad, la plata que no alcanza,

el compás de los alquileres impagos,

los chicos ya grandes, los años de casados.  

Las generaciones bailaban en el espacio vacante

en un recinto de días que vencían con la hora,

que eran dejados atrás por su propia trama.

El presente se deslizaba acompañando el baile

para no tener que cambiar su tiempo de conjugación.

El talón extendido era el último fragmento

en salir del instante anterior para salvar la vida

y no quedar rezagado del ahora y del resto del cuerpo

que ya habían dado un paso adelante.

El bandoneón exhalaba un tiempo de dos por cuatro

que se volvía pasado en el aire

mientras la barca de la música

los iba llevando hacia un costado de la fecha. 

 

© Antonio Ramón Gutiérrez

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9/11/23

Poema de Antonio Ramón Gutiérrez

 


TODOS BAILABAN


               I


Todos bailaban esa noche

en la cubierta de la llanura,

los padres, los hijos, los nietos

y eran sus rasgos los que bailaban,

amados fragmentos familiares

reunidos en un patio de baile:

el color de los ojos de la abuela,

los mentones tan característicos,

la nariz heredada, el corte idéntico de cara,

la manera de sonreír del abuelo,

la risa igual a la del primo,

los mismos gestos del padre,

el carácter de la madre,

el parecido con el tío Luís,

los defectos que vienen de familia,

el mechón sobre la frente, el lunar, la ceja,

la cicatriz, los dos remolinos, el párpado

y la manera particular de todos ellos

de caminar hacia la muerte.

 

© Antonio Ramón Gutiérrez

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16/10/23

Poema de Antonio Ramón Gutiérrez

  


VUELVES A LA INFANCIA, MADRE    

                        

Madre, tu barco en este fin de año,

llegando al deshabitado puerto,

mientras la época ruge insaciable.

Madre mía que se está yendo

por un costado de la tarde

hacia los prados melodiosos.

Vuelves a los días de la infancia,

a una esquina donde tu madre

te llama a la hora de la leche,

a tus juegos de pequeña futura madre mía

peinando mi pretérita cabeza de yeso,

acariciando las manos de loza

de la anterioridad de mis hermanos,

la piel de raso de Myriam.

Vuelves a tus triciclos desvencijados

girando hacia atrás hasta arribar

flamantes a una mañana de reyes,

a tus muñecas decapitadas

por el tiempo y sus tijeras.

Escribo en la oscuridad, a tientas,

ahora que tu ser se apaga como

una amada lámpara de carne y hueso

y el sol se recuesta tras tu espalda.

Todas las aves se congregan

junto a tu cama y un triste coro

canta arias de tierra, canciones definitivas.

Madre mía en la hora limítrofe.

 

© Antonio Ramón Gutiérrez

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