28/6/23

Sandra Gudiño comparte a Olivencia/Elías/Vignatti

 


un día que nos vimos a las apuradas pensé:

deberíamos ir al Cine América juntos

entre otros lugares que nunca compartimos

nosotros, que somos más

cineastas que otra cosa

y sin embargo

lo que menos hacemos es cine

nosotros, que reinventamos

el melodrama todas

las veces que nos encontramos

 

Victoria Olivencia 

 


No sé trata solo de palabras,

de algunas buenas frases

o de un deliberado discurso.

Se trata de lo simple

de lo complejo que es lo simple.

De esa fuerza motriz

que es la que te impulsa

a seguir y buscar más y mejor...

Ya no se trata de hacer propaganda

o de guardar silencio.

La cosa es florecer

aún y a pesar de todo,

por todo y para todo

regalar luz y la belleza exuberante.

Renacer del dolor mismo

y ser la guerrera sobreviviente

que narra historias y

deja huellas, no cicatrices.

Despertando como la primavera

después de tantas guerras.

 

Valeria Elías 

 


El agua enjabonada

se escurre

por los caños.

Toallones

y bombachas lavadas

cuelgan casi inmóviles.

 

Apenas se sostiene

la intimidad.

 

Violeta Vignatti

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Andrea Lípari comparte a Suárez

 


Cardinal


Ya no hacemos pie sobre la seda, en la profundidad

resultamos noche.

Desprendimiento de alas delicadas, ocultos.

Boca arriba, estrellas a años luz, unas plumas portan

restos de un verde azulado, vestigios.

No existen las palabras, han perdido su memoria

solo el arrullo de bandadas en el pecho.

No hay dos sin tres, sino cuatro patas

en la enredadera del viento

pulsando el vientre

vistos hacia el sur

desde la colina donde se mimetizan

para dar nacimiento cardinal.

Una nueva forma de amar

de mecerse en el despojamiento

ante un nuevo ciclo para dar paso a lo indecible.

 

Olga Suárez

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Pola Gómez Codina comparte a Trenzadora/Rojas Delgado/Villalba Rojas

 


Aku Oh Haku!*

Dice: "soy calentona, pero no enamoradiza".

Y le han contestado: "ah re paragua"

Miro un folleto que promete:

"Ambiente climatizado, paraguayita aku" (por caliente).

 

"La patrona te ama, tanto como el patroncito te desea", pienso,

pero ambos no pagan lo suficiente.

Enamoradiza no; no enamoradiza.

¿Calentona? Puede ser.

 

Pero no se hagan la ilusión:

no me hago cargo del gentilicio como parche erótico.

 

Anuncio:

por la lengua lo mejor pasa

sin todas estas huidizas palabras:

 

anina nde tarova, pido,

anina nde tarova gua'u, exijo

(busquen la traducción).

 

*¡Caliente Oh Caliente!

 

Dolo Trenzadora

 


Nuestros tatuajes

Piernas, brazos y espaldas

los lugares favoritos

para quedarse la tinta.

Caídas de la infancia

un fémur roto alguna vez

picaduras de mosquitos;

otras marcas punzantes cotidianas.

Agua oxigenada, curitas y algodón,

el ABC de una curación sencilla.

Accidentes de trabajo

un hombro lastimado

golpes de puño;

cortaduras culinarias cotidianas.

Ni qué decir de las marcas del alma.

Tatuajes y puñaladas en la espalda

que bombean directo al corazón.

Todo un cuerpo para escribir

esas otras historias

casi tan invisibles pero no:

van tatuadas con tinta tóxica

que deja cicatrices profundas.

 

Daniel Rojas Delgado

 


Ñorairõhápe [En la batalla]

 

vine a buscarte niño

tu cabeza si la imaginaste inundada en sal

ya no se ahogará

ni vas a ver partida la línea de la vida

dibujada a cepillo

destrozada a llanto

 

/hoy mi mano hinchada

quebrada anudada

lava tu frente sola

nde resáicha

omimbiva’erã

lo que quede de nosotros

cuando traces tu corazón en el mapa

 

/mi piel era un sonido en tu barbilla

si la imaginaste inundada de sal pero 

te decía:

pensaste la distancia

que sella franja la espalda

nuestro sudor tu beso

 

viste / remaña orerehe

que nos encorvábamos a la sombra

yatay kuarahy’ãme de las palmas ariscas

toda púas y espinales

que recorrer

para topar tus ojos al fin

brotados del monte

ka’aguy yvapu’ãicha

o alguna estrella que revienta

cuando nos hiere el sendero

 

pensaste la distancia

que tengo tendrás

de la luz hasta el habla madre

la palabra alma origen semilla

su vientre mi mano y la fragancia 

el zumo de la voz

 

/pensaste la tierra sangre colorada

la distancia yvyra kanguekue, palmo de los árboles en garra

escrita la vida en la mano

ese otro monte azul nictibio

los hombres el mundo espeso

que nos espera o no

la patria el aliento

el aliento seco que me queda

que me espera

que te salve

 

Rodrigo Villalba Rojas

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Susana Lobo Mayorga comparte a Gris/Pérez Mateos/Dutari Font

 

Hay días que saben durar como veranos polares,

no son fríos,

sino largos de luz.

Tienen horas con palabras que nacen del río,

piedritas húmedas y llenas de colores.

A veces recordamos lo bueno de esa humedad,

del entreverse desde arriba del agua,

del abrazo que siempre es un poco de menos.

Sabemos de sobra los dobleces que duelen,

los esquivamos,

o los mordemos para sangrar,

y nos aseguramos que vivimos,

que al menos duele

porque estamos lo suficientemente cerca

para consolarnos.

Pero también sabemos

que las mareas arrancan las playas,

y dejan los paraísos

como islas abandonadas,

como tierras sin costa,

como una casa construida en el acantilado.

 

Lucía Gris

 


Racconto

 

De lo que no construí,

me sobran

algunas presunciones encontradas.

De lo que no sembré,

la incertidumbre. 

De los relatos negros, con forma de estandarte,

las ojeras,

cierta cuota de asombro

y una rara manía que desaliento,

para que no me duela.

De lo que pudo ser, pero no fue,

no me arrepiento.

Hago un pozo de cal  

y en él recluyo,

el catálogo de signos encastrados

que urden

el devenir de la avaricia

o la implacable náusea del rencor.

Con eso me conformo.

En contrastes de luz,

busco aquella canción que pacífica.

Hurgo las circunstancias imprevistas,

me apeo de la tristeza

y enjuago las señales,

para que sean más claras.

 

Miguel Pérez Mateos

 

 

Que pudiera yo decir

que no lo griten los vientos,

donde los pájaros se pierden

en el silencio de su vuelo.

Que pudiera yo decir

del perfume trepado

a los pétalos y el incienso.

De las noches ocultas

en las sombras de árboles

y lunas redondas

colgadas del cielo.

De los ríos bañando

la tierra desnuda,

cristalino tul

bajo el firmamento.

Que pudiera yo decir

de los ojos de un niño,

garabato de acuarelas

en su alma inquieta.

Que pudiera yo decir

de la belleza,

inocencia de la tierra.

La poesía sólo

puede traducir lo que encuentra,

sin buscarla en sus letras.

 

María Irene Dutari Font

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Nora Patricia Nardo comparte a Martínez/Iannicelli

 

 

La luna se acurruca en la arena

de mis manos

y me mira con ojitos volcanes

de abandono

 

Y me pide acariciar sus ecos

de niña

y me alienta un beso de cielo

en su frente

 

La acaricio y la beso en el aire

y no llega

y soy el silencio del espacio

en su roca

 

Vuelvo a respirar como ausente

de dioses

y me doy cuenta que soy un tiempo

en la luna

 

Me siento vivo y lejano en imagen

de espejos

Algún día las esencias colmaremos

el vacío ...

 

           " ALGO EN LA GRIETA

              ME PONE A SALVO "

 

José María Martínez

 


MANTRAS DE LOTO

 

    Mi paladar cobija voces que perdieron la razón

 al dignificar una idea de mantra en capullos de loto

 

 Aflojé la lengua y solté la sal

                   sobre el fuego incontenible

 como un despertar de juncos flexibles

                      iniciados en aguas dulces

 

                   antes que todo se pierda

 reunido el poder de perlas

                  disueltas en jugos de muerte

 

 La elegida del silencio no se duerme por sí sola

                                 ni se anestesia de noche

 no bebe mañanas de pausas de su himno verde

 

 Desde el sonido de la hoja que se quiebra

                          ante el vuelo transparente

 y desde un manto de flores oscuras

                   hacia el estallido de un haz de luz

 

 basta soplar un viento congénito

              al centro de todos los espejos

                   y encontrar tormentas de mantras

 

                                     jineteando el vacío

 

Libertad Iannicelli

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27/6/23

María Paula Mones Ruiz comparte a Castresana/ del Río/Velázquez

 

 

De cuando visité por primera vez el Templo Mayor

 

En el campo, el silencio de noche es como un golpe

de martillo en las orejas. Por eso cuando era chica,

yo quería un dios o una diosa que me ayudara a dormir.

No me servía un hombre que elegía a otros hombres

para enviarlos por el mundo a contar sus hazañas.

Ni una virgen que limpiaba con lágrimas

las heridas del hijo, que aceptaba el misterio

y subía a los cielos. Esclava y sin manchas.

Tampoco, ese hijo que ofrecía la mejilla y después,

mientras sufría sabiéndose dios,

llamaba al padre llorando de miedo.

No.

 

Me hubiera encantado tener una diosa

de torso desnudo, con falda de serpientes,

con rodilleras hechas de cráneos de los tontos

y los pies bien metidos en el fuego,

que mostrara las piernas abiertas, las garras

y tuviera un serrucho por lengua.

Que viniera, no a salvarme

sino a enseñarme a matar a la madre,

que luchara con el hermano deforme

y perdiera la cabeza entre las piedras.

 

Ahora, no necesito nada para mí,

aprendí a dormir sola. Pero para mi hija

yo quisiera una diosa que sangre.

 

Soledad Castresana

 


Retórica del álamo y el viento

 

Escuálido como un hombre de pueblo marchito.

No tiene ademanes sueltos como el sauce,

ni se cubre de flores rojas como el ceibo.

Monet deseaba pintar así como el pájaro canta

lo plasmó en arboleda en serie,

gama de rojos, púrpuras, azules.

Verdinegro de noche entre la masa opaca de los árboles.

Y a mí que no poseo el arte del pincel

ese árbol modesto, la ligereza de sus ramas,

las voces danzarinas, las voces del follaje,

el sueño despierto del árbol a la hora de siesta

me fascinan.

En un susurro se hila y se deshila.

Se diría que reposa. Efímero letargo.

Basta un tropel de nubes, truenos, lluvia

para que devenga un remolino de viento, ramas,

hojas, e intente huir como pájaro herido.

 

Delirio del árbol, retórica del álamo y el viento

 

Blanca del Río

 


EPÍLOGO


 “El día del fin del mundo será limpio y ordenado

como el cuaderno del mejor alumno”.

JORGE TEILLIER

 

Estaré aquí cuando se acabe el mundo.

Voy a mirar la claridad por última vez

en la mansedumbre de tus ojos.

Será en la tarde cuando llegará el fin,

inesperado y tierno

ha de entrar en nuestra conciencia.

No habrá temor…

como una ráfaga entre las nubes

vendrá su rayo,

apenas si nos daremos cuenta.

Esos instantes van a provocar la armonía

mientras caen las hojas de los árboles.

 

El tren en su ritual vespertino

se dejara oír como a las seis,

y los empleados han de de alistar sus cosas

para no volver nunca más.

 

La penumbra

amiga  del relámpago y  la sombra

se adueñará de nuestros pensamientos,

y como si aún fuéramos novios

nos besaremos como la primera vez

en la intimidad de la calle vacía…

 

Al calor de nuestros cuerpos

el final

será tan breve

como el paso de los pájaros.

                                              

Santos Velázquez

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Alicia Albanesi comparte a Loray/Gómez/López

 


SIEMPRE

 

Extenuarme en recuerdos

que desde lejos miro

y estoy tan cerca.

 

Asomar por las huecas

escaleras, desolados sitios

en interminable espera.

 

Corren hilos rojos por mis venas,

respiro en ellas y vuelvo al olvido.

 

Silvia Loray

 


haikus a la luna

 

la noche llora

y la luna de lluvia

se esconde ya

 

a veces pienso

en germinar raíces

sobre la humedad

 

la noche cae

y yo siempre sueño

con poder volar

 

decime si puedo

vos que sos la calma

vos que sos el mar

 

Nahiara Gómez

 


GALAXIA ARGENTINA

 

Quiero sentir

lo que antes sentía alguien que estaba pensando

que esa música

es la que se escucha en el espacio, en el futuro.

La época en la que el universo era una película.

No hay lugar para nuestra sangre austral, tenemos todos

los problemas psicológicos actuales, todos juntos,

nacimos para pensar y morir, intentar bailar y hacer

algunas otras cosas: como ir a la montaña, tomar té y

escuchar música soul.

Tratá de que tu cerebro no te lastime, dimensionate.

Necesito un mapa para dar el próximo paso al lugar

desconocido.

 

Ana Inés López

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26/6/23

Ernestina Elorriaga comparte a Estrada/Giraldo González/Tabares

  


ALEJANDRO MAGNO

323 a.C.

 

Yo, Alejandro,

El Anastole,

soy hijo de Felipe II de Macedonia

y descendiente de Amón

 

Bucéfalo,

-el que temía a su propia sombra-

se rindió

al cabalgarlo

con la mirada

puesta

en dirección al sol

 

El nudo gordiano

se deshizo

ante mi espada

Así conquisté Oriente

La Ilíada

y Píndaro

compañeros

en las noches de insomnio

 

Con Aristóteles

aprendí el arte de la retórica

 

La audacia

-fruto de la juventud-

me hizo invisible

 

En el -331

descansé en tierras fértiles

Un saco de harina

sirvió de papiro

allí dibujé

los planos de Alejandría

Los pájaros

borraron los trazos

Signo

que la hambruna

no será

el flagelo

de su pueblo

Doce años más tarde

el arrojo

me abandonó

 

Ptolomeo

rescató el féretro

desde entonces

reposo

en una urna de arcilla

y la miel

ahuyenta el frío

 

Berta Lucía Estrada 

 


Dios es un hombre que toca el arpa en la noche oscura

 

Asombro del hombre rostro en el espejo. 

 

Un dios borracho y engañoso, de sal y dulce, de luz 

y tiniebla.

 

¿Cómo encontrar a Dios en mi duda, 

en el resto de esta noche sin estrella?

 

Dios es un hombre que toca el arpa en la noche oscura.

 

Lo veo en la voz encandilada de la luna. 

 

La desobediencia de Dios al hombre 

es una calle angosta donde la palabra se agita.

 

María Helena Giraldo González 

 


Es imperativo rescatarse de lo frío

 

y la insensibilidad que deja la herida.

 

Ordenarle a la carne ser de nuevo

barro modelable entre las manos

soplarse como Dios el rostro

y darse vida.

 

Exigirle a la rosa de sangre

abrirse otra vez

dejar libre sus aguas y que fluya

el río.

 

Ver nacer

como si fueran ramas de un árbol

las piernas

y así    hacia delante      el camino.

 

Maria Tabares

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