31/3/22

Poema de María Teresa Andruetto

 


Peras

 

Había una rosca cubierta

de azúcar, una mesa con el hule

verde y una frutera de vidrio

(por la loneta de las cortinas, el sol

sacaba tornasolados color de ajenjo),

y había peras. Recuerdo los cabos rotos

y el punto negro que, en una de ellas,

hace el gusano. Sé que las dos teníamos

el pelo corto y unos vestidos

almidonados.

 

Después algo (quizás el viento)

sonó allá afuera y mi madre dijo

que acababan de pasar

Los Reyes.

 

© María Teresa Andruetto

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Texto de Juano Villafañe

 


 

LA PAREJA DE LA PRIMERA FILA/ LA PAREJA DE LA ÚLTIMA FILA, ANTE LA OBRA ROMEO Y JULIETA

 

Dos enamorados se sientan en la primera fila del teatro

Dos enamorados se sientan en la última  fila del teatro

Los cuatro enamorados miran detenidamente la obra de teatro y la fiesta de las máscaras donde  se enamoran perdidamente Romeo y Julieta

Son ahora tres parejas de enamorados, la de la primera fila, la de la última fila, y Romeo y Julieta

Los enamorados de la primera fila se toman de las manos

Los enamorados de la última fila se toman de las manos, de las piernas, de sus bocas, de sus sexos y caen como en el teatro

Romeo la habla a Julieta desde el balcón: “si yo pudiera tocarte con mi mano”

Amor prohibido que se confunde a solas y en la fuga la tragedia calla 

Calla el amor por el veneno en que se muere antes, cuando también Romeo ve a su amor perdido y Julieta se hiere con su daga para caer sobre su amor dormido

Los enamorados de la primera fila siguen tomados de las manos

Los enamorados de la última fila se toman de las manos, de las piernas, de sus bocas, de sus sexos, se desvisten y se desvanecen sobre la última fila tan desnudos como dos enamorados

Los enamorados de la primera fila aplauden el fin de la obra

Los enamorados de la última fila yacen desnudos en el piso del fondo

Todos salen de la sala de teatro

Los enamorados de la última fila están sorprendidos de que todo haya terminado, que el público los deje solos en el teatro

Los enamorados de la primera fila salen como han entrado tomados de la mano

Los enamorados de la última fila como escondidos se visten lentamente, seguirán como real la muerte, la vida y la tragedia, el día que inventaron lo que no sabían

Los enamorados de la última fila crearon su propio final contemporáneo

Comprendieron la metáfora y el dolor de morir en el propio juego de la última fila

Se volvieron amar en la soledad del teatro sobre el fin de la escena

Salieron y el público los aplaudió en la calle, miraban como enamorados a una multitud que los alzaba, seguían desnudos, seguían como los mejores amantes de este mundo.

 

© Juano Villafañe

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Poema de Jorgelina Paladini

 


CÓMO

 

Escribir desde el dolor

o la alegría

desde el encuentro o la pérdida

desde la mirada

que atraviesa lo visible

o la que se interna

en laberintos casi impenetrables.

 

Escribir con la pasión

que devora

y la euforia que alimenta

desconocidas locuras.

Con el fervor de una religión inventada

que consuma las horas y los días

con la intensidad

de un encuentro amoroso

encendido

en el placer de la palabra.

 

© Jorgelina Paladini

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Poema de Estela Smania

 

EL OBJETO DEL DESEO

 

Mi madre me cosió un vestido

de falda amplia

que me ceñía

el talle.

Era verde

y cloqueaba a mi paso

en perpetuo cortejo.

Ella se miraba al mirarme.

Cuando me lo quitaba

librada ya del cerco de sus ojos

volvía a ser esa niña salvaje

desnuda

salvo de las palabras

acaso un poco tonta

que confiscaba sueños

y trituraba

espejos.

 

© Estela Smania

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Poema de Carlos Vitale

 


MATERIAS IMPURAS…

 

Materias impuras

de un incierto dominio.

¿Qué claridad asoma

de su opaca presencia?

¿En su fluir existe

lo que velado pasa?

No hay belleza superflua.

 

© Carlos Vitale

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Poema de Carolina Zamudio

 


Fronda

 

No somos flores mustias

que desvanecen

su existencia ante

el hastío.

 

Somos el hastío

que sobrevive

a la flor,

su existencia

mínima.

 

© Carolina Zamudio

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Poema de Carlos Morteo

  



ni gustar siquiera 

 

peina la cabellera  su plumaje

las seducciónes del gesto

                         peina las fatigas

vaporosidad de los cabellos

todos los recorridos ensortijados

los llovidos de una cascada

     mientras se peinan abandonos

sin los labios   curvo pico sin sonrisa

 

las manos del purista no juzgan

reza por ser feo

    deja el plumudo pelo enmarañado

pinta rojas ojeras  no quiere gustar

         ni que le digan

 

© Carlos Morteo

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Poema de Beatriz Puertas

 


GIRAR

 

hay un cristal que hiere

las aguas empañadas

dolores que zumban en la cadera

la máscara se ríe hasta la angustia

como un trompo que gira hasta el hartazgo

como yo

 

© Beatriz Puertas

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30/3/22

Poema de Gabriela Yocco

 


 

porque he sido antes / una casi

espuma que ardía en el lugar de la sangre

una ácida espuma por decirse

 

porque he sido antes

una mirada incrustada contra el alba

la pausa entre el vino y el tabaco

la siempre noche en acechanza

 

porque he sido un tajo y su sístole

antes que la boba transparencia del gemido

 

he sido un zapato agrietado y brillante en el hervor del día

un estómago y su intemperie de queso apenas rancio

un olor a quemado lejos lejos  y el miedo a esas suaves imágenes de santos

brotadas de la noche de mi cristiana niñez / de mi absurda locura salvatoria

 

porque antes de ser ésta

he sido el fervor ciego frente todo muro y su ladrillo morado

he sido el mar preso en una cuchara

y he sido también solamente bruma

 

porque antes de todo he sido un grito en el agua

mi amor desquiciado por la madre y su belleza inagotable

y su inagotable maligna posesión de mí

 

porque antes he sido nada más sombra rota sobre mil paredes

blancas todas ellas

y el sexo apretado en los casilleros verdes de aquel lugar

abandonado por cada uno de los dioses

 

 

por lo que  he sido y por lo que mi ojo silencia

puedo ir hacia los puentes / hacia los fragmentados laberintos

y cruzarlos

con mi pie de fantasma

 

© Gabriela Yocco

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Poema de Verónica González

 


 

Poema para despertar mares

 

Por un tiempo

dejo el sabor adormecido

de una fruta verde

en la boca.

Desligo mis ganas

de encontrar el refugio

que me salve del frío

y me quedo conmigo.

 

La pantalla

incomoda el destello de mis ojos

y la magia se escabulle

entre vidrios sin saltos.

 

Todavía

me queda el rayito de sol

por las mañanas,

la luna en su carácter variable

y las astromelias en mi pelo.

 

Corro el velo

y la belleza está

en una calle

cerca de la playa,

donde las tres somos felices

bajo una lluvia de estrellas

que se parece tanto

a los tiempos de guirnaldas

y de juego en la vereda.

Tiempos

de amores eternos

que duraban

el instante exacto en que la ola

se hacía espuma

para romper

cualquier intento fallido

de salvarse.

 

© Verónica González

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Texto de Valeria Cervero

 


El viento desfigura la parte visible del cielo. Extrañamente, los árboles permanecen quietos. Desde lo alto, las cotorras imponen su sonoridad hasta que se alejan. Quedan los sonidos más sutiles del atardecer. El privilegio de estar viva también es escuchar. La naturaleza casi nunca calla.

 

© Valeria Cervero

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Poema de Washington Atencio

 


Nuestra sombra volcada en el río

 

Abro bocas

rompo el aire con la lengua

lanzo todas las chispitas.

 

Él me mira

me contiene con los ojos.

 

Cruza el río

a lo lejos un caballo.

La llanura lo verdea.

 

En la tarde busco el cielo

lo acaricio

lo revuelco

me deshago.

 

Agua estalla en la laguna

otro mar nos da respiro

otro río me atraviesa. 

© Washington Atencio

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Poema de Susana Giraudo

 

ODIO 

 

Un odio definitivo y sólido

arrastra             los resabios temblorosos

de la pequeña       última muerte

 

sarcófago inventado

donde la nada se arrebuja en los rincones

 

batalla devenida como toda batalla,

sin precisar la chispa que la engendra

 

turbio lastre         frustración

moviendo personajes contrahechos

mientras los hilos se mezclan

y confunden.

 

© Susana Giraudo

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Poema de Paulina Juszko

  

VENTA  DE  GARAJE

 

Tanto y tanto y tanto

tan y tan y tan.

Importa saber de qué

o por qué

o para qué?

Amontomamiento

acumulación

batiburrillo.

Pero / maguer / no obstante

 el vaso siempre medio vacío.

 

© Paulina Juszko

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Poema de Guillermo Bianchi

  


PELUSA

 

No me debe tu muerte más que un trago 

allí donde se templa la sed que me persigue 

de tanto compadrear por el amigo, 

tanto desenvainar desde el instinto 

hacia la irreverencia del otario. 

 

Me queda la baraja que te libró del hecho, 

el afán de vivir que me inventaste 

y el tiempo yuto 

y el dolor hermano. 

 

Me queda el eco de ese Buenos Aires 

rezongador de su falopa triste, 

grotesco en la pereza de su furia 

moridor, sobrador en la mancada 

del grata desandando sus escruches 

del poeta jeteando su quebranto.

 

© Guillermo Bianchi

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Poema de Gladys Cepeda

  


VERTICALIDAD


Entonces los jardines eran

miradas huérfana 

fugacidad de sombras y luces 

aire contenido en los pulmones 

palabra final del poema 

el tiempo sometido trazara la marca 

elevar bajo la explosión de lo asequible 

porque no fue dios el que dijo

-matare edenes -

los que habitan en nosotros 

el verdor y su abrazo infinito

para los que aún sueñan en la trampa

con niebla en las pupilas 

ahí están 

efigies celebrado la comunión con los vergeles 

han visto emerger sus raíces y brotes sobre las frentes 

no hay veneno en las entrañas 

hay incógnitas en los lenguajes

sorprendidos vuelos por el mundo 

abajo cuando los espejos amanecen

un resplandor impregna caleidoscopios

en los movimientos 

manos desatadas que expandirán corazones en desiertos

seguiremos intentando un sol abierto

que nos haya parido 

como a los jardines los hicieron pájaros

 bellamente embalsamados

 

© Gladys Cepeda

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Poema de Hernán Jaeggi

                                         


Te hurgan,

te horadan las entrañas.

Buscan la cuna,

la bolsa cálida

del dilema.

Quieren ver dónde anida

la tensión de las palabras.

Quieren saber

en cuál madre negrura

se engendran

las emociones fecundas.

Te exploran gota a gota

con pericia de peritos:

dan nombres,

recetan antídotos,

anticuerpos,

pero siguen sin encontrar

el territorio invisible

de la fragilidad.

 

Yo sólo espero regresar

al aire de la calle,

a la vida remediable.

 

© Hernán Jaeggi

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Poema de Gloria Calvo

 


SUSURROS DEL COLOR 

 

Desparramó inevitable la explosión

colores que codició el hombre.

Pincel misterioso del aire

dibujando el mundo.

El total de la vida siendo color.

Irisado espectro reflejado al sol

en todas las flores.

Se vuelve joya el azul desde la roca,

se abisma en el profundo

y se eleva irradiando.

Los oros caen en lluvia de piedras

desde el cielo al agua

precipitando tinieblas.

Se esculpe el blanco en lo pequeño

se agiganta en lo imposible,

atrapado queda en la nieve

para volar hacia las nubes.

En las entrañas de la tierra,

el rojo nace sangrando la superficie.

Ha quedado pintado el mundo,

encriptado en la memoria.

Arcano misterio.

No lo descifra el hombre,

lo pinta,

lo cuenta,

lo escribe,

lo contempla,

lo hace poesía.

 

© Gloria Calvo

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29/3/22

Poema de Sonia Rabinovich

 


Una letra después del amor 

 

Un viento suave sopla

la escritura en la espalda

y diluye disuelve desvanece

ella se siente más cerca de la nada. 

 

Ahora entiende que allí empezó el amor

así , en la diferencia,

no antes

cuando fueron uno

 

Una rama del árbol de la vida

parte desde sus muslos

y se va acomodando.

Se arrastra

y se mueve una hoja

una nervadura

un sentido.

 

© Sonia Rabinovich

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Poema de Laura Fuksman

 


X.


Todo comenzó aquella noche

jugabas al agrimensor

la insistencia de medir

lo que era tuyo, lo que era mío

imposible escriturar a nombre de

un nosotros.

Separar las partes:

ahí donde todo era entero

aparecieron lotes

y quisiste demarcarlos bien

y pusiste una cerca

y la alambraste con púas

y te fuiste saltando la tranquera

 

pero antes la electrificaste.

Todo por si acaso.

 

© Laura Fuksman

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Texto de José María Pallaoro

 


HUMOS 

        El humo de un cigarro me hace oír, tararea, el ruido de la gente al caminar, y le pega al teclado de la portátil. La cervical, un muñón deforme. El frío cala las rosas del olvido. Hay ruido de magia. El portón de calle se va abriendo, ahora, se va cerrando el portón. Entraron los duendes de la casa. Es hora de la  última pitada, es hora del cigarro que dejó antes de ingresar a terapia intensiva, cuando estaba vivo para otras cosas, y no tarareaba.

 

© José María Pallaoro

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Poema de Andrea Farchetto

  


horas con

más música

necesita

tu palidez

de sombra

y morder

aunque sea

una vez

una mañana

violeta

de octubre

después

de haberte

bebido

todos

los versos

de la Bignozzi

 

© Andrea Farchetto

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Poema de Ariel Ovando

 


 FALCON RURAL MODELO ‘79

 

Todo bien, má;

 

voy a toda velocidad

en mi Falcon

cagado a tiros, voy

 

a buscar el bidón

de la semana,

mi parte

 

de las aguas esenciales.

 

Zumban las balas, explota

el vidrio de la luneta, y el Falcon

                Rural, modelo ‘79

 

                                 Se convulsiona:

si supieras cuanto olor a nafta

hay que soportar aún

 

de camino al paraíso…

 

© Ariel Ovando

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Poema de Zulma Zubillaga

 




QUIÉN HA VISTO


“Nadie pudo ver la incesante morada

Donde todo repite nuestros nombres más allá de la tierra.”

                                                                            Olga Orozco


¿quién me 

ha visto

detrás

de las

palabras

o debajo

de la piel

de algún poema?

he construido

una torre

de sal

que ocupa

mi lugar:

me corro

y se sostiene

me reemplaza:

ahí quedo

entonces

a merced

de la 

lluvia


pero

quién

ha

visto

al

viento

digo


quién

lo 

ha 

visto


© Zulma Zubillaga


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