19/6/26

Poema de Carolina Zamudio

  


El vértice de algo

 

Una hermandad de gaviotas, un tul de nubes a punto

de desgarrarse. Las aves ahora se desalinean,

son el vértice de algo, quizá de la tarde

que quiere desarmarse en el agua

y cede tranquila a todo recato,

como el estar aquí nosotros

donde se vuelven a crear

el verde, los naranjas,

todo, como la primera vez.

Nadas y presiento: no puedes

ser mi muelle y a la vez el mar.

 

© Carolina Zamudio

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17/6/24

Poema de Carolina Zamudio

 


De los regresos

 

¿Sabes qué hago? Estoy limpiando

los restos de una muñeca rota que

me mira con cara de señora mayor:

me increpa, la muy astuta, la tan frágil,

hace una pirueta con los dedos

que terminan en un rojo vino tinto

y el espejo dice que la parte superior

de los labios tiene forma de corazón;

no late, algunos días besa, frentes

y espacios olvidados en naufragios

de otros tiempos, no sabemos

de qué hablar cuando no aprendimos

a decir mucho acerca del amor,

alguien le dicta a esta madrugada

un largo rezo mientras alguien más

busca, implora que amanezca.

 

© Carolina Zamudio

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23/3/24

Poema de Carolina Zamudio

 


Media parte de la verdad

 

Esta belleza que ves hoy

es solo una porción

de la oscuridad que somos.

Toma el juego o déjalo,

no digas más tarde

que no lo he advertido.

 

© Carolina Zamudio

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26/11/23

Poema de Carolina Zamudio

 


Arte

 

En cita frecuente 

la melancolía,

a dos aguas la sospecha

ante la propia mirada.

Entender trae paz,

es benévola la mesura.

 

© Carolina Zamudio

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5/10/23

Poema de Carolina Zamudio

 


De la maternidad

 

Siempre quise una mecedora

pero igual que el árbol que no

planto, a voluntad, tampoco

fui por ella. El hijo en la cuna,

fue palabra de la partera:

«Un regalo que te hago, que no

se acostumbren a los brazos».

La mano firme sobre el pecho

o la espalda. Siempre fue un

ensayo. ¿Habré sido madre en

otras vidas? En esta sueño con

hamacas, me balanceo, abrazo.

No sé cuándo dejamos de ser

semillas para querer hacernos

flor. Siempre raíz. Cada tanto miro

tras la ventana la rosa de la

infancia, lo encendido que tapa

las formas posibles de un cielo.

Los árboles están tan altos,

la tierra esparce ahora lo vasto.

Estamos tan grandes, tan pequeños

y las manos gastadas de apoyarse,

de gratitud o miedo, en el suelo.

 

© Carolina Zamudio

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25/8/23

Poema de Carolina Zamudio

 


 

Existencia

 

No somos flores mustias

que desvanecen

su existencia ante

el hastío.

 

Somos el hastío  

que sobrevive

a la flor

su belleza

mínima.

 

© Carolina Zamudio

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7/6/23

Carolina Zamudio comparte a Korondi/Ciancio/Blanco/

  

LEZAMA

 

¡Insistir con gregre para decir Lezama!

Este parque no es Gregorio

aunque haya feria popular

y al final de la semana

se respire el olor de los naranjos

(pero la verdad de la naranja

se pasea en el lecho al norte)

Acá en el sur

la fiesta de frutas ropas y lácteos

se llena la boca de domingo

Ni que hablar de los libros

grabados artesanos

Festejo tremebundo

fiesta de hormigueo música y cháchara   

Volviendo a Buenos Aires

pocos dicen que en Lezama se perdió Néstor

exótico

nómade erotizado

subterráneo tan reina

En Rodó montevideano rodamos por arriba

reptan rastros

supercherías

porque también hay fantasma en las canteras

Novias entre las rocas que posan fotos de previa

y ese espeluznante cóndor

que mete miedo

y arrebata el drama del teatro veraniego

 

Teresa Korondi 

 


No es poesía

 

Desde el mar

sentíamos crecer

el espesor de nuestras palabras.

Como en la canción de Dylan,

una nube oscura y fría amagaba

a cernirse sobre nuestras cabezas

a echar sombra sobre lo vivido.

Por eso preferí verte entre el oleaje

para saber que hay un universo posible

en tu mirada acerada

un estado de luz poco usada

que la realidad escamotea

Algo líquido irisado que te rebasa.

Todo esto de acá arriba

es pura poesía. Mala poesía,

gritaste, mientras te alejabas

nadando sin esfuerzo

 

Gerardo Ciancio

 


En tu casa y en mi casa es la misma hora, suena la música casi todo el día y me pregunto si escucharás aquel disco duro que te regalé con tantas canciones. Es probable que le hayas dado otra utilidad, nada queda de aquel muchacho sensible que conocí. La rutina te ha ganado el cuerpo, te inventaste otra forma de resistir que a mi no me gusta, más bien me provoca rechazo. Has encontrado, parece, la horma de tu zapato. En las fotos, a veces, se te ve feliz.

Sonrío al pensar que hubiera atravesado mares, desiertos y montañas para encontrarte. Era una chica enamorada e ingenua, tan fuerte, tan aguerrida, tan ilusionada. Nada de eso pasó, no fue necesario. El amor necesita alimento, no sobrevive en el silencio y la ausencia.

Sin embargo, dos por tres te aparecés, un recuerdo, una canción, un sueño.

Escucho una radio cursi de tu lugar esperando señales, canciones que hablen por vos y aparecen desconocidos que cantan de un amor, de la soledad, de la lejanía. Siento escalofríos aunque hace calor, me impresiona la fuerza y el ruido que provoca el silencio, la no comunicación. Se corta la trasmisión, estamos tan lejos efectivamente y tan perdidos en el tiempo que no alcanza ningún esfuerzo, ni tuyo ni mío, para que volvamos a cruzarnos. 

 

María Laura Blanco

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29/4/23

Poema de Carolina Zamudio

 


 

De las aficiones

 

El mar al atardecer,

cuando llueve al bajar o subir

la marea, mientras alguien muere

y más aún si alguien nace, fresco y pleno.

 

El ruido de las hojas de los árboles

en todas las estaciones de la vida,

el de los libros sean niños o viejos

quienes ejecuten su melodía.

 

Todas las formas del silencio,

que no es lo mismo el de la noche

cuando se está solo y dentro,

que el de la tarde en esas ciudades

donde los caminantes se recluyen

dejándose vencer por el respeto.

 

El de los oyentes de simplezas,

pero más el de quienes intentan descifrar

el cielo propio, tras la mirada del hablante

y el dibujo de los labios que es otra forma

de callar diciendo. Y el de no decir

porqué somos y elegimos hablar

con estas y no otras palabras.

 

© Carolina Zamudio

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15/3/23

Poema de Carolina Zamudio

  


De época


                     A René Borderes

 

Un molino de agua pasa

por la vista ante el reflejo,

una tranquera y es de tarde

en esta noche y frío,

el estanque con su verde

de agua y vida en los ojos,

la belleza siempre fue antes.

 

En el espejo una mujer

que ha vivido intenso.

Lo muestran —también—

la comisura de los labios,

la mirada serena y

atenta a todo sentirse.

 

Qué lindo habla la gente de antes:

«A mi amiga se le está cayendo

el telón de la vida», oyó decir.

 

La gente de entonces

también sostiene que

hace treinta y un años

que no para de llover.

Aquí son cuarenta y cinco,

se seca las lágrimas la mujer.

 

Antes o ahora

siempre es lo mismo,

qué clara suena hoy

la gente de esa época,

en este retrato atardecido

y noche para nosotras, todas,

en las rondas de un llanto.

 

© Carolina Zamudio

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3/12/22

Poema de Carolina Zamudio

 


 

Cuando la tarde

 

Reverdecida que va,

atardece detrás

de los abrazos.

 

Tanto así mujer

que, como el sol blande

sus contornos débiles.

 

La tarde se duele

entre los brazos

como si el sol

de la muerte

huido fuera.

 

© Carolina Zamudio

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26/9/22

Poema de Carolina Zamudio

 


Vivo

 

La densidad

ocurre allá

en eso que

sucede y sigue,

se deforma

y crea nuevo instante.

 

Lo puro

sucede intenso

o nunca pasa. 

 

© Carolina Zamudio

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1/8/22

Poema de Carolina Zamudio

 


 

Definición

 

Todo hombre es

olvido 

de la noche

que lo lleva

—única vez—

tras de sí.

 

La noche es,

entonces,

de él y de todos

antes,

tras de sí.

 

© Carolina Zamudio

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21/5/22

Poema de Carolina Zamudio

 


Sospecha

 

No soy dueña de

esta vida ni el destino, 

sí de las pistas que,

ambigua, siembro

—testigo falso— 

en mí

las disemino:

el límite será

siempre la tierra.

 

© Carolina Zamudio

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31/3/22

Poema de Carolina Zamudio

 


Fronda

 

No somos flores mustias

que desvanecen

su existencia ante

el hastío.

 

Somos el hastío

que sobrevive

a la flor,

su existencia

mínima.

 

© Carolina Zamudio

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29/1/22

Poema de Carolina Zamudio

 


Voy

 

Puedo ya irme,

vivir en ti.

has leído mi esencia,

gota a gota

de memoria sabes

el peso de mi dolor,

la forma que de agua

tengo, la añoranza, 

la manera de dejarme ir.

 

Llegaste

—que es decir ahora te veo—

para escribirme.

Voy suelta

en ti, sombra

hecha de añicos

y exiguas purezas.

 

© Carolina Zamudio

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3/11/21

Poema de Carolina Zamudio

  


Solo de poetas


A Rafael Courtoisie


Huérfanos,

un coro en do,

re, mí, yo

multiplicado,

disonante en plural.

 

Al menos un alma es triste

y desliza una plegaria al sol,

todos reímos como

hermanos perdidos

de sarcasmo en orfanato.

 

Es un instante y solo reímos,

también está el silencio

que busca efervescente

la palabra justa.

 

Más tarde alguien lee

la palma de una mano:

«a punto de iniciar el viaje»,

dice, pero la mano piensa.

 

Es ciega la fe, siempre

ante el oráculo —así parece—

pero al fin nadie

conoce el destino. 

 

© Carolina Zamudio

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17/9/21

Poema de Carolina Zamudio

 


Abstracto

 

Mira un objeto,

se dice debe hablarle

pero está muerto

—eso dijeron—,

el padre.

 

La pequeña caja

de cigarros oxidada

los contradice:

el padre

es en ellos.

 

© Carolina Zamudio

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19/6/21

Poema de Carolina Zamudio

 


 

Interior 

 

Se deshilvana el día

y se precipita

un hueco.

El hueco es un cuenco

informe y sin fondo.

 

El fondo osa nombrar

lo indescifrable.

Lo indescifrable ocurre

una vez en la vida.

 

La vida parece

—solo por un instante—

no haber sido nunca.

 

© Carolina Zamudio

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22/5/21

Poema de Carolina Zamudio

 


 

Obrador de madres 

 

Desciende,

es la rama, el tronco,

la semilla del árbol,

la tierra se purifica.

Intensa sale desde si, mamá

y dice: «Nos volvemos niños».

 

Yo siento que llevo a dios

sobre las espaldas

con un silencio intacto

venido desde antes de nacer,

que percibo en el cuerpo

cuando ella ahora exclama

ser una niña y yo

no quiero, lo juro, no puedo

ser la madre de dios.

 

© Carolina Zamudio

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10/4/21

Poema de Carolina Zamudio

 


 

Retrato de familia

 

Punto ciego, nadie nos ve

ni sale a nuestro auxilio

a detener el tiempo;

ella en la punta de la mesa,

mi mirada fija sobre sus manos

y el viejo mantel.

 

Me mira,

tiene los ojos insondables,

los de un regreso.

Su voz con igual determinación

baja la guardia y conoce

nueva ternura: «Con esa horquilla puesta así

del lado izquierdo

me recuerdas a la primera

vez que te peiné».

 

© Carolina Zamudio

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