31/3/17

Poema de Edna Pozzi


Y no es que se haya ido por dolor o por furia

Se acordó de repente que había olvidado trenzar los cabellos de la niña
y que ella andaría por la muerte con sus rizos sueltos que le llegaban a la cintura

Fue por eso y no por otra cosa
Todos comprendimos cuando una tarde buscó las cintas azules de la niña
y se fue de la casa, caminando hacia el mar, como una madre presurosa y atenta.
                                       


© Edna Pozzi

Poema de Fabiana León


Este tajeado amor
no se destina
a conformar rosarios
de terapia
y escatima permisos
a un poema que respira
odio
agazapado.


© Fabiana León

Poema de Darío Falconi


. Cinéfila .

Querías un amor de película,
sin escollos ni tristezas.
Perfecto mundo
donde todo se salva
o corrige en la próxima escena.

Acorralada por desesperanzas,
cambiaste lo poco que tenías:
lo ordinario por lo mágico.

Tuviste tu amor de película,
    te duró
           un par de horas.



© Darío Falconi

Poema de Gabriela Delgado


Alquimia

Crece la confabulación de dudas.
Un huérfano torrente arrastra
la memoria más profunda,
la huella de la piel,
la piedra.
Hay una alquimia de fragmentos
buscando el blanco
en el hombre
que carga sus huesos vacíos.
Palpita una herencia de recelos,
una anónima sospecha
posada en lo insoluble de la savia
madura su ademán más terrible:

El silencio.


© Gabriela Delgado

Poema de Sonia Quevedo


AGOTADO

Pasa el tiempo hamacando la piel
Y la caricia tímida
Se desliza por entre los surcos.



© Sonia Quevedo

Poema de David Sorbille




Tu poesía es la respuesta 

A “Caminos”
de Amalia Mercedes Abaria (2009) 

Tu poesía es la respuesta
esencial de los sueños
como el reloj de la vida
tiene preñado el tiempo

Tu palabra es la materia
proverbial del espacio
que se llena con el murmullo
transparente de los pájaros

Un canto de amor
que se nutre del recuerdo
y la memoria del silencio

Con versos que conmueven
sobre la triste ausencia
y el mundo de la espera



© David Sorbille

Poema de Margarita Drago


Retorno y recurrencia

Regreso a casa por el camino del cementerio.
Un tren pasa raudo,
hiere la tarde
y va a morir donde el sol
hunde su último rayo
en un cielo azulvioleta.
La tarde es espejo de otra tarde
de remotas latitudes.
La calle, réplica de otra,
familiar y distante.
El camposanto, el mismo de otros tiempos.
Los muertos que en él reposan,
despojos de lo que fuimos.


© Margarita Drago

Poema de Daniel Reyes

  

Sueños… Sueños

Sueños,
sueños ingrávidos,
subterráneos, inquietos, quietos,
heridos, moribundos, extraños;
sueños de hoy, de ayer, de mañana, de siempre,
sueños complejos, distantes, simétricos,
negativos, hambrientos, húmedos, lejanos,
perversos, enamorados, tiernos, ajenos;
sueños de otros, míos, exiliados, torturados,
yertos, congelados, prisioneros.

Sueños de mí, de ti, de nosotros, de los otros
de libertad, de silencio, de soledad...

Sueños cristalizados, encontrados, perdidos,
olvidados, desaparecidos, electrocutados,
abortados, aniquilados, extraviados, suicidados,
sueños oscuros, transparentes, frescos, desterrados,
oxidados, despellejados, herméticos, panfletarios,
adolescentes, viejos, humanos.

Sueños de sueños.

Sueños soñados.

Sueños en cajones ocultos.

Sueños sin patria.

Ay sueños sin dueños!

Sueños dilatados, paridos, permitidos abolidos,  experimentales, carcomidos, sepultados, ausentes.
Sueños sin libertad, sin determinados colores, sin alas,
sin sílabas, sin cantos, sin aliento, sin luz, sin sol.

Sueños naturales, celestiales, desparramados, vacíos, solos
compactos, grises, excéntricos, conquistados, frenéticos,
baratos, ebrios, individuales, grupales, profundos, superficiales.

Sueños no soñados.

Sueños sin cajones.

Sueños perseguidos.

Sueños de mar, de amapolas, de hormigas, de peces, de mesas
de almacenes, de niños, de helechos, de pájaros, de poetas.

Sueños, solo sueños de sueños.

Sueños continuados, terminales, contagiados, depredados,
censurados, callados, domésticos, salvajes, estructurados,
separados, errantes, ausentes, sombríos, lapidados.
Sueños dulces, luminosos, lentos, limpios, sexuales, locos,
delirantes, sangrantes, teñidos, esparcidos, devueltos.

Sueños de agua, de hojas, de luna, de amor, de paz, de ojos
de manos, de pies, de piel, de mujer, de vientre, de parir.

Sueños ni más de menos,
ni menos de más, 
solo sueños de
otros sueños...
quizás aún no soñados.


© Daniel Reyes

Poema de Darío Oliva


Ausencia

No importa si la idea
viaja en libro
Germán Domínguez

No importa si la lluvia enfría las miradas,
descalza sombras en ventanas,
demora los semáforos y tu pie moreno
en el lienzo de la sábana del sueño,
si estás conmigo desnuda en el espejo,
y mis ojos no vieron
                    que te ibas por la calle,
humedeciendo en tu boca
el beso que faltó en la mía.

Nada importa si no estás conmigo,
y la pena, piel de tinta,
tiende su pálido cuerpo
                      sobre este libro.-


© Darío Oliva

Poema de Teura Roja


Aullido                                                                                 

La tristeza
posee la armadura
de la rabia encerrada con cerrojo.
La Loba que aúlla
abre el trinquete
rompiendo la pesadumbre
incrustada en mis vísceras. 



© Teura Roja

29/3/17

Poema de María Teresa Andruetto


 La nena de mamá

Era estrábica, estrambótica, ridícula.
Tenía una mamá muy religiosa y se acodaba
en el Guggenheim con la camisa blanca
y los pantalones cigarrette. Era una chica sixty,
heavy, dark, con el saquito black y la remera.
Era la niña buena de un mundo nuevo, la nena
de mamá. Se había enamorado de un chico gay
que estaba perdido en Oklahoma y había mudado
a Camagüey. Como toda sixty adoraba lo dirty.
Era una chica sexy, empapada en heroína
y en alcohol, era la novia del amigo de su hijo,
antes de creer en Dios.


© María Teresa Andruetto

Poema de Nicolás Ghigonetto



  
El francotirador

el francotirador apunta al todo
de frente
pero estar de frente a las cosas
no quita que la víctima sienta la bala entrar por la sien

el todo yace en su mira
aunque la víctima
no pueda ver lo que él sí
en su panorámica desplazada
en su perspectiva oblicua
el espacio perfecto para dar el tiro
y poner la bala donde la mira
y la mira donde el ojo
(y dirá Borges donde dios)
la ciudad es un infinito escondite
para quienes huyen de la noche

claridad y visión en un disparo
un lince un hombre presidentes
la víctima no llora porque su muerte es imperceptible
pero siente el peso de la mirada
que no perdona
que señala
que apunta y da fuego
a lo hondo del poema
que se tuerce hasta rendirse
en palabras
que encajan en el sentido
extranjero sentido
de las cosas que se arrodillan ante el tribunal
que les otorga su etiqueta su lema y su destino


© Nicolás Ghigonetto 

Poema de Sandra Gudiño


Manos

Desvelada noche
oscuridad
pienso en mi abuela
para no soñar
con la solapa
ni con la muerte.

Ella
hilandera
de fina trama
mi abuela
eco
en la memoria
del espejo.

Ella
entrañable voz
recitando a Blake
con visitas en la casa
burlaos burlaos
decía
lanzáis la arena
contra el viento
y el viento la devuelve
decía
los versos no mienten
decía.

Ojos sorprendidos
cuesta soltar amarras
decía
así es la vida
dijo.
Aureolada de espuma
y madrugadas
plegó las alas
en el viento frío
de julio.

Sus manos
nunca me curaron
del verbo poesía.



© Sandra Gudiño

Poema de Rubén Vedovaldi


SECRETOS SECRETOS SECRETOS 

los curas guardan 
el secreto de la confesión 

los médicos guardan 
el secreto profesional 

los banqueros guardan 
el secreto bancario 

los periodistas no revelan la fuente 

la policía guarda el secreto del 
sumario 
etcétera 

con razón está tan oscuro 
el mediodía


© Rubén Vedovaldi

Poema de Amalia Zacoutegui



Lloro bajito, con un murmullo de hierbas en el viento.
Toco la tierra: mi madre.
 Soy una semilla más que ha soñado en las sombras tener huellas.
Lloro bajito sobre la rasgadura de su vientre,
sobre su océano de silencio,
sobre los ínfimos seres que han sido paridos
y aún endebles sobre la corteza, avanzan.
Riego a mi madre en su letargo.
La beso con mi arroyo de adentros,
con mi mudez que ruge, con mi anhelo.
Lloro bajito para no helarla de miedo,
para no helarme de miedo,
para darnos tiempo de saber que mi vida no daña,
que mi amor es una llovizna dulce,
un deseo de caricia sobre su dolor.
No puede abrazarme la madre dormida.
Su corazón no atraviesa la niebla del olvido,
no distingue detrás mi corazón que late.
Lloro bajito. A veces, no sé cómo, mi llanto se abraza a la música
y pareciera que canta ésta que apenas soy.
Me crece un pétalo de acunar,
otro de luz de pájaro,
y el último, inexplicable y recién tejido, de resistir y amar.
Llora y canta bajito
este pequeño jardín.


© Amalia Zacoutegui

Poema de Carlos Carbone



 OFICIOS

Algunos conocen el oficio de hablar
y son grandes conversadores.

Otros conoces el oficio de callar
y son grandes solitarios.

Ciertas personas conocen el oficio de escuchar
y son buenos amigos.

Otros conoces el oficio de mirar
y son poetas.

© Carlos Carbone

Poema de Cecilia Glanzmann

          

RITUAL  GOZOSO  DEL  EMIGRADO 
                                            
         a   Bell Ville, mi ciudad natal. 

Un tobogán luminoso
me está esperando en la esquina,
para deslizarme lento
sin relojes ni partidas.

El aire condensa el cielo,
un escalón y de a dos,
otro escalón y de a tres,
aspiro el aire en el último
-todo el cielo en los pulmones-
y me lanzo despacito
-todo el mundo en las retinas-
a la aventura blanca
de conversar con los tiempos
de aquel mismo pueblo de siempre.

El tobogán luminoso
juega conmigo en la esquina.
Quiero deslizarme lento
sin relojes ni partidas.


© Cecilia Glanzmann

Poema de Cristina Ramb



Sin prisas 

Despacio 
si todo es una duda 
una imposibilidad exacta 
una búsqueda sin metas. 

Despacio 
que sólo tengo la hora que me cabe 
que sólo serán sueños los que no hemos cumplido. 
Si todo está de paso. 

Despacio 
Si los finales llegan 
como llega el vacío a ocupar  lo habitado 
si cada inevitable cae al fin por su peso. 

Despacio 
Ya nada hay por hablar 
para que darnos prisa en decir lo sabido 
y se nos va el instante en que no hemos amado. 

Despacio 
que amanezca su hora 
que estaremos siempre en el lugar exacto.



© Cristina Ramb

Poema de Aníbal Silvero

  

LA FRONTERA DEL POEMA

La frontera del poema
llega a  nosotros en tropilla
un ejército de pálidas monturas
cabalgando en la neblina amarga
en espectral imagen sus corceles
imprimen su aliento hacia los límites
obscuros del espacio
Una brisa nocturna, un candelabro
eyectando en el humus de lo extinto
se disgrega el viento, la palabra,
cae la letra
columpian las ideas al vacío
una ráfaga sutil desborda el tiempo
se eterniza el momento
la espera sobreviene
dos ojos ahuecados en destino
nos cierran la salida
entonces el estertor
raído de la sílaba
afina
se disuelve
dispersa sus vocales
su signo se desarma
contrae su estructura
se reduce
hasta el punto
final


© Aníbal Silvero

Poema de Amalia Mercedes Abaria



AGUA EN LA NOCHE

                      (Afuera pasa un arroyo)

Sigiloso,
        huyes.

En mi sueño una
estrella  viene
a buscar tu nombre,
universo de savia
y escucho el susurro
de tu pétalo nocturno.

Huye de las sombras
de los bulbos marchitos
de los que no duermen.

Llévate el dolor del mundo.
                                     Vuela


© Amalia M.Abaria

Poema de Alejandro Drewes


ÁNIMA

I.

Suspensa la gota de oro
de aquel cirio en la profunda
ventana que abre la noche
sobre el indefenso cuerpo
de las ciudades a oscuras:

II.

ha de caer nieve pronto
y afila el viento su cuerno
sobre este mundo que frente
al ojo lento de Dios
de bruma y polvo se vuelve



© Alejandro Drewes

Poema de Eugenia Cabral

  

COMO UN DIOS en danza de dioses
él la convoca a la fiesta del cuerpo
y a abandonar la tristeza
de aquí a la eternidad.

Al desabrocharse la blusa
ella está naciendo de los encajes
con que su madre la vestiría
para la boda, como si naciera
de la espuma.               
                                                                         


© Eugenia Cabral

Poema de Cecilia González Gerardi



Epitafio

¿Dónde decirme,
si no tengo voz
                     ya
con qué agonizarme?



© Cecilia González Gerardi

28/3/17

Poema de Alejandro Méndez Casariego



 La caja de cartón

Mi abuela revolvía papeles amarillos
en una caja de cartón.
Cada tanto sacaba un recorte gastado
como si fuera un talismán
Hablaban de alguien que llegaba
de la otra orilla
en el Vapor de la Carrera
con sus hijos
digamos H., digamos A., digamos M.
Otro, de mucho más lejos
traía noticias resonantes sobre premios
distintinciones y reconocimientos
Nublaba la mirada
pero nunca vi que le cayera una lágrima
También había uno, recuerdo
sobre una fiesta en el Hotel del Tigre
con la foto borrosa
de dos enamorados
“esa soy yo” decía, y sonreía apenas
“bailábamos el vals como los dioses
mientras la luz de los faroles titilaba en el río”
“Todo está en esta caja
lo demás no fue más que sufrimiento”
Con extremo cuidado volvía a guardarlo todo
y era como si la vida
volviera a su único territorio posible:
una caja de cartón
forrada con papel de gobelinos.
Luego miraba a su alrededor
intentando reconocer el mundo.
Con su voz suave pero altiva
explicaba con paciencia
para que el chico de diez años comprendiera
“Siempre le dije a tu madre
que no tuviera tantos hijos. Acostate mijito
y rezale a Santa Ana y a la Virgen”


© Alejandro Méndez Casariego

Poema de Norma Starke



Templos

Por encima del parabrisas el panel abarrotado:
una calcomanía de la banda  y cara a cara otra azul y amarilla.
Pintado a la izquierda declara “Es lo que hay”.
De un lado una carita sonriente,
y un trébol verde gigantesco, del otro.
En el techo conejos estrellas y un gran escorpión.
Tres farolitos chinos y la lengua de los Rollings Stone.
Esa gallinita de trapo extraviada en vaivén.
La Academia, una escarapela y la virgen de Luján.
Pequeña selva y en gran trono maniobra el chófer.
Infinidad de banderines se bambolean,
y desde el techo me persiguen uno, dos, tres,
cuatro pares de ojitos estirados.
En letras brillantes remata el refrán:
 “Vos dejá que hablen, nomás”.


© Norma Starke

Poema de María Cristina Di Lernia


EMERGENCIAS

Llegan heridas. Indigencias del cuerpo y la memoria.
Huecos donde la humanidad
en su materia
yace doblegada entre el olor de los alcoholes
y la aciaga luz de la impotencia y el estremecimiento.
La olvidada vulnerabilidad del todo
desde siempre.
Inhóspitas sirenas para ganarle al tiempo
amenazando la mitad del día
calando la luna
con la anuencia del insomnio y la miseria.
Regresar
o no.
Retornar tal vez al yo escondido
bajo el óxido de la banalidad.
Descifrarse desnudo,
escurrirse entre el alma y la razón.
Parirse de una sola vez
saberse solo
incipiente y solo como al nacer
pero al revés
o no.-
                                                                             

© María Cristina Di Lernia

Poema de Marizel Estonllo


REMEDIO UNIVERSAL

Del dolor a su curación.
Del Láudano que mitiga,
a Panacea,
el remedio universal.
La eficacia de la alquimia
Lo particular de la belleza

Hija de Asclepio supo Panacea que no poseía
su propia leyenda.

En el crisol los metales
acunan la posibilidad de combinarse
de producir el milagro

Sal, azufre, mercurio
Estamos dejando que nos suceda.
La obtención del remedio en su propia búsqueda.

Ahora Nosotros seremos los artífices.




© Marizel  Estonllo

Poema de Alicia Albanesi


HAY QUE CONFUDIRSE MÁS

Hay que cambiar las cosas de lugar
Así nos parece que habitamos en otro lugar

Hay que hacer piruetas arriba de los
Colchones, que están en la cocina.

Las toallas las doblamos y las tendemos
Arriba de la heladera.

Sí, hay que cambiar todo de lugar,
La puerta de entrada de la casa,
Colocarla donde está la ventana
Así queda mejor!!

Traer el árbol aquel y plantarlo en la pieza.

Nuevas formas de moverse y hallarlos
No busques nada, todo aparece
Cuando no lo procesamos

El orden inventado late
Dentro del cuerpo negado.


© Alicia Albanesi

25/3/17

Poema de Paulina Vinderman

  

Las casas son bajas en Ciruelo.
La calle principal tiene dos cuadras custodiadas
por palmeras desparejas: poemas anhelos hacia el sol.
Y es el sol el verdadero alcalde en Ciruelo, el habitante principal.
Cuando tropezamos con las sombras que él fabrica
 podemos creerlo todo: hasta el sueño del sueño
cuando lleguemos al hotel.
Un sueño donde las palabras se detienen.
No nos perseguirán aquellos que no fuimos.
Tampoco los que fuimos.
Entraremos en una noche —esa clase de noche—
que no sabe cantar la musiquita de la infancia.
Una noche muerte, con olor a guayaba y a territorio invadido.



© Paulina Vinderman

Poema de Norberto Barleand


Adelante

                            24 de marzo

Estás en la penumbra del silencio
en sinuosas campanas de la lluvia,
cuando el cielo agita con tus ojos
el pasado de un otoño adormecido.

Estás en los claveles  que deslizan
los ecos del encuentro,
la nostalgia del verbo esfumado
entre sutiles codicias y despojos.

Estás en la casa
donde ocultaron  tus ideas y tus sueños,
sublevadas partituras
compartidas entre  árboles sin hojas.

Estás en la raíz de esa aventura
frustrada por cobardes con fusiles.

No pudieron quebrar aquella noche.
Solitaria
 Desnuda
 Aferrada al vuelo, a la paloma
 al duende azul de los diluvios
 a  la bravura de tus gestos sin palabras.

Estás en los rincones del futuro,
donde muchos  miraron y no  vieron

Pasaron tantos años ,
tanto fuego crecido en mi retina.
Hoy
abrí la ventana de aquel cuarto,
la calle estaba ausente,
Coches ,  ruido y peatones ,
chicos alejados de la infancia
gorriones sin vuelo ni semáforo.

Aquellos por quienes tu lucha era un destino
Sin anuncio y un final impredecible.
Era temprano  en la avenida del tiempo
con pasos de seda te acercabas para decir

    Estoy con mi túnica,  mi canto
                                              Y
                                              Seguimos

© Norberto Barleand