25/7/25

Poema de Alejandro Méndez Casariego

 


Si hubiera podido retener el poema

que me llegó en el sueño

no estaría ahora

hurgando entre las sobras

buscando en la materia sin vida,

en palabras lavadas,

lo que se revelaba claro,

veloz y fugitivo

como una aparición entre relámpagos.

Vino del sueño

tal como el sueño lo dictaba:

resplandor multiplicado, hundido

alejado de toda comprensión,

huella fugaz trazada entre la hora

de alejarse- la hora impura

de no reconocernos-

y el despertar.

 

© Alejandro Méndez Casariego

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24/5/25

Poema de Alejandro Méndez Casariego

 

 

                            (a Noelia Palma)                                

 

Conozco a una poeta

que deshace los poemas con la misma

mirada que los traza. Así logra

la armonía perfecta

la forma de nombrar que permanece

el tiempo suficiente

como para dejar una herida rasante,

apenas

la memoria del filo.

Esa poeta

desanda sus poemas

como las estaciones condenadas

ven pasar al tren,

sin detenerse,

agitando pendones que cuelgan de los cables,

restañando durmientes,

desencajando vías.

Es un decir que permanece allí

solo hasta que a la vibración

se la traga el silencio.

 

© Alejandro Méndez Casariego

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26/2/25

Poema de Alejandro Méndez Casariego

 

 

De dónde sacaremos la ternura

lo decoroso

para decir las cosas como no pueden ser

con la pulcritud del bel canto.

En esta trazadura de hormigón

no vemos nada.

Elegimos para decir

la vida que nos pasa,

como un gato lustroso entre almohadones;

la tibieza negadora,

los sabores que hartan de alegría.

 

Imposible tocar lo que, de verdad,

lástima o entristece

con cierta convicción.

Alejamos al poema de todo sobresalto

¿Quién escribe en el límite?

¿En qué lugar del borde

tenemos puesto un ojo

para evitar que el resplandor lo astille?

 

© Alejandro Méndez Casariego

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25/1/25

Poema de Alejandro Méndez Casariego

 


Cuando baje la marea

se podrá ver

de que está compuesta la resaca,

cómo distribuyó el oleaje

las piedras y conchillas

cuántos peces y moluscos

no fueron capaces de sobrevivir,

cuántas algas, débiles de raíz

se desprendieron en el primer tumulto.

 

Si queda algún residuo

de castillos o nombres o símbolos astrales,

si algún cadáver

de antiguas guerras llegó

finalmente, a destino;

si se hace visible, en la arena,

algún hueso

personal o indistinto.

 

© Alejandro Méndez Casariego

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6/11/24

Poema de Alejandro Méndez Casariego

 


Tendríamos que trabajar el poema

sin afán desmedido,

hundirlo en el sector del pensamiento

en el que se confunden

las larvas con el humo de incienso;

pegarlo a la membrana

más dócil y doméstica

como si se tratara de empollar

los huesos de la noche

en el vacío 

que deja el repliegue del sonido.

 

Recién entonces

mover los cascabeles.

 

© Alejandro Méndez Casariego

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14/8/24

Poema de Alejandro Méndez Casariego

 

 

Dejar pasar el poema.

Permitir que ese impulso de belleza soplada,

simplemente gotee,

que sea breve el instante

en que la luz se imponga

y aérea la memoria.

 

No escribirlo

para que crezca libre del sello de mi nombre

y no contenga ninguna circunstancia.

 

Allí estará, de todos modos

y será limpio y vasto su contorno.

 

© Alejandro Méndez Casariego

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12/7/24

Poema de Alejandro Méndez Casariego

 

 

Llegado a esta edad,

quisiera que me preguntaran.

Los hijos, por ejemplo: cosas de nuestra vida,

el porqué de esto o aquello, qué salió mal,

por qué los años de tristeza,

los silencios. O todavía más adentro, la oscuridad

que nace de un lugar entre los ojos.

Ellos andaban por allí

y deben haber visto. No fue fácil.

Pero parece que crecieron

evaluando, por hábito adquirido,

la correlación de fuerzas,

lo que se acumula

del lado de lo que vale la pena.

Nosotros hasta ahí, me dicen,

porque toda tragedia, han aprendido,

debe ser resuelta en esta vida. Nada más que decir:

hay otros hijos que criar, un jardín que sembrar. La

maleza

por dañina que sea, se separa

y se quema, con júbilo, en la hoguera.

 

© Alejandro Méndez Casariego

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25/4/24

Poema de Alejandro Méndez Casariego

 

 

Estos somos nosotros, en las fotos:

unos chicos que juegan en un mundo

ya esfumado.

Ahí la trampa de los años

se abre y suelta

como flores aéreas

todas aquellas cosas que no pueden cambiar;

lo que quedó encerrado

en ese recuadro brillante y arbitrario,

el movimiento

que en apariencia se detuvo,

pero que la inercia de la vida disparó

hacia una eternidad que se repliega y desluce

sin rendirse. Allí está para siempre

mi hermana trepada al subibaja, otros dos

haciendo ronda mientras el tiempo está quieto

y el muñeco de nieve,

que se derritió esa misma primavera,

permanece a mi lado

y estará seguramente allí

cuando ya no podamos recordarlo,

porque en las fotos el invierno

no se termina nunca.

 

© Alejandro Méndez Casariego

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20/3/24

Poema de Alejandro Méndez Casariego

 

 

Madre ¿Hubo días?

porque ya no los tengo en la memoria.

Pero sé que hubo días

en los que se escuchaba el pedal de la Singer

al fondo del pasillo,

acompasando un tarareo de tango

y una escena confusa en tu memoria.

Todo fue tan distinto

¿Podés poner la mano y detenerlo?

¿Podés sostener todavía

el misal de hojas transparentes

y letras de oro

mientras un cuerpo prohibido

se agazapa

y agita la sangre en su lugar?

Entre esos dos instantes

tu voz susurra apenas

un responso.

Ahora recuerdo

en qué rincón de la casa perdiste la gracia,

a qué obediencia te rendiste,

cual fue tu último gesto

de lo propio.

Esos días.

 

© Alejandro Méndez Casariego

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17/1/24

Poema de Alejandro Méndez Casariego

 

 

Las tías mayores eran seres lejanos,

su lugar fue siempre inaccesible.

A veces nos miraban

y sonreían con distancia elegante.

Las más queridas eran las que recordaban

el nombre de alguno de nosotros

y lo arrojaban sobre el paño, como un dado.

La vida era para ellas

aquellos episodios

que llevaban la marca de los muertos,

de cuyos nombres nos legaron los ecos

y algunos objetos

que todavía habitan las casas del presente.

Las tías mayores amaban a sus muertos,

cuando los invocaban

hacían pausas solemnes para que sus presencias

ocuparan los espacios perdidos.

 

© Alejandro Méndez Casariego

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9/4/22

Poema de Alejandro Méndez Casariego

                                     


(Fin de año)

                                               A Julia


Con los míos nos juntamos en el fondo

de la casa de mi hija - su Shangri La -

a contemplar el planeta

como si estuviéramos allá en la altura

girando en órbita

y la observación detallada de ese globo celeste

que se desplaza casi sin alteración hace milenios

hace que la charla

sea sosegada, con muchas pausas,

y algunas reflexiones.

La mayor de mis nietas, por ejemplo

pregunta por el sentido de indagar sobre las cosas

que no tienen respuesta. Entonces una brisa atraviesa

el jardín de pared a pared, como reacción natural

no a la realidad insignificante

de que la tierra gire en el espacio, sin motivo aparente

si no al hecho absolutamente insólito

de que mi nieta exista y se pregunte.


© Alejandro Méndez Casariego


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13/3/22

Poema de Alejandro Méndez Casariego

 


 

                 (MATERNIDADES IV)

 

Voy a contarte un cuento, me decías

y se espejaba el desierto de la noche. Luces

en la tibieza de su radiación, planetas en ocaso

tu voz sonaba como un cascabel

en el cencerro

monte arriba, badajo de campana que vibraba

con sonidos del aire. La historia era un enigma:

no recuerdo, si algún evento, las cosas de la vida

una creencia que se desvanecía. Pero recuerdo

el final

en el que te hacías visible

espléndida en tu traje, muy ceñido.

 

Bella, te preparabas:

no había nacido nadie todavía. Sola, en tu páramo,

ardías para el mundo.

 

© Alejandro Méndez Casariego

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7/1/22

Poema de Alejandro Méndez Casariego

 


  

                          (Existencias Perfectas)

 

Las casas saltaban en sus goznes,

vacilaban los cimientos

y las luces trazantes dibujaban

caballos  sobre los caminos. Toda la artillería

nacía de nosotros

que no lo habíamos visto ni soñado.

La guerra fue antes de que nacieras – me dijiste -

y ningún muerto caminó sobre tu sombra

así que podemos olvidar

todos aquellos fuegos. Nada se derrumba

de este lado del mundo. Hemos edificado

existencias perfectas dónde nada probable

puede alterar lo que somos. Gocemos

de esta paz que se tiende

como una enorme sábana sobre los hijos

y los hijos de los hijos, no mires:

esta noche las nubes ocultarán el cielo.

 

© Alejandro Méndez Casariego

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17/11/21

Poema de Alejandro Méndez Casariego

 


                                      (Las preguntas)

 

Llegado a esta edad,

quisiera que me preguntaran.

Los hijos por ejemplo. Digamos: cosas de nuestra vida,

el porqué de esto o aquello, qué salió mal,

por qué los años de tristeza,

los silencios. O todavía más adentro, la oscuridad

que nace de un lugar entre los ojos.

Ellos andaban por allí

y deben haber visto. No fue fácil.

Pero parece que crecieron

evaluando, por hábito adquirido, la correlación de fuerzas

Lo que se acumula

del lado de lo que vale la pena

es el factor que en definitiva cuenta.

“Nosotros hasta ahí” dicen sonriendo,

porque toda tragedia, han aprendido,

debe ser resuelta en esta vida. Nada más que decir:

hay otros hijos que criar, un jardín que sembrar. La maleza

por dañina que sea, se separa

y se quema, con júbilo, en la hoguera.

 

© Alejandro Méndez Casariego

 

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7/7/21

Poema de Alejandro Méndez Casariego

  


                                 (La huerta) 

 

Mi hijo cultivó una huerta.

Con el paso de los días pudimos apreciar

la verde transparencia

que el sol desplegaba a través de las hojas

y los frutos nacientes. Vinieron después

los intentos frustrados, las plagas,

aquellos que no sobrevivieron al viento

o al exceso de luz.

Diseñó espacios protegidos, sombras que atenuaban,

abasteció nutrientes y evitó las sequías.

Algunos dormían con él;

en esa habitación crecieron los más fuertes,

los frutos que parecían vencidos prosperaron

doblegaron los tallos

y fueron, a su tiempo, cosechados.

Otros, más expuestos, murieron sin remedio,

y fue esa circunstancia

la que alumbró los límites entre lo que es

y lo que no puede ser. El elemento más íntimo y secreto,

el que afirma y el que niega,

mas allá de la persistencia y el error.

 

© Alejandro Méndez Casariego

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26/6/21

Poema de Alejandro Méndez Casariego

  


                               (La trampa de los años)

 

Estos somos nosotros, en las fotos

Unos chicos que juegan en un mundo

ya esfumado.

Ahí la trampa de los años

se abre y suelta como flores aéreas

todas aquellas cosas que no pueden cambiar;

lo que quedó encerrado

en ese recuadro brillante y arbitrario,

el movimiento

que en apariencia se detuvo,

pero que la inercia de la vida disparó

hacia una eternidad que se repliega y desluce

sin rendirse. Allí está para siempre

mi hermana trepada al subibaja, otros dos

haciendo ronda mientras el tiempo está quieto

y el muñeco de nieve

que se derritió esa misma primavera

permanece a mi lado

y estará seguramente allí

cuando ya no podamos recordarlo,

porque en las fotos el invierno

no se termina nunca. 

 

© Alejandro Méndez Casariego

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11/1/18

Poema de Alejandro Méndez Casariego



Kaiken

Pusiste mi rostro tras una máscara
de polvo de arroz
me untaste con silencios permanentes
quisiste
que sólo mis ojos y mis manos
tuvieran movimiento
que el viento no agitara mi ropa
ni me hicieran llorar las sucesivas muertes

pero detrás
por dentro
todo esto sucedió
y mucho más
porque la soledad y la demanda del cuerpo
urdieron perfectas rebeliones
soterradas tormentas
que estallaron a la hora precisa

a tu regreso me incliné
en falsa reverencia
escondí las manos en las mangas opuestas
cerré los ojos
y dejé de verte



© Alejandro Méndez Casariego

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28/10/17

Poema de Alejandro Méndez Casariego

  

ACTO FALLIDO 

Oíme, sacáte los aurículares
atendé – ya se que no tenés, pero a esta altura
permitámonos el uso figurado-
prestá atención
escuchá
qué como pífanos y laúdes
liras o el ulular
del viento encavernado
esta hidra de diez mil cabezas
canta.
A vos te corresponde
darle el tono, pulsar el diapasón
Pero ¿Notás la diferencia?
Canta bajito
es casi inaudible
¿No extrañás al barítono
que se instalaba al lado de la puerta
un poquito al costado?
¿Al tenor que entregaba su asiento
a la señora embarazada, al soprano
que se abría paso con el volúmen
inevitable de su cuerpo?
Es hora de que saques conclusiones:
no solo de armonías vive el hombre.
hoy es feriado, tigre, es lunes y es feriado.
bajáte en Pueyrredon
nunca es tarde para volver
del ridículo
mientras nadie lo sepa..


© Alejandro Méndez Casariego

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1/9/17

Poema de Alejandro Méndez Casariego


Pre Scripto. 

Hay un temblor en la palabra cuando está consagrada
y un espacio vacío como un margen
cuando  pretende explicarse a si misma
La palabra se nutre con indicios
del remanente de las circunstancias
rara vez, en cambio
la percepción consigue abrirse paso
hacia  palabras específicas
uno cree escuchar cuando piensa
un eco anticipado del decir
pero la  percepción, aunque parezca
no es vocablo en estado de larva
es solo sedimento
que arrastran  ríos que ignoran el lenguaje
es  siempre lo no dicho
no confundir con  el instante previo
o el borrador que precede al enunciado
Esta es la única capa que podemos concebir:
la silenciosa frase con  la cual
 el pensamiento prepara su salida
Lo que bulle en lo hondo, en cambio,  se resiste al lenguaje
la rechaza como si se tratara de algún contaminante
un enunciado que le quita dignidad
le escamotea la esencia
La percepción es un abismo
donde habita una ignorancia insonora
respondiendo a impulsos que llegan del origen
un organismo que brota de barros germinales
una simple sacudida de contrarios
en inestable choque, duración y cambio
No hablo del  pensamiento
dejo de lado, por ahora, el ensayo hablado pero mudo
elaborado  discurso que nos une a la gente.



© Alejandro Méndez Casariego

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11/7/17

Poema de Alejandro Méndez Casariego




La luz del mundo

Se abría la luz del mundo
el latido en sordina de las cosas
que empezaban a ser
el fluir de la sangre entre los ojos
la aspereza del aire
la semilla de la voluntad que se abría paso
entre lo incomprensible
sin otra referencia que una mano
limpiándome la frente
Y entonces, como un río que desborda
el saber
el reconocimiento
los objetos. Pura apariencia.
Todo está aquí como ese día
no ha cambiado
mi comprensión del mundo
aún me muevo a tientas
sigo intuyendo, revelando de a poco
interpretando indicios en la bruma.
Todavía me desplazo entre los hechos
desnudo y germinal
como al principio. 


© Alejandro Méndez Casariego

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