24/6/26

Poema de Margarita Drago

 


Un cuerpo que aún palpita

                          

                              A Elsa Narváez de Bazán, compañera.

                                                                In memoriam

 

Un cuerpo rígido

una boca desdentada que

se abre y englute el alimento

que le ofrece la mano del amante

una mirada fija

perdida en una realidad extraña

unas frases inconexas

un pensamiento

una palabra

una ligera sonrisa 

enlace

fugaz acople

con una historia

lejana compartida

un cuerpo que reclama unos brazos

que lo alcen

un cuerpo que se resiste a ser tierra

un cuerpo que añora sus pasos

por caminos polvorientos

por espacios urbanos

unas manos que dibujan

redes laberínticas

jeroglíficos con mensajes

de otros tiempos

un cuerpo que se negó al castigo

que renunció a memorias que laceran

un cuerpo que aún palpita

que aún se para

que aún se apega a una cama

a unas sábanas

a un cuarto reducido

celda cárcel carceleras

un cuerpo que se rehúsa a

compartir la mesa con

otros cuerpos que

aún tienen memoria.

 

© Margarita Drago

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11/6/25

Margarita Drago comparte a Di Donato/Falquez-Certain/Costa

 

 

Los del río

              

quieto

atender

entre las piernas

martilladas

arrancadas las lenguas lentamente

el río

vuelve a ser rojo

y nos deja pasar

 

que acaba la temporada del ruidoso

exterminio

que la tregua empieza y

el río bautiza y

hay que correr a su encuentro

ahora

librados de sus aguas mansas

sombra y penumbra

la violencia      

de la próxima anunciación

 

lo del río son catedrales y bailar

 

© Dinapiera Di Donato


 

Óptica infinita

 

A L. Meyer, in memoriam

 

Tus ojos que interpretan cataclismos

Tus ojos que vibran en lo incierto

Tus ojos que narran lo inaudito

Tus ojos que titilan exhaustos

Tus ojos que merecen el descanso

Tus ojos que temblaron con mi cuerpo

Tus ojos que despertaron la crisálida

 

Tus ojos, bóvedas marinas

Tus ojos, cilicio de mis noches

Tus ojos, lucha de delfines

Tus ojos, buril de mi romanza

Tus ojos, aguijón de mi lujuria

Tus ojos, yunque de mi entrega

Tus ojos, ocarina en la pirámide

Tus ojos, miel de mi amargura

Tus ojos, picaflor en desenfreno

Tus ojos, artífices de mi sino

Tus ojos, centauros de mis bosques

Tus ojos, karma de mi cuerpo

Tus ojos, seductores de nenúfares

Tus ojos, narcisos sorprendidos,

 

reflejan mi vida en un instante

fugitivo que sólo me nombra

cuando callas, tus ojos que

marcan mis senderos tortuosos,

desnudos escondidos en el puerto,

labio a labio, cuerpo a cuerpo,

tus ojos que ahora se cierran para siempre. 

 

© Miguel Falquez-Certain


 

MAÍZ PARA PALOMITAS 

 

El rastro del cuerpo de Jessica Dworkin,

la mujer de la patineta,

aún se dibuja en el asfalto, frente a mi casa.

Es largo y recto.

De ancho quizás mida un pie.

 

Fue grabado en la piedra negra

por su cuerpo blanco

a finales de agosto.

 

En ella aún están presentes los humores

que brotaron desde Houston

hasta el norte de Minetta

donde expiró.

 

Fue arrastrada como arrastraron

a Héctor alrededor de Troya.

 

En Houston con la Sexta avenida un auto impactó su patineta

y ella cayó bajo un camión de arrastre:

4 ejes de gomas nuevas marca Goodyear.

Venía de Trenton, New Jersey.

Ella, de la calle Thompson número 128.

 

La fue arrastrando mientras pedía auxilio.

Mi vecina Linda, con su perrito en la bolsa, escuchó los gritos.

Sólo vi sus brazos sus piernas su cabeza.

—Llamen a la policía.

Un muñeco a punto de perder la cuerda.

 

El camión se detuvo frente al cine

Corrí del jardín a la avenida

a recoger sus pertenencias.

Una chancleta pequeña.

Una mochila Sportsack negra de cuadritos.

La bolsa metálica que protegía su iPhone.

Una batería suelta.

Amasijo de cables rotos.

El aparato de música que escuchaba

en el momento del impacto.

 

Lo puse todo sobre camión de arrastre.

Después me di cuenta de que debajo

estaba lo que quedaba del cuerpo de Jessica.

La zona se iba llenando

de camiones de bomberos, de carros de policía.

Ni una ambulancia.

 

Seguí buscando.

Encontré otra bolsa.

Adentro algo sólido,

quizás una libreta, un nombre,

una moneda de diez centavos en el fondo.

 

Mis vecinos, presos de terror,

no me dejaron mirar su contenido.

Me escoltaron,

para que lo entregara de inmediato

a las autoridades

 

Acordonaron la zona.

Los truenos venían del oeste.

Pronto la lluvia borraría

el último paseo de Jessica

por el Greenwich Village.

 

Llegó la tormenta

levantaron los cordones policíacos.

Volví bajo el aguacero.

Algo quedaba en la calle

bajo los torrentes de agua

y lo vi desde mi ventana.

Una bolsita de papel deshecha.

Escogí cuatro o cinco granos grasos.

Los tiré al jardín en su nombre

Me lavé las manos en el chorro

que salía bajo el portón de hierro.

 

Jessica llevaba en su bolsa

maíz para palomitas.

 

© Marithelma Costa 

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6/12/23

Poema de Margarita Drago

 


Oficio sagrado

 

    “A este oficio me obligan los dolores ajenos,

     las lágrimas, los pañuelos saludadores,

    las promesas en medio del otoño o del fuego,

    los besos del encuentro, los besos del adiós,

    todo me obliga a trabajar con la palabra, con la sangre”. 

                                                      Juan Gelman


Por este oficio sagrado

de alfarera y escribiente

de las diosas,

hundo cabeza y corazón

en la piedra volcánica,

llego a las profundidades

donde bulle la lava,

extraigo palabras

hechas de ceniza y polvo,

palabras que habitaron

cuerpos ebrios de sueños,

hoy, cuerpos rotos y dispersos.

 

Por este oficio sagrado

recojo fragmentos

en el vientre de la tierra

sepultados,

hilvano letras,

amaso la arcilla,

palabra a palabra

armo la historia,

doy vida a la muerte

y Vida a la vida.

 

© Margarita Drago

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10/11/23

Poema de Margarita Drago

 


 

Rendida ante su hechizo

 

Hubo un tiempo en que la felicidad

se engalanaba de domingo

cuando la sala del viejo Thalia

nos abría sus puertas

y nos hundíamos en sus butacas

olientes a alcohol cigarro y humedad

Goddard en la pantalla nos encendía

las pasiones y los sueños 

mientras nos acariciábamos

los deseos con el fuego ardiente

de nuestras manos.

 

Y hubo tiempos en que la felicidad también

se engalanaba de domingo

cuando nos deleitábamos con el café recién colado

el pan con mantequilla y miel

Miller Evans o Coltrane de fondo musical   

y Catalina arisca siempre a mi regazo

custodiaba mis pasos y mis días

y la atmosfera apacible de la casa

 

Hoy la felicidad se ha instalado

en todos los rincones que habito

deambula silenciosa en la cocina

abre ventanas y enciende velas

entona la música deseada

ocupa el mismo asiento a la hora

del café y el pan fresco

el mismo lado de la cama

en el mismo huequito que

la alberga y la calienta

hoy la felicidad vino a quedarse

abrió la puerta sigilosa

entró con paso firme

sedujo con palabra ardiente y puntiaguda

clavó unos versos en mi costado izquierdo

y heme aquí

rendida ante su hechizo.

 

© Margarita Drago

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26/9/23

Poema de Margarita Drago

 


Un cuerpo que aún palpita

                                   

                                    A Elsa Narváez de Bazán, compañera

                                      In memoriam 

 

Un cuerpo rígido

una boca desdentada que

se abre y englute el alimento

que le ofrece la mano del amante

una mirada fija perdida

en una realidad extraña

unas frases inconexas

un pensamiento

una palabra

una ligera sonrisa 

enlace

fugaz acople

con una historia

lejana compartida

un cuerpo que reclama unos brazos

que lo alcen

un cuerpo que se resiste a ser tierra

un cuerpo que añora sus pasos

por caminos polvorientos

por espacios urbanos

unas manos que dibujan

redes laberínticas

jeroglíficos con mensajes

de otros tiempos

un cuerpo que se negó al castigo

que renunció a memorias que laceran

un cuerpo que aún palpita

que aún se para

que aún se apega a una cama

a unas sábanas

a un cuarto reducido

celda cárcel carceleras

un cuerpo que se rehúsa a

compartir la mesa con

otros cuerpos que

aún tienen memoria.

 

© Margarita Drago

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31/3/17

Poema de Margarita Drago


Retorno y recurrencia

Regreso a casa por el camino del cementerio.
Un tren pasa raudo,
hiere la tarde
y va a morir donde el sol
hunde su último rayo
en un cielo azulvioleta.
La tarde es espejo de otra tarde
de remotas latitudes.
La calle, réplica de otra,
familiar y distante.
El camposanto, el mismo de otros tiempos.
Los muertos que en él reposan,
despojos de lo que fuimos.


© Margarita Drago

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3/2/17

Poema de Margarita Drago




Puntualidad del instante

Amo la puntualidad del instante
en que la vida y la muerte
se baten a duelo
el momento exacto en que el sol
hiende en la tierra
su más certero rayo
y el pájaro ensaya su último aleteo
amo el minuto preciso en que
cabeza y corazón apuntan la mirada
y disparan el acto
que trasciende el miedo


© Margarita Drago

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14/1/17

Poema de Margarita Drago


Hubo un tiempo

Hubo otoños y mañanas grises
y hojas secas en el patio
aglomeradas por el viento
hubo un parral generoso
cada octubre que prodigaba
sombra y frutos a sus dueños
hubo una casa asolada por las lluvias
invadida por la humedad y el miedo
hubo silencios que acuchillaban gargantas
y llanto y clamor y gritos acumulados en el tiempo
hubo furia pasión rabia ira
y deseos muertos
y hubo dolor
mucho dolor empozado
en el alma y en los huesos
y hubo una mesa un mantel y cuatro platos
y unas manos que cosían
y remendaban sábanas y recuerdos
y hubo un hombre
postrado ante una virgen
y una rosa
por la hija, lejos
y hubo una luz como una daga
que iluminó el silencio.


© Margarita Drago

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13/12/16

Poema de Margarita Drago



Abuela

Abuela no fue a la escuela
firmaba con el dedo pulgar
no sabía leer
pero sabía descifrar las crepitaciones de las hojas de otoño
arremolinadas por el viento
conocía el lenguaje de la lluvia en los tejados
traducía el trino del pájaro en el árbol
conocía el momento exacto de las zanahorias
que ocultas en la tierra pujaban para alcanzar
mi boca de niña consentida
hablaba con las plantas hortalizas y flores
conocía el tiempo justo de la siembra
del trasplante de los frutos la cosecha.


© Margarita Drago

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20/8/16

Poema de Margarita Drago


Ciudades paralelas 

Un domingo cualquiera, en una ciudad cualquiera,
la vida sigue, como de costumbre:
los devotos a la iglesia, las señoras al mercado,
los hombres a la cancha, al café,
a sus juegos de truco entre cigarro y vino, 
los niños a los parques, a sus distraídos juegos,
los enamorados a pulular las plazas tomados de la mano,
canturreando una canción de  Dona Summer. 

Junto a esa, otra ciudad vive entre las sombras,
no sabe de costumbres cotidianas,
una ciudad  de hierro  gobernada  por   insultos, gritos, carcajadas,
una ciudad donde atados, desnudos y deshechos
se exhiben  cuerpos  en medio de instrumentos de tortura,
entre baldes repletos de orina y excremento.



© Margarita Drago

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27/7/16

Poema de Margarita Drago



Síntesis 

Llueve,
como siempre, llueve,
pero esta lluvia no es la de entonces,
es otra que
en su silencio puntiagudo
hiere y borra estampas de otro tiempo.
Ya no soy  la niña  a la que
montaba su padre en bicicleta,
ni la adolescente que soñaba
con el sabor del beso,
ni la joven que
incendiaba las calles con el grito
y dormía abrazada al vientre de su madre
aterida de miedo.
No, ya no soy la misma,
aquella que servía el pan y el vino
en la mesa que habitaba
el silencio,
la que alargaba noches vacías
temerosa de la soledad y el abandono,
la que echaba siete cerrojos a su sueño
y vivía pendiente de la mirilla de las puertas.
No, ya no soy  la misma.
Huracanes, sismos, tornados
han asolado la tierra,
puntuales y tardías primaveras
estallaron en luz y diluyeron
mis sombras,
he muerto mil veces
y otras tantas he resucitado,
he mudado la piel en cada invierno
y con mirada nueva
puedo  ver mis días
como Haroldo:
'un puñadito de tristezas' en
'un miserable borrador' y
'un minuto de luz deslumbrante'
suficiente para iluminar todas
mis noches.


© Margarita Drago

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25/6/16

Poema de Margarita Drago



La noche 

La noche me seduce
entera me sumerjo
en su espesura
asida al filamento de luz
que me incita y cautiva
danzo entre las sombras
la ciudad acompasa sus ruidos
los silencia 
los absorbe
los monstruos nocturnos no duermen
vigilan
las fieras no braman
acechan
detrás de la negrura
atisbo sus miradas
soy presa de sus garfios
y desmesuradas bocas
mi espada de Damocles
pende del hilo de luz
que ya no me sostiene
batallo con las sombras
los monstruos y las fieras
la noche  
mi cobijo
se ha vuelto mi verdugo.


© Margarita Drago

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10/5/16

Poema de Margarita Drago


Mujer pájaro 

Una mujer, pájaro de alas rotas,
fue expulsada del paraíso
y condenada a vivir en el destierro
en una ciudad ostentosa
de luces, edificios y miseria,
donde medio echó raíces
su media vida,
y donde junto a otras,
pájaros desterrados como ella,
hilvanó sueños y memoria
y recompuso  a fuerza de
palabra y pluma
las alas de su maltrecho cuerpo.
La mujer sobrevoló los mares
y aterrizó a orillas de la tierra prometida.


© Margarita Drago

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