8/11/25

Poema de Valeria Cervero

 


Tal vez lo que quede simplemente sea el hueso,

el que hizo de sostén todo este tiempo,

antes y después de la caída,

de la aparición en medio de la tarde

–como una maravilla

de puro olor a jazmines–,

el hueso, en medio de un cielo

que no es cielo ni arte.

¿Porque cuántas vidas abarca una vida?

¿Cuánto amor puede guardar un cuerpo?

Pero el hueso sigue ahí,

en la espera, en la dicha,

en el borde de tanto,

como el ojo del tigre en la espesura

o un destello infinito

en el desierto.

 

© Valeria Cervero

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14/9/25

Poema de Valeria Cervero

 


Vamos a aprender las maneras de irnos,

los modos de saltar sin anticipos pero

que reiteran otros,

y tal vez los alumbran.

Un sonido remeda otro sonido en otro espacio-tiempo:

el canto de los anillos de Saturno

en medio de una noche que nunca vivimos.

Si fuéramos ángeles

abriríamos las compuertas

de lo que nadie ha visto. Sin embargo,

tenemos demasiados días aún

para caminar sobre la tierra.

 

© Valeria Cervero

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13/8/25

Poema de Valeria Cervero

 


Si la belleza es una forma de resistir, la osadía

de salirse del plan oscuro de los pocos,

vemos las marcas de su persistencia en cada esquirla,

cada pacto para producir la dicha, el espesor

de la mirada sobre las partes, los pequeños

detalles de lo otro, las cúspides, los talones invisibles,

el paño húmedo sobre la frente cuando

ya no hay fiebre que pueda quebrar la realidad

de los mandados y las penas a secas.

 

© Valeria Cervero

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11/7/25

Poema de Valeria Cervero

 


Siempre hay un trueno que arrebata

la línea de preguntas en medio de la nave.

El refugio se vuelve ladera, malestar, casi un reto

frente a la noche y la saga de grillos,

luciérnagas, cascarudos, bichos sin nombre.

Una secuencia de tilos y álamos para servir

a la brisa que anuncia nuestra breve

espera de cantos sin voces,

de melodías en sostenido silencio.

 

El rayo de oscuridad no siempre ensombrece,

a veces deslumbra frente al catequismo de idiotas,

la comodidad de quienes saben los pasos

de cada baile, de cada recorrido sin lunas.

En la mitad del árbol crece un secreto,

también el corazón del cuerpo que estamos por leer.

 

© Valeria Cervero

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18/6/25

Valeria Cervero comparte a Rives/Godoy

 

1010

 

/la piel es el órgano de mayor extensión en el cuerpo humano / llegando a medir hasta dos metros cuadrados sí se la desplegara / actúa como barrera protectora que aísla al organismo del medio que lo rodea / WIKIPEDIA

 

en esta red no hay pi/el

/ araña / olvidé

qué significan ciertas partes de mí

por ejemplo / ya no entiendo eso

de /tener piel/ con otro cuer/po

/ busco en la enciclopedia universal /

 

aquí tenemos CONEXIÓN

puede apagarse / cortarse / prenderse / estar en standby

quizás también proteger de lo que hay afuera

 

la pi/el si se corta

entrega cicatrices

más breves / más hondas

abrir el organismo al afuera

no carece de expensas

 

la conexión no deja huellas

sólo hay aquí / sólo hay ahora /

mírame

 

© Ayelén Rives


 

Estoy tejida al hilo de lo natural. Soy parte de las plumas de los pájaros, de la miel de las abejas, de las hojas del otoño.

Enredé tanto las hebras que debo volver sobre mis pasos hasta encontrar la punta del ovillo. Llego al origen. Me vuelvo mujer, bestia, camino.

 

© Laura Godoy

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17/5/25

Poema de Valeria Cervero

 


Si fuéramos agujeros en la superficie,

lugares para entrar hacia el sonido

de la campana o de las alas de los insectos,

si guardáramos el borde de cada día,

esa canción que se repite

del otro lado de la ventana

y acerca a las niñas que creíamos ser,

tal vez no volveríamos a otro recuerdo

que no fuera lo que ardía antes

de la primera partida,

de la primera voz sin recovecos.

Ella dijo: “¿Cómo te despides de alguien

si no sabes por qué se fue?”.

La búsqueda sigue siendo ese arco

de nueva resurrección.

 

© Valeria Cervero

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5/3/25

Poema de Valeria Cervero

 


Un viento tibio en una tarde tibia.

Viajamos para quebrar el sitio.

Debajo de este ceibo

el golpe de la brisa en mis oídos

promete algo más de bienestar.

El ritmo del agua se acopla al del aire y tejen

una red de litorales.

Caminamos sobre el pasto para agotar el mito.

No somos distintas, solo tocamos

un cielo por casualidad.

 

© Valeria Cervero

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5/1/25

Poema de Valeria Cervero

 


La fragilidad no es una cueva,

un desborde,

la piedra que sabe hacer sapito en pleno salto.

No comemos

de ella.

No la deseamos.

Probamos su sostén

a la vuelta de la esquina,

mientras improvisamos las formas

de creernos casa.

Los restos de una rama nos marcan

la transición 

y el verano

casi siempre llega

el día que no es.

 

© Valeria Cervero

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13/11/24

Poema de Valeria Cervero

 

 

Nací el mismo día en que mi padre y que la madre de mi padre.

Esas coincidencias se dan en mi familia.

Mi abuela también murió la misma mañana

y casi a la misma hora en que nació mi sobrino.

En su agonía, ella esperaba al bisnieto

como si hubiera querido protegerlo mientras llegaba a este mundo.

Fui la última en hablar con ella, aunque tal vez no me escuchara.

Después de eso ya no despertó.

También fui la última que habló con la madre de mi madre

antes de que muriera en un colectivo.

Su corazón dijo demasiado pronto que no podía seguir.

Lo último que le escuché decir a mi mamá

fue el nombre de mi hermana pidiéndole algo.

Las mujeres de mi familia murieron solas o acompañadas,

pero dejaron sus voces sonando en el recuerdo antes de irse.

Tal vez haya sido una forma de legado,

una manera de tocar los otros cuerpos desde la lejanía.

No busco entender las vueltas que da la propia historia o la ajena.

¿Qué encanto tendrían entonces?

Dios tal vez sea todo lo que no logro comprender

pero no llega a parecerme absurdo.

 

© Valeria Cervero

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21/6/23

Valeria Cervero comparte a López Morales/Rivero/Mellado

  


respiro apenas

el mínimo movimiento

espantaría al ciervo

salido del monte

la tensión es una en todo el cuerpo

miro al animal que no me ve

se pasea entre los árboles

sin dejar de estar alerta

atrás el monte es una boca de espinas

por la que va a volver

lo que tan a resguardo ha soltado

qué puede el corazón entonces

el mío digo

qué puede

si lo amado llega

pero no me ve

 

Laura López Morales 

 


Llanura 2

 

El chimango solo llevaba una rama.

Quizás, a su ancestral enemiga.

Para existir, los teros son tres:

el piojito azul vuela rápido a mediana altura,

los cardos se hacen huecos en invierno

crujen dóciles, se multiplican

mientras creo que los derribo.

Parte enojada la culebra, lenta

como un gato doméstico, me bufa

cuando piso su morada.

Llegué hasta aquí sin ánimo de molestar.

Pero molesto.

 

Atravieso un arco shintô.

Su madera sagrada es para entrar y salir

de una laguna pampeana.

Del agua vienen los fantasmas,

por eso esperamos un rato de pie en las orillas,

por eso nadamos hasta en el día más claro

con una técnica precaria

desnudos,

disfrazados, vestidos de neoprene,

invertidos

los sentidos del aire

y los párpados apretados

por temor a que nos lleven los ojos.

 

―Y nuestra sensación de habernos ido demasiado lejos

es la experiencia del chimango, del tero custodio

de su nido, del invierno en la savia del cardo―.

 

Bajo el arco sagrado

me acomodo como una liebre.

Quisiera permitírmelo,

quedarme hasta ver cómo la liebre y los peces

salen de mi pecho y de mi nariz

sin voluntad aparente

mientras las manos regresan al lago como dos chorritos

y las piernas, olvidadas, son leña para el fuego.

 

Todo el cuerpo un instrumento.

 

Pero hay demasiada gente bajando de los autos

y yo también me detuve

para la foto de este mundo.

 

Noelia Rivero 

 


Lavanda

 

1.

 

No tengo nada en contra mío

pero le pongo empeño

en derrumbarme

a veces

como la lavanda

sobre su tallo

leñoso

y retorcido.

 

Rodeo con la mirada

la planta

que en una esquina

del cantero

se yergue

y se derrama

hacia la calle.

 

Abro la canilla y empiezo el riego.

 

La tierra quiere conversar:

quien habla no está muerto.

 

Me contento con entrever

un modo de existencia

aunque me falte

el lenguaje.

 

2.

 

Abandono el deseo

de abandonarlo todo.

 

Armo un ramo de lavanda

y recojo las sobras de cada espiga

toda molida como la fe.

 

Me gustan las flores apenas cortadas,

cuando su vida existe

lejos del cuidado

y las expectativas de futuro.

 

Miniaturas violetas,

sus despojos fragantes

se desarman adentro de mi mano.

 

Las huelo y florece en mí

un recuerdo que se vierte

en cada gota de agua.

 

La presión del riego es fuerte

como la orina de un potrillo.

 

Una luz modesta tiembla

entre los árboles.

 

La lluvia de la manguera golpea

la fragilidad de las flores pequeñas.

 

3.

 

Mi abuela guarda en la cartera

un cordón umbilical

y unos mechones

de pelo.

 

Hojas secas de la vida.

 

Podría escribir con las plantas

un libro de preguntas.

 

Para existir necesita

ser nombrado.

 

Una mujer sin lengua

crece en la corteza

que habla.

 

El agua orienta al agua,

el aire orienta al aire.

 

Yo no puedo orientarme

a mí misma.

 

Corto mi cabeza como una flor.

 

Quiero restituir un orden.

 

Riego el silencio de las flores

con palabras.

 

Amenazo la bondad de la naturaleza.

 

También tuve lagartijas en mi infancia

pero ellas no me hablaron

ni me dijeron madre.

 

La lavanda crece mejor

en suelos secos.

 

Oscurece.

 

Me animo a silbar

aunque sea de noche. 

 

Luciana “Tani” Mellado

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10/4/23

Textos de Valeria Cervero

 


Una cueva, una guarida, un deseo. La eternidad nunca es el límite. Una rama partida nos muestra aquello con lo que lidiamos. Saber leerlo es el próximo mundo.

 

***

 

Agua y piedra pueden ser la combinación perfecta. El alma del río está guardada allí, entre las dos. Donde el sonido de una sobre otra invade todo y se lleva las voces de quienes amamos.

 

© Valeria Cervero

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1/3/23

Texto de Valeria Cervero

 


Las luciérnagas arremeten contra la realidad. Casi infinitas. Son un recuerdo del cielo alrededor de los cuatro. Otro lenguaje que se nos escapa.

 

© Valeria Cervero

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20/1/23

Textos de Valeria Cervero

 


Mi casa tampoco puede ser dicha.

 

***

 

Los enojos pueden marcar mapas imprevistos. Donde no pisar, no tocar, no mover. Pero de nada sirven. Una y otra vez caemos en el mismo suelo que nos traiciona.

 

© Valeria Cervero

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28/7/22

Texto de Valeria Cervero

 


 

La extrañeza es constante. Seduce y asusta. ¿Cuántas palabras podrían decir cielo y no hacerlo a la vez? ¿Cuántas palabras podrían decir vos y ocultarte? El mundo se entreteje solo a nuestras espaldas y no hay cómo decirlo.

 

© Valeria Cervero

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15/6/22

Texto de Valeria Cervero

 


 El cuerpo humano tiene su propia memoria. Hecha de dolores, deseos y debilidades. El cuerpo de un árbol recuerda las tormentas y las sequías, la escasez y la abundancia. Todos los cuerpos tienen sus huellas. La escritura es el cuerpo que no olvida.

 

© Valeria Cervero

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30/3/22

Texto de Valeria Cervero

 


El viento desfigura la parte visible del cielo. Extrañamente, los árboles permanecen quietos. Desde lo alto, las cotorras imponen su sonoridad hasta que se alejan. Quedan los sonidos más sutiles del atardecer. El privilegio de estar viva también es escuchar. La naturaleza casi nunca calla.

 

© Valeria Cervero

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10/1/22

Texto de Valeria Cervero

 


Amboy. Amancay. Hay nombres que me persiguen. Sus sonidos son la presencia de una lengua estival. Como los cuerpos en el verano, se desnudan bajo el sol pero buscan aquello que los refresque.

 

© Valeria Cervero

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22/12/21

Texto de Valeria Cervero

 


La piedra también cuenta. Guarda la historia de medio milenio atrás. La piedra es la historia. Morteros de familias o alero del chamán. El paisaje es la casa que perdura.

 

© Valeria Cervero

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15/9/21

Texto de Valeria Cervero

 


Esto que estás leyendo nunca soy yo. Ecos, buena parte de nuestras vidas. Nuestros cuerpos también. De otros días y otras historias. Otras travesías.

 

© Valeria Cervero

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24/7/21

Texto de Valeria Cervero

 


No es la piedra de Watanabe, pero también recuerda otras resistencias. En medio del río, nos ofrece un descanso y lo aceptamos sin recelo. Piedras más pequeñas la rodean como si fuera una reina en el agua. Sus superficies son pura dureza que seduce.

 

© Valeria Cervero

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