Hablo con mi madre
Mamá: ahora eres silenciosa como la ropa
del que no está con nosotros.
Te miro el borde blanco de los párpados
y no puedo pensar.
Mamá: quiero olvidar todas las cosas
En el fondo de una respiración que canta.
Pasa tus manos grandes por mi nuca
todos los días para que no vuelva
la soledad.
Yo sé que en cada rostro se ve el mundo.
No busques más en las paredes, madre.
Mira despacio el rostro que tú amas:
mira mi rostro en cada rostro humano.
He sentido tus manos.
Perdido en el fondo de los seres humanos te
he sentido
como tú sentías mis manos antes de nacer.
Mamá: no vuelvas más a ocultarme la tierra.
Esta es mi condición.
Y mi
esperanza.
Antonio Gamoneda
persistencia del alba
cuando crece el
olvido
y el párpado se
inclina
y siempre aquellos árboles donde el gris eleva
sobre la costa
cada vez un paisaje diferente
qué pensativas las hojas
que no logran cerrar sus
odres
Ana María Francia
Ah, rostro mío
cómo te amaba el tiempo
cuando eras
antes del gesto
un niño breve,
ungido
en la rara melancolía
de los ecos.
Y ahora,
después del gesto,
el esfuerzo
de ser
la voz
de un largo silencio
para alcanzar,
vacío,
tu forma
de miedo.
Ana Becciú
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