7/8/26

Poema de Susana Szwarc

 

Rapto

 

mira (en la ciudad) lo que no hay:

lapachos de amarillo

cañaverales

 

si olvidara completamente

ya no tendría

certezas

del vacío

 

pero siempre

alguna señal, por ejemplo

el ruido -ése- de la motocicleta

que produce una torsión

que se empecina como una creencia

 

y es (casi) imposible detenerse

ante la belleza del cromado

o arrimarse al azar

por si ardiera la resina

y presumieran diseños de neon.

 

© Susana Szwarc

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6/6/26

Poema de Susana Szwarc

  

Declive

                 

Por el ojo de la cerradura vemos

cómo deja la palangana en el suelo: tiene agua. Ahora

no se ve. Hasta que levanta la mano

blanca, la misma con que la prisionera (jovencita

en Siberia) llevaba maderos hacia el barco.

 

¿Y las niñas? en la escuela

atrás de la vía.

 

Tiene una gillette y el ojo apoyado en la cerradura mira

su negra axila de abeja-madre. Arrasa. Algo se corre.

En el encuadre, un ojo mira al otro.

Si me estiro veo

la palangana (llena) de estrellas y abedules

también blancos: habría nevado.

(El hermano, sobre la nieve, corre

a la muchachita y ahora los ojos ya no ven.)

 

Atrás de la vía:

campanas.

 

Va a salir. Hay que correrse. Abre la puerta y desparrama

el agua (turbia) al gallinero. Nubes la alejan, hacen pasillos

hasta que tiende más ropa en puntas de pie. Los brazos en alto. Abrocha.

 

¿Cómo hallar ahí dónde posarse?

 

© Susana Szwarc

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2/5/26

Poema de Susana Szwarc

 


La pista

 

Se cancelaron tres regiones del impactar: oye

y mira alrededor:  ¿se rompieron los vasos

de la casa? ¿Se cayeron los libros de la silla?

Busca el momento adecuado para salir corriendo.

No caerse, no hacerse tres veces trizas.

No hundirse en los tres próximos aljibes.

 

De madrugada regresa, asaltada

por el poder incómodo de la geografía. 

 

© Susana Szwarc

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16/1/26

Poema de Susana Szwarc

 


Alhaja

              

Ella mortifica el pasado.

Lo despliega lo despeina lo desenvuelve

lo moja lo limpia lo subraya en la hoja

que le habla. Fotografía y cita.

Ella no sabe y sabe lo que guarda

en la manga y nombra el mango del patio

y resta a la suma: el mango perdido.

 

Ella anota, mucho poquito nada

la margarita.

La palabra

- acertada como un disparo -

revive al grillo

que nos entró en la  pieza

bajo la sábana.

 

Corazón, suspiro.

Corazón que late.

 

Ella acaricia la cifra, el signo

del/en presente

y su nave campesina

atraviesa el pacífico,

los neutrinos.

 

Su cabello fulgura

la noche, los  días.

En el rodeo del junco

el cuerpo: flexible.

 

© Susana Szwarc

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30/8/25

Poema de Susana Szwarc

 

¿Hacia dónde?   

 

Ningún nanómetro alcanzaría para cifrar la  distracción.

Árboles. La caída de otro nido sobre la vereda. El fragmento

del nido sobre una rama. La hija que fotografía el nido.

Un cuadro: eso habrá de hacer, enmarcarse, enmarcarlo.

La madre atrasa las escaleras. Se ha trepado y salta

                 hasta aquí: canta.

Canta una melodía a su antojo.  Me sigue me sigue,

la melodía está en mis pies.

(Huyamos: distraídas completamente saldremos

de ese trazo).

 

Que venga el tasador, que tase la distracción.

Sin herramientas (¿dirá?) y  el cielo es celeste.

El cielo es el techo,  reclamo mi parte,

la parte que tiraste, distraída no encuentro ni una sobra, 

distraída me alejo y me acerco. Es en la hamaca donde

se destina el recorrido. No se agota,  no se agota ni más

ni menos que vos en tu anemia, en tu ayuno.

 

© Susana Szwarc

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19/7/25

Poema de Susana Szwarc

 


Veo cómo te miro

 

Veo cómo te miro.

Me oigo  escucharte

en estado de excepción (lejos

y otro el dibujito del mapa)

 

¿Te acordás?,  Molloy  golpeaba la cabeza

de su madre: un lugar común  si el hecho

se produce en los límites del espacio

conocido: lacasa, lalengua, lapatria.

 

Desde antes de los tiempos, siempre,

hijos- hijas,  rompen jarrones,

piedras, nudillos

sobre las cabezas de las madres

con justa razón.

 

Atraídos

a la crueldad del mundo,

alejados de las tetas generosas,

heridos los cuerpos por cifras,

bisturíes, pavos reales, guerras,

noches, días, no hay

otra forma de soportar. 

Sólo suma ese golpe a través

de las bruscas generaciones.

(De una función la grieta,

rotunda.  Toc – toc.)

 

© Susana Szwarc

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15/6/25

Susana Szwarc comparte a Prelooker

  

BOQUETE


Ahí en medio de la pared, está el boquete:

 

lo miramos. También nos preguntamos

cómo pudo haber pasado ese desastre.

Un boquete, un agujero, una rotura ahí en el medio.

Todo lo que tenemos de sabido y construido

parece que puede irse por ahí.

Sí, claro que podemos taparlo. Compraríamos cal, arena, ladrillos.

Pero nunca va a ser igual. Nosotros sabemos que ahí, donde lijamos y

dejamos casi perfecto

es así, casi perfecto. Hubo un boquete.

Eso pensamos, sin decidirnos

seguimos mirando el boquete,

ese agujero que nos permite pasar para el otro lado,

el lado que no queremos. Si lo miramos fijo, parece

como que nos tragara.

Así la tremenda existencia del agujero, de la nada, esa rotura central

abismal, ineludible.

Queremos taparlo.

En realidad, lo que queremos

es que no hubiera sucedido.

 

© María Laura Prelooker

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23/5/25

Poema de Susana Szwarc

 


Reliquias

 

Lo que se obstina en permanecer

es aquella ceremonia.

 

Apócope de luces, la asepsia del mosaico,

la cadena (y una -ausente- ahorcándose

en el metal del campanario).

 

Pero el mosaico comienza a llenarse

del orín que los salpica

y él -el que golpea- suspende su gesto: mirado,

el barniz refulge entre pedidos de celdas.

 

Después

la muchachita y el verdugo

(su forma de andar recordará al padre)

harán boda

harán hijos

harán compras.

 

En un viejo galpón (alquilado)

sutiles de ley algún fin de semana

se desmienten (ajenos).

 

Debajo de una frazada –transparente-

desamparados también

lloran.

 

© Susana Szwarc

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19/3/25

Poema de Susana Szwarc

 

 

Las aguas nos desconocen

 

Tenemos que esperar, te digo

Sí, esperemos.

(Habíamos gritado ayer bajo

la lluvia)

(En sitios diferentes habíamos gritado

sin  refugio)

Ahora llueve y ese gorrión

(ave se dice, te digo)

se refugia justo debajo de tu pie.

 

La lluvia que no para, el pie inmóvil

cuidadoso de no herir.

 

El gorrión se agita. No es

que desconfíe, es que ése

no es su sitio. Se va.

Pero vuelve.

 

No le queda otra, bicho mojado, de

miedo, que volver a su refugio, el pie quieto.

(No es un bicho, es un ave, te digo)

Y yo muevo los pies, la mirada

afuera. Allí donde esos dos pajaritos

bajo la lluvia duermen

en la rama exacta.

(No son pajaritos, me decís, son aves.) 

 

Los nombres se inquietan de esperar

y yo,  aquí, no me hallo, decimos. 

 

© Susana Szwarc


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24/2/25

Poema de Susana Szwarc

 


Pasajeros

 

Se nos cansó, decimos, el caminar.

Pares, impares, acostados

miramos las estrellas.

Me arrimo a tu omóplato:

hay un sitio para descansar, digo

y saltamos al vagón.

 

Esos chicos del tren juegan: bailan

ahora sobre mi esternón

y reímos de los panes en las bolsas.

 

Residuales, eso somos esta noche,

este día. Y estamos contentos.

Las hojas del árbol, amarillas, entran

por las ventanas, adornan

los cuerpos.

 

Es de noche, es de día,

los gorriones en las ramas saltan.

Uno vuela sobre la hoja que cae.

 

© Susana Szwarc

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4/12/24

Poema de Susana Szwarc

 


Nebulizaciones

 

“Nos abrimos para la cosa y la cosa se abre

para nosotros”

dice la soberbia de occidente

que pisa los talones

de mi propia soberbia.

Barrada hubiera sido si los árboles

descubrieran el bosque 

pero la barra se rompe

y yo, amigas, me caigo a pedacitos          

justo

en los intersticios de la historia

siempre ajena.

He ahí, digo, alguna ética

es decir, mi falta de principios

es decir, ningún comienzo

o “la libertad ésa que funda la verdad

y que a la vez –anuncian- la socava”.

 

De  lo que pacta el ser            

sólo se escribe en otros cuerpos

mientras (el sombrero es de Beckett)

hablada por lo mismo

me reparto.

 

© Susana Szwarc

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25/9/24

Poema de Susana Szwarc

 


Permiso

                                            ajusto el cuello de su abrigo

                                            no porque empieza a olvidar

                                            sino para que empiece

 

dejar la mujer

de la ventana reír

en su pausa de madre

o de noche

hasta fraguar

el espacio

y a dos voces la mañana.

 

Si hubiese pan

nos detendríamos a comer.

Esquivamente.

 

© Susana Szwarc

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12/8/24

Poema de Susana Szwarc

 


Quemadura

 

Me ahuequé  (de golpe),

de golpe tapé la cara

con solución fisiológica.

 

¿Me volvería pirómana

y el vestido de la tradición

incendiado?

 

¿Te acordás cuando las tijeras    

se hicieron escuchar

en el camposanto?

 

Desde ahí no pararon:

a cada rato un  cizallamiento.

Sh, queríamos silenciarlas.

 

(Vos querrías. Yo no.)

 

Claro que te quería.

¿No me querías ver?

 

Me destapé primero un ojo,

después la mano

y el guante se fue al fondo

de una fosa común.

 

Esperábamos viendo (-viento).

 

Quien niega ahora, ¿afirma después?

 

Quien niega,

¿qué afirma?

¿Quién no va a la ventana?

 

Las huellas de tus pies

¿volvieran?, ¿todavía?

 

© Susana Szwarc

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31/5/24

Poema de Susana Szwarc

 


Veredas

 

Entibian su vuelo

en el perfume del manzano.

 

Canta la mujer:

regresara aún

vacío de leyendas,

regresara de la llanura de los muertos.

 

Bello atardece este otoño,

el sonido de nuestros pasos

en las ciudades.

 

© Susana Szwarc

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29/3/24

Poema de Susana Szwarc

  


Trozos

 

El ojo hacia ahí: el lomo

brilla como el oro.

El ojo se tienta: ¿lomo

de vaca? ¿Oro de yegua?

¿Lomo de ave?

Las miradas (porque reímos)

hacia nosotros.

¿Es que falta la sal?

(¿y el hambre?)

 

Brilla el lomo como una embajada

de fiesta.

“Zona antifascista”, pintamos

con el jugo, la sal del lomo.

Una mordida a la carne, a la frase

del convite.

 

Pero el lomo hace de espejo atrasado:

se empaña entre recuerdos,

los dos hermanos también ahí:

el del puro donar trabajo,

el del puro donar vicio.

(Esa cosa, la pureza, improbable.)

 

Como al final de una película

(o el libro amado), te pregunto:

¿la vergüenza habrá de salvar

el océano crudo-cocido,

el lomo de la humanidad?

 

© Susana Szwarc

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17/2/24

Poema de Susana Szwarc

 

 

Quemadura

 

Me ahuequé  (de golpe),

de golpe tapé la cara

con solución fisiológica.

 

¿Me volvería pirómana

y el vestido de la tradición

incendiado?

 

¿Te acordás cuando las tijeras    

se hicieron escuchar

en el camposanto?

 

Desde ahí no pararon:

a cada rato un  cizallamiento.

Sh, queríamos silenciarlas.

 

(Vos querrías. Yo no.)

 

Claro que te quería.

¿No me querías ver?

 

Me destapé primero un ojo,

después la mano

y el guante se fue al fondo

de una fosa común.

 

Esperábamos viendo (-viento).

 

Quien niega ahora, ¿afirma después?

 

Quien niega,

¿qué afirma?

¿Quién no va a la ventana?

 

Las huellas de tus pies

¿volvieran?, ¿todavía?

 

© Susana Szwarc

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24/11/23

Poema de Susana Szwarc

 


Nebulizaciones

 

“Nos abrimos para la cosa y la cosa se abre

para nosotros”

dice la soberbia de occidente

que pisa los talones

de mi propia soberbia.

Barrada hubiera sido si los árboles

descubrieran el bosque 

pero la barra se rompe

y yo, amigas, me caigo a pedacitos          

justo

en los intersticios de la historia

siempre ajena.

He ahí, digo, alguna ética

es decir, mi falta de principios

es decir, ningún comienzo

o “la libertad ésa que funda la verdad

y que a la vez –anuncian- la socava”.

 

De  lo que pacta el ser            

sólo se escribe en otros cuerpos

mientras (el sombrero es de Beckett)

hablada por lo mismo

me reparto.

 

© Susana Szwarc

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4/10/23

Poema de Susana Szwarc

 


Crines

 

Esa mujer

arrojó un caballo de su sueño

hacia la arena negra.

 

Apenas un galope. Por espiar

descuartizada.

 

© Susana Szwarc

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19/7/23

Poema de Susana Szwarc

 


Traicionar-lo

 

De aquel tierno esqueleto

aún conservo el sombrero

en el centro de la sábana

 

Ahí derraman vino

 

No hubo traición

digo

con el sombrero chorreando en mi espalda

 

Y trepo a la tumba

como al vientre del árbol

haciendo muecas

 

Cada palada de tierra

convoca nuestra risa

es decir mi risa y la del muerto

 

Siempre guardo algún terrón de azúcar

en la boca

para repartirlo en días de diluvio

 

© Susana Szwarc

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13/6/23

Susana Szwarc comparte a An Lu/Calméls/Ocampo

 


Todos los días las flores de durazno

siguen el curso del agua                                                

                                                  

El grillo

está

en la habitación.

 

Su cantar

me avisa:

         hay que seguir

                                 despierta.

 

¿Lo mato, no lo mato?

 

¿Matarías a un grillo?

 

An Lu 

 


MARFILES                

  

Pequeños sabios de leche,

cautivos, temblorosos,

cuerpo fuera del cuerpo.

 

La mano bajo la almohada

tocando el nudo del pañuelo.

Dura la tela encerrando al diente perdido

y la boca desafinada, tironea de la punta de la sábana.

La noche convoca a los ratones

que no sólo se comen

las lenguas de los niños mudos,

sino que mudan los dientes a su cueva

que tiene un portal como una boca.

 

Al otro día, cuando el pañuelo

deshace la mañana en un bostezo

un billete doblado que da pena

aligera el nudo del recuerdo.

 

Daniel Calméls

 


Álbum


El alma de tanto retrato inesperado

es la última ilusión

de un tiempo reversible.

Si fuera cierta la idea loca del regreso

y quedarse un poco

concentrando la fuga estancada

en el detalle que se descubre después

de hojear el álbum diez mil veces.

Paso el dedo por mi álbum de almas

perdidas después de una foto sin avisar.

Paso el dedo y van muriendo

como el reseco souvenir

de un mágico momento entonces

y ahora se ha olvidado una

de para qué lo guardó.

Repetidos y sin orden

galpón kiosco bazar subiendo y bajando

paquete caja cinta para embalar

civilizadamente dejar que se lo lleven todo.

Lo contrario es resistir el absurdo

como si el tiempo se plegara: un tiempo de hojaldre

amasado hasta lo invisible en miradas superpuestas,

condensadas, abiertas en cientos de hojas.

Mi madre dice que entre las cosas heredadas

de mi abuela había un vestido sin estrenar.

 

Andrea Ocampo

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