10/7/20

Poema de Mónica Aramendi



Una hoja se despeina del verano.
Como péndulo
baila al son de la brisa hasta el reposo.
Otra, aliada del otoño,
se llueve sobre la tumba de cemento.
Quietud desplomada.
Saeta bajo el mural del cielo.
Algunas fluyen hasta el desagüe
en la mansedumbre de la entrega.
Otras, hacia pestilentes rincones espectrales.
Disímil piel del mismo trigal.
Así todo.
Mariposa gastada, semilla de la memoria.
Ínfima astilla en la hendidura del ser.
Caigo en el útero vacío
grabado en las estrellas
o en el costado apagado del sol.

© Mónica Aramendi

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17/6/20

Mónica Aramendi recuerda a Vicente Huidobro



LA POESÍA ES UN ATENTADO CELESTE 

Yo estoy ausente pero en el fondo de esta ausencia
Hay la espera de mí mismo
Y esta espera es otro modo de presencia
La espera de mi retorno
Yo estoy en otros objetos
Ando en viaje dando un poco de mi vida
A ciertos árboles y a ciertas piedras
Que me han esperado muchos años
Se cansaron de esperarme y se sentaron

Yo no estoy y estoy
Estoy ausente y estoy presente en estado de espera
Ellos querrían mi lenguaje para expresarse
Y yo querría el de ellos para expresarlos
He aquí el equívoco el atroz equívoco

Angustioso lamentable
Me voy adentrando en estas plantas
Voy dejando mis ropas
Se me van cayendo las carnes
Y mi esqueleto se va revistiendo de cortezas
Me estoy haciendo árbol Cuántas cosas me he ido convirtiendo en
[otras cosas...
Es doloroso y lleno de ternura

Podría dar un grito pero se espantaría la transubstanciación
Hay que guardar silencio Esperar en silencio.

© Vicente Huidobro





Ya no busco nuevas orillas
ni horizontes inquietos.
Anclo mi bote y mis pasos
en el sosiego de una luz temprana.
Bajo el silencio de la tarde
recupero el sonido de los mares,
la boca del viento
y todos los amaneceres guardados
en mis manos de sal.
Recojo ocasos, la noche y cada estrella
-islas en la luz del desamparo-
Ya no busco nuevas orillas.
Apoyado en los brotes de mis remos,
me atrevo
a una tierra con rocío de mariposas,
a pasos sobre arenas vírgenes,
al vértigo del hombre cotidiano
…y vuelvo a soñar que navego.

© Mónica Aramendi

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20/3/20

Poema de Mónica Aramendi





Sin la cólera del recuerdo
ni la nostalgia del olvido
la vida plena circunda
las cavidades del alma.
Bebe las máscaras
de los que se fueron
y las cotidianas riberas
de vanas estaciones.
Convencida de la luz
y su contracara,
en el mediodía de la existencia,
gira entre los espejos que corean el todo
…y vibra.
Vibra sentada en el umbral
de la mano de un ángel gris.

© Mónica Aramendi

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3/2/20

Poema de Mónica Aramendi




Las hojas lánguidas del sauce
acopian colores del ocaso.
Beben de ellos
y desangran los restos
a los pies llovidos de sus ramas.
Besos de neón
para quienes un sol prohibido.
Hormigas subterráneas
en las tumbas que acechan.
Obscenas conciencias oscurecidas.

© Mónica Aramendi

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27/2/19

Poema de Mónica Aramendi



Paradoja de los mares.
Voces sin mutaciones
de rompientes y chasquidos.
Voces de dos
y dos somos la misma.
La misma que se mira
en el temor de la otra
y revisa en su equipaje
no haberla olvidado.

© Mónica Aramendi

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2/1/19

Poema de Mónica Aramendi





La lengua seca lame el desierto.
de palabras inexistentes.
Sueño crear el nuevo lenguaje,
un tiempo que signe eternidades.
En mis pasos de hoy.
la lengua seca
escribe lo que puede,
arropa voces,
construye la ausencia.
La lengua seca
busca lo innombrable,
busca en desespero
otra, otra, otra palabra.
Busca en vano.
La palabra será
en el tiempo del silencio de Dios.

© Mónica Aramendi

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29/8/18

Poema de Mónica Aramendi





Hay flores en mi almohada.
¿Alguien las dejó en mi sueño
o mi sueño las sembró?

Hay flores en mi almohada.
Brotes de un tiempo viejo
arropados en mi pelo.
Fruto cauto
de tantos pensamientos dormidos
y sueños demorados.

© Mónica Aramendi

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4/7/18

Poema de Mónica Aramendi



Pies de pan
sobre una mesa adoquinada
caminan el vicio cotidiano.
Las hormigas los comen.
Hormigas que cargan migajas
arrojadas al viento.
Migas de pan sin huellas.
Pies como rocas
que la tempestad
convierte en arena.
Migas. Arena.
Casi nada.
Eran mis pies náufragos
los que buscaban savia
en la ruta de la orfandad.
© Mónica Aramendi

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29/11/17

Poema de Mónica Aramendi




Después de la fiesta
La calle amanecida
Encandilará sus rostros.
Carcajeos sinsentido
Vomitarán el enjambre
De una noche incompleta.
Con paso lento, burdo
Recorrerán la ciudad
A un dormida.
Zapatos en las manos
Corbatas desencajadas
Maquillaje que se quedaron
Entre las mascaras
En un guardarropas ajeno.
El sol comienza a entibiar
Y el alcohol de la fiesta
Se acomodará en la tristeza.
Las bocas áridas, acidas,
Incoherentes.
Bostezando la brisa matinal.
No hay lugar abierto
Para abrevar la sed
Que deja tanta saciedad.
Más sol, más luz
Descubriéndolos.
Cada uno mirará al otro riéndose
Cada uno se mirará con llanto.
Fantasmas salidos de un campo inconsciente
Son otros. Son ellos sin desearlo
Vampiros de si mismos
Libarán su sangre en un circo sin público.
La función termina.

Las arrugas de los años
Aún no vividos se presentan
En la rígida memoria
De algún próximo aquelarre.

© Mónica Aramendi

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27/10/17

Poema de Mónica Aramendi




Cruza la calle
sin mirar.
Los pies lentos de vejez.
En un soplo fugaz
         cae.
Cae sobre el asfalto atónito.
Bastó sólo un instante
para que lo atropellara
un recuerdo.



© Mónica Aramendi

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23/8/17

Poema de Mónica Aramendi


Escribo al borde del abismo
para construir otra orilla
o nadar en el vacío
sin estallarme en lo consumado.
Busco lo nuevo
para no manchar el  olvido
con el secreto de un recuerdo.

© Mónica Aramendi

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26/7/17

Texto de Mónica Aramendi


Un árbol, mis manos. Pájaros en los dedos. De tronco envejecido las palmas.
Sostengo en ellas flores secas de antiguos otoños, nubes llovidas y el único gorrión que perdió su nido.
Sobre mi pecho, en noches demoradas, esparcen semillas, liban colibríes.
Amanezco de un sueño no soñado.
El jardín de la infancia se hace pueblo y un lirio se recuesta en mi mejilla.


© Mónica Aramendi

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9/6/17

Poema de Mónica Aramendi


Tristeza mortal fue su adiós.
En algún lugar ignoto y eterno, seremos lirios o fresias
en el jardín del reencuentro.
Toda nostalgia valió las manos que, en el invierno
de la existencia, me dejaron un recuerdo del tiempo en
que estuve viva. Vida sentenciada a ser tul negro
que cubre el oleaje de mi cuerpo.
Ella tenía voz de paloma.

© Mónica Aramendi

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6/5/17

Poema de Mónica Aramendi


Llueve sobre los pedales del viento.
Llueve oblicuo.
Me lloran el rostro y las manos.
Mamo el agua,
la beso en sed de nostalgia y espera.
Mientras la lluvia crece
y los ojos se pierden
y los párpados se acoplan
en nubes plomizas,
un sol persigue mi ceguera.
La luz no acaba el temor.
Esa luz de vida
cree que mi llanto es osadía.

© Mónica Aramendi

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