9/6/17

Poema de Mónica Aramendi


Tristeza mortal fue su adiós.
En algún lugar ignoto y eterno, seremos lirios o fresias
en el jardín del reencuentro.
Toda nostalgia valió las manos que, en el invierno
de la existencia, me dejaron un recuerdo del tiempo en
que estuve viva. Vida sentenciada a ser tul negro
que cubre el oleaje de mi cuerpo.
Ella tenía voz de paloma.

© Mónica Aramendi

2 comentarios:

Anonymous betty badaui ha dicho...

Aún en la tristeza el poema logra su hermosura.
Un gran abrazo
Betty

10 de junio de 2017, 21:41  
Blogger Mariano ha dicho...

Un poema conmovedor, Mónica; bellamente conmovedor. Mis felicitaciones y un gran cariño.

15 de junio de 2017, 19:16  

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