28/9/16

Poema de Liliana Chavez




  
La realidad
es esta memoria
que ya no clama
que respira sus silencios
como si entrara en la noche
por el camino de la niebla

el mar de las penas
recibe una  flota
            de soldados muertos

la nieve tiembla  aprendizaje sobre el calor
                           de la piel

cómo sanar el canal contaminado
cómo sacar el tutor del árbol de la confusión

no puedo      no sé

necesito un  intento de aire fresco
               que coagule el instante.



© Liliana Chavez

Poema de María Ángeles Pérez López


En el vientre impaciente de la lavadora
los colores se mueven por capricho
cuando voltea la máquina, se mece,
contorsiona su línea vertebral
sometida por leyes intrigantes
al ajustado margen del temblor,
la sacudida, el espasmo.

El rojo, el amarillo, el verde menta
se confunden y mezclan, recolocan
la paleta original de los colores,
abigarran el agua con sus tonos,
se exprimen para ofrecerse hermosos y amarrados
al jabón, la lejía abrasadora.
Componen un universo impredecible
y juegan a que tiñen el lino, el algodón,
las telas indefensas en el inquieto espacio,
las telas que se apropian del gris,
azul marengo,
para el forro o la costura primorosa,
aprensivas, temibles en su ira
si el resultado es torpe o irritante.

Hasta que no interrumpo el movimiento
y apago ese artefacto incomprensible,
no vuelve cada prenda con su primera imagen,
con la forma natural, la liberada
del sueño, la fantasía venturosa.



© María Ángeles Pérez López

Poema de Máximo Ballester





Y entre los árboles
fingir ser uno de ellos.

Silencio. Pero

¿a qué sombra pertenezco?



© Máximo Ballester

Poema de Liliana Majic

  
sedienta

tiemblo
ante tu sombra
que tiembla si esta cerca
mi piel despierta hambrienta
y escucha esa bruma
en tu altura
crecen dedos
oscurece tu pelo  
desaparezco muda
frente a tu interrogante
ojo callado que brota
coral infinito
de yeso y sal
que te consume
colores de tierra
llueven mi cintura
el vacío duele menos
abismo
siento lo extraño
vino dulce
amargo
suave relieve vertical
bajo mi curiosidad pudorosa
sed de nada
miedo a todo
que no bebe
tu líquida alma,
y la certeza
en las entrañas
gotas de besos
y un verde perfume
de cedro
me queda puesto
cuando te vas
sin mirar


© Liliana Majic

Poema de Marizel Estonllo



Eso que espera 

Espero la tormenta
mientras mis dedos juegan con dos pequeñas
esferitas de metal

Dos esferas magnéticas se deslizan
entre mis dedos y mis manos
van y vienen
suben y bajan
marcando la dirección de las caricias
envuelven y desenvuelven la trama de la atracción

pienso en vos y en mi
si nos alejamos ,
como pruebo hacer con estas esferas
nos atraeríamos igualmente
con la misma fuerza
con la misma fuerza de esta esperada tormenta
que viene desde el centro
desde su nudo oculto
de su tenaz oscuridad

las miro
ahora sobre la mesa
están muy juntas
es necesaria mas fuerza aún para separarlas
me encanta sentir entre mis dedos esa tensión
la magnifica fuerza magnética

Mientras
enredado en mi cuello,
vas entrando
cerca
muy cerca del destino.


© Marizel Estonllo

Poema de Marta Ortiz


persistencia         

resiste
esta memoria de palabras
como líneas
de celestes nomeolvides

crepita
en el mimbre del sillón desvencijado
al lento fuego
de mis vanos devaneos
(sombras grises deshilan
cielos rasos
           de telas de araña)

persiste
esta lengua y esta letra verosímil
en la trama                      
        de las telas
            sepultaban la piel suave de mi madre

y en la curva de voces como ríos
voces de viento
                      en sobremesas
noche a noche censuradas

perdura
canto primario
tacto a mapa antiguo
‒tiempo y gubia‒
en la corteza del ciruelo

y habría que ver
resiste    creo
en el vaho aquel amarillento
olor naranja terroso
color grieta    papel viejo
               del viejo libro de cuentos
                                                  de Perrault



© Marta Ortiz

Poema de Gastón Sequeira



Lugar en el mundo
en la palma de un verano

lamí las gotas dulces
de una lluvia calma

como un atardecer
arrebolado y colorido

me sembré en esa tierra
fui semilla tierna
hierba y fruto

apesadumbrado escondrijo
de insectos y babas de caracol

los sentimientos hendidos
en la tierra
recién fecundada

por alegrías y futuros

allí reposo
adornado
de flores heredadas



© Gastón Sequeira

Poema de Gabriela Pais


La Ciudad del Padre 

Los grandes conductores también erran la bajada.
Hay indicaciones incorrectas, malas interpretaciones de los mapas,
errores conceptuales y sorderas varias
cuando de falta de autoridad se trata
o negaciones identitarias.
El camino se pierde, pide huella al origen,
cartel.

Voces ancestrales son ecos que retumban profundamente,
la voz del corazón habla desde un silencio anterior a la ciencia.
Pero los Estacionamientos y las Basílicas
les devuelven la razón del viaje, el objetivo, la ruta y la raíz.

Los grandes conductores también son atropellados,
aún cuando dominen el arte de conducir ciudades.

Es la falta de seguridad lo que sale por la nariz,
lo que se estornuda y se tose
en la Ciudad del Padre.

Qué aquí sean los gendarmes quienes pongan a resguardo la evidencia del accidente.

El verde no conduce al campo esta vez.
La vía paterna está inundada de tal manera
que es imposible soñar con caballos
y respirar
sin sentir que la raíz ancestral  y chamánica
se pudre en el pecho.

Falta media raíz que escrita con Z es tremenda,
dice el gendarme;
o el camino es perfecto al anegar la ruta
para evitar desvíos innecesarios.
Entonces hay que sanar los pulmones en la ciudad,
a orillas del lago o sobre la mesa donde se airean pastas
que recuerdan a Cosenza,
abuelas congregadas en el sabor de la acelga y  pastelitos,
evocan carneadas, jamones, quesos, salames y corderos entre otras violencias
y mudanzas,
segundas conquistas o planes gubernamentales
en la historia de esta tierra.

La ambulancia se lleva el atropello.
Es entonces cuando recupera  el amparo y el certificado de pertenencia
que por error perdió en el baile
mientras reían y jugaban
cual niños en el centro de jubilados.

Qué no se enteren del accidente,
qué nadie se dé cuenta del infortunio
a estas alturas evidente.
Pero se supo, el gendarme labró el acta.
Ella misma deberá, por ley, poner a punto la conducción y la estética,
 enderezar la rueda y  encontrar la ruta,
mientras sana los pulmones con caramelitos de Ambay y Propóleo,
entre otras medicinas apetitosas.
Su  Padre ofrece colocar la cerradura en la puerta
para que se sienta más segura,
propone cambiar de compañía
a fin de asegurar los daños ocasionados.

Grueso error es pedir justicia por los bronquios
y verdad en los informes.
Las pólizas no están para reparar siniestros ancestrales.
La terapia de la cebolla es la indicación
si lo que se necesita es llorar
o disfrutar sin culpa
de los zapallos con derecho de autor.

Hay indígenas nómades en su carta natal,
Oh Pampa, tierra del sur.
Su apellido sigue siendo español,
esa fue la primera conquista,
la cobardía primigenia,
la derrota definitiva
y la verdad.


© Gabriela Pais
Pintura: Raquel Saéz Fliquete

25/9/16

Poema de Susana Rozas



Una suerte de chubasco
atormentado y quieto
como un arco iris del siglo pasado.

La clave que rememora
tu llegada
 igual a una estación derrumbada
 de continuidad.

Sólo lo revive
la impasible zona  de silencios con música
esparcida
en  la alfombra
    al amparo
    detrás de la puerta /  siempre allí
inmaterial y constante.


© Susana Rozas

Poema de Carolina Zamudio


Arraigo

Quizá sea un roble
con aroma a eucaliptus
cuyas raíces son ramas
que tanto anclan un fondo
como rozan una cúpula.

Exilios ciertos
ni hazañas tengo
la casa es campo de batalla
el cuerpo es la casa.
Alma
espíritu y vacío habitan en ella.
A veces en el silencio humeante
que presagia los sueños
me paro ante mí y pido.

Casi siempre me obedezco.

Alguna vez quizá plante un árbol
ahí donde mueren las palabras.
Por ahora me conformo con ser durazno
y que su piel desgarres, hija de una tierra
que tanto me crece como me carcome
rama de un tronco que se deshilacha lerdo
fruto del fruto de una y otras ramas
que crecen desordenadas, profusas.
Jardinera del desarraigo
quizá
alguna vez yo misma plante ese árbol.


© Carolina Zamudio

Poema de Francisco José Malvárez

  

VUELVO SOBRE LA NOCHE 

   vuelvo sobre la noche
con los brazos extendidos sobre una cruz que no tengo
y de rodillas caigo exponiendo el pecho al frío bajo una luna helada
a mis espaldas la sombra se hace un pequeño cristo negro y crucificado, sobre el piso

no sé pedir perdón  ni dar gracias porque a pesar de todo estoy vivo
pero en un lenguaje extraño de aromas tibios habla, siento que sabe que estoy agradecido
y creo que quizás, también, algo de perdón me insinúa
desde lo lejos, tan lejos que hasta su aliento divino huelo, aquí no más, al lado mío

   vuelvo sobre la noche
sobre esta noche tan llena de misterios
y una calma milenaria me cubre como un manto sagrado
hasta que la llovizna de mis ojos se me desparrama sobre el rostro

   el silencio se hace profundo dentro de mi alma, me quedo quieto, quieto
dejo que todo suceda, se manifiesta, ahí, la casi certeza de la plenitud y la eternidad
y que este ínfimo espacio finito, que es la vida
se hace infinito acorde vivirla con intensidad, como la vivo

   me es tan intenso todo, que hasta este dios en que no sé si creo o no
da piolin a mí barrilete y espera sin rezongar sentado en algún rincón
qué será lo que él sabe y yo no? se me da por preguntar
entre las tensiones del frenesí que experimento y se me eriza la piel

   vuelvo sobre la noche, esta rara noche
de rodillas con los brazos en cruz
rara, mágica y dalileana, a mis espaldas, sobre el piso
se acuesta una sombra de un pequeño cristo, negro y crucificado, todo erizado; raro no?


© Francisco José Malvárez

Poema de Romina R Silva


Intangible

Intangible experiencia
como ave plateada en un torrente de ideas.

Coronas sin espinas
de los olvidados en los meollos del tiempo,
en el lugar donde el hábito carcome las inmensas soledades.

La experiencia intangible siempre abraza
quiere que seas un nuevo lugar,
un amor crispado en los brazos del sol.

Vivencia intangible
atravesando una caverna filosófica
¿estaré en la verdad?

Dejaré el puerto,
 el mar me llevará

el amor, el mar,  intangible.


© Romina R Silva

Poema de Xenia Mora


VEN Y HÁBLAME AL OÍDO DEL ALMA

Ven y háblame al oído del alma.
¿ En qué estrella remontaron tus versos?
¿ En qué río se esfumó tu canto?
¿ Qué pájaro despojó tus alas?.

Ven y háblame al oído del alma.
Se inunda de bruma la tarde.
Lozanos campos,
son grises sombras.
No encuentro manantial en tu mirada.

Ven y háblame al oído del alma,
pero hazlo muy quedo, en susurro,
así no dolerá tanto,
es mejor así...

Como tenue luz,
se apagarán mis versos:
Mengua el latido.
Partiré en viaje
al infinito.


© Xenia Mora Rucabado

24/9/16

Poema de Alicia Pastore


a Paula, dic.2015 

ahora te crece 
el silencio hacia adentro

y yo me abrazo a la muerte
sólo por abrazarte,
ando confusa por el hielo
de mis extremidades,
pienso en formas
y contornos
que no logran
urdir su ronda 

y un nudo astuto 
me cierra la boca 

empalidecen los días 
detrás de tu rostro,
ni un río de sangre 
alcanza a devolver
el color de las cosas, 

y se consume el aire, 
se consume,,,


© Alicia Pastore

Poema de Luis Luna


El sonido es ahora la extensión
del sonido. El eco que resuena
y no se extingue mientras dura
la luz, que de ti mana.

Ese breve destello.


© Luis Luna

Poema de Raquel Jaduszliwer

                        
    Visiones

¿Las ves?
¿las ves las ramas?
¿las ves? de allá se ven?

las vueltas que da el viento en cada rama
¿de allá se ven?

no
no mires hacia el tronco
ni a la raíz perdida y sus terrones
ni a la rotunda piedra 

que las cubra de olvido
el blando olvido

y para vos las ramas
las más altas de todas
las más altas

ay mi difícil
mi amor difícil de días más extensos

¿lo ves?
¿lo ves allá?
¿lo ves al ángel torvo
blandiendo sus espadas?

                                                                              

© Raquel Jaduszliwer

Poema de Carlos Satizábal



PÁRAMO

Frágil el musgo y el liquen, y frágil la flor
-cada flor- y cada insecto que la flor abriga.
Frágil el silencio y frágil el agua
que cae numerosa en ágiles gotas de luz.

Frágiles los bordes delicados de la piedra
pulidos por el roce del tiempo,
y la luz y la niebla y las nubes lentas,
tan cerca del cielo.

Frágil el obscuro espejo de laguna y su suelo
de quietud, y el terso frailejón, y cada sociedad
de plantas amigas que florecen únicas
en colonias de pequeñas hojas brillantes.

Frágil el aire susurrante y su rumor,
y los altos rayos ardientes del sol.
Frágil el azufrado olor a infierno
y sus aguas y lodos de colores diversos.

Frágil el hielo y la lava fría y el peligroso viento
en las cumbres, blancas, lejanas, desiertas.
Y el cóndor y su vuelo
alto y solitario sobre las nieves perpetuas.

Frágiles descendemos el frágil páramo del amor.

                                                 a Luisa


© Carlos Satizábal

Poema de Osiris Mosquea


Algo que duele

El cielo es un mar suspendido. Lentamente se vacía sobre la ciudad a goterones infinitos y dolientes. La lluvia es un telón que cae desgarrado por su bóveda agrietada y va rompiendo las cosas en su caída.
Esta noche llueve como nunca
Mi corazón de búho y amapola
tiene aires de noviembre
de la arcilla que viaja en la pupila rosa de la tarde
Llueve tanto que hay algo quebrado
algo que duele en Nueva York.


© Osiris Mosquea

Poema de Alejo González Prandi




MUJER SENTADA 

                          a Emilia Bonifetti 

En una larga mesa estamos los amigos
compartiendo la noche invisible
en la que se despojan los cabos y las musas
Escuchamos al actor decir intimidades
sobre una obra del teatro oficial
Escuchamos a la poeta: para quién hacia dónde cuándo
El murmullo somnífero de la mesa contigua
El brindis de dos copas por la felicidad de todos nosotros
Vemos reír y a otros despedirse
Algunos volverán a verse
y otros no
La vida continúa
aunque no haya verdad ni precipicio
Estoy vivo al tocar las manos
de la mujer hermosa

© Alejo González Prandi



Poema de Paulina Juszko

  
La vida.
Esperaba
           una lluvia de meteoros               
           fuegos de artificio
           un cálido crepitar
           un deslumbramiento 
y encontré
            una miserable llama de calentador
                   que ilumina apenas mi noche
            un hervidero de pequeñeces
            una impasse de goma
            una mediocre comedia
            un exilio en cámara lenta.
Por qué
¿por qúe sembrar  en nuestros corazones áridos
                  la semilla del vuelo
        si estamos condenados a la caída?
  Y esos signos misteriosos esos pájaros de oro
                 que a veces nos lucen
           ¿no significan nada entonces?


© Paulina Juszko

Poema de Carlos Carbone




EL PASO DE LA MUERTE

La muerte ya paso.

Solo dejo telarañas
          en la costura del ojo.



© Carlos Carbone

Poema de Adriana Maggio


Digo: hay algo.
Y atisbo
espacios hambrientos,
palabras que clavan en mí,
como una soledad,
sus árboles inocentes.
Garras sin nombre que descifrar aún.
Al borde de lo innecesario,
la muerte tiene / la sed de una loba,
la garganta perfecta
(sonido como una verdad
de los y las y otro)
adonde quiero llegar.


© Adriana Maggio

Poema de Amalia Mercedes Abaria



AGUA EN LA NOCHE
                      (Afuera pasa un arroyo)

Sigiloso,
        huyes.

En mi sueño una
estrella  viene
a buscar tu nombre,
universo de savia
y escucho el susurro
de tu pétalo nocturno.

Huye de las sombras
de los bulbos marchitos
de los que no duermen.

Llévate el dolor del mundo.
Vuela


© Amalia M.Abaria

21/9/16

Poema de Claudia Tejeda


Membrillos

-No es que no se cumplan los deseos
– me decía la vieja testaruda –
A veces frotamos la lámpara equivocada.

Y me senté con ella esa tarde dulce
 a coleccionar genios en el vapor de los membrillos.



© Claudia Tejeda

Poema de Pablo Del Corro


ELLA Y YO

No nos conocíamos
Yo escribía al sol
una carta de amor a su nombre
Del otro lado
ella cabalgaba desnuda
buscándome
Yo miraba al sudeste
y la esperaba
Ella vino desde allí
Traía en el pelo una tristeza idéntica
Bajó del caballo y preguntó por mí
Alguien le dijo que debía cruzar
Yo me distraje tanto en sus ojos
que al principio no la reconocí
Ella esperó de pie
pacientemente
Cuando terminé mi carta
la dejé en sus manos
Ella leyó en voz baja
Yo bajé la mirada al notar que lloraba
Entonces recordé los clavos
sembrados en la calle.


© Pablo Del Corro

Poema de Inés Legarreta


Pero   si sos
 un papel
 A4
 un fragmento/ de un discurso/ amoroso
 frases remarcadas por un lápiz/ birome/ pincel
 por qué
 creo
 que tu palabra
 puede calmar las aguas de la desgracia
 es de noche y desvarío
 debería dormir
 el sueño de los justos por un rato
 o soñar lo que escribiré mañana
 la verdad
 en el amor es tocar: yo toco tu mano (no)
 toco tu piel (no)
 oír: yo escucho tu voz (no)
 ver : yo veo lo que tus ojos miran (no)
 entonces por qué
 igualmente
 te perdés
 como un hombre



© Inés Legarreta

Poema de Anamaría Mayol



Era un hombre de ojos  profundos dónde caer  /aún no encuentro la salida


© Anamaría Mayol

Poema de Javier Saleh



“Es que necesitamos una de sus manos
para no escribir
para no respirar por tanta lluvia
tanto silencio de fondo musical
tanto dignísimo abrieron”

El apellido de Homero7

(El Rubicón no se cruza de a dados)

Nadie se pregunta por qué escribo (escribo) 
poniendo los pies en el papel para no caerme

nada (escribo) justifica el poema 
excepto morir en su poesía natal.

Entonces, miro el cielo despejado
asomo la mano abierta al sol
y pienso convencido:
puede que no llueva
puede que los muertos
encuentren su lugar en el paisaje

y en esa butaca que falta
hasta la muerte esté dispuesta a morir

el arnés (escribo)
no se afloja solo
y la multitud supone siempre un desencuentro.

Algunos creen
que eligen el tipo de cáncer
que les toca
otros agradecen hasta las várices, 
el limón en la alita de pollo,
los cementerios privados
el resultado a favor de su equipo de fútbol que otros maldicen 
con provisorio ateísmo.

Pero todos (escribo)
eligen el árbol “de cerca”
nadie quiere el bosque entero 
en su plato de sopa.

Otros optaron 
por esa mano ajena
jugando en el esfínter

por un tenedor y una cuchara
para cada desnutrido

optaron por la calvicie,
optaron entre comillas.

Escribo –digamos
a falta de un verbo más preciso-
que en este país tener dientes es un derecho
y que ir con la foto de un pobre
no basta para ser feliz.

Como escena final:
imagino a niños del colegio
queriendo convencer a la directora.

Mientras, la dama del gorro frigio
me mira con los ovarios en la mano
y enciende la banderita argentina
con un fósforo de industria nacional.

Y así como a los cantantes
se les termina la voz
a mí se me acaban los dedos

y la mano con que escribo
apoya el codo en la mesa
y vuelca el café

insiste
que no es nada personal
hasta los puntos negros de los dados
desaparecen

y el fotógrafo
no necesita explicación.


© Javier Saleh