2/12/21

Poema de Alfredo Lemon

  


El puesto del poema en el cosmos

Es un desconocido 

Cuando refiere es nunca lo que estaba por decir 

Una silla esperando que ocupes tu lugar 

La balanza que oscila entre el abismo y la gracia

¿Será un tropiezo? 

                            Hambre de hablar? 

Lo único cierto es la ficción que construyes 

la historia que sostienes 

la irrealidad circundante interpelándote 

¿Para qué escribir sino nadie nos lee? 

Todas las páginas caerán bajo las vías del tren 

Intentaste apartar creencias y neurosis 

pero con un cóctel de clonazepan y fluoxetina no alcanzó 

El discurso derivó en extravíos, profecías 

Repetiré un mantra para purificar los errores 

Imaginaré una canción para soportar las despedidas 

El mundo es intangible, espectral 

En medio del dolor quisieras sobrevivir 

pero te alejás de la perfección con gin y cortisol 

Te instalás en la ambigüedad de quien quiere ser oído 

La felicidad es una alcancía del azar 

Los inocentes celebran ignorando la emboscada 

La verdad permanece virgen como una navaja

 

© Alfredo Lemon

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Poema de María E. Faini Adonnino

 


 

A la hora en que la tarde

se carga de conjuros

y escapan a los vientos

en cintazos azules

los misterios del mundo,

en el instante mismo

que un árbol se duerma

hechizando el paisaje,

un lirio desmayado

adquirirá tu forma,

descansará en mis manos.

Allí donde te encuentres

te sentirás vacío

porque en mi mano,

un lirio,

como en los cuentos magos,

latirá con un soplo

curiosamente humano.

 

© María E. Faini Adonnino

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Texto de José María Pallaoro

 


PESCADO 

      Saltó de la pecera. Y cayó sobre el piso de cemento. Pasó de pez a pescado. Para nada rabioso.

 

© José María Pallaoro

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Poema de Karina Lerman

 


 

Aroma de abedul

 

He visto el sol pleno del día,

mi propio gravitar ante

la flor en su vaivén

tras el quejido del viento.

 

¿Qué arrojan los cuerpos,

de qué se sustraen

las aves cuando agitan

de un lado a otro

un cielo obligado,

la vida puesta en sobreaviso?

 

© Karina Lerman

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Poema de Jorge Valbuena

 


EL MUSEO DE LOS AYERES

 

En la piel del lodo aún late embadurnado el eco de mi primera costra

El lirio que nació en ella como futo de las caídas

su árbol penitente que abría su fronda en los brazos de mi madre

levantando el alivio con hielo y la sutil suspicacia de su calor

eran los días del retoño

la tierra estaba tan cerca a las canciones

que las manos siempre andaban naufragando entre las dunas del patio

y con las hojas nos mirábamos cara a cara los párpados

y compartíamos los pensamientos con los pensamientos que nacían hasta

en la boca de los ladrillos

desparramados oleajes de viento

supe que incluso el rugido del león se sopla cuando se encuentra uno

de sus dientes a la vera de los pasos

madre me enseñó a soplarlos fuerte como si estuviera rugiendo desde

la selva de mi ser, un rey con astrolabios de espinas

que alza un temblor de pétalos afilados para siempre,

cada día cazábamos tesoros

abríamos anchas praderas de huecos

en las que estirábamos los brazos hasta el centro de la tierra

esqueletos de alforjas

suspiros incendiados

fragmentos de nieve

juguetes sin memoria

armaduras de espejismos

jamás una moneda de nada sacamos

madre nunca nos dijo que no

porque en la cena siempre enumerábamos cada remolino disecado

y lo instalábamos en el museo de los ayeres

como si nos estuvieran contemplando

desde algún otro extravío de sus sombras

Cada esquina se fue llenando de reinos

En cada migración de un nuevo pastel cada año

Seguimos rugiendo ante un ejército de velas

Que fue creciendo

Hasta quedar solo una luz grande en el centro de la mesa

Que estallaba con pólvora hasta el techo del tiempo

El diente de león ahora estaba lleno de sueños

Temblor de pétalos afilados

Que quedaron flotando en astillas de chocolate

Hasta que madre doblaba el mantel

Y lo guardaba en el cajón junto a los viejos cuadernos,

Las ovejas del pesebre, las huellas digitales, las fotografías,

Viejos remiendos

Y nos daba un beso en la frente

Que aún conservamos

En un jardín de estrellas inhóspito

Donde salimos a jugar cada vez que buscamos

Nuestra colección de cicatrices.

 

© Jorge Valbuena

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Poema de Teresa Gerez

 


SOS


La marca de agua

que se me aparece

cuando cierro los ojos

y escaneo mis pensamientos

 

La figurita

al final del telescopio

 

Si pudiera cortarme la cabeza

y pegarla al corazón

Hacer un copy & paste

de mi cerebro

y ponerlo en la misma carpeta del cuore

           haría

todas las locuras razonables por amor

Escribiría los mil cien tomos en un mes

de las desventuradas desventuras de

enamorarse

 

Y acabadas las curiosidades

de mi ser de gato

mataría el recuerdo

de lo no-vivido

y en mi séptima vida

(tal vez)

podría olvidarte

 

© Teremimigerez

Imagen enviada por la autora del poema

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Poema de Irene Scalabrelli

 


Me acuerdo de los boletos capicúa

no sé por qué me acuerdo

pero yo juntaba

y junté como diez

a lo largo de un tiempo de certezas.

Calculaba las probabilidades

de que eso sucediera

y siempre era fantástico

que me pasara a mí.

Entonces

sólo los juntaba y los dejaba por ahí

en un libro, el bolsillo, un cajón

no era importante guardarlos

porque no servían para reclamar

los boletos capicúas

otorgan suertes efímeras y nunca se sabe

cuándo van a suceder.

Podría estar ocurriendo ahora mismo

una suerte

o mañana

o capaz que ya las gasté todas.

Nunca se sabe.

 

© Irene Scalabrelli

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Poema de Guillermo Bianchi

  


VISITANTE                                                  

  

yo te apago la luz para que entres

finjo leer un libro

hago callar los perros

a tierra calcinada huele tu cercanía

a piel herida de afilada sombra

 

yo te escucho llegar

desesperado

subo las escaleras

miro por la ventana

tu presencia es el pan de lo inmediato

mi corazón un tigre

           que come de tu mano.

 

© Guillermo Bianchi

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Poema de Graciela Chisty

 


 

cuatro horizontes

 

cuatro rosas solas

ningún viento

 

cuatro campanadas

 

cuatro mástiles

‒solos‒

a la orilla del tiempo

 

tal vez

no voy

a parte alguna

 

tal vez

solamente

regreso

 

© Graciela Chisty

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Poema de Gladis Domínguez

 


Despojada

 

Como los árboles

despojados en invierno

así está mi alma

en el páramo frío.

Aislada de todo

pierdo el rastro y la sonrisa.

Quiero recuperar el tiempo

disfrutar de la lluvia

renacer en los vientos

ser torrente de estrellas.

Que mis manos vacías

se conviertan en rosas

             o en espinas.

 

¿Volverán mis ángeles

A llenar sus espacios?

¿Escucharé de nuevo

La canción del rocío?

La tristeza me invade

no hallo una salida.

Entregada arropo mi pena

en un cobijo de escarcha.

 

© Gladis Domínguez

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1/12/21

Poema de Daniela Camozzi

  


Hija grande a madre enferma

 

Cuando te ibas en tu simulacro

furiosa con lo puesto por la calle

yo quedaba aturdida.

Al principio no tuve forma

de aprender, atrapada con tu voz,

peor que la peor madrastra

en tus telenovelas.

Vi tantas veces esa escena

que inscribí en la memoria cada una

de sus fases: escape, regreso, reclusión, portazo. El aullido. Y tu mudez.

Algo aprendí: no podía

evitar que el minué recomenzara.

Pero sí podía ser

su más atenta espectadora.

 

© Daniela Camozzi

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Poema de Hugo Echagüe

 


 

De un final con estrellas


Que cuando todo cruja

y el espacio se tense

y las cosas vacilen

y el piso multiplique lugares

bajo tantos efectos,

verás, parecerá el fin,

pero no sabes, puede

ser un ensueño o la

anticipación de memoria

sin dueño. Caído atardecer

de pestañas gastadas.

Pero si llega, entonces,

iré, donde queda la noche,

a buscar en lugar de qué estrella

te voy a encontrar.

 

© Hugo Echagüe

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Poema de Inés Legarreta

 


 

Si no anda por el cuerpo no existe

pero tampoco

las manos las piernas el torso el sexo

crean solos

la elipsis virtuosa

esa muerte pequeña en donde vive la dicha

porque si al despertar decís no vuelvo

no está

entonces cómo explicarlo 

las palabras alma espíritu soplo aparecen

aunque tampoco bastan

aire simple aire no es

quizás una bioneuróloga astróloga científica

hallaría algo convincente

como la sinapsis una combinación de astros y hormonas

una explicación racional

suma resta multiplicación

a lo mejor un teorema

la imagino dibujando símbolos en una pizarra

de pared a pared se va haciendo un mapa arriba de otro mapa

y después a borrar

porque algo falló

falta

entonces aparece la ventana

uno siempre mira por la ventana

en la espera

se queda en suspenso

como cuando estuve en medio de él

no sentía la más mínima incomodidad

miraba sin ver

oía el latido del corazón

marcaba

el pulso desacompasado/

propio

del amor.

 

© Inés Legarreta

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Poema de Francisco Avendaño

 



 Poiesis

                                       A Ricardo Touriño


Antes de manchar 

la blancura del lienzo

es preciso hallar una palabra entre otras,

una forma cautiva entre los párpados,

la piedra y el barro, los elementos, 

oscuros verbos de la  memoria.

A veces hace falta estudiar el derrotero de los días,

el paciente otoño del calendario

y alinear el atril con el horizonte,

mezclar de nuevo los colores…

Otras veces basta con desbaratar bosquejos

y seguir caminos inexplorados

y acaso suceda rauda la hermosura.

A veces todo es tan fortuito

que los poemas 

no debieran ser firmados.


© Francisco Avendaño


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Poema de Flora Levi

 


Epílogo

 

Quizás y sólo quizás

aguas de viejas fuentes azoten mis postigos

quizás

un viento galope sobre los techos

 

y entonces como un ritual de absolución

vendrán los abrazos

 quizás y sólo quizás

decir amén          valga la pena.

 

© Flora Levi

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Poema de Estela Porta

 


ACASO


acaso fuera ese roce

muy detrás de los párpados

o esa luz indecisa desde el marco

 

la certeza es este poema inusitado

con peces de piel azul

pintados donde yo sé.

 

© Estela Porta

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Poema de Daniel Tomás Quintana

  


MALDICIÓN 

 

Tengo la maldita costumbre 

de guardar en los bolsillos 

algunos poemas desvalidos. 

 

Digo, por ejemplo,  

un poema-casa, derruído, 

con el techo a punto del derrumbe 

y un piso que se hunde sin remedio. 

 

Un poema-maquinaria, antiguo,  

herido de herrumbres y abandono,  

con rulemanes y resortes desguazados. 

 

Un poema-animal en fuga, 

harapiento cuero desgarrado 

y patas mordidas por las trampas. 

 

Un poema-humano callejero, 

hambriento, mendicante, remendado 

o un poema-nonato detenido 

en la punta cobarde de la lengua. 

 

Cada tanto recupero alguno 

e intento, en vano, restaurarlo.  

 

© Daniel Tomás Quintana

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Poema de Alicia Vincenzini

 


La vida despierta tanto a veces que

pide vivirla toda junta

 

el secreto del bosque en la corteza

de un árbol

 

los sonidos de la fauna

en el temblor de la telaraña

 

la lluvia y el viento en un puñado

de flores

 

el clamor de oxigeno

y la llama que se apaga.

 

© Alicia Vincenzini

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Poema de Benjamín Fructuoso

 


¿Es virtual una palabra que nació en esta era?

 

Como un huésped del sueño

que no quiere pagar la renta

anduve desamparando la vela

y casi caigo al olvido

de mí

Te vi liviana en la orilla

tranquila

con el alma náufraga

Un puente inútil

nos separa el reloj de carne

y antes del convite

el mantel nos nubla la visión

 

© Benjamín Fructuoso

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Poema de Claudia Tejeda

 


Daño colateral

 

¿Dónde estamos los amigos

ahora que arde la lepra

bajo el metal barato de los juramentos?

¿Acaso esto también es

un costo de pandemia?

¿Otra defunción?

 

Habíamos prometido ser mejores

y seguimos confinados

en nuestras especulaciones.

 

Ya olvidamos

la canción

que nos unía.

 

© Claudia Tejeda

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27/11/21

Poema de Carlos Prado

 


ESPANTAPÁJAROS

 

La mañana fabrica pájaros

mientras el barro juega a ser mar

la porra de los árboles

una carrera desmembrana las calles

la señora que corre las cortinas

y sus pantuflas

hiriendo todo el paisaje.

 

© Carlos Prado

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Poema de Stella Marys Darraidou

 


 

¿Por qué le escribo al río? 

¿Será porque está tan vivo, tan en movimiento, tan fresco, 

será porque está ahí hace miles de años y sigue su curso  

y es cambiante y es el mismo? 

¿Será que es mío y es de todos 

que a su orilla hay arena sol y sombra para mí y 

para los perros que me acompañan? 

¿Será tal vez que he visto a la familia de patos en fila en el pequeño estanque 

que se forma tras las piedras grandes durante la bajante, 

o a las garzas en vuelo rasante de pesca? 

¿Será que alivia los veranos con su transparencia de mojarras  

o será tal vez por el respeto y la paciencia que me enseña cuando crece? 

¿Será por su música en cada cascada,  

y por todo el canto de los pájaros que lo habitan? 

¿Será que me devuelve a un origen dulce y líquido? 

¿Por qué esta savia siempre se vuelve río?

 

© Stella Marys Darraidou

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Poema de Sharon Nicole Gorosito Molina

 


Poetas muertas

 

Detienen el paso

en un poema

y desde la escena del crimen

se van de este mundo

con prisa,

completas.

 

© Sharon Nicole Gorosito Molina

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Poema de Mirta Venezia

 


AMAR

 

un collar de espinas

colibrí muerto

quebrando tu  delgado cuello

espejo de místico dolor

mujer rota

que no logra deshacer

su fuego en la lumbre azul de los pinceles

 

un hombre

o el pasamanos de un tranvía

clava

su lámpara de impudicia

sobre el vientre  plano de la abandonada

¡ay! de  su virgen pétalo de lava

 

¿qué puede ocultar  el mezcal ?

el gato negro  que avanza

el hijo que no

el amor que no

 

el nardo granate de un vampiro

ronda

voraz sobre la tela

¿qué más puede pasar?

la vida trenza los  pigmentos

         chillones como fantasmas atroces

 

una mujer  sabe

la muerte es una lava blanca

sentada en un banquillo

           un lienzo de espuma

           carcomiendo la rama del espino

                                         vendrá con el aire

¿qué más puede pasar?

 

© Mirta Venezia

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Poema de Claudio Gómez

 


cruzo la calle

en la noche

me siento en los médanos

espero que suceda

 

la imagen del mar

su clamor

la dimensión de lo inabarcable

depuran mi cuerpo

 

transfigurado

duermo

con el sabor de la sal

en mis pupilas

 

© Claudio Gómez 

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Poema de Celina Feuerstein

 


 

¿De qué color es todo

lo triste que me siento hoy?

¿Azul? ¿Dicen que azul?

Yo veo

este dolor descolorido

no encuentro el tono exacto.

¿Qué color este encierro, la manía de estar sola

 el sol que brilla apenas?

¿Dorado? ¿Dicen que es dorado?

No encuentro reflejo, no sé

no sé el color.

¿Y cómo suena en el espacio este arco cóncavo

o el convexo

en que me deslizo?

¿Qué ruido me delata?

¿Qué música me lleva?

¿De qué color y cómo suena

este intervalo

el tiempo en que no sueño

este tiempo de odiosa

incertidumbre?

¿Celeste? ¿Violeta?

¿Cómo lo nombro, de qué está hecho

este momento

qué consistencia

qué espesor?

 

© Celina Feuerstein

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