16/6/19

Poema de Griselda Rulfo



IRACUNDO

¿Qué traía esta lluvia?*
Escupitajos
de un dios
          iracundo,
oculto entre las curvas
          de las nubes.

Orina de los demonios
vertiéndose
          en las letrinas.

En el misterio de la noche
diluvio de maldades
          sin retorno.


*Miguel Ángel Morelli


© Griselda Rulfo

12/6/19

Poema de Osvaldo Bossi







Sé que tu casa queda cerca

Un poema que vuele
urgente
hasta tu casa.
No importa si lo leés o no.
Pero que baje
hasta tus hombros
como un hilo
de luz, una hoja
en la tormenta, un reflejo
sobre la taza de café.

Ahora, por ejemplo, ya estoy
a la mitad. Hace falta
concentración
y un poco de fe, desde luego.

Que pase como una nube
por tu ventana.
Que te haga apartar los ojos
y mires hacia ahí, donde
no soy sino un poco de aire
moviendo las cortinas.

¿Sólo eso? ¿Nada más
que eso, persigue
mi deseo? No lo sé.
Dicen que con menos
empezó el universo. Y yo creo
mucho en esas cosas.

Una palabra
como una gota de agua
y de luz, una gota
de sombra, entrando
por tus labios o
tus ojos. (Por tus oídos
no estaría nada mal)
¿Y luego? Bueno,  
a esperar que germine.

© Osvaldo Bossi

Poema de Luciana Ravazzani





Leí un libro con mar,
pensé en una mujer
que se compra un libro
para nunca leerlo.
Leí un libro con mar
en un país donde hay más niebla y más lluvias que mar,
es un libro triste.
Leí un libro con mar,
algunas muertes,
algunos pensamientos oscuros.
Un país donde hay más niebla y más lluvias
es propicio para los pensamientos sombríos
y para la necesidad de un amor,
esa necesidad de todos, pero expuesta.
Leí un libro con mar
y ahora anhelo ese sabor salado
descamándome la boca.



© Luciana Ravazzani

Poema de Ana Lafferranderie





El aire es un mismo soplo,
la única respiración.
Tomo partículas que fueron de otros,
soy una presencia que se hilvana.
Sale de sí,
se busca en otro tiempo.
Ensaya el tacto de la que fui sin estar.

© Ana Lafferranderie

Poema de Juan Fernando García


  

Nadador

Un nadador pasa.
La corriente de plata en su espalda
y yo, que desconozco de la elasticidad
su tono, admiro un cuerpo
dado a desplegar como pájaro
brazos-alas y aire-agua.
Intensa lucha por llegar
o placer ante la infinita inmensidad
del azulejo celeste.

Las ondas
que al pasar deja su juventud
entre vahos clorados.
El otoño
es más bello y agradable
entre el oro
y este cielo que junto
con mis manos:
la aventura y la belleza, hermanadas.


© Juan Fernando García

Poema de Bea Lunazzi






Los haces al ras
lustran el negro
lo prolongan
avanzan a la par
como sí.
Si existiera ese otro mundo
el reverso de mandíbulas.

© Bea Lunazzi

Poema de Gustavo Borga




Todas
las noches
me deguellas

Padre
¿Qué soy?

¿Niña o cordero?


© Gustavo Borga

Poema de Valeria Pariso






1984.
La distancia entre Ramiro y Ana
despliega
la amplitud del vacío.

El teléfono del almacén,
naranja como un pez enfurecido,
traga cospeles y no funciona nunca.

El sargento
dice que es de flojos
necesitar oír
la respiración de quien se ama.

Por eso Ana
junta la esperanza,
mientras Ramiro
cumple una orden,
y hace cuerpo a tierra
ciento cincuenta veces
sobre el barro frío de la madrugada.


© Valeria Pariso

Poema de Silvina Vuckovic



A la distancia justa de la espera encalla
pescador vencido por el agua y el hambre.
Un milagro es, a veces, un bote a la deriva
un dolor hecho número entre olas de sangre
y guantes blancos,
blancos
como toda la sal
de un océano de dudas.


© Silvina Vuckovic

Ningún hundimiento más.  

Poema de Orlando Valdez


  

y das
tu boca
tu lengua
y lamidos

tibiamente

abriéndome
la carne
arrodillándote
humedecida

tus dedos
multiplican
a los míos

y me meto en vos
y te metes en mí

sabiéndonos
del final
y más y más
y de la urgencia, todo


© Orlando Valdez

Poema de Marita Rodríguez-Cazaux




MALABAR 

Fue tal el naufragio
sobre el herido mar
de despedida
que intento
escaparme en malabares
del cuerpo
que te reclama a voces.


© Marita Rodríguez-Cazaux

Poema de Dana Fernández Guisande



Tengo cerca el espejo de la infancia
pero en realidad se aleja.


Tengo un estante con recuerdos
y monedas y juguetes olvidados.


Tengo un color ambarado
de memorias , un boleto de colectivo,
un cospel, una muñeca.


Tengo un cuento preferido
y dos aromas.


Tengo un montón de fantasmas insomnes


© Dana Fernández Guisande


Texto de Sonia Quevedo





SUSPIRO 

En silencio se hizo noche y llueve; enorme soledad habita los rincones, y el frío,
se atenaza sin clemencia a la osamenta rígida. Imponente mutismo se expande por completo, recubriendo, a la quieta noche agigantada y gélida.


© Sonia Quevedo

Poema de Noemí Correa Olivé



LA BATUTA                         

En un mundo de argumentos inasibles
un director de orquesta graba
en pleno jolgorio
muescas en su batuta.

Hay coros al unísono
músicos que escriben con tinta negra
las partituras de una sinfonía,
público de ojos calientes.

Son los nominados.
Los nominados entre sí.
Los que se regalan prebendas
los que se otorgan premios a sí mismos,
son los que comen manjares
con gusto a carroña
de lo malherido.

© Noemí Correa Olivé

Poema de Carlos Alberto Roldán



Lleno de recodos el camino 
Otros quiebres otras empinadas cuestas 
Vértigos gratuitos y saltos que interpuestos 

El desaliento a veces 
Abre como si puertas los regresos 
Los llena de voces precisas de pedidos o promesas 
Que nadie ha hecho 
E ilusiona 
Puertas de par en par abiertas 
Noches infinitas o veladas en que lo herido se restaura. 

Es posible que alguno equivocado vuelva: 
La voz de las sirenas es infinitamente dulce 

No se ve que su rostro es siniestro 
Que su intención no es buena 

A cada paso 
Un camino a casa y millón de renuncias: 
El infinito con su disolución y tinieblas 

Y sí: según una no dicha ley nómade 
Pisando los propios cadáveres



© Carlos Alberto Roldán

Poema de Isabel Llorca Bosco




A FEDERICO GARCÍA LORCA

“Eres el espejo de una Andalucía 
que sufre pasiones gigantes, y calla. 
Pasiones mecidas por los abanicos 
y por las mantillas sobre las gargantas 
que tienen temblores de sangre, de nieve 
y arañazos rojos hechos por miradas, 
F.G.L.”Elegía” Libro de poemas 


Cara, cantó la mesa de la noche. 
Y la anciana levantó su voz de rezo y de leyenda. 
En la cara de la luna 
quedó cautivo un leñador con su haz de árboles rotos. 
Bajó a la obra de Lorca, en un mágico momento, 
cuando desde lo alto descendió la poesía. 
Baja al monte el leñador de cara enharinada; 
en el reverso, la cruz 
porque los rayos de la plata fría 
buscan  la sangre alborotada y caliente como un tálamo. 
La busca el ángel de los poetas. No, su musa. 
Tal vez su duende, por seguir sus tres palabras 
y su infatigable faena, que parece simple y fluida, 
es un tejido barroco con todo el material del universo. 
No habla ni escribe si su palabra no tiene sombra. 
Busca la sombra de la muerte, vieja como el mundo, 
que con alas de murciélago hace creer que protege. 
Con tu “cuchillo abandonado en el  aire”, luna, 
corta la flor, corta el fruto, corta el árbol y el porte 
de esos jóvenes que, en vano, 
quieren la vida del río que miente 
convirtiéndose en cielo. 
Ahí está, Federico, tu finísimo saber, clásico, romántico vanguardista, 
popular, el saber que te dieron tus nanas, sus  cantares de pueblo 
 Tu teatro “La barraca”. La verdadera vida para todos. 
 Tuviste tiempo, no sé cómo te alcanzó, para hacer el mundo más extraño y encantador. Y mostrar lo más tremendo. 
El río reluciente, la sangre derramada. 
Las mujeres encerradas y mudas, rebelándose 
tras los jardines de hierro forjado 
que guardan la fragancia de la pena. 
En vano fluye la sangre y el amor se vuelca, se pierde. 
En vano quedaron  rejas.


© Isabel Llorca Bosco

3/6/19

Poema de María Ángeles Pérez López





La mujer blanca se oscurece el cabello,
se tiñe las areolas, las pestañas,
la pelusa dulcísima del vientre,
el vello filiforme en las orejas
y su pistilo muerto de antemano,
formas de queratina con que el muslo,
la axila, el pubis, los secretos túneles
para las formaciones indoloras
e insensibles del pelo corporal,
arrojan el color y los desastres.
Así modificada en su pigmento
ella confía en ahuyentar la muerte,
los cumplidos once años de la pérdida,
el fario de este toro funeral.
Cuando recorre calles olvidadas
en las que se secaron los lagartos,
su pelo enrojecido es su muleta
y arrodilla el pasado y lo acobarda.
Sin embargo, sus lágrimas son rubias,
gotas de agua clarísima y feroz
por las que el norte llueve su pesar
inagotable y vivo, necesario.
En su imparable suma y crecimiento
que añade dos centímetros por mes,
el pelo cubre el cráneo, las suturas,
la expansión celular, ramificada
de la piel encendida por el hombre
que se murió de pronto y para siempre
transformando la cana en arañazo
por sus burbujas de aire intersticial.
Antes de regresar, la mujer rota
se pinta el pelo con un gran pincel
y esconde su pelambre de animala
que olfateaba loca a su varón.
Las lágrimas, no obstante, la descubren.

© María Ángeles Pérez López

Poema de Sonia Rabinovich



Cuaderno de Lluvia

Este cuaderno
es una canción de agua.
Repiquetean las gotas
sobre el techo de la memoria
y es música de blues cansada,
de rutinario cavar
sobre la piedra horadada.

Este cuaderno lava sobre la hoja
ropajes antiguos,
hilachas que se cuelgan al viento
Y sin abrigo.
Agua del pensamiento
goteando a la deriva
con nombres que brotan
de la nube de la nostalgia.
Aquí la hoja revive lo nombrado
y habla de la niña que bailaba
en cielos de verano
con gotas en las manos
el barro seduciéndole los pies
y el abrazo de la ropa mojada.

© Sonia Rabinovich

Poema de Alicia Pastore





los ojos de la vieja 
resbalan 
de asombro, 
por un instante 
que sólo ellos ven 

son testigos únicos 
de un tiempo 
sin contornos 

de una parra 
dando a luz 
sus racimos, 
del dulzor 
de la leche tibia 
de los higos, 
de un girasol 
que hubiera pintado 
Van Gogh 

por eso la vieja 
no quiere volver 
y todos dicen 
que anda perdida,,,


© Alicia Pastore

Poema de Daniel Quintero



El camino en el que andamos 

No hay fe o riesgo
ni tormenta que sane
todo ya es palabra al cementerio
verdad por verdad
semejante a su naturaleza
¿quién se atreve a este juego?

¿Quién todavía?


© Daniel Quintero

Poema de Gladys Cepeda




RAMAJES

cuando hojas  caen 
alguien dice que es  la finitud del tiempo
otros   la continuidad de un ciclo
tal vez es parte de la  huida
porque hay presagios  de infierno
ver desde una ventana
es descubrirlas  tal vez en  la estrategia
de una primavera y su  destierro
ante el suicidio del sol
pero aquí nos quedamos con la certeza 
que otros también  esperan ese mensaje
para descifrar el destino de las hojas
o de sus vidas


© Gladys Cepeda

Poema de Marta Comelli





ESTRATEGIAS DE FLOTACIÓN

Vivir lo anormal 
como rutina exaltada 
y bondadosa, 
que aliviane los cuerpos y sostenga el alma. 
Saborear lo amargo 
sintiendo la multiplicación en las horas de espera, 
la desprolija sensación 
de unos brazos  en cerrojo que no aciertan abrazar. 
Y así…. 
     flotar. 
Saber que las emociones 
sólo duran lo que duran. 
Sólo eso, 
(sobre la piel). 
No más, 
no mucho más. 


© Marta Comelli

Poema de Walter Mondragón



DE LA EXISTENCIA DRAMÁTICA 

Vive lejos de mí
Aunque cerca,
             (muy cerca)
Su ausencia tiene nombre,
Aunque se empeñe en continuar
y no se queje,
En cuanto puede se asoma a la ventana
Y mira lejos o canta
               (pájara en celo)
La casa es bonita
            (de puertas abiertas)
Es linda la familia.
           (no se puede tener todo)
¡Veleidades!
Aunque no se haya ido la busco
                (no me indigna ni amarga)
Aún tengo su cuerpo.


© Walter Mondragón

Poema de Laura Elena Bermudez Tesolín



Sola...
Espina de mi cuerpo
sostén
de mis huesos
en la lumbre de los
años,
se han hecho penumbras
dentro de esta bolsa,
necrosis
de una piel fagositada.
Sola...
como vine al mundo
en la desnudez de una carne
trémula y un llanto
angustiante.
con los ojos cegados
Sola...
asombro frene a las cosas
maravillarme,
decepcionarme
y regresar vacía sola
en el salto trágico
sin redes,
con o sin espectadores,
solo
en el abismo oscuro de la muerte

© Laura Elena Bermudez Tesolin

Poema de Elsa Córdoba



Me fui

Y me fui,
como se van a veces los hijos,
como se pierden a veces los sueños,
como huyen a veces los culpables.
Simplemente, me fui.


© Elsa Córdoba