4/12/16

Poema de Sandra “Tana” Pasquini

 


Voy encendiendo lámparas en la noche
para que la mordedura del tiempo
no te lastime las costillas
izando su desesperado malacate
por los corredores del invierno
tratando de mantener a salvo los recuerdos
la levedad de su materia/ su discreto temblor
podríamos (ahora) otra vez hacer detonar
la lluvia a medida de nuestros cuerpos
anudar finamente su leve cordel a nuestro lecho
los dos oscuros frutos trepidando sobre el agua
encallando secretos versos en la boca
agitados por el ritmo frenético
de las palabras que nos ponemos en la lengua
por el vaivén violento con que (otra vez)
la madrugada nos empalma las caderas.


© Sandra “Tana” Pasquini

Texto de José María Pallaoro


ANIMALES

     ¿Han visto tendido en el jardín a algún animal llorar sus pecados? Veo el inundar de sus ojos en la gramilla acristalada. Una mujer queriéndolo alimentar con sopa de verduritas y especias. El pecado no es original, una copia inédita de madera de cajón de manzana. Durmió entre las paredes y creció hasta hacerse encima del pis y del olvido de una insistencia que nunca cumple sus promesas. Y ahí está el pobre. ¿Lo han visto? Cierren los ojos, imaginen un espejo.


© José María Pallaoro

Poema de Susana Szwarc




DEFINICIÓN

Alza el balde. Se pregunta
cuál pesa menos, un lleno
o un vacío. No alcanza
la respuesta porque ve
otros ojos. 

El observador determina
que semejante situación:
la sequía, el calor, pero
sobre todo el largo trayecto
con baldes repletos,
es dramática para una mujer.
Mientras la mira
caminar con los baldes
le informa: es un drama. 

-Pesa vacío. Lleno pesa menos,
dice, la del balde
y ofrece agua. Silencio. 

Junta.
Envuelta en la mirada
que le avisó, su andar se hace
pesado. Tiene sed.


© Susana Szwarc

Texto de Patricia Corrales




No me encuentro con la forma , esa bella manera de ver el espanto hasta con amor
El tenía un semblante de niño alegre, gigante y hermoso
hasta que su mente recibía elixires prohibidos
Entonces todos los perdones encontraban una fuga


© Patricia Corrales

Poema de Pablo Albornoz


el amanecer
un rayo de luz quiere
limpiar el mundo


© Pablo Albornoz

Poema de Sandra Gudiño



Mujer-desaparecida

Adverbio sin conjugar
en la cara del verdugo,
fuga la inocencia sin misericordia
por el pasillo de tu noche
y te contempla caída.

Bóveda de huesos abandonada
el olvido trepa por las venas secas
y de la boca cae la sal
de una sola lágrima.
Descubres que es real
lo que ya no existe.
Rompecabezas sin piezas
para armar.
La piedad sin ira en el bolsillo
alimentó tus últimas gotas
de tiempo a contraluz.
Vagamente
guardan tus pestañas
la causa de tu causa vacía.
La libertad tiene sueño
en tu sueño dormido.
Poco queda de ti:
pelos, uñas,
un recuerdo hecho sombra
en la sombra de tu aliento,
hilachas de la piel, encanecidas,
nostalgias del rostro extraviado
en el rostro de rodillas frente al espejo.
Libélula sin nombre, entumecida.
Nada, o casi.
Los ojos de los hijos de tus hijos
recorrerán las calles,
buscándote.
Te reconocerás en el barro
de esa huella.
Señal.
Estigma de resurrección,
se alza desde la cadencia leve
de tus pasos alejándose
en la historia.
Poema del desgarro
al borde de mis labios.
Y tu sigues allí,
esperando por ti.


© Sandra Gudiño

3/12/16

Poema de María Belén Silva



INVOCACION

Solloza el sax de Charlie Parker
Y yo te llamo
Te invoco
Para que me des palabras
Las acertadas
Para que sigamos expulsando
Dioses y demonios
Con la tinta sobre el papel.
Que caigan las máscaras
No existe lo inenarrable
Sino cobardía para narrar.


© María Belén Silva

Poema de Teura Roja


Nueve mujeres
Jerez en sus colores
originales como el arco iris.
Caprichosas en el buen trato
sabias pescadoras de los sabrosos frutos
diluidos en los paladares exquisitos
de quienes aprecian sus compañías.
Nueve caderas ensanchadas
en acunar rocíos
nueve lunas
meciendo renacimiento
de sus propias y ajenas historias.

© Teura Roja

Imagen Enviada por la autora del poema

Poema de Susana Giraudo

 


DESTINO DE PALABRAS 

Vengo de un tiempo
que pide registro.
Tiempo en el que un hombre
ahogaba a su mujer
en un mar de ternura
tomándola de entre las piernas
hasta asomarla a sus ojos

Desde la humedad del pubis
ella echaba a volar
enjambres
que murmuraban
reina
miel
nupcias
alegría siempre
progenie siempre
risa
alarido
vida.

Así los lunes
miércoles y viernes
ella armonizaba palabras
para los dos
y las ponía a bailar.

Los martes y los jueves
sacaba en bolsas de plástico
vocablos basura como
resentimiento
odio
rivalidad
castigo
vitupero
veleidad
insanía.

Un hombre se llevaba
los martes y los jueves
las bolsas cargadas
en su bicicleta y
emprendían juntos
el aciago destino.




© Susana Giraudo

Poema de Jorge L. Carranza


Afuera llueve

¿ Qué hacer?

¿Salir a mojarse
y chapotear en los charcos
pura risa como en la infancia?

¿Mirar tras la ventana
todo lo que se pueda
hasta que se lave
la melancolía?

La conciencia traspasa el vidrio
llega hasta el niño
que sigue ahí 
en medio de la lluvia
y vuelve a quien
sabe de la precariedad.

El corazón se mece.
 Se hamaca.
Piensa.

Allí están
inmóviles
hermosos
bajo la lluvia
los que se fueron.

No hay pena ni tristeza en ellos.

Ahora llueve con sol.

No se.
Eso creo.
Me parece.


© Jorge L. Carranza

Poema de Susana Zazzetti


después de haber pasado por
la furia.
la crueldad ajena de la indolencia.
el veneno de lenguas espumosas.
cercanos escorpiones.
tengo deseos de que
llueva repentinamente
sobre la desnudez de mi espalda.
siento que estoy         
                     i n t a c t a 
                                  por primera vez.


© Susana Zazzetti

Poema de Leonor Mauvecin


SE AHONDA EN LETANÍAS LA TARDE

Se ahonda en letanías la tarde y el sol es un surco.
La niña de los ojos pardos, Elena.
La del pelo rojo ensortijado, reza y espera.

Espera y no sabe.

Detrás de los cercos de los chañares
Elena, su abuela y su madre
en la casa en sombras
solas
tres mujeres ven morir la tarde.


© Leonor Mauvecin

Poema de Ana Romano


Culata

Degrada

Vagabundos

El golpe
certero.


© Ana Romano

Poema de Jorge Moreno de Los Santos


Entiendo al cansancio
como líquida sombra,
como derrumbado paisaje,
como helada quietud
en los salones de la conciencia.
Las palabras: que absurda
vanidad que nos vence,
que desesperado intento
de expresar el pensamiento.
El amor vencido por la muerte:
es la triste canción de los violines.
El insufrible calor de lo incierto,
la mentira del poema y su fraqor,
el carmín perecedero de una duda,
El inútil consuelo
de las cosas hermosas
que encendían los gestos.
La amarga alondra de lo inevitable, de lo frágil,
de los espacios que renuncian a desvivirse.
La claridad es una hoguera permitida,
la dicha una violencia necesaria
y la ceniza una aventura imperdonable.

El amor vencido por la muerte:
es la triste canción de los violines.
Acaricio la paz de los momentos
cubiertos de desamor y de glaciares;
huyo hacia los estanques
olvidados por los héroes
y recojo las hermosas historias
que las ranas me traducen
con tristeza de sabios ignorados.
Oigo a los mundos
desvestirse de vértigos y esencias;
a los psiquiatras disparar
los ángeles que vuelan bajo.
Oigo la ternura desatendida,
el sonido del cierzo y su equipaje de chatarra,
el chantaje de la templanza.
Y sólo
entiendo al cansancio
como la inútil espera
de lo que habrá de venir sin sorprendernos.



© Jorge Moreno De Los Santos

Poema de Luciana Ravazzani

  

Él me despierta como un enfermero,
pienso en sus frascos de sales efervescentes,
sabe que ayer era de noche tarde,
me bajé de un auto cuadrado
sin seguros automáticos,
entré y pensé que nos hace falta
una horrible fuente cóncava
donde dejar llaves, encendedores, papel de caramelos.

Él me despierta y pregunta
lo que su imaginación ya le contó en detalle,
la cena frugal, el vino barato, el humo,
las investigaciones apócrifas
sobre la vida de los otros,
las canciones que no dicen nada.

Él me despierta para salir juntos,
espera que me vista de rojo,
que vuelva a confundirme las calles,
que llegue a horario a la oficina.


© Luciana Ravazzani

Poema de Marizel Estonllo


Tennesee Williams
La llama de un candil
en la plena soledad.
(Hay una luz siempre en la tristeza
Esa misma que ilumina al mundo
donde no hay lugar para tantos
Donde pocos son los que
tienen el tiempo
en el espacio
de albergar
otro humano
me duelen todos aquellos
que atraviesan fronteras y mares,
en busca del lugar para sus vidas
perdiéndola)
la nota melancólica de un saxo aullando
sobre un tejado de cristal.


© Marizel  Estonllo

30/11/16

Poema de María Lyda Canoso


CUANDO HUYE EL DÍA​

salvo los sueños 
pero también sé que eso no es verdadero     que con el primer rayo de luz se desvanece 
y termina por desaparecer en remolino 

 las puertas se clausuran     quedo a merced de mi decisión de atravesar o no el puente del abismo 

 atrapar esa palabra que se me escurre     
del otro lado me espera algo     no sé muy bien    qué es    pero me atrae  

debo decirte que me atrae tanto que ni siquiera me asomo a la barandilla     tal como no me acercaba a la barandilla del barco     temo a esa atracción  

hay una zona mía no revelada     
ni siquiera a mí misma     siendo que yo soy quien me administra    
estoy hablando de esa cara oscura de mi luna 

entonces vivo haciendo cálculos de si cuantos días o más noches atravesaré el puente     con este peso 
trato de no caerme al agua 

el alambre está tenso     
he frotado con tiza las suelas de mis zapatillas para no resbalar 


hacia ambos lados es el abismo              
sé también que es difícil pasar sin que se advierta 

más aún si llevo esta carga pesada 

ni siquiera el humor    ni siquiera el amor      pueden con tanta sensación de agobio  
quizá no te resulte sencillo leerme 

menos     entenderme



© María Lyda Canoso

Poema de Alejo González Prandi

  
EL MUERTO 

ya no puedo volver
fue sencillo abandonar el mundo
silenciar las palabras
vivir a través de las voces de las cosas
fue tan grave y romántico
descubrir que en la soledad
un muerto
puede fundar una poesía


© Alejo González Prandi

Poema de María Ángeles Pérez López


La destrucción, el óxido, la herrumbre,
la exacta dimensión de la derrota
y su extenso respiro aniquilado,
las largas chimeneas de las fábricas
habitando en su misma desazón
o el peso vertical con que las piedras
caen a la tierra madre que las vio desprenderse
para iniciar su viaje solitario,
a su modo nos traen el cuerpo de la herida,
esa forma imposible de no desmoronarse,
de caer contra el suelo abiertas en canal,
de pronto desmigadas,
no nutricias.

Porque sé que la vida es tan hermosa
con su luz de septiembre contra el aire
y el amor infinito por los pájaros,
pero a pesar de todo yo no puedo
atender sino al resto de materia
que se ha vuelto una forma de reproche,
hollín, grasa o rebaba de cemento,
el verdín de las cúpulas de Viena
y ese oscuro quejido que trae el deterioro
si de verdad me importa en las personas,
si las cosas son solo una metáfora
imperfecta y estúpida al hablar
del arañazo rojo de la carne
que fue feliz en tiempos más sencillos
y ahora es espina, aguja o alfiler
con que dejar el corazón atravesado.


© María Ángeles Pérez López

Poema de Valeria Pariso




“La bomba late
como si fuera un corazón”
Silvia Arazi

Ahora/ el ojo aprendió a fingir que no ve. Y
la mano derecha aprendió a
fingir/ que no escribe lo que el ojo
finge que no ve./ Todo el cuerpo se presta
a este ritual de hacer que no. / Unidad ciega/
si no fuese/ porque queda afuera/ el corazón/
que como una bomba/ una gran bomba/
atenta y temeraria/ late.


© Valeria Pariso

Poema de Diego García



decir el precio del pan arruinaría
la cadencia de salón las voces
de la bolsa etiquetada “recursos
para la escenografía poética” tampoco
el precio del pan como remera
autografiada de consignas
para el buen maquillaje de la palabra
el precio del pan nada entre peces de fuego
como un blues recitado a la velocidad
de la sabiduría periodística
redáctase en la crónica
lo que sobra
lo que nombra
lo que no


© Diego García

Poema de Claudia Ainchil



LA MEMORIA

En un rincón confidencial
mas que secreto, surcado por lo íntimo
la memoria arrolla con desenvoltura.
Son buhardillas humedecidas
extensión inabarcable
y no una reciente languidez de esa estación
desmantelada por otros
llámese mundo externo.
Ama del ayer, poseedora de la ruptura con el olvido
aquello que existió nada podrá deshacerlo
ya ocupa un territorio
son contraseñas sacudiendo argumentos
disputas por salvar espacios del debe y el haber
o hallar en las miradas un comienzo
como cuando el corazón era seducido por el amor.
Dueña de los hechos sucedidos.
Presencia activa y copiosa.
Esencia vital que me permite infinitos
ser como soy
simplemente...


© Claudia Ainchil

Poema de Carolina Zamudio


Un poco antes de caer al sueño

De día establezco manzanas en rituales
parábolas descifro en el nuevo día.
La obligación señala con el índice
las horas ofrendadas a promesas de madurez ajena
a propias ofrendas de promesas
verdes de no cumplirse.
Un poco antes de caer al sueño
afloran sombras piadosas que aquietan
y algo bueno encuentran aquí.
Un poco antes de caer al sueño, casi
premonitorios crecen
el ideal de los anhelos personales
la certeza de la madurez ajena
por la que siembro palabras.
Silencio.
Y es un poco antes de que el día
se digne morir
cuando un círculo se cierra.


© Carolina Zamudio

Poema de Nilda Barba


eco del eco
dice que el sauce que no está fue plantado
y llora en el jardín vacío que no es cárcel
aunque el alambre clausura cinco vueltas
candados y más
veces de las veces que nadie movió la tierra
que no merecía la pala intacta y necia
el hoyo que nunca se cavó
para nada
yacía el sol en el pequeño vacío


© Nilda Barba

Poema de Carlos Carbone



BCAPOEIRA

                “Felices los flexibles” (JUAN ANTONIO GONZALEZ IGLESIAS)

Bailar y luchar
filosofía para vivir
música de sorprendente pureza
canticos para vencer , para tomar fuerzas
los hoy maginados
 ayer esclavos
               bailan
flexibles bailan
felices bailan
tienen el cuerpo veloz
preparado
atento para el gran salto
un pie en el cielo
otro en la tierra
listos para el combate
acróbatas fatales
belleza para jugar
cuerpo diseñado para danzar
saltar
hasta el horizonte
y más.


© Carlos Carbone

Poema de Vilma Sastre


CUANDO ME ARREPIENTA  
                                                 
Cuando me arrepienta de mis crímenes te enviaré un telegrama. 
Vendrás vestido de blanco -  Virgilio Piñera

cuando me arrepienta
de mis atavíos
ese flirteo patético
con el espejo que se abre en contorno cruel
        ¿soy bonita?

de la audacia de tantos ojos
      sopesando
este dolor sin derramar una gota (rímel)
      mis  huesos lo soportan

de mi madre sobre la cómoda
sonriéndome
su mano acaricia al perro
que a su vez sonríe también
                      en el retrato
(no encuentro clavelinas para su regazo)

de  escritorios insomnes
por horas días años vida
sin que los demás (sólo para  los que no amo)
disfruten mi no presencia
había tantas señales que  ¿importa ahora?
intento vano como la lluvia en la ciudad

de la mentira (neutra)
que arde a hurtadillas
garganta en mano
y te envuelve con la luz que seas
puro fuego fatuo
 (son mis nervaduras)

de mirar como se pierde el sol
y  perderse de verlo  por dejarse ver
no se recibe vuelvan otro día no hay nadie
(o por lo menos idéntico a mí)

de esa ingenua costumbre
tejer apasionadamente
y destejer de pronto  ante el
     mínimo ronroneo exterior
para deshacerme sin ruidos
¿la víctima goza en su putrefacción?

me veo aquí adentro
abriendo los umbrales
que salga todo a la intemperie
y
allá afuera
mi boca
que no cesa de hablar

que se vayan vistiendo


© Vilma Sastre

Poema de Sandra Pien



Haiku a mi patria

Llanura cielo y agua
en mi ojos.
Paciencia verde
pampa infinita.  


© Sandra Pien

29/11/16

Poema de María Teresa Andruetto


Lección de piano

Brilla el asfalto como un vestido de seda
bajo las luces de un teatro. Otra vez marzo
en la avenida que lleva a la maestra de piano.
La llovizna humedece los silos, la alameda,
la resaca de la noche en el billar. Alguien
seca al sol las fachadas de laja en las casas
del centro. Levantan puntos de media
las chicas de Los Vascos y el verano
peina el pelo en colas de caballo. Cuando
sea grande, seré concertista, dice a todos
la niña que va a piano. Serás profesora,
dice la madre a la vuelta de los años. Piensa
en eso la niña mientras muerde la madera
del piano. Va su pensamiento lejos del pueblo,
más allá de la maestra y del verano


© María Teresa Andruetto

Poema de Máximo Ballester




Árboles que hubieran nacido
para ser nada más que árboles y no madera,
como caballos, sólo para ser caballos pastando
y corriendo por una pradera florecida.
Árboles como árboles, no como hombres.


© Máximo Ballester

Poema narrativo de Mónica Cazón


Golpe bajo

se repite tu voz que nada le disgusta, pura risa y hortensias que comenzaste a detestar luego del engaño. Quién iba a suponer que esas flores silvestres en la corteza de los árboles, denunciaban la primavera de tu lágrima. Joven y madura, como el azafrán, que nace rápido y al poco tiempo se marchita. Y  las estatuas que rodaron por la plaza principal, al lado de la calesita y sus vueltas, que sin embargo, no nos hacían olvidar la herida mortal. Justo cuando la muchacha alejandrina se borraba de tu rostro y éramos un montículo de gente, creyéndose feliz. 


© Mónica Cazón