16/1/19

Poema de Sandra "Tana" Pasquini



Era el cuerpo de la noche un pájaro ligero
un fuego que ardía hasta exasperar
tu pulmón sediento
las manos como un ánfora
un cuenco donde guardar los abalorios de la infancia
la sed interminable un cántaro una escudilla rebosante
un espectro confundido que se rehúsa a cruzar
dos veces el mismo espejo
un galope de animal salvaje deslizándose hacia la mañana
el lugar donde temblar hasta la convulsión
una plegaria pronunciada desesperadamente contra el olvido
una rama seca que rechina y se quiebra
bajo el peso indócil de sus alas
entonces te adelantabas furiosa como el temporal
te desprendías tempranamente
como el rayo desplomado entre la fronda
en el jardín un corcoveo de aves invisibles ofrecía su hermosura
como una aparición como un deslumbramiento
un instante intocado fuera del tiempo
puro ensueño un nido construido con palabras y hojarasca
a salvo del invierno de la predestinación
y de la muerte.

(a Claudia)



© Sandra “Tana” Pasquini

Poema de Silvina Vuckovic



Te leeré en la hora anfibia y más allá de los pasos.
Te deletrearé, cántico en tacto, trama de la voz
escarnecida por tres vidas con sus noches
hasta que lo justo sea justo y suene
El anillo de la Vía*
su rolar deudo / su risa silenciada.
Me quedaré con alguna de tus hebras
deshilachando argucias. Yo juré
hacerme feliz
como una niña cuando inicia
el juego. 

*de Taisen Deshimaru


© Silvina Vuckovic

Poema de Rafael Vásquez





LOS  RECUERDOS

Los recuerdos no se matan
porque al fin no dependen enteramente de nosotros.
Viven agazapados,
no siempre son felices.
La memoria está llena
de esas pequeñas marcas que encontramos:
paisajes y lugares,
amaneceres, noches
o la fuerza del sol del mediodía.
Con quién nos vio esa ráfaga brevísima del tiempo,
con qué hueco de angustia,
con qué nombre en la boca.
Después
con la cadencia ritual del almanaque
se volvieron arena.
Y allí están, mudamente, callados y expectantes.
Por eso no se matan.

© Rafael  Vásquez

Poema de Mirta Venezia



Hasta vaciarme el cuore hasta vaciarte el alma

I

Albatros
amor en fuga
pico ámbar     cobalto cielo.
Una mujer
abre un tajo para que entres
 planta un árbol de cerezas.
Albatros
amor en fuga
 tu olor - musgo salvaje-
 pluma blanca - tu coraza-
se deshuesa
con el fulgor de los dolores
sobre las uvas nocturnas.
Una mujer
siente que penetras la herida.
Hay escombros en la escollera.
Vuela fuera de sí para alcanzarte.

© Mirta Venezia

Poema de Nara Mansur Cao




“Hombre vertiente”

A fuerza de dentelladas, a fuerza de apalearme;
con el desorden en la boca y los malos arreglos,
voy directo a comer y de una zampada digo adiós
y tiro la trompetilla final:
me acuso y me perdono a un mismo tiempo
y no se sabe más nada de mí, más nada de mi vértigo,
más nada del régimen de lluvias, más nada del salto.
Sólo agua y silencio, sólo cuerpos sin orden:
hombre aislado en la muchedumbre —diríamos ahora.
Hombre a secas, hombre piedra dentro de las piedras,
piedra dentro de la bota de otro hombre, orín ya seco en el pantalón;
hombre molestia, hombre que se acobarda
—eso dijeron entonces—, de eso me acuerdo.
© Nara Mansur Cao

Poema de carlos Carbone





Mis manos

Mis manos arden
cuando la luz derrama
el último secreto de la sangre.


© Carlos Carbone

Poema de Paulina Juszko





Como las figuras que esbozan las bandadas en el cielo:
la bandada permanece
                                  mientras
se hacen y se deshacen sus imágenes.
Así en el espejo de la historia
la especie se sueña eterna
                                  mientras                    
se tejen y se destejen sus peripecias.

© Paulina Juszko

Poema de Elena Eyheremendy



EL DIFERENTE ACONTECER DE LA ROSA 

¿Qué esperas de mí,
que rara vez encuentro en mi interior
al Pez de oro?
Qué taciturno Mar en lo profundo,
y qué salobremente y con qué urgencia
has alzado tu tienda en el Desierto,
donde todo sucede.

La Rosa ocurre en cambio
en los ojos del día:
Cuánto menos dolor
en la piel de una Planta,
en su perfume.

© Elena Eyheremendy

Poema de María Laura Coppié



Si lo verde

Ay, mi kalanchoe.
Otra mudanza,
otra vez desenredándola con lágrimas,
rama por rama, mugre en las uñas,
como si fuéramos una.
Colchón más verde como verde podía ser,
arraigada en sí misma
tan sostenida que libre,
como yo y mis pies,
arrancándonos las malas hierbas
con obsesión de laboratorio,
extirpando lo que ni las hormigas muerden.
Montoncitos de tierra y esquirlas diamantadas
lloviendo a mis ojos,
miles con furia a la carga
contra el no ver.

Kalanchoe , sangre de tigre.
Las plumas, huellas de que hubo hogar,
salen a volar su día.
Intento pasos de bailarina
para no lastimarla, transmuto furia
en indeleble paciencia
como una araña blanca tatuada
en el hombro izquierdo de talismán.
Y ella pare hojitas y arma su clan.

Mi kalanchoe enseña,
huele a lealtad y a vigor,
es quien vino a ser
sin titubeos, sin cobardías.
No tiene agua: brota más fuerte,
reinventa la savia, sana lo invisible
mi kalanchoe.

La temperatura sigue subiendo
y ella se eleva
-junto conmigo que siempre fui
licenciada en artes del fuego-
y engendra preguntas y preguntas y preguntas.

Entre estas peladas paredes ni el eco responde.


© María Laura Coppié

Poema de Luis Pabón


  

Modelo de Versace

Hace días la escoba está ahí
estática en el rincón,
y me mira de reojos denunciándome.    
La casa sin su baile se cae y no me importa.

La miro consiente de mi ausencia
mi dejadez, mi olvido.
Los papeles rondan el piso
como pelotas de tenis
arrugadas y pálidas.

Ella quiere tomar vida,
prender la radio,
sentirse útil.
Bailar conmigo mientras arrastra el polvo
y ahuyenta las arañas que danzan sobre mí.

El espejo ya no me mira,
se ha puesto un velo suave y opaco.
Ella también está de luto
aunque su cuerpo se vista de rojo.

La hubiera dejado en el chino
en su stand de limpieza
elegante y delgada como modelo de Versace.

¡Quizá hoy estaría moviendo los cabellos
mientras un vivo barre con ella el cuarto
y yo podría morir sin culpas sobre la mugre!


© Luis Pabón

Poema de Mónica Angelino



vos
definitivamente en esa oscuridad
sumergida


¿será el splash cuya indiferencia
del mundo con su fatuo porvenir

con su prisa inminente
y su ser que sin siendo
no notó
que el calor derretía tus alas
tan fugaz tu caída

tan de cera el futuro?


© Mónica Angelino

Poema de Liliana Díaz Mindurry



Muerto en el hielo

Alguien me dijo que la muerte es un cuarto lleno de luces
pero yo sé que es el olor disperso,
                                      estancado
                                                  del hielo.

Se me hace que esa luz de invierno ha matado al muertito
o que le duele el frío en tanta agua
mansa,
dormida,
sin sueños.

Sus viejos pensamientos de viviente ya congelados
suben a lo más alto de los techos
y miran a las gentes.
Otros desde las ramas tienen forma de pájaros y tienen hambre:
los hay  que se suben a los perros que olfatean pisadas, presas escondidas,
los hay que señalan a la locura
que delira de tanto blanco:
la locura hunde sus lindas uñas en la escarcha,
patina cerca,
desentendida,
como si nada.
                             Nada.

El silencio o la locura  son  joyas raras de este mundo
que se deben guardar.  


© Liliana Díaz Mindurry

Poema de Claudia Tejeda



Bocasucia                                               

                                                   “conozco otro país donde nacer” 
                                                           Cecilia A. Olguín


El gigante se encogió a la altura de mi boca 
a dibujar un mapa de baba 
con su lengua molusco 
en mis labios inéditos. 
Mi madre escandalizada 
lo amenazó de muerte 
y me signó de culpa 
por provocar el beso.

La inocencia a los nueve es un pecado. 

Desde entonces 
cambié la caligrafía de mis cartas 
para engañar a los Reyes Magos.


© Claudia Tejeda

Texto de Santiago Morinigo



RESEÑA DE UN DIA AGITADO

    Venís siempre, sin prejuicios ni obligaciones a sentir este cuerpo que respira una ciudad que respira caos en todas sus esquinas.
    Existen argumentos apócrifos en esto de andar a contra reloj, sin embargo, las arenas del tiempo se detienen cuando venís con esos ojos tuyos profundos como el pacífico a decirme " Tranquilo, tranquilo, que todo pasa, todo se ordena a nuestra necesidad". Y que sé yo, entonces, siento por arte de magia ( magia tuya claro) que todo se ordena, que todo se encausa, todo cobra sentido. Y veo sin pesas en mis ojeras que esta ciudad no cuesta tanto si vos estás.
    
    Sí,  si vos estás.


© Santiago Morinigo

Poema de Ana Romano




Empolle 

¿Qué descorchan
los que brindan?
sueños que atragantan
noches de luto
o pasión desabotonada

El condimento
carretea zumbón
en el empedrado
Los análogos
vulgarizan
esa
ceremonia
¿Dónde se embolsan
las miradas?
en las trincheras
en las nervaduras
o en el juego de las marionetas

La madeja
hilvana
el encadenamiento.

© Ana Romano

Poema de Xenia Mora



A MIS HIJOS

Llévame a tu nido donde
te contaré en susurros
donde la oruga es árbol
y las crisálidas viento.

Júntame despacio
contra tu pecho
júzgame pensando
que siempre te acuna mi alma
donde llevo tatuado
tu nombre.
  

© Xenia Mora Rucabado

14/1/19

Poema de Chary Gumeta



BALACERA

Su caminar tranquilo fue interrumpido
por la estampida de los transeúntes;
un sudor frio recorrió su espalda
y quedo estática,
sin habla.

El “bang” de una pistola
se escucha continua
y los silbidos de la muerte
pasan sobre su cabeza.

Entrar en ese lugar repugnante
y abrazarse de su miedo
le dijo que aún estaba viva.

© Chary Gumeta

Poema de Diego Bennett


  

Amor prestado (A Ana y Karina) 

2.

Una gota de humanidad cae por su rostro como una de rocío que le canta a su piel.
la de ella
a la de ella.

Ella le presta su amor por un rato para que haga con él lo que quiera.
Ella le cocina a las brasas un nido de inmensa libertad.
Le abriga el alma en su lecho y le ceba un mate con azúcar mascabo.
Ella lo toma con sus manos y le teje un poncho de algarabías
Un abrigo de noches cálidas a la luz de una música
de un cerro.
De un cóndor que las lleva en un viaje por los cañones.
Ellas viajan por cielos y mares
Ella le presta su hombro fornido
Ella le devuelve una seña con sus manos
Ellas se prestan amor voluntario por un tiempo.
El que sea
Ellas nos prestan su amor infinito
para que sigamos soñando con el.

© Diego Bennett

Poema de Elisabet Cincotta




la abuela chiquita
al decir de bisnietas
pelaba manzanas
contaba historias de pasto
renaciente
de madrugadas de tierra
y cuidado de ovejas
del frío invierno
conservas de frutas

de la guerra hablaba

el desarraigo mecía sus trenzas
sin hermanos
con sueños de paz

la abuela Rosa sabía
de arado
de panes
de hambre

         sabía de nietos
         golosinas
         y ñoquis domingueros

sabía de resignación
lejanía
y silencio

así se fue una noche dormida

ya ni pavo borracho
ocupó la mesa
ni ñoquis
ni strüdel

la abuela chiquita
con batones grises
nos dejó historias
nos dejó caramelos

y se fue una noche
así quedadita
con tanto silencio
con tanto dolor

sentate en mis sueños
abuela chiquita
cantame aquella vieja canción



© Elisabet Cincotta

Poema de Ernestina Elorriaga





El paraíso fue un pozo de vidrios rotos en el exilio de sus  ojos
el tiempo se llevó la tarde          los caldenes
los días del entierro del sol en el vientre seco de la Pampa
y hubo un adiós
y hubo una mano sosteniendo como si fuese un caballo muerto
el peso de ese adiós entre sus dedos

Padre la ciudad es despiadada con la melancolía
desde entonces en la hondura del pozo
entre los vidrios rotos
                  una  niña escribe una carta.


© Ernestina Elorriaga

Poema de Estela Porta



 

y se te quiebra el paso
deslumbrado

detenido en el aire el pie

el iris pinta otro color
y te trepa el clamor de lo invisible
amarillo el aroma del estambre
al costado de los rieles
y del vagón en flor
ella abierta en tu ojo

lo pequeño se agiganta
en el abismo fucsia de la mirada

para siempre te traspasa lo silvestre

la esperanza nunca es tardía
también es fucsia


© Estela Porta

Poema de Bea Lunazzi


  

Sin brote una hormiga
entre una fila de hormigas
turbada gira
se aquieta
retoma camino.
Una hormiga sin carga
entre tantas perfectas, rigurosas hormigas.
Una hoja olvidada.
Una hormiga vencida
regresa
a las siete de la tarde
cuando el débil resplandor
enrojece un verano.

© Bea Lunazzi

Poema de Mariano Shifman




YENDO AL HORIZONTE                              
                                     
Murió Jacobo Regen                                    
y hoy la Tierra es más pobre;                                    
salvo que sus poemas no se han muerto,                                    
ni la carga de tierra del poema                                    
que cayó sobre Regen,                                    
que cae sobre todos. 


                                   
Que se emocione por Jacobo el agua;                                    
que le cante la lluvia en los jardines. 


                                               
© Mariano Shifman

Poema de Sandra Gudiño





Corpus

Dejen que el cuerpo hable
ombligo caliente
dejen que bulla.
Arquitectura poderosa
que corte la respiración
                            
y ahogue perímetros de alegría
que combine sabores de cúrcuma
                                           de ron
dejen que sature a vainilla
y en dos idiomas
                              dejen que grite.

Dejen que sea el estado
la política      el partido
y una marcha
dejen que sea dios
en el panteísmo real
                                  de esta isla.

Dejen que compita con la noche
se desnude                  y a tientas
entre oscuridad               y deseo
avance y triunfe.

Dejen que tiemble
varias veces hasta entender
que la destrucción
                sucede de a poco.

Y por favor
                  escriban:
canten melodías
para asustar a la muerte.

© Sandra Gudiño

Poema de Walter Mondragón


   



DE LO INEXTRICABLE…

No se imita la muerte, me atrae su máscara; 
No querría ser nada ni nadie ni la sombra, 
Pero …huello aún la tierra bajo mis pies reales! 
Ser en ningún modo me convida ni interesa: 
He mimetizado mis pupilas 
Ya no tengo pestañas, orejas ni nariz, y pronto seré eunuco; 
Ella, la Parca, no tiene género ni edad ni promesa. 
¿Soy un muerto que vive? o ¿Un vivo muerto? 
No me obsesiona saber si hay algo más acá, por conocer; 
      ¡Debe haber algo más allá de esta ajenidad insondable!
              (de este flotar en el vacío) 
Y es cierto que, en mi caso, no hay vuelta atrás
                           (¡Ni lo pretendo!) 
Me he ido mutilando parte a parte, sin objeto, 
Hasta causar daño a los otros,
                       (involuntariamente) 
Con la apariencia que he ido tomando, 
aparte de a mí mismo; 
Me ven como una herida, seca, abierta. 
Quizás, como a un suicida, o un demente o …un artista! 
Ah, pero no estoy muerto todavía; 
Y, al contrario, estoy cuerdo y no hago un performance; 
En mi trágico aspecto de broma macabra
                                   (en mi renuncia a ser…) 
Agonizo sin miedo, sin odio, sin afectos. 
O tal vez sea ésta mi forma de encontrarle sentido, 
(No lo sé) 
Al sinsentido en que me hallo inmerso.


 © Walter Mondragón