16/11/18

Gabriel Chávez Casazola





He nacido en los confines de un imperio inasible
rodeado por líneas imaginarias y huidizas.

Desde niño quise conocer el corazón de la comarca,
acudir a su norte que era también su centro.

Después de muchos años de soñar con caminos
me resigno a saber que no he partido.

Esta mañana un hombre enfrente mío conversa con los pájaros.
Les instruye la forma de llegar al palacio de jade.

Yo lo escucho pensando en el norte,
en el centro,
en mi viejo deseo.

Pero ya estoy cansado y los días me pesan.

He de conformarme con aprender ese idioma de aves
Y, ya solo, en mi cuarto, planear sobre las sábanas.

© Gabriel Chávez Casazola

Poema de Irene Marks



SERPIENTE DE LA LUZ

Tu sexo, elemento sagrado,
es la puerta
por donde te fusionas
 con las aves y el aire:
la flor que ama la flecha.
Y estallan las semillas
 del Océano-Mundo
Y negrísima araña
teje las transparencias
para la llegada de la luz
Bestia viva, extiéndete
 en los miembros de todas las especies,
transfórmate en pantera y en reptil,
recupera
tu pureza de animal consagrado
Porque los enemigos se burlan de tu sexo,
lo separan,
debes latir en todos los conjuros,
alimentar tus ojos y tu carne
con árboles y espigas
por esa hora
en que el cielo será sobre la tierra
en diluvio sin límites
para la destrucción de los eunucos.
Cuando sea la danza del origen
y  la piel en las aguas fluya bajo la Luna
ha de temblar la carne de la Estrella
en los brazos del Sol.
Y una flota de barcos amarillos
en las olas gigantes
cauce resplandeciente
besará el hondo ombligo  de la Tierra.
Ah fecunda en azul, serpiente libre,
sagrada voz del sexo,
llamado de la luz,
fuego en todas las bocas:
bendita sea tu estirpe
desde los altos árboles que crecen
en el purísimo cielo de la sangre.

© Irene Marks

Poema de Adriana Maggio



toda noche en busca 
de  un poema    color salmón

pero los versos no 

sólo el desliz 
de su color rosado 
y las piernas de tela 
de andar las sábanas 
tras  la huella que se borra

se me muere el tiempo 

y los pasos que no alcanzan 
el poema que espera 
conseguir/su color 
en la sombra 

se enmascara      el insomnio 
llena de humo 
mis huesos 
me crucifica      en el aire 

toda la noche en busca 
de peces que se sonrosan 

y van a resbalar 
en el agua de la mañana


© Adriana Maggio

Poema de María Marta Donnet





La forma del vacío 

En la alcantarilla         la madre 
aprieta más fuerte 
el rosario 
en el cuello          de su hijo 
con la palidez                de todos 

los degüellos.


© María Marta Donnet

Poema de Cristian Jesús Gentile



Máscaras

Ya alambraron el cielo
los dueños de almas
suelto de piel
pueblo sonámbulo
a golpes certeros
duele en otro alguna sangre
pero nadie quiere morir de máscaras
espaldas hundidas
la ley del miedo
mis reyes de arena
se ríen de los pantanos
levanto sin sol la mirada
soy rebaño para sus lobos desiertos
dejen que me rinda
de engaño y fiesta
sobre la moneda sucia de pájaros
poco a poco
anochezco en mi propia vergüenza.

© Cristian Jesús Gentile

Poema de Marina Centeno



Boceto de la espera

El tiempo nos arrima al olvido
nos aprieta a la piedra de tal forma
que prensamos el nombre entre la gruta
para hacer del recuerdo una cueva


© Marina Centeno

Poema de Isabel Llorca Bosco



ESTREMECIMIENTO 

Tintineo y luces temblorosas                         
en el oscuro cielo de la sangre. 
Las ansias en las ráfagas punzó. La sed. 
El aire cálido de los días sin más objeto que pensarte. 
Vivir en sueño, atada a la rueca, 
al hilado de imaginar tu dulzura y tu fuerza 
 Por las calles, el misterio y el racimo de miedos. 
Por fin, el desierto. 
Junto a tu cuerpo,  caído como un guerrero de leyenda, 
se yergue la llama inapagable del amor. 
Comprendo que estamos vivos.

                                                                                         
© Isabel Llorca Bosco

14/11/18

Poema de Bea Lunazzi





Van y van
fluidos, néctar, hormigas
montan gruesas nervaduras
se deslizan
una a una van.
Áspero, sedoso tilo
negras, negras hormigas.

El verano enrojece.
A las siete de la tarde
la vida resiste.            

© Bea Lunazzi

Poema de Marcela Rosales





La femme qui chante                                                    

El azul te encendió la boca 
con el roce carnal 
de la barba del refugiado
su azulada orfandad
su lenguaje de ausencias 
y miradas
el azul de su aliento
sin patria.

Y es que en algún lugar
algo se incendia siempre.

Hubo un miedo azul 
la tarde de la huida concertada 
sombra de olivos cómplices
de la estampida 
en el pecho joven del hombre 
sin casa.

Un hombre muere
otro nace
algo se incendia siempre.

Tres espinas de la flor azul
tatuó la partera 
en el talón de tu hijo
tampoco hubo refugio para él.

Y otro azul
escindió los cuerpos
quemados en el micro
azul humo-desierto-guerra 
interminable.

Algo se incendia siempre.

En la madre
el cordón azul de la cruz
atenazándole el cuello
con el odio de la sangre 
ennegrecida
por los falsos paraísos
y los auténticos infiernos.

Es que a veces 
no hay opción más
que hundirse en ellos
hasta el fondo azul
de la garganta de los ahorcados

allí, justo allí 
donde algo se incendia.


© Marcela Rosales

Poema de Susana Zazzetti



es otra la sed 
de esta noche. 
otro aire en el lugar vacío. 
otro el silencio. 
como si se hubiera tragado 
todas las lenguas de la tierra.

quedan en guardia secretos 
a punto de estallar. 

se parecen 
a ese momento de histeria 
en que nos gritamos 
   a nosotros mismos.


© Susana Zazzetti

Poema de Dardo Festino



CLÁUSULA DE NO REPETICIÓN

Viajo en micro somnoliento
Las vacas pastorean el final del día
la tormenta fumiga electricidad sobre los campos
hace saltar a los terneros
ocupa fogonazos en la ventanilla empañada
Paso la mano y limpio para corroborar que todo se repite

(en cada oscuro
el relámpago es la memoria)

Cuando uno recuerda estas cosas en un sueño
entiende que está en su última vida
la que lo alejará del círculo
sin flete
sin seguro

© Dardo Festino

Poema de Silvia Castro


  

siete años de encierro
con agua de piedra
en las cuencas

los Nihuiles
rompen los espejos

en las paredes del agua
los rostros desaparecen
como las liebres

Curacó

río sin párpados
un agua viva que no ve


© Silvia Castro

Poema de Patricia Berho




“Ojos que no ven corazón que siente”

                                   A los miopes

      Miopía de origen griego,integrado por “my” guiño, “op” ver


Entre miradas y torpezas
                     Vamos los miopes
Entrecerrar un ojo
                         el otro
los ojos
               acomodar la vista
       parpadear
Miedos
          parpadear
                    Dolor
                           parpadear
ira ciegos de ira
Encallamos en la subjetividad
Ve… ve miope para aprender a verte
Y aparecen los anteojos
Y la luna es luna, con sus bordes y su luz
Y el trayecto que diariamente transito es más nítido
Salgo de la nube
Vergüenza,
              Plenitud…
                        estética
Culo de botella
Cuatro ojos
Buling ….¿buling?
Soy miope, entre mirada y torpeza
Verme y quererme como soy
Verme y quererme
Gafas…lentes…engaño
Verte…. verte
Reconocerte… verte
Caída de la venda
Visión…  luz más luz
Visión verdadera
¿Qué es lo que no queremos ver?
¿A nosotros mismos?
¿la paja en el ojo ajeno?
Ver hasta la nariz
No veo…dioptrías
              No veo con claridad
                                        No me veo
La venda del miope, la neblina
Observa miope
que no es ni ver 
                ni mirar solamente
Ver va de nosotros a las cosas
Mirar de la cosa hacia nosotros
Observar sorprende al yo, mezcla los sentidos
Porque …
“Malos testigos son los ojos y los oídos, para los hombres, si tienen almas que no entienden su leguaje.” Nos dice nos susurra Heráclito.


© Patricia Berho

Poema de Miguel Ángel Córdoba



BALBUCEOS 

A veces soy eclipse 
Algo que se esconde en la palabra 
La sombra que persiguen mis zapatos
Soy una línea encarnada 
Que se pliega cada noche 
en una cama invisible 
A veces soy asombro 
Pidiendo sueños donde aparecer 
la oportunidad de respirarme 
cuando ahogo mis retratos 
me busco en todos los idiomas 
me pierdo en cada abecedario 
y soy ojo de tormenta 
en tu llanura labial 
a punto de nombrarme

A veces ando desierto 
con la piel de un espejismo 
para que no me veas 
oasis indefenso de su agua 
como si fuera a evaporarme 
doblando el aliento en mi garganta 
con tu voz recién nacida 
prestándome tus cuerdas 
para llamarte. 


© Miguel Ángel Córdoba

Poema de Marita Rodríguez-Cazaux


  

TAL COMO ELLA

                    A Idea Vilariño 

Otra vez, como Idea,
sin que me caiga la venda de los ojos,
cruzo el umbral para tender perdones
en la cuerda estirada de tu patio.
Abro la puerta otra vez, tal como Idea,
para dejar que la luz entre en el cuarto
y barra la pena debajo de la cama.
Y salto el escalón de la tristeza,
quebrado el cuerpo en deshilar amores
con el mismo desdichado paso
por la rayuela que lleva hasta Infierno.


© Marita Rodríguez-Cazaux

Poema de Cecilia Glanzmann



SIN ADIOSES

Camino mis días
con la sonrisa pronta
con la mirada ardiente
en este tiempo
de adherencias  a mi vuelo.

Mi corazón
tiene que saltar la cerca
atravesar un desierto
sin  lazo que  ahogue.

Mi amor es un abanico 
en pentagramas de entregas
en claves
y en fugas
a esas generosas dimensiones
del abrazo.


© Cecilia Glanzmann

Poema de Walter Mondragón




CONTRAMURO

                A Vic., que gozará estas imágenes

El deseo omnipresente
Que me mueve sin pausa,
El camino que abro,
La canción que me habita,
La fuerza de las cosas
Que me llevan en andas
(río que pasa y sigue
 su rumbo hacia otra riba)
La certeza de un sueño
Que bien vale la lucha
       (la razón de estar vivos)
La memoria de un verso
Que insiste en perpetuarse:
“Ser esta cosa que agoniza y canta…”
La conciencia silente
De haber tocado algo,
El recuerdo de un beso
En el último instante.


© Walter Mondragón
Tuluá, Valle del Cauca.

12/11/18

Poema de Paula Giglio



El nudo

La cortina de tu casa
atada por el medio
con una cinta de raso.
Del otro lado del vidrio, un árbol
henchido de limones.
Vos, cuando oscurece,
cerrás todo lo que estaba abierto:
tapás la yerba y me ofrecés un té,
desatás la cinta, la cortina cae,
y yo siento
que acabás de desprenderme algo.


© Paula Giglio
Pintura: José Manuel Ábalos

Poema de Reyna Domínguez





APENAS TOCO LA PUERTA

Apenas toco la puerta
una espero
dos retrocedo
contengo el aire
tres veces espero
guardo la mano en el bolsillo
toso muevo el pie
suspiro y respiro para adentro
hasta tiritar
me calzo los guantes
miro el celeste del cielo
la luz dorada patinando las calles
un pájaro loco volando
mi olvido desplumado
y me voy
hacia la fisura del tiempo
donde tiembla
una puerta cerrada.


© Reyna Domínguez

Poema de Laura Ponce



venir a existir dios 
sólo 
para llevar a cabo la injusticia 

infame y breve vida
la de dios/ apenas un
pequeño

tumulto


© Laura Ponce

Poema de Amalia Mercedes Abaria



Cada uno tiene un muerto

Cada uno tiene un muerto
o dos, o tres muertos
que impregnan los sueños
con una huella azul
y triste.

Uno sueña con sus muertos
en un mundo tendido
o aplastado, sin luz
como figuras secas
en el aire vacío
y sin voz.

De su túnel oscuro
se los ve caminando
girando sus cabezas
en pasillos,
habitaciones extrañas
casas vencidas.

Es una gran pena
verlos así
como estampas de hielo
tristes porque no pueden mirar
tristes porque no pueden hablar

Quizás,  estén rezando
              y no nos demos cuenta


© Amalia Mercedes Abaria

Poema de Clelia Bercovich





ABANDÓNICA 

¿Por  qué mi vuelo no remonta el río? 
Todo está en su lugar. 
El aullido del viento 
( se sabe) 
hará temblar los cristales 
Todo está en su lugar. 
Lo que se espera. 
Lo que insiste. 
Veo sólo almanaques con palmeras 
Enanos de jardín 
Pantuflas con orejas 
Y cables enlazados sin amor. 
Abandónica        la Poesía 
sin piedad se retira. 

Veo un mantel a cuadros 
Lo aliso 
Y es un mantel 

 a cuadros.



© Clelia Bercovich

Poema de Juan Carlos Rodríguez



Un soplo de amargura

La crecida nos interpela
nos pregunta qué hicimos, qué hicieron.
Todas las inundaciones son grises y marrones,
mientras somos parte de una cifra,
de una estadística miserable
haciendo agua por todos lados.
Las ilusiones y  los sueños se ahogan
mientras el agua sube por escalinatas,
calles y conciencias.
Desde el auto veo muñecas calvas flotando,
ojos abiertos, árboles pelados.
El lodazal oculta la esperanza
y hay familias sin consuelo.
Hasta mi memoria está anegada.
No admite que hay un dolor de siglos
en las aguas impuras
Y aquella mujer, que se quedó vacía
saca con sus manos la tristeza del agua
con la resignación del que pierde todo.
Hay olor a selva concentrada.
Un soplo de amargura. Un salmo en el viento.
Y el gemido de la impotencia que desarma.


© Juan Carlos Rodríguez