20/7/18

Poema de Bibi Albert





Oda al champagne

Diamantes dorados
hacen de mí
la copa del gigante
con un tallo que danza.
Verte respirar
cambia mi ánimo,
probarte
bendice mis papilas,
insistir en vos
me convierte en un templo
tan pagano como santo.
Sé de dónde venís,
lo entiendo,
la uva te da el pie para que vivas,
pero después
sos magia de otra altura,
sos el premio de Dios
para tanta sed amarga soportada.


© Bibi Albert

Poema de Griselda Rulfo




Descongelé cuatro palabras 
embebidas de misterio, 
atrapadas por las bestias, 
exiliadas en la proa 
de una nave negra. 

Cada una eclosionó 
y fue verbo bastardo 
“entre cuervos y frío” [1] 
antes de atragantar al vigía 
proclamando su inconclusa 

curvatura de metáforas.
  

[1] Juan Antonio Tello.


© Griselda Rulfo

Poema de Carlos Alberto Roldán



Me hubiera gustado  

Me hubiera gustado tener un paraguas firme 
y encontrarte bajo esta lluvia para llevarte allí donde quisieras 

Un departamento no tan sombrío, con música 
y también cálido, un amplio luminoso 
en que el tiempo se hiciera ancho e irresponsable 

Un café sobre Corrientes donde la risa brotara 
donde se vieran los transeúntes torpes atropellarse como ciegos 
como ciegos perderse porque ya no tienen lugar 
ni día siguiente 

Escuchar tu voz, o sea esta lluvia, interminablemente 
aunque ya nunca tuviéramos 
necesidad de otra cosa que estar juntos


© Carlos Alberto Roldán

Poema de Norma Starke




Antes Del Otoño  

I

bendito el momento en que sin prisa
abra los ojos  dementes
cubra hojas y hojas
resigne respuestas.

En remolino aguas abajo lleva
la zona oscura
el asedio del misterio
desarma  ahoga
escupe 
inciertas búsquedas.

© Norma Starke

Poema de Carlos Carbone






De ese plato

No comeré de ese plato llamado

desolación.

Como el cardón de pie moriré.


© Carlos Carbone

Poema de Anahí Duzevich Bezoz



TE ESQUIVO

Incierto es el lugar donde la muerte te espera; espérala pues, en todo lugar.
     Séneca

Te esquivo
                 patética  enemiga 
que arrastra mi desmigajado núcleo
 hasta el día del desenlace  final.
Te esquivo
                 inquieto relámpago
sobre la maraña de las filosofías.
Siempre presente  ante  el último de los días.
Te esquivo
               trágico zumbido
que golpea  mi miedo circular.

  Ignórame.
 Desvía
              tu ojo inmortal 
de las llamas de mi última cita.

Mañana habrán llevado mis  logros y frustraciones
  amarrados  una y otra vez
 entre las raíces de mi existencia.

Te esquivo
       mientras alguien escribe  el epitafio
                                     de esta carne pasajera .



© Anahí Duzevich Bezoz

Poema de Cecilia Moncalvo



I. Zoom in


exterior, cenital / Avenida 9 de Julio
 zoom in a ventana - habitación
interior,  la mujer se mece
sobreimprime:
1 8  h o r a s

la red maniobra agujas en un punto destejido
hacia sus faldones caen tijeras
(a la hebra afilada)

                                balcón / 2 1  h s
 mujer mira a un punto fijo

- Ningún hombre que amé deseo en este momento.
Difusos peldaños se abren en la pared
una tanza desiste, la marioneta se desempolva el ala
enruto al minotauro

                                 ascensor  / ½ noche

- ¿Diáfana en el vacío?
Ese origen me desvela.

Sostiene
enrolla las manos


© Cecilia Moncalvo

Poema de Aníbal Silvero





AYER

Justo ayer descubrí que soy eterno
desde hoy veo al mundo en espejismo
justo hoy vi que ayer era lo mismo:
un cielo sin final, perpetuo infierno

Todo todo se pierde en el averno
en algún infinito paroxismo
el bien y la maldad son dos guarismos
girando sobre un eje sempiterno

Hasta nunca estaré en el movimiento
pendular del instinto hacia la mente
al extremo del gozo y el tormento

Así voy arrastrado en el tridente
polvareda variable del  momento
crucificado al poste del presente


© Aníbal Silvero

Poema de Beatriz Puertas





quiero estar lejos de todo
de la falta de truenos
de la crueldad del sol
del pasado que lastima
de los que caminan entre tumbas
con discursos
de los que reclaman glorias viejas
de los que luchan contra los recuerdos
de mí que me enamoro
con torpeza
sin acertar con el vuelto
como si no supiera contar monedas
que dedico los días y las noches a imaginarme
algo que no existe
que no existió
no es para mí
que no me hago consciente de los años que pasan
y del peso de las canas
el volumen de los huesos
la densidad de las anécdotas
de los jóvenes que se imaginan héroes
y pastan sobre nuestras historias
o henchidos de futuro
interrumpen con lástima o con sorna.


© Beatriz Puertas

Poema de Ana Romano



Tati

Despliega la mente
lúgubre
pretextos
Es quedamente
que la niña juega

Deslustra la sonrisa
su cara
Violar
sangre
Es a los recuerdos que
se abraza.

© Ana Romano

18/7/18

Poema de Claudia Tejeda



Rompecabezas 

Por martirio o coraje 
-nunca supe- 
ofrecí mi cabeza 
en un espectáculo de leones. 
Ya fui actriz de reparto 
besando bocas planas 
fingiendo orgasmos 
por no sentirme desnuda 
para reconocerme en la inocencia ajena 
de los que cierran los ojos 
cuando abren una cebolla.


© Claudia Tejeda

Poema de Diego E. Suárez



PARA QUIEN ESTÁ AL LADO

Para quien está al lado
los días pasan pesadamente
arrastrando los pies.
A no ser por los ciclos de la luna
y los resignados amaneceres
cualquiera pensaría: esto
es un mal sueño que nunca termina
de empezar. Después de todo
quien está al lado sabe que está
ahí para algo: asiste a otro cuerpo
(al sufrimiento de otro en su cuerpo)
y al asirlo por dentro se siente carcomer
a medida que en su roce contra el suelo
cada hora levanta una polvareda insoportable.

© Diego E. Suárez

Poema de María Laura Coppié





Pascua de resurrección

Domingo y yo
en estado de alerta poético
exacerbado por los pies en carne viva
y la mirada salada.
Misa de once:
el Padre Facundo, arreglándose bien
con los enormes zapatos que tuvo que llenar,
sonaba a poesía.
Hablaba de resurrección, claro.
Para celebrar dignamente estos sagrados misterios
reconozcamos nuestros pecados, pedia.
Obediente, cabeza baja,
me hacía cargo.
Hasta del inmenso silencio.
El mensaje tenía clara destinataria:
todo puede revivir
-incluso lo que creemos más muerto-
si es que en vida fue amor.
Amor del bueno, decía,
con su frente lustrosa y sus ojos inexpertos.
No cierren del todo la puerta,
al amor se le deja una hendija,
hendija de esperanza latiendo.
Y qué certeza me iba armando
entre sus pausas y mis comas.
Clarísimo, tan mío, tan puro.
Siguió imponiendo sus manos
y en su canto decía que nosotros mismos
fuéramos milagreros, capaces de toda magia.
Incienso y agua bendita.
No nos dejes caer en la tentación,
rezamos todos, cada uno pensando en su debilidad de mañana.
Yo no soy digno de que entres en mi casa,
pero una palabra tuya bastará para sanarme.
Lo dije de memoria y no supe a quién.
Si a este dios mendicante
o a mi él y a su espalda que frena aludes.

Podéis ir en paz, sugería el Padre Facundo,
mirándome sin ver y sin decir adónde.


© María Laura Coppié

Poema de Paulina Juszko





¿Qué tiempo sin memoria fue
testigo de nuestro enfrentamiento
in  the  forests  of  the  night?

TIGER  TIGER

Tus ojos
       parto de las tinieblas
                amamantados por una bruja
sumergirse en ellos
nadar en esa luz
arder en su llama que no deja cenizas
    alto          alto         gozosamente
extinguirse en perfección.

Tu piel-imán
                    creciendo
                                              sin pausa
sus ramificaciones nutren el infinito


© Paulina Juszko

Poema de Raúl Feroglio



La ventana 

                 a Verónica Auza Aramayo

Esa ventana grita por una primavera 
lo pardo del mundo su escozor de frío 
se anunció sin palabras  
en cada costado 
un agrisado feroz cubrió lo verde 
acongojó malvones y desarmó durantas 
lo helado en el rocío volvió marchita 
y turbia cada brizna 
Sobrevive la savia en el jazmín retraído 
en su propia dureza aletargado 
El ceibo es un soliloquio de cáscaras 
el estanque una turbia coordenada 
el gato escarba la hojarasca marrón 
como si hallara su olvido 
el sonido de la claridad apagó sus tormentas 
en el patio en el barrio en este lado del alma 
Hacia acá del vidrio hay una extraña luz 
un puñado de flores sacude  
la ventana 
transpira lo que no se muere 
hay frutos afuera apenas naciendo 
endulzarán la boca que espera y 
aunque cueste pensarlo 
la palabra es “esperanza”


© Raúl Feroglio

Poema de Olga Ferrari


                                                      


vendas

liberó su nariz
el olor a lavanda llenó el espacio del abandono
retiró la gasa que ocultaba sus ojos
y frente a ese espejo de tiempo
arrancó la venda de su boca

pudo ver sus labios tan juntos
como si se hubiera tragado las palabras

fue un instante

gritó
y una voz extraña reclamó entre lágrimas
la ausencia de ella
sin la luz del amor en la piel sedienta
nadie sabrá lo que sintió

volvió a vendar su boca

para qué hablar
si la vida es un cristal y las esquirlas lastiman


© Olga Ferrari

Poema de Fabiana León



Filos

12.

Tus muertos miran qué hacés
se meten en tus pensamientos
a veces son filos que te abrazan
en la madrugada.


© Fabiana León

Poema de Elsa Córdoba



Perro

La muerte
es un perro sarnoso
buscando
nuestros huesos.

Anda husmeando
en todos los silencios.


© Elsa Córdoba

Poema de Adela Margarita Salas




.-La envidio…
Por su alma hueca, su esperanza ligera y
             tener corazón con latidos de viento.
No sufre esa pena de amor, que me
disgrega el cuerpo.
         Mi sombra, no necesita olvidar...


© Adela Margarita Salas

Poema de Adrián Terracciano



Cómo lanzó el amanecer
su escupitajo de amor
el aire ocre de su boca
los dedos que enhebran veranos
y todo eso por lo que muda
el alma en gajos insípidos
la huída de la llaga amarga
en un trozo azul
de su plexo apetitoso
un ave pielplomo
la parió entre mis falanges
su acanelado estigma
se derritió en mis labios
y me dormí
en su beso serpentina
masticado por su dorado diente
que segregaba ensueño.
Y su tremolo aullido
perecedor del viento
montado en un vástago puro
ella sabe de estrellas gratinadas
por el sabor del sol
ella me honra
sobre un pedestal
de acuosa miel
ella sabe descoser mis pantalones
con su aliento de anaconda
despuntar mi lápiz de diamante
y escribir sus pies
en un sexycielo inconfínito
de una existencia
empapada de su baile
su danza incandescente
que nos invita
a volar en un doquier ascendente
hasta la maravilla.


©Adrián Terracciano

17/7/18

Poema de Mónica Angelino



una puta
una puta soga
una puta soga atada
una puta soga atada al tirante
una puta soga atada al tirante del techo
y vos
col
gan
do.


© Mónica Angelino

Poema de Diego Bennett



 Sopa de poesía

¿Quién dijo que una sopa no es poesía?
Yo digo que papa, zanahoria, calabaza más cebolla, perejil, verdeo, jengibre y comino.
y me importa la esencia de la sopa.
Porque una sopa es la concentración de distintos amores.
De letras analfabetas y municiones de paz.
Cocino mi sopa de verdades y le miento a la mentira una obviedad.
Porque no es obvio que una sopa sea poesía:
Sopa abrigo de pobre. Sopa estufa. Sopa de lo que quieras.
Incluso sopa de poesía.
Hasta los más osados le ponen leche, la llenan de vaca nutriente
la enlodan y la sopa crea poemas de barro
de profundo descenso a los barrios de allá abajo
de aquí bien adentro
Ese lugarcito, pequeño rincón del más triste secreto escondido de un cubito Knorr o marca dia si no te da el bolsillo.
¿De que te sirven las fotos de perfil si no tienen condimentos que le den sazón a esa forma?
Sopas selfies
Quiero que pruebes mi sopa de perfil de este mediodia de junio y le des manitos para arriba. Pero que nadie se quede sin su sopa
que nadie se quede sin su esencia.

© Diego Bennett

Poema de Alicia Salinas





Ya vamos, mamá

Más lento el reino de las cosas imperfectas,
allí no se controla lo mínimo.
El jardín abjura de sus propios dramatismos
como esas personas que padecen
y sin embargo eligen
poner la cara al sol o dibujarse
rayos amarillos y naranjas.

Sol sobre las hojas del otoño
en el jardín que cultivamos.
“Vamos”, llama la madre
desde aquel tiempo.
“A tomar la leche”.

Pero falta todavía contemplar la flor
desprenderse del tallo, al menos
un instante. Y aprender del conjunto.


© Alicia Salinas

Poema de Romina Funes





Caigo de espaldas adentro mío

la mano que saco para cubrirte
te incendia como al pájaro

con un palito revolvemos la ceniza.


© Romina Funes

Poema de Rolando Revagliatti



Aquel hito 

Labios
de una adolescente
besé
en la calle Cachimayo
debutantemente

Dos, tres veces
y ya habiendo anochecido

Ahí nomás de la plazoleta Primera Junta

y de muchísimas otras plazoletas
no he dejado
en las calles arboladas
-hombre hecho y derecho-

de besar.


© Rolando Revagliatti