13/4/24

Poema de Leopoldo Teuco Castilla

 


GITANOS 

                              A Dulce Chacón

 

Los gitanos sacan a pedir

a sus animalitos:

un mono, un hijo, una cabra

 

saben que la carne

               diviniza a la piedad

 

que tenemos dentro

objetos,

formas sin lastimarse

 

tienden la mano

nos ayudan

               nos extraen del cuerpo

               una cabra

                              el mono

                                             un niño dormido.

 

© Leopoldo Teuco Castilla

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Poema de Raquel Jaduszliwer

 


Del choque de lo quieto con lo raudo se decidían

los itinerarios. Así debía sentirse el paisaje interior:

cada animal, dormido. La piedra, casi estática.

El crecimiento de la vegetación

una vez alcanzada la mayor desmesura

reposaba.

Así venían los días: la velocidad de la más alta luz

era el mito fundante, pero en lo material,

lo que prevalecía era la detención. En lo mental,

al margen, la imagen de un caballo,

su corazón de vida. Ese galope largo

contra un fondo de bruma

y en el mayor silencio.

 

© Raquel Jaduszliwer

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Poema de Rolando Revagliatti

 


Morir como

 

Morí como una mujer

—que es como morir

como un hombre—

 

Morí también como un perro

—que es como mueren también

otros animales:

morí, entonces, como tantísimos animales

que mueren como un perro.

 

© Rolando Revagliatti

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Texto de Nicolás Aused

 


En un rincón de tus ojos se mece buena parte del mundo que elegí para vivir. En el cuenco de tus manos vive un pájaro que renace en cada rumor del aire. Detrás de tu costillar quiero vivir como un preso.

 

© Nicolás Aused

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Poema de Marta Elena Guzmán

 


un caracol deja una huella lenta

en el misterio viscoso de las sombras.

Legendaria su marcha

cruza un rastro sobre el vidrio.

Él intuye que debe llegar

al jardín y su aire verde

donde un ángel de piedra lo proteja.

Aún no sabe que no es mineral la muerte

que ella lleva sal en las venas

que el cristal es un muro infranqueable

que las luciérnagas son una quimera.

La soledad se parece a eso

un lento tranco de caracol perdido

en los hondos ojos de la noche.

La indiferente ternura de la estrella

el nostálgico jadeo del silencio

sin perros, sin grillos, sin guitarra.

 

© Marta Elena Guzmán

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Poema de Mercedes Venturino

  


Mi altar


Hace tanto tiempo tantos años que no rezo,

pienso

Y al instante me pregunto

y casi me respondo

¿Pero qué es rezar?

 

Junté mis manos con la fe de una crisálida

muchas veces

más el milagro no sucedió

Crucé mis dedos en una mudez de argumentos

donde solo pedía pedía pedía

Esperaba

Me arodillé ante el dolor y me entregué

a ese derrotero de lágrimas

como si fuera un designio

 

Un día

me miré los pies al sur de mi cuerpo

descubriendo que tenían alas

Ofrecí mi cara como una plegaria

y la luz del sol me arrancó una lágrima

cuando lo miré de frente

 

Desde entonces

fue mi cuerpo quien me enseñó

 lo que es la fe

El mundo se aprende desde allí

y supe

que no hay altar mayor que ese

 

Ya no me arrodillo, ni pido a un dios mudo,

ni cruzo los dedos en la espera

muda y quieta

que traiga el afuera

El dios en el que yo creo me habla

a través de las piedras,

en la fuerza de mis ideas,

en el ancho espacio de los miedos que aprendí a mirar de frente

en la lluvia que dibuja sus señales

 

 

Y no me pregunten cómo:

Precisamente la fe no puede explicarse

menos

 desde el templo sagrado que es mi cuerpo

y el norte de mi cabeza

No es magia,

O si, porque la magia sólo existe para quienes pueden

Creer sin ver

pero les aseguro: en algún momento,

los milagros suceden

 

© Mercedes Venturino

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Poema de Matías López

 


PENÉLOPE

 

III


Muchas veces he querido

romper las puertas

de mi cuerpo-templo

dejar a esos raros pretendientes

vulnerar los espacios sagrados

que ya no frecuentas ni veneras.

 

Pero yo solo te espero

y te alucino

en los sonidos de los barcos que anclan

en el ruido de los trenes

en la bocina y la luz de los autos.

(No, no es que quiera mezclar las épocas

es que soy todas las que tejen y esperan)

 

© Matías López

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Poema de María Soledad Gutierrez Eguía

 


VISTIENDO LA MESA

 

La casa del tiempo demasiado hermosa.

Yo exhausta. Convergen el pesar del día, el hueco humoso vistiendo la mesa.

Ventisca silenciosa, el hambre, cumple su condición.

Nosotros, lo sé, nuestra creación; estacas plantadas.

Yo digo, demasiado sola.

 

© María Soledad Gutierrez Eguía

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Poema de Mabel Sierra Karst

 

 

Telar

 

En los ojos de la niña

bailan los sueños de su abuela.

Suben y bajan los hilos

de la urdimbre

al paso de la lanzadera

y se teje una trama

silenciosa.

Las manos transforman

madejas

en ovillos

y cada diseño repite

historias olvidadas,

viaje de las hebras

por el misterio de los años.

En las guardas se cuenta

el paso de las horas

y crecen los tapices

sobre una mesa gastada.

Los ojos de la niña guardan

secretos de tejedora.

 

© Mabel Sierra Karst

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12/4/24

Homenaje a RAÚL PIGNOLINO en su fallecimiento

 Me entero del fallecimiento de Raúl. Un gran ser humano y poeta, un luchador, siempre amable y atento. Nos acompañó en el sitio desde el 2006.

Hoy estará al lado de su querida Marta. 

Que repose en paz, abrazo enorme a sus familiares y amiges, Gus.



 


Lectura de Raúl en El Dorado

https://youtu.be/So0YKGLHwHg?si=JofDmALkdwhqxZjT


881km

 

En el camino

donde todos los vientos

 me acercaban a vos

metro a metro

sueño sueño

 las horas pasaban fáciles casi cómodas

con la esperanza

de encontrar tu risa

y ese sol casi lo mismo

Y tu imagen tan clara

Tan primera vez

Mientras llovía en voces y poemas

Mirarte era una resurrección

Un día nuevo

Y cada instante

Casi un estallido

 

© Raúl Pignolino

 

24 DE MARZO

 

Y si digo dolor sangre y memoria

Y si digo ni olvidó ni perdón

Y si tan solo digo corazón

Qué parte estoy nombrando unde la historia

Si digo lo contrario de la gloria

Y pronunció el infierno sin razón

Las armas la tortura y la traición

Qué parte estoy nombrando de la historia

Si digo madre y si digo abuela

Buscando un pájaro que ya no vuela

Y treinta mil fantasmas en el viento

Qué pretendo decir con tanto duelo

Si reclamo justicia en este suelo

Escucho todavía su lamento

 

© Raúl Pignolino

 

DESEO 

                A Marta Rosa Brignolo

                     in memoriam

 

Cómo me gustaría

dejar de lado

las trampas de la razón

y pedirle a Dios que exista de una vez

y que sus brazos la contengan

y que su luz la invada

a ella

qué tanto supo de abandonos

a ella

que nos amó hasta los dientes

que nos dio de vivir

como una hembra

con sus pechos azules

de parir soledades

a ella

casi niña dolida

que ahora sea celeste

y vuele

siempre tan sola

siempre viento

sin nosotros

 

© Raúl Pignolino

 

CIEGOS

 

A veces miro a Dios por la ventana

Lo siento lejos y lo veo triste

Se aburre de mirar su obra

Tras una cortina de niebla inconstante

A veces me mira como preguntando

Qué puedo hacer con tanta soledad

No sé qué contestarle

Porque temo que se hunda

Aún más en su niebla

Y nos quedemos ciegos como la noche 

 

© Raúl Pignolino


Más de Raúl en https://mispoetascontemporaneos2.blogspot.com/search?q=ra%C3%BAl+pignolino


 

Raúl Pignolino.Nació en Buenos Aires en 1947.

Es profesor de Letras. Egresado de la UBA. Ejerce la docencia y la crítica literaria. Ha colaborado en diversos periódicos y revistas de la provincia de Buenos Aires.

Su trabajo se encuentran en las siguientes Antologías de Poesía Contemporánea: "En el umbral del vuelo" 1972; "Intentos Alas y Ecos" 1973; "Poemas del Concurso Bibliograma" 1978; "Nueva Poesía Rioplatense" 1979.

Dirigió Talleres Literarios y fue Vice-presidente de S.A.D.E Filial Noroeste Bonaerense.

Ha publicado "Cuestión de Vida o Vida" 1980 y "Los Desamados" 1988.


Biografía Extraída del Blog. No actualizada.



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Poema de Patricio Emilio Torne

 



LOS CRIMINALES TAMBIÉN SE MUEREN

 

Ayer por la tarde me puse a escuchar a David Bowie

cantando héroes en distintos idiomas,

toda la tarde estuve escuchando a Bowie.

Por la mañana recibí la noticia: el más brutal de los criminales

había muerto a sus 90 años. La muerte se hizo cargo de él

en una cama del hospital militar y sus seguidores no saben

donde poner sus sentimientos. Pobres gusanos dijo Marta,

que perdió a su hermano estaqueado en la penitenciaría de Córdoba

cuando el asesino era el cobarde mandamás del Tercer Cuerpo.

Bowie no canta Héroes en español, pero en un momento

la canción dice algo así: “Yo puedo recordar de pie contra la pared

y las armas disparando sobre nuestras cabezas

y nos besamos como si nada pudiera caer”, entonces no podía

sentir más que tristeza pensando en los compañeros de La Perla

en manos de ese asesino que moría en la cama del Hospital Militar.

“Y la vergüenza estaba en el otro lado Oh que podemos ganarles

por siempre jamás entonces podemos ser héroes sólo por un día”

En ese día cuando muere el criminal y no levantamos las manos

movidos por la venganza, sin resignación, eso está claro,

y compadeciendo a los gusanos.

Por la noche hice un brindis con la circunstancia como aliada.

No soy de los que dicen que ninguna muerte los alegra.

 

© Patricio Emilio Torne

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Poema de María Belén Corso

 


Sueño I

 

Sueño en una tarde de verano

que no soy grande para jugar a las hadas

que a la cama llego emplumada

que con un beso a la noche le basta

y basta, digo yo.

 

© María Belén Corso

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Poema de Liliana Bellone

 


PEDIDO

 

ya no resisto más abuelo

ni este siglo

ni el tuyo

¿no podrías ofrecerme

un lugar

en tu aldea de Zamora?

 

© Liliana Bellone

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Poema de Graciela Ballesteros

 


 

Disfruto los grises

que el cielo esparce

sobre el patio. 

 

Las gotas corren

sobre el vidrio

y forman un rosario.  

 

Un relámpago me recuerda

que la lluvia 

también moja

y deshace     

los sueños que duermen

en un niño cansado.  

 

Mi instrumento

es la plegaria, digo, 

mientras el rosario 

de gotas engarzadas

cae

y se evapora

 

igual

igual que las promesas.  

 

© Graciela Ballesteros

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Poema de Gabriel Francini

 


Después del viento frío

que muró el camino

de nuestros cuerpos,

después de las raíces enterradas

y los astros petrificados

y las miradas perdidas,

una brizna, una brisa, un pequeño

rayo de sol, augura sorpresivo

un mundo nuevo entre fragmentos

que son pedazos de espejo.

Ahora respiramos, hablamos

con los fantasmas más reales

y la esperanza es la mano

que nos ofrece la huida,

nos abre la carne del alba.

Y entonces nos preguntamos

la eterna pregunta que se oculta

en cada paso del día.

 

© Gabriel Francini

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