21/8/19

Poema de Claudia Molina



Cordón umbilical

                 A mi madre

En mi mano
tengo una naranja
de ombligo.
En la otra mano
sostengo un cuchillo
por el mango.
Pelo la naranja
como si le sacara
la piel al mundo.
La dejo desnuda
la desgajo
y cada medialuna
anaranjada
explota en mi boca.
Con la hebra de cáscara
armo una naranja
con luz de pájaros
y ardor de siesta.
Cuelgo la cinta perfumada
que parece un cordón umbilical.
La dejo secar
y cebo mates
con sabor a madre.


© Claudia Molina

Poema de Liliana Chavez





 Ya es suficiente 
hay que pasar 
del papeleo a la alegría 
del pajar a la lluvia 
del júbilo al sosiego 
del jueves al viernes 
de la lombriz al leopardo 

mirar y que se escuche el grito 
soñar y sentir el aleteo de la realidad 
bautizar el ojo con revelaciones 
deshacernos en  hijos 

doblar la esquina por el lado recto 
saltar la barrera subterránea 
dejar de tomar el camino del círculo 
como si fuéramos  aves de memoria estrecha.


© Liliana Chavez

Poema de Orlando Valdez




tu cuerpo
en mi boca
tan dentro
en mi cabeza
más y más
en la carne
que se eriza
y se yaga
allí y acá
donde estás
ahora así
y todavía más
donde tiemblo deliro y estallo

© Orlando Valdez

Poema de Raquel Jaduszliwer





A veces
por momentos
olvidamos la carga en los umbrales
dejamos nuestros pasos y miramos las cosas como miran los pájaros
un cerebro emplumado nos gobierna
vemos cómo se caen en el ascenso las palabras
se arrojan como bólidos fuera del pensamiento

entonces
la vida se hace lisa y radiante y tan liviana
tan liviana la vida

puro brillo.


© Raquel Jaduszliwer

Poema de Rubén Capodaqua



Anclé mi bote entre la espuma y la sal
de tus ojos dormidos
Esperaré la tempestad de tus lágrimas
para abrir las velas.


© Rubén Capodaqua

Poema de Sandra Gudiño





Para algunos
fui una taza de té
humeante            negro
donde posaron los labios
con fuerza
pero no bebieron


© Sandra Gudiño

Poema de Osvaldo Víctor Fernández





Ella camina
las huellas de todas las ellas.
Me mira
y hunde su ella,
en el centro exacto
del latido que apura
mi pulso.
Todas sonríen,
y hechizan y se funden
en la levedad de mi aliento
Ella,
síntesis de todas las ellas,
vibra esta cajacuerpo
que se rinde,
incondicional.

© Osvaldo Víctor Fernández

Poema de Olga Liliana Reinoso



CAOS

Estupor de vivir
un eclipse de amor
opacidad de seres
que oscurecen el sol
y no hay ángel ni dios
que nos pueda guardar.
La soledad es el estigma
pero es también la reivindicación.
Buscarse y encontrar
en la turgencia de la sangre
un glóbulo de luz
algún refugio.
Si el universo estallara
ante la esquirla fatal
de una palabra
el beso primigenio
lo reconstruirá.

© Olga Liliana Reinoso

Poema de Anna Pinotti



el bisturí tiene filo de un solo lado
fue especialmente adquirido. 

con aleaciones blandas la hoja permite movimientos profundos
sin desgarrar, los dientes intercalados cortan
siguiendo el trayecto de la vena principal. 

el tiempo es un factor determinante
si se trabaja el cuerpo fresco. 

las incisiones afectadas por una carga emotiva constituyen
el órgano capaz del movimiento. 

el tope de la mano en el esternón indica
altas dosis de calcio ingerido
ocho horas antes. 

las cavidades pueden vaciarse sin forzamiento
con una espátula de acero y un martillo
inicialmente aceitados.


© Anna Pinotti

Poema de Adriana Maggio




Boca 
            llena 
de ocasos. 

¿Cuánto de verdad hay 
en el engaño? 

¿Cuánto de epifanía 
en la oscuridad? 

Nunca       me soltará 
el insomnio. 

La inquietud silba en 
mi cabeza 
como una flecha en el aire.


© Adriana Maggio

19/8/19

Texto de María Malusardi



no estoy ni aquí ni allá ni con uno ni con otro ni conmigo misma repaso mi pasado joven los amantes me visitan y me azotan con pudor no reclaman mi abstinencia ni mi entrega ni me ayudan a nacer ni me limpian el morir y me dejan sola como un vestido absuelto destripado en el trapecio

© María Malusardi

Poema de Mariana Finochietto





LOS PECES 

De vez en cuando
uso la excusa
de limpiar los frascos de piedras de mi hija.
Los vuelco sobre la mesada,
y lavo
piedra por piedra,
cuarzos, turmalinas, pequeñas obsidianas,
hematites que esconden fuegos rojos,
ya no podría tocarlas sin repetir sus nombres.
Lleno los frascos de agua
y sumerjo las piedras hasta el fondo.
Brillan,
porque las piedras siempre saben parecerse a los tesoros.
Hundo mi mano entonces, rozo
el misterio de la disolución de la materia.
Mis dedos
bajo el agua centellean,
como peces.

© Mariana Finochietto

Poema de Marina Cavalletti





Influencia

Soy una perra romántica. Bolaño estaría orgulloso de mí.
Te pienso insomne con mi nariz ártica de trasnoche
El frío entero tiene tu nombre. Y es encantador.

© Marina Cavalletti

Texto de Osvaldo Burgos



MAQUENEIDA

“Por todas partes lamentos y horror; por todas partes la muerte, bajo innumerables formas”.
Virgilio.

La única salvación de los vencidos es no pretender salvarse, dice Virgilio que gritó Eneas, mientras los civilizados griegos incendiaban su ciudad, horadando como ratas asquerosas la sangre de los templos / las imágenes / los cuerpos calcinados.

La única salvación de los vencidos es no pretender salvarse, leo ahora en Virgilio que una vez gritó Eneas, en medio del incendio en el que esta caída comenzó.
Afuera, el frío quema.
Y en la puerta cerrada de un macdonal, tres pequeños comparten los restos / de los restos / del almuerzo de otros niños, que acaban de salir en brazos de sus padres.

Entre la sangre seca de las calles / las imágenes / los abrigos
los demás apuramos civilizadamente el paso, como ratas.
Desgajándose de las paredes, los salvadores de hace cuatro años se confunden todavía con los salvadores de hoy. A veces, incluso, son los mismos.

La única salvación de los vencidos es no pretender salvarse solos, pienso, siguiendo los silencios de Virgilio.
Y sin alzar la vista puedo sentir a Ronal / que como un mudo Eneas que sonríe / me invita, incandescente, a la felicidad.

© Osvaldo Burgos

Poema de Marita Rodríguez-Cazaux


  

HORTELANO 

Aquella que ayer era
-ceibo, irupé, cojín de rosa,
caranday, junquillo, matamora-
simiente florecida,
pelo de verde trigo,
trébol de suerte esquiva,
aún porfía.

Y en la raíz hincada
del árbol de tu huerto
por el filo de tu azada
sobre la herrumbre de la lejanía,
agudiza el pretérito imperfecto
del verbo de la ausencia
y la poesía.


© Marita Rodríguez-Cazaux

Poema de Alicia Márquez


  

 LA LLAVE 

Son dos. Viven a la vuelta. 
En una casa abandonada, 
en una triste casa abandonada. 
En una casa tapiada a la vida, 
gris, de tan sola. 
Caminan, a veces una, a veces otra, 
por el barrio. 
Se sientan en los zaguanes a discutir con el aire, 
a revolver bolsas eternas, 
llenas de otras bolsas y de papeles. 
Son parte del paisaje cotidiano 
con sus camperas gastadas y su gesto 
impaciente. 
Pero un día, una de ellas, de ceño fruncido 
y enojo volcánico, me exigió a los gritos 
que devolviera la llave. 
Traté de calmarla, mañana, dije, enseguida, 
dije, bueno, dije. Aterrada, le dije. Lo que me salía, 
le dije. 
Ella me miró y aseguró que si no la devolvía 
se iba a cometer un asesinato. 
Y entonces la vi. Por primera vez la vi. 
Ya no era parte del paisaje. Era una hermosa 
mujer de ojos claros, perdida y rota. 
¿Qué llave querría? ¿La de alguna casa remota? 
¿La de la cordura? ¿La del paraíso? 
¿La de la risa, para su gesto amargo? 
¿Quién la lastimó tanto? ¿Quién le arrancó la llave?



© Alicia Márquez

Poema de Ángel Felipe Alassia



LA GRIETA EN LA PARED

Es una herida seca.

( En los cauces sin agua
siempre tropieza el aire)

Tiene bordes hirientes.

( El hálito del tiempo
se ha fabricado dientes)

Va de arriba hacia abajo
lentamente
pero no llega al piso.

Se repliega en sí misma,

( los dolores profundos mueren
en la garganta muda del silencio)

y es ahora una grieta
que de abajo hacia arriba

( siempre existen dos filos
que lastiman...)

va en busca de la daga
que le dio vida,

( y es dos veces herida)


© Ángel Felipe Alassia

17/8/19

Poemas breves de Amadeo Gravino



 
El viento canta
canciones marineras
en los muelles.



En primavera
anda el viento silbando
entre ramas.


En cornisas
sollozan los gorriones
un himno triste.

© Amadeo Gravino

Poema de Mario De Luca




Dia tras día

antes de que amanezca
se levanta y bebe
su tazón de agua caliente
con un saco de té
que ya usó tres veces

viaja un trecho largo a las playas
y recorre la arena aunque queme
cargando en estantes portátiles
la mercadería que pesa

al regreso en el tren     por primera vez
come papas fritas o maní salado
y de una botella encontrada en la estación
bebe el agua corriente cargada en el baño

después entra en una pieza habitada
por cuatro, cinco o hasta seis
reparten un panini que lleva dos días
y se duerme antes de apoyar la espalda
en el colchón o en el piso
según le toque

esa noche piensa:
cuando el año termine
comeremos perdices
cantaremos bailando

© Mario De Luca

Poema de Marcela Rosales



Los menos fuertes de los extraños                                                 

Los mejores 
los más fuertes de los extraños
como dice Bukowski
los Spinoza danzarines de la Caseros
esos que desnudos en invierno
huyen tan sólo por huir
y un día se detienen sin aviso previo.

Sin aviso
sólo para que tropiecen 
con sus cuerpos, y con su risa 
fileteándote el rostro 
como esquirla de cristales 
cayendo a pico 
desde un noveno.

Rostro, digo, esa máscara muda
que levantas de la vereda mugrienta
donde entierras paso a paso
ranura a ranura 
el sabor ferruginoso 
del último pucho
el último.

Ese que trituras en el bolsillo 
del montgomery de luto
para aferrarte a algo
y no llorar 
como un crío azulado
hasta el ahogo
que nadie consolará.

Para aferrarte, digo, aunque sea 
a unas hebras de tabaco 
deshilvanadas y húmedas
que te entorpezcan los dedos
y no te dejen llevártelos
al rostro para detener la sangre
mucho menos para empuñar la letra. 

Esa que te esquiva y no se deja
como una puta retirada y vieja
que ya no quiere saber nada
de nada, de nada.


© Marcela Rosales

Poema de Juan Pablo Abraham



SACRA CONVERSACIÓN
(A un cuadro de Piero della Francesca)


Nace la palabra
buscando el arrullo
puro de la madre.

Nace la palabra
y rompe la cruz
que separa al hombre
del niño dormido.


© Juan Pablo Abraham

Poema de Víctor “Pajarito” Cuello



(LOS COLIBRÍES)

- otro colibrí muerto en el parque/ esta semana 
ya encontré cinco... ¿por qué será?

- porque está prohibido el color en el antiguo 
seminario

© Víctor “Pajarito” Cuello

Poema de Ernestina Elorriaga








Aguarda la llegada de las sombras
sus ojos saben del andar terrestre
y ajusta sus pupilas a ese movimiento
ama la luna y desnuda su sexo buscando amparo
se desliza sigiloso
              sin sentir la rugosidad del tiempo
no existe el límite
el espacio es una flecha entre cornisas
una foto fija y siete vidas circulares
el retrato de lo efímero
el olor lo incita
                busca el amor
                                    pelea
se eriza quemando la cabellera de la noche
sabe perder        

amanece cuando regresa
ronronea
y cierra los ojos.


© Ernestina Elorriaga

Poema de Teresa Gómez



DESCANSA, NIÑA…

Descansa, pobre niña,
de tu duelo joven,
de tu esperanza infecunda,
de tu razón quebrada.
Descansa de tu viaje
a la violencia y al escarnio
que no tuvo regreso.
Descansa de tu larga despedida,
de la mano feroz y nauseabunda
que inauguró el adiós
sobre tu cara.
Descansa ya de ser
noticia pródiga, una imagen
sonriendo en las pancartas,
descansa de las flores y las velas
que derriten su llanto
en el feroz umbral de tu tormento.

Descansa. Ya no serás
foto de novia en vals interrumpido,
ya no verás crecer
un vientre grávido,
ni beberán tus hijos
la savia de tus pechos injuriados.
Y después, más después,
nunca tendrás el privilegio
de ver tu primera arruga
en los espejos.

Hoy, con un leve gesto
de tu mano en defensa enarbolada,
hoy, irónico bosquejo.
estupor que no cesa,
con semen en la boca,
tierra en el pelo
y grito en las entrañas
estás abierta en cruz sobre la hierba
en un sitio a la orilla de la nada…

Ahora y para siempre
descansa, pobre niña
en tu lecho soñado,
en la tibieza inútil de tu sábana
que fue rasgada en dos
como tu alma.

© Teresa Gómez

Poema de María Fernanda Regueiro


  

Tenías una bolsita blanca entre las manos
si  lo pienso dos veces
no volvería a hacer lo mismo

después de tanto temor
te ataca el hambre de sentirte tranquilo
hacerte el distraído  para no toparte
con esa parte de la realidad
que  te es ajena por derecho
no  por obligación

vino lo que vino
la ignorancia , los silencios
los destierros

todas víctimas escondidas de los victimarios

todavía andamos esparcidos en la ceniza
de los ojos muertos.

© María Fernanda Regueiro

Poema de Raúl Feroglio




Dijo

El abuelo dijo  
        “este es un fresno” 
y estableció 
fundó 
categorías en el alma 
niño que mira 
y palpa 
las estaciones los brotes 
la espera callada de las ramas frías 
el fresno los pájaros 
la sombra  
          “este es un fresno” 
para siempre


© Raúl Feroglio