21/6/18

Poema de Ernestina Elorriaga




- XL- 

Ella me busca
intento acariciar sus manos
el viento que viene de metal se inmiscuye
nos repecha
nos aleja

Vuelve     inténtalo otra vez
eres tan niña
toda una vida para encontrarnos en la distancia

Cuándo fue que nos alejamos
teniendo todo el sol
 cerca   tan cerca
que se nos adormecía en la mollera
y  roja las  manzanas nos bebían los jugos de la boca
Cuando se fue tu pollera que alborotaba la tarde de rayuelas
el cielo que escondía su rostro entre mis manos
y esas  lágrimas que te decían adiós

Soñábamos tanto
en aquella calurosa siesta del último verano
que nos bebimos de un solo sorbo el estío con todas sus mariposas.


© Ernestina Elorriaga

Poema de Rubén Balseiro


  

La casa de mi infancia 

En la casa de mi infancia ya no hay puertas,
por ella van y vienen los perros callejeros
y anidan los gorriones sobre cualquier maceta.
No hay ventanas que eviten que los vientos irrumpan,
ni cerraduras grises que anulen algún vuelo.
Los techos son permeables a toda la llovizna
y el otoño ha dejado un tapiz de hojas muertas.
La casa de mi infancia
ya no existe,
es un derrumbe apenas en mi propio recuerdo.
Hace ya mucho tiempo
otros pasos borraron mis pasos buscadores,
otras manos pintaron de gris
todos los sueños.
La casa de mi infancia,
es un viaje secreto,
frágil itinerario que cobija mi mente,
con sueños confundidos entre el niño que fui
y el hombre que angustiado a veces lo recuerda.
En la casa de mi infancia,
una vez,
hace tiempo,
creo que fui feliz


© Rubén Balseiro

Poema de Mónica Angelino





se columpian fantasmas
en ramas oscuras

blandas las horas
de este día parapléjico donde la humedad de las palomas
surean silbidos de llovizna.


© Mónica Angelino

Poema de Orlando Valdez



cada vez que abras una puerta
entrarán mis labios
porque una escena
siempre es otra

al recordar

los dedos que subieron
y los que bajaron
en círculos tibios quitando
las sombras y el aire


© Orlando Valdez

Poema de Griselda Rulfo



El cuerpo ánfora fue un ángulo de dolor. 
Azote. 
Silicio. 
Devenir. 
Culpa. 

El cuerpo espina aprisionó el silencio. 
Espeso. 
Oculto. 
Inacabable. 

El cuerpo plomo agobió los pasos. 
Como un extraño 
él se arrastra ya sin fuerzas 
hasta que la muerte 
lo atrape.


© Griselda Rulfo

Poema de Teresa Vaccaro



TRABAJO SUCIO 

Anochece. 
La vida termina como todo. 
En la fulgurante oscuridad 
acecha su mirada. 
Nada le asombra. 
Ni la rueda que entrega el esfuerzo, 
ni el amor transmitido, 
ni la pasión consumada.

Perversa y puntual 
viene a cumplir trabajo sucio. 

Queda sólo el interrogante. 

Una demanda, 
inútil.


© Teresa Vaccaro

Poema de Beatriz Puertas



Todos los días muere un carpintero
los deudos
guardan durante algunos años
la gubia y el formón
la escuadra y el serrucho
el encastre y la lima
después el tiempo pasa
y arrincona las herramientas
contra la húmeda
presencia del olvido
porque no hay espacio
no se puede guardar
objetos que recuerden
a la muerte
del que apenas se acuerdan
porque la vida sigue
y llegan otras vidas.

Todos los días muere un campesino
sus hijos o sus nietos
guardan en un galpón
el viejo arado
Las botas altas de recorrer
Los surcos
El rastrillo
La segadora
que se oxida desafiando el techo.
seguramente
en cada profesión y en cada oficio
muere alguien cada día.
Yo me pregunto
¿Qué se puede guardar cuando un poeta
se va y los creyentes sienten que emprendió algún vuelo?
¿Qué dejarán intacto los agnósticos?
¿Habrá que encerrar en algún mueble
Las palabras que usó?
¿Será importante ordenar las palabras
en su mismo orden?
¿Tiene garantizada la inmortalidad?
O el espejismo de la trascendencia
Nos impide saber
Que el final es final
Y en el costado frágil
Solo nos pesa la supervivencia.

© Beatriz Puertas

Poema de Alba Estrella Gutiérrez



a Jorge Luis Borges 

en una esquina
de zaguán y aldaba
a contraluz de una incierta memoria
dos cuerpos se demoran
como tigres sin pena
olfatean su presa
no hay preguntas ni aciertos
una duda de presencia en silencio
sobre un fugaz instante
y sortean el aire
los ojos se abren como patios
y despacian la tarde
miedos vulnerables
cuarteados por la noche
huesitos de la muerte
apuñalan la cintura del viento
tal vez en Balvanera
o Gurruchaga
un puñal apuñalado
llora un truco envidado

y en buenos aires


© alba estrella gutiérrez

Poema de Mariano Shifman





     A GRACIELA WENCELBLAT                                
                                   
Ayer nomás leías tu poesía,                                   
delicada, profunda, sugerente.                                   
Tocabas el espíritu y la mente;                                    
cada verso alumbraba epifanía.  

                                 
 Hoy mismo -no lo creo todavía-                                  
 me han dicho que partiste de repente.                                   
Te fuiste como fuiste: suavemente,                                   
como en puntas de pie por cortesía.  

                                   
La muerte forma parte de la vida;                                   
aunque sea verdad, nunca es consuelo.                                   
La muerte es una eterna malnacida. 

                                  
Otra verdad opongo a la amargura:                                   
quedarán tus poemas (es tu cielo).                                   
Quedará tu palabra siempre pura.


© Mariano Shifman

Poema de Marta Rosa Brignolo




Padre,
el poema no sale todavía.
Cada vez que paso por la esquina
observo tu silueta,
entregada a la sombra del Álamo.

Árbol,
la casa empequeñeció
mientras vos y yo
envejecimos.
El hombre de la silla reclinada,
ausente.
Peregrino de los cielos,
testigo de Dios

© Marta Rosa Brignolo
Foto enviada por la autora

15/6/18

Aniversario

HOY 12 AÑOS...!!!!!! 
Feliz.

12/6/18

Poema de Sandra "Tana" Pasquini



Encendías la memoria como una última lámpara
robabas palabras en jardines
donde la perduración era más que un rito
el criminal huidizo de los sueños
copiabas uno a uno los rastros del fulgor sobre la escarcha
el único canto aferrado a la noche
entre los dedos temblorosos de la muerte
desordenabas el camino hasta mi cuerpo
en un lenguaje imprevisible
desobedecías la remota fe
en los terraplenes
donde se desbarata el amor por menos que la vida
repartías jirones de alma
como sorbos de luz entre los muertos
alguna que otra madrugada.


© Sandra “Tana” Pasquini

Poema de Diego Bennett





Porque si

Porque si
porque quiero
porque agacho el corazón para meterle más nubes a mi pecho.
Bajas
transparentes nubes de claro.
El oscuro lo guardo en otro lado.

Porque si
porque pienso
porque dividí los casilleros de la mente en millones de senderos.
La materia se pasó de gris
sombrío tendal.

Porque si
porque siento
porque me lloraron la tarde y el recuerdo.
Salí otra vez por el túnel y nací sediento.
Bebí de la teta lágrimas de desconsuelo.

Porque si
y no se por qué
y porque siempre, siempre veo
toco
palpo
broto.
Las noches como ésta floto en un lago azul
bajo como pez al abismo del océano profundo
salpico con gotas de vino al barco hundido
y nado
casi sin esfuerzo nado
trepo a la superficie y salto para volver a nadar
porque si
porque puedo.


© Diego Bennett

Poema de Elena Garritani



Fatalidad de la noche

Ella escribe su sentimiento extiende
la noche empapelada
regresa el sentimiento
si la luna cae sobre su sombra ella
dibuja la alegría
si la luna cae sobre la luz ella
no dibujará
la noche revuelve en lo revuelto
salpica bendice
encuentra fotos cartas borradores objetos
lo ganado perdido
versión propia y ajena
que duelen como duele
la dicha que archivó.

© Elena Garritani

Poema de Darío Lobato



la mirada en el punto 

2

toda flor intima con la luz
le pide una mirada
/el brillo fosfórico del numen
que importa si después
el poema desciende
hasta el punto más sombrío
y reivindica al inexpugnable
/espino


© Darío Lobato

Poema de María Fernanda Regueiro





Una revuelta en el patio

sonidos ininteligibles
cosas que caen

quien cree en el demonio
invoca  ángeles.


© María Fernanda Regueiro

Poema de María Laura Coppié



Retirada 

En la tarde cansina,
el sol del domingo
apenas rozaba el monte.
Cuatro ojos seguían su recorrido
hasta enceguecer.
Ocho menos cuarto.
Nos íbamos del improvisado hogar de cuatro
al ritmo de la percusión de los pájaros.
Chascomús sin nosotros
se quedaba ciego también.

Pero entonces el viento cambió,
y alteró  las cosas que realmente importaban.
Él con su don –o maldición- de ver más allá
supo que ya no tendríamos atardeceres.

Hoy a esa misma hora
espero la sombra de su paso inconfundible,
me asomo esperando escuchar
su voz oscura llamándome
como una furiosa serenata.
Me siento frente a las ventanas,
a todas, a cualquiera
y recuerdo cuando les huíamos
a las transparencias y a los testigos.
Mientras escribo esto
del cuaderno cae muda
la astilla del sándalo
que supo encender nuestro fuego
y trae la certeza
de que no habrá perdón
por no volver siquiera al roce.
No me voy a ir sin hacer ruido,
aunque por los dientes se cuelen
las contradicciones.
Hasta a los perros
se les da tres posibilidades de mordida
antes de determinar su rabia.

© María Laura Coppié

Texto de Claudio Portiglia





Treinta y tres es la cifra / falta envido / latitud / orientales / semanas de embarazo / edad del cristo / revoluciones por minuto / masones vertebrados o mineros / resonancia torácica o apenas / los años que llevaba acumulados / cuando el destino quiso que llegaras / fresca a la luz del mundo / y decisiva

© Claudio Portiglia

Poema de Silvia Loustau



COMPAÑERITOS

Y los amantes emprendieron su retirada: 
cada uno por sendas diferentes. 
Entre tinieblas, 
entre los cuerpos insepultos 
y el perfume de la mañana 
abandonaron su desnudez, 
todavía frágiles y torpes, 
todavía reconocibles, 
aún con las balas mordiendo sus heridas, 
aún con el beso irrumpiendo en sus entrañas


© Silvia Loustau

Poema de Vilma Sastre



KAOS                                             

La casa sigue ahí, los fantasmas somos nosotros -  
Solitaria  espera – Gustavo Tisocco.


y en este ritual de bandejas 
vanidosamente superpuestas 
en estas múltiples hileras de libros 
ausentes de doblez en una 
tan solo una página (he leído sus voces) 
en el lecho intacto de nombres 
en los platos uniformados según march tamaño 
march color march dibujo 
 dibujo mi huella que late en la copa brillante o 
en esta taza exenta de mísera mella 
y a veces me pierdo en palabras 
en este sonido ambiguo del silencio 
no logro asirla 
flotó un instante apenas 
pero sin proyectar su sombra digital 
la vida se filtra lentamente por cada rendija 
en monotonía de reloj de arena 
en pisos espejados con el revés 
              de mi entera humanidad 
como la hilera de perchas donde se fatigan 
prendas según la estación 
dije que es verano? 
mencioné de la lluvia azotando esta ciudad? 
que los edificios ya bajo tinieblas 
amenazan con parpadear sus celosías bajo mi techo? 
insinué acaso que no encuentro dónde guarecerme? 
pronto va a escampar 
entonces entraré


© Vilma Sastre

Poema de Patricia Corrales



Sombrío

Que esconde la sombra
que solo atrae el recuerdo?
Fueron las bocas sin palabras,
las manos del vacío.
Junto lágrimas sin derramar por el misterio humano,
deshumanizado.
Sigo en aquella tumba donde mi hermana se alejó con el mar
en un pasaje de mis ojos,
no puedo, no quiero sea olvido, la sostengo
en este otoño de árboles raídos,​
de nieve más intensa,
de hombres sin piedad por el odio germinado.
Recorro cada abismo para no precipitarme
en este presente de soledades y laberintos.


© Patricia Corrales 

6/6/18

Homenaje a Enrique Sandri en su fallecimiento

Me entero del fallecimiento de Enrique Sandri, poeta que hace mucho tiempo estuvo en Mispoetas. Muy joven. Una pena. Abz a sus familiares y amigos, Gus...




Paciencia 

Algo chorrea lento entre las piernas; 
la luz que le queda a la noche es naranja 
como una tardecita estirada. 
Tus labios están sucios 
y la botella vacía debajo de la cama; 
la Bic pulverizada sin cartucho, 
mi corazón cargado de sangre seca, 
las venas alargadas no riegan. 
Por suerte es día de fiestas 
y con las pocas ganas que me quedan 
me sobra para tirarte por la ventana.


© Enrique Sandri



Exilio                                               
   
Esta historia que pintó
es dialecto mandarín, 
una medianera cualquiera 
          de González Catán. Es Beirut, 
alambre de púa 
               botellas rotas. 
Es la histeria de un jueves por la noche, 
la agonía laica de mi pueblo 
esa misma de todos los días. 
Una boca que se abre 
a través de la indulgencia 
de todas las cosas que se mueren. 
Es un mexicano colgado del muro 
con lágrimas de rabia 
Esta historia que pintó 
será el fracaso habitual de los amantes? 

© Enrique Sandri



Quizás de alguna manera 
pensé en desprenderme 
y caer humano, 
sobre las cosas que perdí; 
ella intentó, 
yo le caí de visitas por su casa, 
me quedé de ocupa 
usurpando el tendedero 
donde colgaba las hilachas, 
todos tienen un lugar 
para las cosas insignificantes. 

Ella quiere algo que le mezquino 
no lo encuentra ni 
entre los chiches, los útiles y 
las carpetas, los apunte de la facu 
ni el test de embarazo. 

© Enrique Sandri



Enrique Sandri (Arg. – 1972): Escritor, poeta, conductor de radio. Algunos éxitos radiales: “3Locos Sin Sueño”, “No me dejes esta noche”, “Sin moros en la costa” y “Roja Directa”. Ha participado de grupos literarios como “La escalera” y “La panadería”.
Sus publicaciones: en el año 2000 y 2001 las plaquetas “Algunos golpes contra el viento I y II”. En el año 2006 publica su primer libro “Tan vulgar como inocente” Editorial “La Luna Que”. En el año 2008 publica su segundo libro “Hachazos y Curitas”. Durante el 2008 se desempeña como Director de Turismo, Cultura y Deportes de su pueblo. En el año 2009 recibe el primer lugar en el concurso literario Jovenes Poetas Puntanos otorgado por la Univ. de San Luis.

5/6/18

Poema de Gabriel Chávez Casazola





Topus Uranus

A cierta edad ya duelen las rodillas
en tardes húmedas
o se presenta un vago malestar
después de haberse dado un gusto
con la comida

a menudo aparece un pequeño bulto
que puede ser inofensivo
pero está ahí,
bajo el sobaco

y hay una picazón insistente
en la garganta,
un íntimo cuchillo
que complica dormir.

Son los primeros golpes de la muerte
en el cuadrilátero del cuerpo.

Hace siglos, los griegos postularon
que el cuerpo es sólo el receptáculo del alma
y la rodilla
que nos duele en tardes húmedas,
apenas un reflejo, una representación
de La Rodilla,
esa articulación ideal
que habita junto a El Estómago
y a La Garganta y El Sobaco
en el topus uranos
o, como también creíase,
al otro lado de la luna.

Recordando estas cosas
después de los 40
me pregunto
si no rondarán esos lugares
el Dolor de Rodilla Por Las Tardes Lluviosas
el Bulto Vagamente Inofensivo,
la Garganta Que Punza o
la Dispepsia ideal. 

No lo sé, pero sí que
los primeros golpes de la muerte
en el cuadrilátero del alma
son más viejos.

Que el primer dolor de rodilla del alma
lo ganamos en la escuela
con alguna humillación temprana
o un amigo perdido

que el primer bulto bajo el sobaco del alma
asomó cuando el cuaderno       
en lugar de traer los deberes bien resueltos,
escondía palabras de amor no correspondidas

que el primer vago malestar en el estómago del alma
lo sentimos cuando nuestro uno de nuestros padres
nos miró, de pronto, torvamente,
como arrepentido de habernos traído
a este lado de la tierra

y el íntimo cuchillo en la garganta
se hincó al mirarnos al espejo del alma
cuando nos cortábamos la piel
para saber que éramos de verdad
—no un maldito reflejo ni una representación—
y escupíamos en los griegos largamente
alguna tarde húmeda,
asidos nuestros brazos
a las rodillas
aferrando este puto perecedero puñado 
de realidad.


© Gabriel Chávez Casazola

Poema de Sonia Rabinovich




Nos miramos
con los ojos aguados de asombro
temblorosos
perplejos
inmensos.
Nos miramos
para guardarnos para siempre.

© Sonia Rabinovich

Poema de Elisabet Cincotta




cuánto menester inunda
el enigma del silencio

cuánto se acumula
en los jardines del sueño

el poder del misterio
del vedado grito
del dolor ajeno
de horas retorcidas
del placer de haber amado

y de la muerte instalada
muda
desvencijada
sin apuro ni desvelo

             ella sabe que siempre gana


©Elisabet Cincotta

Poema de Carlos Alberto Roldán



lleno de siempres el recuerdo 
no contempla ese ruido lateral que va cortando 
nuestra carrera al arco 

no ve/ no quiere/ le hace falta no ver 
que la burbuja de oro tiene un malevolente puesto 
en su zanjón/ en su recodo siniestro del camino 

y nos pasa por venirnos tan solos tan 
inesperantes tan entregados 
a la boba alegría de los simples 

nunca aprendimos a soñar 
y no se hacía sin el sueño artillado

nunca nos educamos al amor 
a su riesgo frecuente 

y yacemos quebrados a diez metros 
mientras celebra la mala sed su día


© Carlos Alberto Roldán

Poema de Bibi Albert



¿Por qué siento la muerte
en plumas de gaviotas
y no en valvas vacías?
¿Por qué soy tanto más del agua
que del aire?


© Bibi Albert

Poema de Alicia Albanesi



CUNAS

Para sostener Egipto:

Escondieron remotas señales, simbolismos fraguados en
vestigios arquitectónicos monumentales.
Bastaría atizar las envolventes capas, interpretadas por bíblicos sabios de apocalípticos profecías proclamadas.

Para sostener Grecia y Roma:

Proyectaron las mitologías desde el origen
Dieron prestigio a la imaginación soberana, y la razón como ceguera de enigmas.
Así nos encadenaron el alma.

Para sostener Latinoamérica:   

Descubrieron la naturaleza y lo salvaje
Aprovecharon el oscurantismo barroco e ideologizaron la cosmovisión cristiana.
Dominaron lo maravilloso del objeto reluciente, aún en nuestros Sueños.

Para sostener el Hoy y el Devenir:

Cincelaron el realismo mágico
A los poderes tecnológicos con todos nuestros datos valorados en la usina virtual.

Para sostener el Vacío: 

Caemos en el desconcierto mediático
de resonancia psíquica.
Demasiado  Tiempo en copas de
eternizados fuegos.

Les daremos recompensa
Nuestras sombras ¡HOY! Llenas de vida.


© Alicia Albanesi