19/9/18

Poema de Osvaldo Bossi





Ruego por el tornado 

Que no regrese, que no relinche
contra la ventana como un caballo
y a su paso se lleva los muebles, abrigos de lana,
ollas, el televisor... Sobre todo que deje en paz
al techo: cada chapa fijada con clavos
a los tirantes, no las arranque como a barajas de cartón.
No se pavonee en torno a mi lámpara
y lo confunda todo con esa voracidad omnívora,
sin restricciones. Que yo no piense: En el fondo,
en el centro de su pecho, se esconde un sitio calmo
para nosotros. Que yo no encuentre cierta belleza
o música en esa órbita destructiva. No finalmente,
molido a palos, recaiga sin consuelo en el odio
o torne a la guardia que forjó un niño tímido.

© Osvaldo Bossi

Poema de Paulina Vinderman




           
En la Plaza Mayor, una adolescente vende
cigarrillos de a uno. Se rehusa a darnos más,
debe guardarlos para sus clientes.
Le compramos bollos azucarados, un collar de caracoles
y un angelote de papel maché.
El cielo es porcelana antigua sobre el mundo
(cuando se fragmente crecerá su belleza).
También es antigua nuestra dicha:
frágil y antigua.
El verano se ahueca como las alas de un pájaro
concentrado en su historia.

No me iré, me asegura el verano, has dejado atrás
la mujer que esperaba el otoño para volver a empezar,
dentro de un ritual infantil y venenoso, como el juego de
la mancha: hundirse en un encierro,
en un perfume tenaz, en un territorio de huérfanos.


© Paulina Vinderman

Poema de Martha Goldín



son alas, dije,          
no me creíste          
salté y entre el ramaje                  
         te miré con tristeza          
era tan fácil seguir las costumbres          
son alas, dije,                                
             no me creíste
              
© Martha Goldín

Poema de Gabriela Schuhmacher





Nadie olvida nada

A los diecisiete
pisé por primera vez
cagada de perro
y comprendí
cómo era la vida.
Nadie aplastó una mosca
sobre las camas de Kuitca,
en la geografía de Afganistán
o Nueva York.
Yo, por amor
no sacrifiqué ningún bicho,
nunca en un segundo
de tormento dije:
¡por qué, Dios!,
si estuve tan cerca
de cada mosca posada
en la mano que las espantó.
Ni desde el rectángulo
donde morir
pude pensar:
hacer de cuerpo es
mezcla de sexo,
nacimiento y enfermedad.
En:
Puros e impuros /Extensos óleos


© Gabriela Schuhmacher

Texto de Marisa Negri



Los hilados eran de un solo color: todo era blanco o todo era plomo o todo era negro. Los colores se urdían en la cabeza.
Tomar el uso y hacer la hebra era costumbre del vivir antiguo.

© Marisa Negri

Poema de Rafael Vásquez




ENTRE  SUEÑOS

A veces me sorprendo dictándome entre sueños
una carta de queja
por alguna injusticia, demora, incumplimiento
que el sol de la mañana se llevará al olvido.
No puedo hablar de insomnio pero hay algo
que interrumpe la noche. Y la redacto.
O comienzo a apilar mis argumentos
y demoro la búsqueda del sueño.
Si por lo menos fuera algún poema,
el principio de un verso, la palabra
que me guiara despacio a la otra orilla.
Sé que al final también la olvidaría
porque la noche esconde los sentidos.
Y al despertar, con el papel en blanco,
me volvería a decir:
¿cómo empezaba?

© Rafael  Vásquez

Poema de Marta Elena Guzmán





LA MESA

El amor germina
 en la añeja madera de cedro.
“Cuídala, dijo mi madre
en ella fuimos felices”
La nostalgia de leves perfiles
         es evocación de la inocencia.
El manojo de retamas
el cuello delgado de los flamencos
la niña de las mariposas
las riberas crepusculares del tiempo
cuando la risa era de nácar.

La mesa, memorial del júbilo 
comparte la lágrima
                sencillamente prodigiosa.
Otra vez el pan humeante
mis hermanos
la guitarra y mi padre
las voces, los olores
                       la muñeca de vidrio azul.
Desde la vieja ciudad de la infancia
vuelvo en un mendrugo de luna
a reclamar mis derechos
                      de pájaro demorado.

© Marta Elena Guzmán

Poema de Graciela Bucci



Alfarera

"Gracias/ por este  insensato amor a la poesía//Por él mueven mis hilos/de marioneta viva/ unas manos que escriben/lo que cantan/ los pulsos de la vida"

Gracias - Ester de Izaguirre

a Ester de Izaguirre, mujer poesía. 


con manos de alfarera hace danzar palabras 
que se abrazan en ritmos misteriosos 
se incluyen    se fusionan    serán la maravilla de soles inventados 

suele  dibujar  versos a plena luz del día 
o en el ocaso incierto o en noches de tinieblas 
que pigmentan el aire con sus propios matices 
 y enmascaran  recónditos paisajes del ayer 

con manos de alfarera       
ella reinventa  la urdimbre de la historia   
con tácitas mujeres   con niños abreviados 
con tiempos implacables de relojes tramposos 

esas manos      las mismas 
amasan las memorias que plasman en  papel 
tejen letras de tinta       tejen vida en las nubes 
escriben con la sangre que aviva paradojas 
resucitan  mensajes y desandan los siglos 
a veces titubean 
pero siempre conciben la aventura: la invariable creación 

cada poema suyo es una ceremonia 
moldeada con las manos de alfarera 
que no admiten naufragios 
que hacen frente a los miedos 
 inauguran la huella que surge de sus ojos 
claros como las algas     intensos     enigmáticos 
como los infinitos tonos del milagro 
como la lluvia ansiada en el desierto yermo 

ya nada será igual 
ni los días ingratos    ni los golpes punzantes     ni la mordaza inútil 
todo habrá de atravesar la grieta          mansamente 
cuando sus leves   finas    artesanales  manos 
moldeen el poema 
que hasta ayer          era sombra.


© Graciela Bucci

Poema de Marta Rosa Brignolo



El Abrazo

El Abrazo rompe
historias de dolor.
Renueva.
La sangre fluye, apropiándose
de cada gota de vida al paso.
Seres hambrientos
atentos a las sombras
de otras soledades.
Renacen,
brillan de inocencia,
Y se aprovechan del amor.

© Marta Rosa Brignolo

Poema de Graciela Corrao



soy tu fan

sos mi einstein mi gandhi
tu carisma tiene la eficacia
de un comprimido sublingual
te llevás todos los aplausos
no hay más localidades
fatal haber superado
el  millón de seguidores
saltás de felicidad
hasta romper los elásticos
del amor 

no me asusta la soledad
 sino esta tremenda alegría
de los que creen


© Graciela Corrao

17/9/18

Poema de Miguel Ángel Córdoba





Aprendí el mar con mis últimos naufragios    
él ahogaba sus delfines    
y yo mi profundidad    
ahora soy barco en medio de la calle    
haciendo ruido de espuma    
para ir a ningún lado   
No voy a tocar tu muelle    
con la ilusión de un horizonte    
Hoy no quiero anclar mi sal 
en la  carne estéril de tu nombre

© Miguel Ángel Córdoba

Poema de Michou Pourtalé



Por qué mirar al mundo
por el ojo insano
de una cerradura
               descalabrada?
si en cada primavera
vemos renacer
la bondad de Dios
y su gracia
en la sencillez de una flor
en el verdor de la Palabra.
                   

© Michou Pourtalé


Poema de Anahí Duzevich Bezoz


  

Y  EL ESPEJO MUDO...

“No perturba el estar sino la ausencia.”
JULIA P. FARNY 

Cuando me gane el tiempo,
dejaré, lo sé,
un silencio encendido,
un calendario marcado con cruces,
redondeles y flechitas,
muchas fotografías,
mi perfume en algunas prendas 

y el espejo
mudo.

Mi recuerdo será
un llanto inmerso en la alegría.
El movimiento en alguna melodía
será una  sombra agónica
que parecerá que aparece.

Cuando me gane el tiempo, dejaré, lo sé,
todo aquello que amo
y él , en su carrera loca
se llevará mi voz, mi carne
y me ganará el olvido.


© Anahí Duzevich Bezoz

Poema de Carlos Alberto Roldán



No garantiza el nombre eternidad alguna 
pero musita o grita sin cesar u horrorosamente 
calla 
y va a seguir escribiendo en paredes 
de transparencia y agua 
los signos que intentan fijar vocales 
o esos intríngulis consonantes y los tonos 
y los suspiros, y el derrame o los crujidos 
y resquebrajamiento de los cuerpos con sus almas 
respectivas y oscuras y anchas 
como si fuera un rezo como si fuera 
la convocatoria mágica a lo inesperado 
como si se volviera a algo 
perfume o nostalgia 
estremecimiento o vacío 
sí siempre la voz recupera el vacío 
de aquello que se fue arrancado y sin más 
a una buchaca oscura 
contra cuyo murmullo 
contra cuya persistencia 
todo lo que hicimos y haremos 
garantizara el nombre 
recogieran las redes 
convocaran a presencia 
y resultara fuera 
no mirara finalmente 
tanto rezago herida 
poluciones marinas 

pondré palabras 
para evitar que emerjan 
diablos y tempestades


© Carlos Alberto Roldán

Poema de Clelia Bercovich



MILITANTES

Tu abuelo era portuario. Anarquista. 
 El  mío herrero,   en un pueblo de campo. 
Todos vinieron en los barcos. 
Tu padre, murió joven . Fumaba mucho. 
Era  locutor de radio. 
Tu madre tan bella. Le gustaba  el tango. 
Ella vio todo. 
Trabajaba en Hacienda, en Plaza de Mayo. 
Los aviones contra la gente. 
Había niños frente a la Rosada. 
Contra el pueblo fueron. 
Contra el pueblo las bombas. 
Las balas. 
Contra el pueblo. 
Cuando te conocí  eras periodista.  
 y decías  que yo   :  ''de la Facu''. 
Caminábamos Corrientes hacia el Bajo. 
En toda mi vida me  reí tanto. 
Leías  a Celine 
y  me regalaste  'Morir en Madrid'. Hablabas de Argelia. 
Ser patria o colonia. 
Elegir era posible. 
Pero  hoy un ministro,   dijo  que nosotros 
somos '' pura grasa militante''.



© Clelia Bercovich

Poema de Mónica Angelino



el mejor juego
que juega el hombre es el
yo yo.

© Mónica Angelino

15/9/18

Poema de María Teresa Andruetto



Teresa 

Me pusieron Teresa
porque era el nombre
de mi abuela y anduve por la vida
con mi nombre de vieja. Es un nombre
de santas y de reinas pero a mí no me gustaban
las santas ni las reinas. Yo quería un nombre
breve, un nombre leve
y no este nombre de cristiana nueva. Mi buena
Teresita, era la frase de mi padre, pero yo no
quería ser pequeña, hasta que un hombre
de brazos fuertes, de barba oscura dijo
mi abuela se llamaba Teresa, mi
hermana se llamaba Teresa, mi
primera maestra se llamaba
Teresa, ¿cómo te podría
olvidar?

© María Teresa Andruetto

Poema de Patricio Foglia



EDGAR LEE MASTERS

Una sola vez, en toda mi vida 
me sentí de verdad afortunado. 
La ventana de mi estudio se abrió, 
y entraron las voces 
como un coro griego. 
Yo podía oírlas, extrañamente, 
a todas pero también a cada una, 
y sin pensarlo me entregué, 
me vi impulsado a ser su instrumento. 
Tomé, con cuidado, 
cada historia como una vela entre mis manos, 
y las fui colocando, entre los tomos del Código Civil 
y mi pequeña réplica a escala 
de un viejo obús de la época de la Guerra, 
hasta que ocuparon mi escritorio por completo. 
Yo detesto el misticismo puritano 
ese deporte que practican 
a lo largo y ancho del Sur de los Estados Unidos, 
pero lo cierto es que 
de alguna forma, aquella vez, 
me pasé la noche escuchando la palabra, 
el fuego tenue del altar de mi pueblo.

© Patricio Foglia

Texto de Leny Pereiro



UNA ÚLTIMA CHARLA

-Son como islas -Me dijo el viento-
Yo las amontono pero no consigo que se vuelvan una. Se rozan, se empalman, se montan. Pero al cabo de un rato regresan al vaivén solitario y triste.

Lo miré con desconfianza. Pero no me hizo caso.

-Pronto llegará la lluvia - Continuó.- Como una forma de decir que el gris resiste. Y ahí te darás cuenta.
El agua rodeará las orillas que de tan secas, hasta soltarán las palabras para que yo me las lleve.

Observé el horizonte. O aquello que alguna vez pudo haberlo sido. Y no vi más que una quimera. Un artilugio de mi corazón vencido.

-¿Por qué no venís conmigo? -Me susurró - Aquellas nubes son más que un presagio. No hay nada bueno en ellas. Te lo digo yo, que siempre cosecho lo que siembro.

Suspiré pensando si tenía alternativas. Si tarde o temprano no habría de soltarme, igual igual que las palabras de las orillas secas.
Y acepté la propuesta.
Al fin y al cabo la lluvia estaba demasiado cerca.
Y yo, no era más que una pequeña isla.


© Leny Pereiro
Imagen enviada por la autora del texto

Poema de Romina Dziovenas





Soñé con vos 

anoche apareciste en un sueño 
me mirabas fijo extendiendo tu mano 
con un vaso roto 
que desde el centro de tu pecho me ofrecías 
como si fuera un cofre de cristal 
y lo bebí 
lo bebí los pedacitos de vidrio me atravesaron 
 la boca    la garganta 
abriendo el espacio para que tu corazón 
estallara la sangre dulce 
corría inundando mis órganos 
en un río tibio y leve 
que luego descendía 

en la orilla 
mis largos y angostos huesos 
brillaron bajo la tenue luz 
de la noche


© Romina Dziovenas

Poema de Osvaldo Víctor Fernández



el
poeta
siente
la
furia
de
los
catorce
ochomiles
al
mismo
tiempo
y
la
transforma
en
inmutable
palabra


© Osvaldo Víctor Fernández

Poema de Nerina Thomas



Escribo.
Las teclas parecen un piano.
Los pájaros se posan en mi patio
y la melodía de los mismos,
me acompaña.
Hacía mucho tiempo
que no venían,
siento que esta visita
es un presagio de esperanza,
de sueños
primavera anticipada.
El cielo está claro,
luego de un ayer de lluvia.
Humea la torta de vainilla
para compartir en el programa.
Se mezclan los aromas,
la cáscara de naranja
en otro fuego, perfuma la casa.
Vuelven ellos
a cantar en mi patio.
siento que me hablan
los distingo desde mi ventana.
Sigo en mi máquina,
describo este momento
de esta tarde de invierno,
donde explayo mi sentir
junto a los pájaros.

© Nerina Thomas