25/7/26

Poema de Ana Lafferranderie

 


El jardín es huérfano.

Para dejar un rastro circundamos la casa 

hasta la noche

seguimos lejos de la puerta

donde las voces se hacen graves.  

Buscamos el resguardo de la parra

el techo leve de la uva azul.

 

© Ana Lafferranderie

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29/4/26

Poema de Ana Lafferranderie

 


De noche huelo el miedo de mi madre.

Veo brotar entre lo verde un agua oscura,

atraviesa el jardín

llega a la puerta de entrada a la cocina

y crece 

hasta cubrir la mesa, el almanaque.

Sigue hacia el pasillo en un torrente

 

deja  la casa  ahogada en  sí misma

y el jardín sin fin, como única tierra.

 

© Ana Lafferranderie

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3/9/25

Poema de Ana Lafferranderie

 

 

Estabas frente al gran mundo, solo viste

pequeños movimientos de un cuerpo agitándose.

Ese es tu acento, un detalle

te lleva a tantos lados

y no hay manera de regresar completa,

siempre algo tuyo se queda en otro sitio

desperdigándote.

 

Una ligera agitación te trajo

de vuelta a este momento, ves pasar

los diminutos peces

sobre un declive mínimo de agua, te vas

tras el reflejo de una rama elástica,

la travesía de una forma.

 

© Ana Lafferranderie

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6/6/25

Ana Lafferranderie comparte a Alonso/Ayala/Elbaum

  


y vio, mija, cómo es a mi edad, con unos pesos, pocos

vivir con ellos

no queda otra

que

cuidar al nieto, cocinar

hacerle de sirvienta

como cuando le fregaba los calzones

cuando era chico; era

era tan amoroso

no hacía berrinches

vio, mija, el padre

lo tenía cortito, no daba disgusto

pero

creció-se fue-se casó

y yo le dije: mirá

tenela vigilada

porque mmm no sé

no me gustaba

ninguna me gustaba

para él; le dije

le hablé del padre

pero

que no tomara, le dije

que no chupara

de la manera que había hecho él

y vio, mija

la curte a palos

le da al gurí, pobrecito

y yo, también

de vez en cuando

cobro; a veces

me vengo acá

por unos días

reparto

porque son treinta 

por año

son treinta

mija, la mutualista

¡vio cómo es!

 

© Laura Alonso




las mujeres de mi familia

no se hablan

y si lo hacen

muestran su lengua llena de escamas

sonríen con los dientes afilados

te sirven el té

te dicen

ayer la vi a la hija del primo tal

o

el hijo de mi cuñada

o

¿viste cómo estaba la casa?

 

las mujeres de mi familia

están sentadas en la cocina

se lavan las manos con cloro

se pasan un mate

limpian la bombilla

con un trapo mojado con agua caliente

se lamen la herida con violencia

se lamen ahí

entre el matrimonio arreglado

y el golpe del marido

 

las mujeres de mi familia no se hablan

y si lo hacen

te ofrecen

una caja de bombones

llenos de veneno

 

© Marlene Ayala


 

hundimos nuestras narices en la selva

había llovido solo un rato antes.

casi todo era barro y después

verde.

verde como rayos de sol

vibrantes entre hojas

como pueden ser las nubes en los cuentos, verde fantástico.

 

buscábamos el otro lado del camino,

llegar a la próxima playa

de la isla de la magia -así la llaman. para eso

había que subir el morro:

un espiral ascendente. subimos

guiándonos por el olor a cumbre,

llenando nuestras ojotas de barro.

 

subiendo apareció un mono

colgado de una rama

con los brazos abandonados, como vos y yo

nos colgábamos de juegos en la plaza, de niños.

se quedó en silencio, mirándonos

pesado de humedad. parecía aburrido.

nosotras lo miramos,

le devolvimos el momento que él nos dio

y cubiertas por ese olor dulce y amarillo, nos perdimos.

 

el camino pasó a ser más salvaje, menos

definido. seguimos un surco de tierra negra

mientras los árboles se desperezaban encima nuestro

y nos rozaban con sus hojas las cabezas.

 

ahí caminamos descalzas, las ojotas en la mano

sentimos la textura espesa

del corazón del morro en nuestros pies

deslizándose por los dedos

aferrándose a las uñas:

la sangre de esa tierra impregnada en nuestras piernas.

 

parecieron horas

hasta que se abrieron los árboles

enormemente

y apareció el cielo.

 

estábamos en una península, justo en el medio

de su brazo largo, que lengüeteaba el mar.

estábamos subidas a un morro enorme

y se veían dos playas, una a cada lado. el cielo

era azul y naranja, con nubes diluidas.                            

nos quedamos una hora

como cumpliendo con algo, como si

hubiésemos prometido a alguien

que eso mismo haríamos: quedarnos una hora

reteniendo la cumbre

de un morro que separa dos playas

como el centro de un reloj de arena, como

el resumen de algo muy complejo

que justo en el medio se achica

y simplifica

para ser aún más hermoso.

 

descendimos como habiendo recolectado una pieza

de arte antiguo que no entendíamos

pensando en otra cosa, con hambre.

ya no miramos

los pájaros que atravesaban nuestro camino

haciendo grandes piruetas entre las lianas

ni vimos a los monos vigilarnos de lejos

pero recuerdo a las hormigas

negras, con patas desplegadas

hormigas de selva

hundidas en el barro infernal, tratando de resurgir

de esa vida instintiva y cotidiana

intentando, seguramente

extraer algo más.

 

© Aitana Elbaum

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17/6/24

Poema de Ana Lafferrenderie

 


Nadie verá este andar,

deriva hacia el sonido de una antigua bisagra,

a ese lugar vaciado donde queda un baúl.

Ocurre adentro:

veo el sauce en la orilla

y aquel mantel extenderse bajo las ramas.

Los pies se apoyan lentos en la arena

cada vez que en el cielo cruza la misma luz

y este calor depende de esas cosas.

El hijo que imaginaba de la mano vuelve

cuando miro a mis hijos reales, así

cada asunto entrelaza, el sentido

nunca es el mismo, siempre es calma

un camino despejado por el que voy sin gestos

guiada por la movilidad del aire.

 

© Ana Lafferranderie

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26/1/24

Poema de Ana Lafferranderie

 


Las nubes deciden lo que nos hace esta penumbra

                                                     Laura Wittner

 

Cada uno retoma su dirección, elige

un breve horizonte

apenas el sol queda detrás de nubes.

Sucede hoy, este vaivén del aire

el calor atenuado

los trayectos dispersos en la orilla.

¿Sentirse libre porque cede la luz?

Es solo un rato, parece conformarme

hasta que algo se mueve diferente.

Lo entenderías, por una sola nube

cualquier palabra que digo se oscurece,

cada pequeño acto cambia de intención.

 

El día vuelve a girar

o seré yo

que no logro quedarme en la soltura

o será el puro devenir, la condición

inestable de un momento.

 

© Ana Lafferranderie

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30/9/23

Poema de Ana Lafferranderie

 


Antes de que vuelva a moverse el tiempo

podría nombrar las señas de este instante.

No llegarán a ser palabra.

Esto es real

estamos juntos en un aire denso

que anestesia todo mientras atardece

y la última línea de sol que se repliega

consolida un silencio.

 

© Ana Lafferranderie

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27/5/23

Poema de Ana Lafferranderie

 


Alguien absorbe la luz, desploma tu reinado

alguien traído por tu propia deserción,

acaso ese estar ensimismada.

 

vino con una gama de gestos que te faltan

para hacer evidente lo que ahogaste

 

(el alivio

de una palabra exacta, la eternidad

de un arrebato, ese envión

de los sabores)

 

© Ana Lafferranderie

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26/9/22

Poema de Ana Lafferranderie

 


Justo al final del muelle, entre turistas

una actitud despierta tu ironía.

¿Olvidás que buscabas alcanzar en un reflejo

algo que escape de tu forma tangible

y como esa mujer que simula un descanso

dentro del marco de un verano límpido

creíste capturar la claridad?

 

© Ana Lafferranderie

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30/4/22

Poema de Ana Lafferranderie

 


Fue tan simple ese día, saltabas por la casa.

Llegó con la forma de un lugar ansiado,

era tu misma sorpresa desbocándote.

La conocés más íntima,

resurge algunas noches cuando todo

parece detenerse.

Es el triunfo de una pequeña euforia.

Te conduce liviana, abiertos los sentidos

hasta que una puntada muy fina te atraviesa

 

y con ella  o por ella te hundís en ese aire,

en tu forma más blanda, para que dure.

 

© Ana Lafferranderie

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26/2/22

Poema de Ana Lafferranderie

 


Me fui tan lejos,

algo de lo que hablamos

lanzó mi mano hacia el árbol de nísperos,

ahora me muerdo despacio la pulpa amarilla.

 

¿Me ves sentada en el sillón?, voy

de la esquina del árbol a la casa.

Entro en la vieja bañera enlozada

me alargo con los pies en el agua

mido mi altura en los dibujos de la cortina

para ver si crecí.

 

© Ana Lafferranderie

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29/1/22

Poema de Ana Lafferranderie

 


No permanece,  mueve  sus  condiciones

cambia a cada momento como la  luz

como  aquella  que viste  desde  el puente

por  donde  ibas con  la  soga suelta.

Esto no se detiene,  apenas se establece

mientras  la sombra de lo que es

y  lo que  pudo  ser  se aúnan,

cada elemento conjugado ablanda su posición.

Solo eso,  y  la voz

que insiste en atenuar

y  el ejercicio de llegar a tiempo

a  frenar  las pequeñas desolaciones.

 

© Ana Lafferranderie

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9/12/21

Poema de Ana Lafferranderie

 


Pequeño triunfo


Pasé de un nudo a una liviana red

avivé por un rato mi partícula ardiente.


Me detuve a escuchar la sola voz

como en una caja

de resonancia. Las palabras

desatándome.


No fue necesario que llegara el verano,

despertar con la ventana abierta.

Ni el sol con su reflejo detenido.

Ni las señas de otros.

 

© Ana Lafferranderie

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20/10/21

Poema de Ana Lafferranderie

  


Límites


Es una foto, parece ser real: un hombre

va hacia el borde de un barranco.

¿Qué convicción lo impulsa.

qué clase de memoria? Adentro,

hago que salte ese vacío, veo

la cicatriz del otro lado. Él sigue

en su impulso, tan cerca de un fondo.

Va hacia algo que siempre tuvo enfrente

y nada

de lo que yo imagine

para cambiar la escena, resonará

más allá de mis pasos.

 

© Ana Lafferranderie

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11/9/21

Texto de Ana Lafferranderie

 


Doble movimiento


1


¿De dónde viene esta mujer escrita a bañarse en el mundo real? Tan límpi-

damente llega. Tal como yo a cada mundo imaginado, transmutada para

reconocerme. Alguien nos ha puesto a vivir. Ahí va el paso lento bordeando

la muralla de una ciudad que a esta hora se enciende. Y no podré saber cuál

de las dos lo guía.


2


En el lugar exacto donde se abre una caja o una rama te toca. El cuerpo

se dispara, corre, se tropieza, hasta llegar a un borde casi fuera del tiempo

donde una niebla baja se hace densa. Y aparecen las luces de un carnaval de

fin de siglo, aunque sigas inmóvil en la silla de tu abuela con el apoyo de un

mantel manchado. ¿Cuál es la escena? El camino impecable de las dos es-

tructuras. Los tambores que suben de la rambla a la casa cuando escribís ca-

llada, con la voz superpuesta. Entrás en el silencio, te ausentás para hablar.

 

© Ana Lafferranderie

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16/8/21

Poema de Ana Lafferranderie

 


La misma luz


Es poesía, enciende una puerta cerrándose 

y eso que la traspasa bajo la misma luz. 

En un solo destello te hará ver 

el cielo rojo que caía sobre Tánger, 

la curva del camino por donde iba 

tu corazón desclasado a embarcarse,

el cajón que resguarda el manojo de llaves. 

Sucede en vos. 

Ese jardín vecino con su aire más libre, 

la ventana que se abre hacia el primer calor. 

Y esto que ahora vuelve: 

el modo en que él no llora, 

los dieciocho partos de tu tatarabuela, 

la aleta lenta de aquel viejo pez. 

En esa misma secuencia podrás ver 

a una mujer que asoma en el último escalón, 

su andar de escolta, su paciencia tatuada

el modo en que te mira saturada de sí. 

Con ella tu pañuelo, impregnado en perfume

y el silencio que a veces te resguarda. Todo 

conforma este momento, se sitúa 

indiscutible y puro 

bajo un halo que casi 

llega a existir.


© Ana Lafferranderie


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26/6/21

Poema de Ana Lafferranderie

 


Plegaria


Rastro de nada, no te asomes de nuevo

ahora que es invierno

se cayeron los templos del balcón.

Las cosas que más pesan se levantan

no lo compensa el fuego,

la tibia comodidad de este aislamiento.


Forma vacía, no te muestres ahora

que el verde de las plantas no me alcanza,

ahora que la orilla es una calle desierta

y todo lo que crece anticipa un final.


Noche, te pido algo que por fin nos alivie

que devuelva lo nuevo en medio de lo nuestro.

Y esa alegría cierta, reanimándose.

(Irrupción que la nombra, no me olvides).

 

© Ana Lafferranderie

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29/5/21

Poema de Ana Lafferranderie

 


Inevitable


Otra vez lo hemos hecho, ver de cerca

el temporal mayor.

¿Alguien podrá negar que reconoce esa magnitud?

No vas a preguntar por el comienzo,

no existen las primeras cosas.

Se desvía el camino, también yo

sostengo por un rato esta dialéctica, después cedo

al espíritu simple del hogar.

Toda la noche cayó la mala lluvia

como un aviso de lo que nunca acaba.

Solo debajo, en el centro poesía

un pensamiento con redes que se expande

para mutar en arco, ser carnada.


Algo vital que regresa inevitable

atraviesa la historia que confunde

y cuando el viento crece y decae la confianza

ilumina pequeños desplazamientos.

Comprende los silencios, las visiones calladas.

 

© Ana Lafferranderie

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24/4/21

Poema de Ana Lafferranderie

 


Todo convive  aquí

la  quietud   receptiva  de  una  silla,

la  grieta  del primer escalón

la trampa  de  contar  los  minutos,

cada mañana  de  ir y venir

un  gesto  que  es el  mismo y  no parece

esa  ventana  que  se  empieza a entornar.

El poema de  Strand,

las  palabras  que  cambian  el rumbo  de  una  idea,

esta  confianza  que  no  sé  retener.

Cada  pregunta  que  no  develaría

el  motivo  de  estar,

eso que insiste,   flota  comprimido

la  esquina  donde  se  agolpa el mundo

se agolpa  hasta caer.

Y el deseo,  ese otro yo  que expande  sus  sentidos

hace  de  mí  esta  nuca  que gira,

una  energía  tibia  que  me  ablanda

y  la señal  de  alerta  que  frenaba

tu  cuerpo  sumergido,

el  modo  íntimo que se vuelve altavoz.

Ahora  esta  leyenda,

esa  memoria  de  parir  sin  cuerpo.

Un  foco blanco  sobre  todas  las  cosas,

el  duelo  de  aceptar  tu  forma,

cualquier  influjo de  próximas palabras,

la  mirada

que  vuelve  sobre  el tiempo,

el  tiempo  que  no  es.


© Ana Lafferranderie


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28/10/20

Poema de Ana Lafferranderie

  


Vuelve  mi  voz,  ¿qué persigue?

¿develar  la  inabarcable  suma,

lo que trajina el cuerpo,  la raíz

de lo que digo,  el sabor

de otras uvas en las uvas

y  el ánimo de esa

pequeñísima  hoja  del  árbol  que  cambia?

¿Qué es esta urgencia por  decir, querer decir?

¿qué  marcas  de  la memoria  empujan

detrás  de lo que creo saber de mí?

Esta  palabra  vuelve  a surgir  en algún sitio

¿en qué agua?

y ese temor a quedar en silencio, continuar distraída

¿será el impulso que cada vez  dispara

la insistencia de hablarme?

 

© Ana Lafferranderie

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