10/7/26

Poema de Irma Verolín

                                 


FOTO  DE MUJER SENTADA EN BLANCO Y NEGRO

 

Detrás de esos ojos tan amplios y apagados

que veo ahora en la foto

se cobija una historia: hay una casa con habitaciones en hilera

un patio

y un bebé muerto.

Todo lo que ha sucedido se repliega

y viaja

en el fondo de esos ojos

hacia un lugar al que ella desearía encontrarle un nombre.

Sus ojos hablan del otro lado

 de una mampara que ahoga los sonidos

y también viajan con todo lo demás.

 Las lejanías se apresuran para llegar hasta aquí

donde ella ha posado frente a la cámara de fotos con sencillez

dejando caer  sus brazos sobre la falda

como si algo la hubiera vencido

como si la foto fuera la última imagen que quedará de ella

como si no hubiera nada más que hacer

como si todo lo importante ya hubiera ocurrido

como si no quedara ni un granito de arroz en el fondo de la olla

porque así fue en realidad.

La luz resguarda la imagen

y la protege de lo está por venir

plácida

acongojada

esa bendita luz

tan igual a la que titila en sus ojos

 

© Irma Verolín

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27/6/26

Poema de Irma Verolín

 

             

DOMINGO 

 

Estuve toda la tarde del domingo

acompañada por mi poeta suicida: un libro

de tapas duras

con una flor intensa en la portada.

Blancos tramos de luz se habían filtrado

por las hendijas estrechas

de las cortinas de madera que

fracturaron los versos

renglón a renglón.

Toda la tarde respiré sus palabras 

embriagantes

sus voces que traspasaron como luces

un puñado de décadas. La veo

escribiendo, su espalda encorvada

frente a la máquina portátil.

Las letras suenan como disparos

en un juego de niños,

las letras hacen repercutir su voracidad

sobre la mesa y llegan

hasta mí, hoy

domingo,

día caliente de sol

propicio para cruzar más límites, idiomas

otras franjas

más hondas e invisibles.

La muerte jugó la última carta en este asunto,

un movimiento de  naipes

como letras clavadas en la tabla de madera,

otro rango en el parafraseo de los golpeteos:

invariablemente se trata de cruzar

alguna clase de espacio.

Y aquí estamos las dos,

a pesar del calor y de sus fluctuaciones, la luz

en esta parte del mundo

se comporta de un modo esperable,

fluye

se enlaza en su vaivén

arquea las palabras

las corta en más pedazos

las multiplica

aún en este verano de piernas abiertas

y toldos desteñidos en despavoridas azoteas.

La sigo viendo a mi poeta

con su espalda encorvada, 

ella

que convirtió a su máquina de escribir

en un diapasón 

me mira sin asombro

desde otro domingo

lejos  

me mira

enclaustrada

con sus inabarcables ojos.

 

© Irma Verolín

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18/5/26

Poema de Irma Verolín

 

                      

LIGERO CORRER

 

Yo soy esa mujer  

que siempre huye de la escena

-la escena candente  

crucial-.

Tengo muchas 

muchas piernas

para poder huir:

tengo piernas en la cabeza

piernas apretadas en el pecho

en las manos

piernas dentro de mi boca.

Ligero correr 

ligero bienestar

destroza cualquier vida posible

en su  persistente continuidad.

Corro conmigo a cuestas

y el mundo se hunde en mí

con todos sus lugares.

 

© Irma Verolín

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29/4/26

Poema de Irma Verolín

 



COMO EN UNA TRAGEDIA SHAKESPERIANA

 

Siempre he amado a hombres de corazón débil,

amé a esa clase de hombres

incapaces de hacer sombra cuando caminan

hombres ciegos

ante una despampanante realidad que nubla los ojos

hombres que no usan sombrero

ni reconocen el valor de las palabras

hombres que van por la vida como en una caminata lunar

hombres nacidos fuera del flujo de la Historia

hombres con memorias antiguas que amamantan su furia

hombres que únicamente pueden ser encontrados en el Triángulo de las Bermudas

hombres con egos que se mecen en perfecto equilibrio

sobre la punta de un iceberg

hombres convertidos de repente en espantapájaros

hombres como piezas  expuestas en un museo de ciencias naturales

hombres sumergidos boca abajo en el lecho oceánico

hombres llenos de fantasmas como en una tragedia shakesperiana.

La fatalidad cruzó el destino de estos hombres con el mío

forjando una espléndida flor moribunda

una flor japonesa que se convierte en pájaro.

Anochezco en el recuerdo de esta multitud de hombres

y mi memoria atareada descansa

dejándolos de nombrar por un instante

que no cabe en la palma de mi mano

ese instante más instantáneo de todos los instantes: el de morir de amor.

Todavía me veo

escondida en la foresta de mi propia confusión

espiándolos a la espera de una señal

de un mínimo gesto de ternura,

soy como esos perritos asustados

que añoran una palmada

o una distraída caricia en el lomo.

Me falta a noción primordial del lenguaje

se me escapa el más básico entendimiento de los hechos

mi cuerpo es invisible, 

sólo aprendí a correr o a ocultarme

y los hombres lo huelen como animalitos que son, igual que yo.

 

© Irma Verolín

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