31/7/26

Poema de Viviana Ayilef

 


Permiso, Lawen,

te nombramos

 

lawen kushe lawen fücha

lawen üllcha zomo lawen weche wentxu

 

kuyfike lawen, les nombramos

para que los nietos de los nietos de los nietos nuestros sepan

que aquí hubo mucho lawen

que en Puelmapu utilizamos diariamente todo lo que brota

 

maqui

boldo

chilco

quilimbay *

 

que donde la mancha negra por el fuego crece en su locura dirigida

antes subía el lawen

 

que cada parte curaba algún mal

y no otro:

las raíces

el tallo

sus hojas,

las flores también

 

que incluso la tierra y las piedras de su entorno tenían allí

sus funciones

el barro

la greda

los pantanos,

el txayenko,

las aguas diversas en su inmensa propiedad

 

gen pillañ kushe gen pillañ fücha

gen pillañ üllcha zomo gen pillañ weche wentxu*

 

lawen de la orilla

de lagos que no alcanzaron a cubrir el fuego con sus aguas

gen lafken impotente

viendo morir a otras fuerzas

sus hermanas

las energías con que convivió

desde siempre,

esas formas inmutables

 

gen kütxal kushe gen kütxal fücha

gen kütxal üllcha zomo gen kütxal weche wentxu.

 

Pedimos disculpas al lawen

aunque intentamos cuidarlo, y seguimos

defendiendo con el cuerpo

los ojos de la codicia ya estaban allí

hace demasiado tiempo

 

mientras los abuelos de nuestros abuelos escapaban

intentando preservar la vida

dispersados por el bosque

enmontañados;

los ancestros de los que hoy lo queman tenían un mapa general

en el que marcaban ya como franquicia la dulce tierra del lawen

el espacio en el que crece

su energía

y la expulsaron para interrumpirle su trabajo con

centros de ski

proyectos inmobiliarios

lugares para el turismo

pinos igualitos en hilera;

para ensuciar las aguas

para malversarlas

para obligarlas a regar lo que nos mata

 

choñülwe kushe choñülwe fücha

choñülwe üllcha zomo choñülwe weche wentxu

 

(…)

 

Cuándo aprenderemos como gente

a no herir lo que crece

a no agotar lo que asoma

a respetar lo que sana

a merecer lo que ayuda

 

sus fuerzas se irán

arrojadas al cielo,

eternizadas

volverán en otro tiempo

tal vez ya no estemos aquí

los que somos

 

pero estará la semilla

siempre estará la semilla

la sombra de su presencia siempre quedará

su püllü

silvestre

asomando

promesa de futuro

 

© Viviana Ayilef

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