Poema de Ohuanta Salazar
Pescar chirimoyas
Abuelo Emidio en el árbol y nosotros
debajo, en cada punta
de la frazada extendida, red
pescadora de frutas.
Mi abuelo ¡chirimoya va! y nosotros
divertidos, corríamos desparejos
arrastrando a los más chicos.
Con cada chirimoya conseguida reíamos
y con las que perdíamos también.
Después mi abuelo limpiaba una
en su camisa y repartía
iguales pedazos para cada uno,
probando alguna decía:
está patalca, no la coman. Esta sí,
cuidado con las semillas.
Un día le prohibieron
trepar árboles, entonces
mi abuelo inventó la caña de pescar frutas.
Desde el suelo enganchaba
la fruta del cabito, ¡chirimoya va!
y nosotros otra vez: frazada y risas.
Al final abuelo Emidio colgaba la caña
de una horqueta.
La casa de Obanta y mi abuelo
ya no están.
La caña pesca chirimoyas, todavía.
© Ohuanta Salazar
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