Poema de José Luis Frasinetti
Ningún hombre que cruce el campo de la
noche
podrá morir.
Se lo preguntan los que nacieron en la
tierra prometida
y se echaron de bruces.
La tregua consiste en enterrar los
recuerdos
de los que ya se fueron a vivir más allá,
poner chapitas de esquilas en los ojos
y pensar que puede fundarse otra efímera
verdad después de Troya,
decirse que no hay otra ilusión más simple
que pisar descalzo los campos que se araron
al atardecer
y echar semillas.
Ningún hombre que cruce el campo de la
noche
podrá morir.
Se lo pregunto a las tejedoras
que cruzaron de borde a borde el laberinto
silencioso de sus mortajas.
Ellas, como Eneas, vieron en cada punto el
porvenir
y hasta se prohibieron
de hablar de la vida con la muerte.
© José Luis Frasinetti
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