8/7/20

Poema de Luciana Ravazzani


  

En mi infancia una melancolía se me acercó,
me dijo que iba a soportarla mejor
cuando llegara a la adultez y tuvo razón,
en ese entonces no tenía armas,
sólo los ojos, largas horas de sueño, ciertas dependencias satisfechas a medias.
Para todo iba a ser la primera vez.
Aprendía velozmente y dolía enseguida también.
Hay quienes no se cruzan con la melancolía en la niñez,
por eso sólo se acuerdan de los descubrimientos buenos,
la melancolía se les retrasó.
Es fácil darse cuenta:
ellos sonríen de otra manera.

© Luciana Ravazzani

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13/6/20

Luciana Ravazzani recuerda a Olga Orozco



XVII

Aunque se borren todos nuestros rastros igual que las bujías en
     el amanecer
y no puedas recordar hacia atrás, como la Reina Blanca,
déjame en el aire la sonrisa.
Tal vez seas ahora tan inmensa como todos mis muertos
y cubras con tu piel noche tras noche la desbordada noche del
    adiós:
un ojo en Achernar, el otro en Sirio,
las orejas pegadas al muro ensordecedor en su hirviente ablución,
en su Jordán de estrellas.
Tal vez sea imposible mi cabeza, ni un vacío mi voz,
algo menos que harapos de un idioma irrisorio mis palabras.
Pero déjame en el aire la sonrisa:
la leve vibración que azogue un trozo de este cristal de ausencia,
la pequeña vigilia tatuada en llama viva en un rincón,
una tierna señal que horade una por una las hojas de este duro
       calendario de nieve.
Déjame tu sonrisa
a manera de perpetua guardiana,
Berenice.

© Olga Orozco




LO QUE NUNCA APRENDÍ

Se nublan los azulejos del piso del baño,
mis pies descalzos se espían entre ellos,
a veces se pisan suavemente, alternadamente,
tienen gemelos lunares en el empeine,
uno cada uno, en el centro, en el mismo lugar, del mismo tamaño.
Salgo del baño, mareada, inestable, el piso de madera es más
cálido, más seguro. Mañana voy a quemar el camisón que llevo
puesto, mañana la vida se desarma
y yo que nunca fui buena para los rompecabezas ahora debo
empezar con uno nuevo, por los bordes.

No sé cómo resistir
pero no hacerlo
es algo que nunca aprendí.

© Luciana Ravazzani

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8/5/20

Poema de Luciana Ravazzani



Él advierte la manera de caminar de su abuelo,
siempre un poco detrás,
como si quisiera estar solo en compañía. 
Cuando el abuelo ya no esté, me pregunto si lo primero que va a recordarle
es ese cansancio de medir hasta dónde acercarse.
Cuando el abuelo ya no esté, me pregunto qué voy a recordar yo,
que sostuvo sus formas siempre, a pesar de todo.

© Luciana Ravazzani

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24/4/20

Poema de Luciana Ravazzani





“Ahora podríamos salir a cenar y
 no vas a creerlo
podríamos también reírnos
podríamos pensar que somos
dos personas maravillosas
eso de toda la vida por delante
un falso lamento por la edad
de nuevo la risa.”
Y yo me preguntaba
cómo él cree
en un escenario tan igualito
a cuando nos conocimos
ahora que terminamos.

© Luciana Ravazzani

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16/3/20

Poema de Luciana Ravazzani





No sé por qué ni cómo fue que un día te llevaste todo.
Agradezco que te hayas olvidado de la poesía.
Es lo único que no podría haberte perdonado.

© Luciana Ravazzani

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29/2/20

Poema de Luciana Ravazzani





Él no quería pensar imposibles,
por eso me dio una bufanda
de lana de llamas del norte.
Recibí con cuidado
toda la intimidad puesta en juego
sabiendo que no iba a ser suave en la piel del cuello,
que no iba a poder apoyarle mi boca,
que no iba a regresar su trama
mareada y blanda en mi perfume.

Él tampoco.


© Luciana Ravazzani

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13/1/20

Poema de Luciana Ravazzani



Es una tarde de provincia:
flores, pájaros y una idea de la soledad.
Dentro de esa incierta idea
se conoce la tristeza,
no se conoce la furia.
Hago de cuenta que yo
tampoco la conozco
para perdonarte y salir airosa
como una matrona con sus vacas
a recorrer los campos.

© Luciana Ravazzani

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22/11/19

Poema de Luciana Ravazzani





Él habrá pensado que esa delicadeza oriental
podía ser el encanto que me sostuviera.
Él se iba, pero yo podía leer el cuento de una avenida,
la tarde en que florecen todos los cerezos.
Soñé que lo encontraba en el baño de una casa desconocida
luciendo una remera con media bandera de Japón
e ideogramas inventados,
una remera gastada, la tela adelgazándose.
Le decía que podía sacársela,
que le hacía lugar al lado de la toalla.
Ese baño era un espacio que quisiera habitar.
Iba a curar esa media bandera desgarrada
con toda mi suavidad
con todo mi silencio.

© Luciana Ravazzani

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25/9/19

Poema de Luciana Ravazzani



Quiso cambiarme su semen por un ramo de jazmines tempranos.
Acomodé flores y hojas,
cortando los tallos en diagonal
para que pudieran absorber mejor el agua.

El dolor de después, de un sabor salado,
un mar de pececitos muertos.

© Luciana Ravazzani

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10/8/19

Poema de Luciana Ravazzani



El jardín ceniciento,
el deseo de ser dentro de un jardín,
abrir los brazos para recibir
todo el peso del cielo.
Pasa un avión.
Tiene cálidas luces íntimas.
Anhelar el cuerpo caliente de un avión.
Pensar que por fuera las luces
son rojas, blancas, dulcemente envidiadas
en el estado crepuscular
de quien las mire en un jardín ceniciento.

© Luciana Ravazzani

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1/7/19

Poema de Luciana Ravazzani





Dicen que era un ermitaño,
lo imagino sentado sobre una piedra
y detrás una casa con esposa abnegada.
Más borrosamente veo algunos hijos.
Nunca llueve pero está nublado.
Sus zapatillas marrones sobre la piedra:
un buen lugar para tender la ropa.
Dicen que era un ermitaño,
pienso que a mí también me gustaría
un lugar igual, ni siquiera pulido,
desde ahí puedo pensar en un caballo,
en fuego, agua y madera,
en el trabajo silencioso de cientos de abejas.

© Luciana Ravazzani

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12/6/19

Poema de Luciana Ravazzani





Leí un libro con mar,
pensé en una mujer
que se compra un libro
para nunca leerlo.
Leí un libro con mar
en un país donde hay más niebla y más lluvias que mar,
es un libro triste.
Leí un libro con mar,
algunas muertes,
algunos pensamientos oscuros.
Un país donde hay más niebla y más lluvias
es propicio para los pensamientos sombríos
y para la necesidad de un amor,
esa necesidad de todos, pero expuesta.
Leí un libro con mar
y ahora anhelo ese sabor salado
descamándome la boca.



© Luciana Ravazzani

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13/5/19

Poema de Luciana Ravazzani



Un poeta aventuró que se comienza por la madre
porque es lo primero que vemos por dentro.
Aprender a tantear el detrás o el antes de todas las cosas.
Una playa que nace nublada los domingos
y él que descubre su melancólica habilidad
para decir las palabras al revés.

© Luciana Ravazzani

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4/5/17

Poema de Luciana Ravazzani

  
En la insistencia
por formar parte
de tu vida
estaba el deseo
de conocer tus gestos
en la soledad,
saber qué era lo que más tenías
en tu heladera,
si abusabas de la sal
al comer o no te dabas cuenta,
estaba el deseo
de ver cómo te ibas
quedando dormido,
si usabas frazadas
del norte que pican
en el cuerpo,
si te ponías música bajita
para tener lindos sueños,
estaba el deseo
de probar qué películas
te quedabas mirando,
si tenías superhéroe
real o imaginario
favorito o ninguno,
si me pedirías
cosas como abrazos
en mitad de la calle.


© Luciana Ravazzani

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3/12/16

Poema de Luciana Ravazzani

  

Él me despierta como un enfermero,
pienso en sus frascos de sales efervescentes,
sabe que ayer era de noche tarde,
me bajé de un auto cuadrado
sin seguros automáticos,
entré y pensé que nos hace falta
una horrible fuente cóncava
donde dejar llaves, encendedores, papel de caramelos.

Él me despierta y pregunta
lo que su imaginación ya le contó en detalle,
la cena frugal, el vino barato, el humo,
las investigaciones apócrifas
sobre la vida de los otros,
las canciones que no dicen nada.

Él me despierta para salir juntos,
espera que me vista de rojo,
que vuelva a confundirme las calles,
que llegue a horario a la oficina.


© Luciana Ravazzani

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7/9/16

Poema de Luciana Ravazzani

  
El amor comienza
por los reconocimientos.
Una observación como
te pusiste ese perfume
o sí, es nuevo este abrigo.

Para mitigar el carácter de ofrenda
el amor inventa,
el perfume lo tenía de antes,
el abrigo estaba
en una mesa de saldos.


© Luciana Ravazzani

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5/8/16

Poema de Luciana Ravazzani


La enfermera, vestida de rosa,
esas incoherencias que tiene el dolor,
me dijo: “si quieren pueden hablarle”.

Yo no le creía porque vestía rosa,
porque parecía saber,
porque dijo: “el oído es lo último que se pierde”.

“La esperanza está primero” le dije,
entonces, no respondió.


© Luciana Ravazzani

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