13/9/23

Poema de Sabrina Barrego

 


 

DOÑA  ANA

 

Renacerás desde tus cenizas en un país extraño.

Los niños a quienes vestiste durante generaciones

se irán olvidando de tu nombre poco a poco,

las letras desdibujándose de a pares,

pero no así los números tatuados en tu muñeca. 

 

No sé porque insisto con este juego cada vez más

brutal de recordar los detalles de esos días

que aparecen como cuerpos porosos

y mi madre rellena contenta ahora que le pregunto.

Nuestra memoria compartida se parece 

a las hojas del otoño que se desprenden

mostrando su lado oculto.

 

*

Quiero escribir un poema que hable de vos

a los catorce años en un Campo cosiendo para los nazis,

salvando tu vida entre los tanques apenas con una aguja.

Quiero escribir un poema que hable de tu escape

casándote con un viejo por encargue a una empresa

de putas que traía chicas rubias a Sudamérica.

 

Cuando la guerra terminó estabas viva pero sola,

como quien ha estado en el infierno, ida y vuelta

muchas veces.

Recuerdo el color de tus ojos y el cabello blanco

asomándose por tu pañuelo,

esa puntada invisible que reúne a los recuerdos

con sus sombras.

 

© Sabrina Barrego

Etiquetas:

3/7/23

Poema de Sabrina Barrego

  


ES COMÚN ACARICIAR A LOS POLLOS

ANTES DE RETORCERLES EL CUELLO 


Las heladas tardías son las peores,

matan a los pequeños brotes

al poco tiempo de nacer.

Lo natural es que el tiempo pase,

no que quede suspendido

como un túnel de humo negro

flotando sobre las viñas.

Lo natural es que el invierno sea invierno

y luego, la primavera.

 

Vos querés atravesar el campo de palabras

sin haber sentido en el cuerpo

el frío que quema hasta la fibra,

sin que se te pegue el hollín,

ni los abrojos en los pantalones.

Sin embargo el sol existe

aunque la poesía no lo nombre.

Como un huevo fresco

se  asoma dorado entre los álamos

con la fe tibia en que el polvo decante y caiga,

como los frutos por su propio peso.

 

Mientras, querés cantar

pero los árboles no te hablan,

aunque busqués imitar el idioma de los nidos.

Mientras, el tiempo pasa y la helada sube sin cesar

en acuerdo con tus poemas que, al no crecer, se recienten.

 

¿Estás feliz con el premio de los hombres?

¡Escuchá! ¿Podés oír?

¿O estás sorda para la música de la tierra?

 

Es difícil la palabra arteria en un poema;

es difícil la palabra cuchillo

si no estás dispuesta a todo:

a rasgar con el sonido de tu voz la vena de la poesía.

 

Si el viento no te murmura melodías

mientras golpea contra tu puerta,

no siento culpa, no siento ninguna pena.

Si tus manos están vacías y tus palabras son huecas,

tomá las mías: yo no puedo detener ese flujo

por un puño de ladrones de gallinas.

 

Pero como labrador mañoso,

que con paciencia cuida de su cultivo,

yo misma me sé la forma

la mano invisible que marca

el sendero pedregoso de los bueyes,

ida y vuelta por los surcos.

 

Más allá de eso no hay nada.

Ruido blanco y pedestales.

Más allá no hay un hogar posible,

porque te faltan los elementos para levantarlo.

Acaso un resto de miel donde iría el corazón

dispuesto pronto a evaporarse

como los falsos recuerdos.

 

Guardo un ovillo de lana

en el saco frágil del cuerpo.

Si quiero tiro del extremo

y las palabras no paran de salir.

 

No me busqués donde ya no estoy.

El poco aire que cobijo en mis pulmones

lo soplo sobre los versos

que brotan desde el suelo de una casa

que conozco, que recuerdo.

 

© Sabrina Barrego

Etiquetas:

14/6/23

Sabrina Barrego comparte a Rosales/Taglia/Esquerré

  


fue en la niñez

la pequeña luz de una vela

olvidé: al niño dormido

esa noche de invierno,

en una cama desordenada

entonces mi pelo era largo

hace mucho de esto.

 

venia de la avenida y hablé

con unos sobre el incendio

desatado el día del amigo,

y me dijo que la muerte y los pobres

se apaciguan con esas cosas, y que

es distinto para las que llegaron

después que él, grandes cenizas

de esas casitas flotando en el canal

viajaban hacia los jardines de las casas

de la avenida.

 

Claudio Rosales

 


El cielo que castiga

 

Ese cielo amarillo y matemático ahora

para ellos será la huella de su ser.

No lo saben y el cielo se despeja.

No lo sé. El pez en el barro

el rabioso destello inorgánico de un alma

es eso que te debemos. Al estar en tu tiempo

alguna vez dormiste, alguna vez saliste a caminar

y viste a los obreros en una torre de cincuenta metros

viste la luna después más allá y a través de esa torre

y como no sabías con qué compararla solo te dijiste

la luna. Alguna vez comiste y un amigo te dijo algo.

Pero nada de esto viene y cuenta

el fracaso abrió lugar a lo que llega.

 

Sergio Taglia

 


caldén retortuño chañar

molle piquillín jarilla, te acordás?

 

cortaste una rama

para mí la puse en el baño

durante un tiempo estuvo

el olor de tus manos

 

el corte-

 

es fuerte el zonda de agosto

no vamos a alardear del otoño

en Mendoza dejemos

el regodeo a los turistas

en Las Heras hay viajeros

figurantes siluetas de la sombra

border buscas lumpenaje

en camisitas de Erdosain

pucho bajo chopos chombi

 

tortita raspada en

la galería cutre y subterránea

llegando a la terminal

terminar de irse

es imposible

sueñan los tumberos

con rumbear

adonde

–les parece desear

solo un espejismo

una ilusión lasherina

 

ese poema sobre la pasión

que escribiste en el ala este

de la terminal desde

donde salen

los bondis a Cacheuta

la palabra piringundín el pancho

la Andes ya caliente

el pool del Gringo las bolsas

reventándole el estómago

el merqueado cuerpo

que la policía dejó

esperanti la muerte

 

Maite Esquerré

Etiquetas:

18/3/23

Poema de Sabrina Barrego

 


Ahora

 

Ahora que ya lo pusimos en palabras

mientras hablábamos de trenes y

de tus dedos de pianista.

Ahora que las metáforas no sirven, no dicen nada,

recordé esa tarde en que leí frente a vos y

tan de cerca el poema número 31 y

nada me dijiste, y yo

no fui capaz de percibir en tu silencios y

éramos nosotros las mismas hierbas palideciendo y

es mi legua ahora la que se rompe y

no puede decir ni una palabra.

 

Ahora, que miro al amor distinto,

no puedo ofrecer más que

que los contados surcos de mis manos torpes y

decidí no ser la piedra

donde rompan y se deshagan quienes me amen.

 

Así como el otoño borra con su bruma

la línea de las montañas,

realmente no falta tanto para que estemos muertos.

 

Cuánto pesa, cuánto mide,

qué hacemos con el amor.

 

© Sabrina Barrego

Etiquetas:

6/1/23

Poema de Sabrina Barrego

  


PERDONÁ QUE LO DIGA, PERO COGER NO ES NADA. PARA LOS DIOSES, PARECEMOS PERROS. Y SIN EMBARGO MIRAN [MARY RUEFLE]

 

 ¿perdiste documentación vital?¿te mudaste?

 ¿te atardeciste sentada en el capó de un viejo auto

 contemplando los trigales

 (así de amarilla es la pampa)?

 ¿te bañaste en un tanque australiano?

 ¿cuidaste de una yegua?¿te excediste con su avena

 y saliste picando al galope?

 ¿peinaste en una terapia intensiva

 el cabello blanco, desde muy temprano,

 de tu madre?¿te lo reprochó?

 ¿atendiste un parto de un bebé

 o de un ternero?¿saludaste al tren?

 ¿visitaste en la cárcel a un ser amado?

 ¿intentaste coser o rezar?

 ¿buscaste lo eterno o la manera de despertar

 sin sentir ya más la muerte?

 ¿atropellaste a un perro?

 ¿te atropellaron?¿mataste para comer?

 ¿con qué sanaste los moretones

 de tus muslos después de los inyectables?

 ¿sentiste miedo de quedarte

 dormida?¿pasaste hambre?

 ¿te escribieron cartas?¿le escribiste a tu bebé

  en caso de no lograrlo?¿viste llorar a tu padre?

 ¿cuántos amigos perdiste esa vez?

 ¿bailaste morenada borracha de chicha?

 ¿pasaste una noche en la guata de la serpiente?

 ¿te heriste la planta suave

 de un pie con la espina del algarrobo?

 ¿te curaste sola con llantén?

 ¿aprendiste a nadar desnuda en un canal?

 ¿despertaste por  la mañana con el olor a hinojo

 recién regado, a manzanilla?

 ¿comiste patay?¿robaste granadas?

 ¿cosechaste ciruelas?¿miel del panal?

 ¿preparaste después el dulce?

 ¿amasaste el pan?¿le suministraste morfina

  a un niño?¿sobrevivió? ¿practicaste el abandono?

 ¿contaron los lunares de tu espalda en la vía láctea?

 ¿llovieron en vos?¿rasguñaste a propósito

 en el pecho de alguien buscando provocar dolor?

 ¿él te cuidó en tu cautiverio o cuando llegó la sangre

 o cuando la sangre se fue?¿atravesaron un incendio?

 ¿lo levantaste del suelo, una y otra y otra  vez?

 ¿guardaron juntos el sueño de tu hijo?

 ¿fuiste para alguien un tema de amor?

 ¿un amor como el que pueda aparecer en los libros

 que lee o en los que escribe?

 ¿has sentido en tu corazón la caída inexorable del otro

 como el desprendimiento de una rama que cae…?

 ¿caíste como desde un barranco vos también?

¿te pidieron que te quedases aunque sea

 para vengarte?¿cultivaste un jardín?

 ¿leíste a Virginia Woolf?

 ¿la entendiste?¿construiste una casa?

 ¿un cuarto propio?¿lo derribaste

 y lo comenzaste de nuevo hasta que,

 como a todo, la devore la hierba?

 ¿sacaste la basura?¿te burlaste del dolor?¿y del horror?

 ¿qué poema vas a estar escribiendo a la hora de tu muerte?

 

 Qué pena si fuese malo.

 

© Sabrina Barrego

Etiquetas:

23/9/22

Poema de Sabrina Barrego

 


Seguramente los dioses se llaman a sí mismos

 por sus verdaderos nombres.

Sócrates en Crátilo

Platón.


Uno quiere que el amor sea amor

y, sin embargo,

quede fijo en un par de palabras.

Queremos que la nieve sea nieve

y, sin embargo,

no se derrita entre las manos.

Eso que deseamos no puede

sino causarnos dolor. 

Todo lo que existe  tiene un comienzo.

La primera lluvia fue una noche

en que me iba de tu casa.

Los cuerpos nuevos son torpes

en las despedidas,

bailamos una especie de danza

entre la posibilidad de rozarnos

y la timidez.

Algunos inventos griegos

dicen que la vergüenza

está en los ojos.

¿Dónde está el punto de entrada?

Cuando uno se está enamorando

siempre es demasiado tarde.

El amor aparece

como los primeros brotes;

cada yema es un ala suave

rasgando la dureza de un tronco

jamás demasiado curtido;

como un desastre natural;

como un animal salvaje

devora, sofoca, arrastra

valiéndose de flechas,

fuego, lápices, guantes de boxeo...

Pretendiéndose inmortal

cae sobre nosotros

transformando las condiciones

habituales de la salud.

Muy pocos la ven venir,

esta bendición a medias

nos recuerda: es ahora

que estamos realmente vivos,

somos pobres de lenguaje

y  vinimos para partir.

 

© Sabrina Barrego

Etiquetas:

4/7/22

Poema de Sabrina Barrego

 


 

SECRETOS DE FAMILIA

 

Dos gracias tenemos en mi familia,

una es la habilidad de dormir

gallinas en los brazos

(este es el secreto de mi madre):

primero se sostiene al ave

con las dos manos, despacio

como queriendo rezar

su cabeza se irá retrayendo y

una debe cubrirla con su propio ala.

Luego, se inician los movimientos

circulares en el aire

que acunarán al cuerpo

mientras se queda rendido en suspensión.

Las patas se irán subiendo

hasta la panza, entonces

se recomienda pronunciar ciertas

palabras hacia dentro,

pueden ser los nombres de algún ángel o difunto

o, simplemente, un secreto bien guardado

por largas generaciones;

las plumas levitan como un capullo de algodón

segundos antes de desprenderse de su tallo

cada vez más livianas, más livianas...

 

Dos gracias tenemos en mi familia:

una es hipnotizar gallinas,

la otra es escribir.

 

© Sabrina Barrego

Etiquetas:

14/5/22

Poema de Sabrina Barrego

 


USTED NUNCA HA PARIDO,

no conoce

el filo de los machetes,

no ha sentido

la serpiente de agua,

nunca se ha levantado

de un charco de sangre amada,

señor.

Fui yo quien cruzó el zanjón.

No me cuidé de víboras

ni de nadie.

Un día en que dormía yo

y mi alma,

esa que adentro ya no llevo

dormida, supe caer herida

en brazos del animal

(mientras su pelaje

aceitoso y lacio desprendía

un olor nauseabundo,

de sus cuernos retorcidos

tomé mis aros de plata).

Fui yo quien abandonó,

a la inversa no fue.

Nada

no dijeron,

ni los vientos,

ni los dioses

de los cuatro rumbos

enojados ,

ni el fuego,

ni cada uno

de todos esos

que fui cruzando.

Una cruz de sal

debió haber habido

marcando el lugar que no vi,

como un tatuaje en la tierra.

Nada no dijeron ellos,

ni las madres de varones

(como nada no dijo el agua

cuando cada vez en ella

me zambullía).

Durmieron,

se echaron a dormir

en su sombra de algarrobas,

confiados, muertos de risa

clamando por un viento

mensajero y maldito,

dejando que nada

no diga yo tampoco.

 

No señor,

usted nunca ha parido,

no se ha abierto y cerrado

su corazón

el tiempo necesario

de odiar y de querer.

No.

NO META LA MANO TAN ADENTRO

que ahí tengo los machetes

que aprietan más que los hombres,

que tengo un bebé dormido.

Y usted no pasó la noche

en la guata de la serpiente,

usted no conoce el río.

 

© Sabrina Barrego

Etiquetas:

22/4/22

Poema de Sabrina Barrego

 


Di mi primer paso entre el polvo.

Inge Müller


Los vecinos salen a la calle.

Los muebles tiritan

como las teclas de un viejo piano.

Las paredes se estremecen.

Hay un anillo brumoso rodeando la luna;

va a haber viento mañana, dicen las viejas.

Los perros aúllan y se detienen,

aúllan y se detienen;

las aves se guarecieron antes.

Lejos, se congelan las cañerías de las casas.

La helada camina por el monte

con los pasos de una madre

que, suelta para liberar,

no la interrumpen ni las llamas

danzando en el hueco de las chimeneas.

La ciudad es más grande y desierta,

crece sobre sus ruinas

con la fuerza de lo prohibido.

Pero, si sabemos oírlos y esperar,

los muertos se nos develan:

en los lomos de los gatos

que se arquean en los temblores,

en las ramas de los álamos

que ceden  los días fríos,

en los rieles de los trenes

que dejaron hace rato de pasar.

Y, cuando eso sucede,

el silencio te rodea con un solo brazo,

como el anillo plateado de la luna.

Los vecinos regresan a sus viviendas

con el sismo atrapado entre los huesos.

 

La amiga llama, tarde,  por teléfono:

dice que piensa en el suicidio.

 

© Sabrina Barrego

Etiquetas:

11/3/22

Poema de Sabrina Barrego

 


ELIZABETH TAILOV

 

Me llamo Elizabeth Tailov,

fui alimentada con huevos de aves,

pan y cebolla por mi madre que murió de hambre

a orillas del Volga,  guardándole la porción a la cría .

Me llamo Elizabeth Tailov, mi tía se casó con mi padre

(el viudo) y viajamos en barco hasta Sudáfrica primero,

y luego hasta la Argentina (mis vecinos en la pampa

construían sus casas como hoyos bajo la tierra

por temor a los pogromos).

Me llamo Elizabeth Tailov, a los trece me casaron

con un hombre 15 años y medio metro mayor que yo;

al principio tuve que negarme

para que vuelva a pedir mi mano,

luego hicieron un gran baile familiar

y yo lloré en la habitación durante meses.

Me llamo Elizabeth Tailov, parí once hijos:

los primeros en una carreta, dos murieron de pequeños;

su padre quiso venderlos en una ocasión

y yo la eché con una escoba de mi casa

a la mujer fina que vino a buscarlos.

(Él esperó un año fuera para poder regresar.)

Me llamo Elizabeth Tailov, yo les lavaba los

pañales y las sábanas a las señoras del pueblo de Colonia Barón,

ellas no tenían mis manos toscas, como tampoco mi lengua

para contar sus historias, pero si el dinero para comprar

azúcar, para amasar las kreppels y cubrirlas de nieve de manteca,

sin siquiera imaginar cuánto cabe en mis palmas vacías.

Me llamo Elizabeth Tailov, levanté mi casa en cuclillas

sobando el piso con adobe, menta y bosta de caballo;

alimenté durante décadas niños, chanchos y gallinas;

fui nido, vientre fecundo, encendiendo velas,

todos los días como acto de fe.

Y con el puñado de hijos de la mano (a veces hasta en los hombros)

caminé kilómetros y kilómetros a la iglesia más cercana

para rezarle a un Dios hombre, distinto al de mis padres,

por si acaso fuese cierto y desde su morada eterna

alguien cuidara de las madres.

 

© Sabrina Barrego

Etiquetas:

7/2/22

Poema de Sabrina Barrego

 


PAISAJES CON VACAS

no

yo no me fui

soy de los que se quedaron acá

oyendo el corazón de las vacas

Alejandro Schmidt.

 

Tu abuela se muere.

Luego reencarna en una vaca

que pasta frente a las vías del ferrocarril.

Entonces, dejás de ingerir carne

de cualquier tipo durante años

(aunque no sepas bien porqué).

 

Años después te leerán una runa

y te contarán la historia

de una vaca primigenia,

que, lamiendo hielo y sal,

reveló la forma de un hombre

al que finalmente liberó

(digo un hombre y no una mujer).

 

En Chernóbyl manadas de vacas

viven silvestres recuperando sus costumbres

en los bosques, entre el frio y la radiación.

En el momento de abandonarlas,

sus dueñas, que sobrevivieron a las guerras,

al estalinismo y a la tragedia, dicen

que las vacas lloraban, vieran como lloraban…

 

© Sabrina Barrego

Etiquetas:

12/1/22

Poema de Sabrina Barrego

 


 

En el patio mi hermano corta la leña

mientras, una iguana roja espera

en un tamarisco muerto

abrigarse con una capa de tierra y

de rastrojos y

comerse su propia cola.

 

En el patio mi hermano corta la leña,

mariposas blancas de estación

vuelven con los poemas

sencillos como las plumas del gorrión,

en la temporada fría

guareciéndose de enemigos y

nutriendo su cuerpo de semillas tiernas y

el pienso que se acumula

en los corrales de las chacritas.

 

Corta la leña

con un hacha afilada por el tiempo

trabajador paciente que tiñe

el cabello de gris y

las pieles llena de manchas

como hileras de álamos testigos

de hileras de años que se suceden

mientras mi hermano corta la leña.

 

© Sabrina Barrego

Etiquetas: