15/11/25

Poema de Cecilia Romana

 


Tenía una valija con ruedas de cuya manija colgaba

la mochila que le regalé

cuando lo amaba con locura

                          –y él,

                            tal vez, también me amó.

Era una valija mediana de color gris

que arrastraba

por las veredas rotas de Palermo

haciendo mucho ruido.

La gente lo miraba y a nosotros

nos daba risa porque en esos días nos reíamos de

cualquier cosa

y a veces hasta le di la mano

a riesgo de que nos vieran

y contaran lo nuestro.

 

Con el tiempo

la valija empezó a romperse

igual que las veredas: primero fue el cierre,

después el forro de adentro.

 

Nosotros seguíamos adelante

sin querer ver lo que pasaba, aunque estábamos

peor que la valija.

 

Ahora todo es silencio y mi corazón está gris

y nada lo arrastra.

Ni siquiera su recuerdo

que guardé cuidadosamente

como hacía con su ropa

cada vez que se iba.

 

© Cecilia Romana

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12/7/25

Poema de Cecilia Romana

 


A veces se iba, pero nunca se alejaba lo suficiente

como para que el árbol de su corazón

dejara de proyectar esa sombra sobre mi vida.

 

© Cecilia Romana

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29/5/25

Poema de Cecilia Romana

 

 

Me decía: espéreme, por favor, espéreme. Lo decía

entreabriendo apenas la boca y yo,

sentada en su regazo,

alcanzaba a ver desde esa posición el paladar rosa

contra unas muelas cortas y fuertes: muelas

de un hombre de sesenta y cuatro años.

Él tenía una boca antigua y así me hablaba:

con leyes viejas

porque decía las cosas de una forma lenta

y en su forma de hablar se concentraba la raíz de las cosas

y después, inevitablemente,

en él también se concentraba toda la sombra que tenían las cosas.

 

© Cecilia Romana

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13/1/25

Poema de Cecilia Romana

 


Entre lo dramático de querer ser su esposa

y lo dulce de dejarme estar,

yo siempre opté por el drama.

 

Mi amor hacía él no era egoísta

          –jamás lo fue–,

sin embargo, cuando me sentía acorralada,

a riesgo de parecer un hombre, me rebelaba

y lo golpeaba donde más le dolía. Yo sabía

        –he sabido,

        antes de conocerlo–,

que en los hechos no gana el más fuerte,

sino el que pega primero.

 

Con viento a favor o sin él, frente a sus incoherencias

me cerraba igual que un puño y me lanzaba

hacia adelante sin pensar,

sin pensar ni una vez,

qué era,

por qué,

cómo había conseguido que yo lo amara así,

de esa forma tan compleja, tan llena de tantas cosas,

tan infinita

y sin pensar nunca en que él

quizás

también me amaba.

 

© Cecilia Romana

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23/3/24

Poema de Cecilia Romana

 


Por otros supe que las cosas pasan.

 

Por él,

que de las cosas verdaderas nadie escapa.

 

Hablaba despacio. A veces

sonreía y entonces

ni pasaban las cosas ni había otros.

 

© Cecilia Romana

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19/2/24

Poema de Cecilia Romana

 


No conoce otra forma de vida

que no sea

ese árbol oscuro

a cuya sombra se mueve como absorbido.

 

© Cecilia Romana

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29/12/23

Poema de Cecilia Romana

 


Una noche me dijo

que amó a otras mujeres.

 

Y entonces fue una noche triste.

 

Aunque era improbable

que un hombre de su edad

se hubiera salvado de otros amores,

confié en mi instinto, tal vez,

porque me hacía sentir única.

 

Él me llamaba temprano. Decía:

cúbrase del viento,

amor mío. Vidita, cielo inesperado,

cuídese por mí, que no estoy allá para cuidarla.

 

Decía palabras enormes de una forma tan lenta

que empequeñecía el mundo y de esa manera

yo me agiganté a su sombra.

 

Pero una noche, aunque lo amaba con locura,

me dijo: amé a otras mujeres.

 

No recuerdo la fecha exacta, sí me acuerdo de la hora:

eran las once y media. Y me acuerdo

de que en ese instante se apagó el cielo

y que se apagó todo

y de tan empequeñecido el mundo

dejó también de importarme,

y esa noche, por primera vez,

lloré por una causa justa,

lloré por él.

 

© Cecilia Romana

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2/11/23

Poema de Cecilia Romana

 


Cuando estaba conmigo

yo veía eso que no podía distinguir

por sí sola. Él me señalaba,

por ejemplo, en el costado de la vereda

una piedra. Lo demás lo inventaba yo

y volvíamos

abrazados como dos que se quieren mucho.

 

Cuando estaba conmigo yo tuve otro nombre

y jamás se portó mal cuando estaba conmigo.

 

Pero a veces se iba

y desde otra ciudad

intentaba cerrarme los ojos para que no sufriera.

 

Yo sé muchas cosas. Sé que un río atraviesa

por abajo una avenida.

Sé las fechas de fundación de diez ciudades distintas.

 

Pero cuando él estaba conmigo

no me importaban los ríos, ni quise saber más que él

acerca de nada.

 

Todo tiene una finalidad, eso dice el evangelio,

y por eso nuestro camino estaba cubierto

de rosas. Hablábamos sobre el viento

y de los árboles

y de edificios y de libros: cosas que yo no sabía.

Sé que nadie me amaba como lo hizo él.

 

Pero a veces se iba.

 

© Cecilia Romana

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