2/9/26

Poema de Guillermo Julián Bosch

 


Ya no le temo a las tormentas

el estruendo se ha vuelto mantra

el rayo, un fuego de artificio.

 

© Guillermo Julián Bosch

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Poema de Pedro Santos Deluca

  


PLAYA LA PERLA, 1966

 

I

 

su nombre

es cardo silvestre

nace en un río de montaña

inquietado

por la serenidad del paisaje

 

escudriña el mar

encuentra

lo que las aguas

abandonaron

 

piensa en su casa

sabe que nunca volverá a ese lugar

conserva un par de papeles en su bolso

que tiene catorce años

                                                —dicen—

que la casaron con un desconocido

                                               —certifican—

 

debe dejar sus caprichos de niña

pero hubiera preferido meterse de sirvienta

 

se pierde en el horizonte

justo en el momento

en que la noche lo toma todo

y reclama una constelación

 

a esta ciudad

una poeta también vino a perderse

pero ella no se atreve

 

las olas

cuando rugen en la oscuridad

le dan terror

 

II

 

mucho tiempo después

esa niña

recordará aquella noche

vencerá sus miedos

y elegirá otro mar

donde arrojarse

 

© Pedro Santos Deluca

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Poema de Sergio Antonio Chiappe Riaño

  


La decisión del ángel

 

El ángel hunde el puñal,

herido, se arroja a las fauces de la noche.

Siente por primera vez

el dolor que sienten las cosas vivas.

 

Dios está demasiado lejos

es un punto irreconciliable

 

tenue luz en la tiniebla.

 

© Sergio Antonio Chiappe Riaño

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Poema de Carolina Brieux Olivera

  


Farolera

 

Para volver a la inocencia

no será necesario contar a medianoche,

mojarse la frente con agua bendita,

ni pronunciar en voz baja el nombre de mamá.

Bastará con alzar la barrera

para que pase la farolera

y no tropiece.

Que no caiga.

Levantar los brazos hasta separarlos del tronco

y del amor infame.

Entonces, en la ronda,

nada de lo sagrado nos resultará ajeno.

Seremos esos niños que dicen mamá

sin pena. 

 

© Carolina Brieux Olivera

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Poema de Adelina Lo Bue S.

 


DOS MUNDOS

 

           La compasión habló y dijo: ¿Puede haber felicidad , cuando todo lo que vive debe sufrir? ¿Has de salvarte tú y oír que todo el mundo llora?

                                                          El Libro de los Preceptos Áureos

 

Éramos dos mundos en el otro lado del mar

Por las noches

cuando el calor alegraba la hora

el valle renegrido se dormía en el recuerdo

de algunas luciérnagas.

 

¡Éramos dos mundos en el otro lado del mar!

En los pantanos

cuando la negritud de las aguas

escondía el sueño clamoroso de hipopótamos rosados

el aire hacía temblar los cráneos luminosos.

 

Otras tardes frías de luz

el sol se retorcía hasta llegar más allá

donde la nieve olvida su escondite

jadeante por extenderse e iluminar

nuestros pasos.

 

Éramos dos mundos en el otro lado del mar

 

Ahora

las azulosas aguas del océano buscan nuestro espíritu,

hay un quejido constante en su agua,

y todas las noches

un barco nos llama.

Éramos dos mundos en el otro lado del mar

 

© Adelina Lo Bue S.

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Poema de Fernando Raluy

 


La Costumbre

 

Al que soy me lo acomodo en el pecho

como un animal dormido

abuelo de sí

 

para que la sangre

le corra hacia atrás

en el delta

de las muñecas ancianas

 

un abuelo con miedo

un abuelo sin nietos

abuelo por abuelar cada pregunta

hija de cada vacío

que supe engendrar

cuando me encontré solo

vandalizado por el sol

abatido por la costumbre.

 

© Fernando Raluy

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Poema de Eugenia Coiro

  


las palabras

ondulantes figuras

como una música silenciada

hacia nosotros

sentados en estas butacas

saboreando la cercanía

concentrada en la yema de tu dedo

todo el polen de la primavera

y yo reina miel jugosa

flor abierta

 

© Eugenia Coiro

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Poema de Graciela Ballesteros

 

 

Me sorprendió la madrugada

contando hojas blancas

para darles formas de cuadernos.

Me sorprendió la madrugada

trazando renglones, sembrando

con mis pensamientos

en el lomo recto de las líneas, palabras con futuro.

Mientras seguí contando hojas

el Himno Nacional rompe el silencio y me llama:

¡Oíd el ruido de rotas cadenas...!

libertad, libertad, libertad!

 

En otro momento

con las mismas emociones encontradas

hubiera mojado mis manos que sostenían los papeles

Ya no, me he trazado un plan

sin pausa y con prisa: s e m b r a r a l p i s t e

sobre el suelo que piso.

Mucho, mucho alpiste

y alimentar la boca

de los sueños.

 

© Graciela Ballesteros

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Poema de Carlos Prado

 

ARACELI

 

Ella se arrastra en las espesuras.

Cruza el pantano de los días.

Princesa descalza, vestida de fuego.

Sus ramas sostienen dos frutos.

Su risa detiene su ego.

En los barrotes salvajes.

Una niña llora de hambre.

La soledad es una ruta que conduce a tu yo.

La elegancia es encontrarte con vos misma.

Dalia roja floreciendo entre mi lengua.

En tu sangre se electrocutan tus ancestros.

Y estas caliente.

Estas radiante.

Como un beso profundo en Chernóbil.

 

© Carlos Prado

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Poema de Alicia Pastore

 


hay un instante fugaz,

imperceptible:

el origen de cualquier nacimiento

o muerte

-siempre fue mi único desvelo-

cual fue el polvo

que abrió los canales del vientre

la célula que se coló en la fiesta

y reprodujo sus bestias

el fin comienza en un segundo

en que el cuerpo danza despreocupado

y yo

animal cansado

sigo esperando esa luz

que ilumine

la cronología de los hechos

 

© Alicia Pastore

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