23/6/26

Poema de Patricia Diaz Bialet

 


EMILY BRONTË 

 

Emily Brontë, sacúdete el cuerpo y vuelve a la vida.

 

Escribe para mí ese capítulo negro

en donde la bruma descubre tu máscara de fuego

y el salvaje placer de liberar las manos como águilas.

 

Yo te envidio, Emily,

sin más excusas que las raíces nocturnas

que unían tus pies al centro de la tierra.

 

Por eso te exijo que prolongues el insomnio;

que vuelvas hacia mí tus ojos de borrasca envejecida,

que extiendas tus brazos hasta tocar todo lo que sueño.

 

Gira alrededor de mi cabeza el plumaje de tu cuerpo

y junto con él tráeme la última ráfaga que amaste.

 

 

Emily Brontë, roe la madera y encuentra el camino de regreso.

 

Aunque ahora duermas solamente bajo el tibio reflejo de la luna

donde nunca despiertas al llamado de la hierba.

 

© Patricia Diaz Bialet

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Poema de Malén De Felice

 


Petra

 

I

 

dicen que tu nombre viene del griego

que significa piedra y

fuerza

 

piedra solidez

piedra resiliencia

 

                y yo me enojo

 

borroneo las letras

en la lista de entrada

escupo al guardia

sus sílabas vibrantes

 

      guijarros atorados en el cuerpo

 

me arrastro

hacia la habitación 508

 

te veo acostada

                  en tu erosión.

 II

 

el desgaste sucede por etapas:

 

      desprendimiento   la roca madre se disgrega

 

 transporte     se mueve     ocupa todo el territorio     se mueve y

 

sedimentación    

 

te acumulás en nuevas zonas

la energía disminuye         es:

 

una metástasis geológica

        que nos arrastra a todos.

 

III

 

serás canto de piedra

 

seguiré habitando

la suavidad redonda

de tus límites.

 

© Malén De Felice

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Poema de Marta Ortiz

  


  La Huerta 

 

A veces prefiero sentarme al sol

cerrar los ojos

imaginar mundos posibles.

 

Un sitio como la huerta en mi casa de infancia

dada la opulencia de los frutos 

a la voracidad del diente nuevo.

 

(Ciruelas caídas de maduras

rompen su pulpa morada

en el abrazo de la tierra).

 

Mundo de nubes hinchadas

donde adivinar

conejos y dragones

barcos a vela

la ola de Hokusai.

 

Calabazas bajo follajes hiperbólicos

nidos en la copa del paraíso.

Casa de muñecas, el hueco del tronco.

 

(Garabatea círculos el colibrí

danza zumbona de abejas y mariposas

luciérnagas al atardecer).

 

Contenido en el gajo de una mandarina

un mundo donde leer al pie del árbol

no sea una quimera. 

 

© Marta Ortiz

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Poema de Mabel Sierra Karst

 


Aleteo

 

Detrás de la tela mosquitera

un colibrí

se sostiene en la danza

de sus alas y me observa,

llamarada de misterio

en el calor del día.

Después se aleja

hacia la inquietud

del jardín iluminado

y lo sigo viendo

del otro lado

viajar entre los capullos rojos

del ceibo

y las florcitas blancas

del jazmín.

Sobre el alambre del cerco

por un instante

su plumaje es silencio

encendido de luz.

Cuando el día se apaga,

vacío el jardín

de su presencia,

un dulce perfume

colma la noche,

aleteo invisible en medio

de esta soledad

adonde todo llega

para después irse

de nosotros.

 

© Mabel Sierra Karst

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22/6/26

Poema de Rafael Felipe Oteriño

 


Lo inesperado

 

He visto tanto, he caminado tanto;

vi pasar las nubes y no regresar,

oscurecer el cielo y despertar más limpio,

desentendido de la tormenta y el trueno.

 

Flores, ramos, el olor de la tierra

llegaron cada uno con su sueño intacto,

y luego los vi esfumarse, caer,

sin otra gloria que la de su cumplimiento.

 

Nada de lo que estuvo presente

duró más que su instante,

ninguna gota fue la última gota,

nadie se apartó nunca definitivamente.

 

La estación venidera, las golondrinas

después de su viaje, la Rosa

y los versos de Rilke que la retienen,

son lo que está a punto de suceder: lo inesperado.

                                     

© Rafael Felipe Oteriño

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Poema de Alejandra Méndez Bujonok

  


¿Quién no ha muerto una mañana

de puro hastío?

Yo veo el pájaro de mal agüero

más seguido de lo que quisiera.

Yo tengo un pájaro en el corazón,

no puedo dejar de mirar,

tengo un corazón en el pájaro,

y no comprenden de raíz

aquellos que se burlan

de nuestras historias,

aquellos que se florean,

en pos del arte, en pos del metal.

Pacharacos que llenos de nada

van con sus plumones inútiles,

ríen a carcajadas abriendo

la boca y tirándose hacia atrás.

No ha de haber tristes más largos

que los ruidosos, ¿viste vos?

No iluminan, Cuchúa, encandilan

para enceguecer.

 

© Alejandra Mendez Bujonok

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Poema de Silvina Vuckovic

 


A veces, como el agua          

con esa misma fuerza     con esa misma suavidad

con esa misma impronta impredecible     

se presentan las cosas en la vida

y también, como la vida, se van.                  

Lo que queda:

la ciudad extendida por lo dicho y no dicho            

la letra retenida

lo que vivido está.

 

© Silvina Vuckovic

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Poema de Álvaro Mata Guillé

 


Cuando pregunté a las maestras por Comala,

lugar del que había escuchado en alguna parte,

y me dijeron que aún no lo podía visitar,

me distancié de ellas,

(de las clases, de la escuela

de la rutina). Sin oírlas,

haciendo caso omiso a las objeciones,

leí el libro a los pocos días,

en un par de horas, 

mezclado al murmullo, al correr de las hojas,

a las sombras,

al eco en la voz de los muertos,

alejándome de la desidia, de la censura,

de lo imposible

;

 

la oquedad,

que encubría el polvo entre las casas,

la ausencia de árboles y pájaros inundaba cada rincón,

dialogaba con todos y con nadie,

transformándome en Juan Preciado,

en Susana San Juan,

en fantasma

;

 

podía estar allá estando aquí,

como hacemos con los sueños

o los anhelos,

poseído por presencias que pululaban en las calles,

reencontrándome con ellas en los patios,

en las casas,

en otros lugares,

mientras las historias iban y venían de un tiempo a otro,

volvían sin retornar. Pasados los meses,

muchos días, algunos años, 

de ir y regresar

sin querer volver,

seguía sumido en Comala,

en las voces en los nichos,

en la soledad de las cruces y

los mausoleos,

entre el murmullo de las fosas,

entre las hojas arrastradas por la ceniza,

en un astillero* , en un castillo** ,

junto al azor y el granito de un alcázar ***

;

 

donde Juan Preciado,

ahogado por el miedo,

penetraba en la oscuridad quedándose en ella,

escuchando

el decir del polvo que golpeaba las tumbas,

el parloteo de los muertos,

sin dejar de perseguir a su padre,

 

en el eco, en las hojas, en el viento,

a Pedro Páramo

 

  * El astillero, Juan Carlos Onetti

  ** El castillo, Franz Kafka

  *** Terra Nostra, Carlos Fuentes. 

 

© Álvaro Mata Guillé

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Poema de Anahí Duzevich Bezoz

 


Poesía


Es universo, naturaleza, símbolos

Porque la poesía es la forma del agua

La temperatura de las ilusiones

Es…

Un mundo de magias

Es…silencio eterno

UN murmullo

Es el grito que desgarra

Es amor, soledad, valentía cobardía

Pasado, presente, futuro

Es el hombre de noche, de día

La memoria, el olvido, la música

La vida que fue, y la que pudo ser.

La adivinanza de lo que no sabemos

Lo expresado en los silencios

Es un espejo que a veces engaña

Eso y mucho, mucho más, en palabras compartidas.

 

© Anahí Duzevich Bezoz

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Poema de Andrea Lípari

 


Humedales

 

Era un arrozal la humedad,

un junco en la memoria de Bashõ.

Ahora es un animal rastrero,

se apiña en lo doméstico y

cíclica

lame la orilla de las cosas

dejándoles un surco

indolente

y engañoso

 

sin embargo

 

la creemos el mismo río que podíamos beber,

el mismo verde en que se posa,

el mismo fruto que la mano arranca,

que el bolsillo gasta,

que la boca muerde como si

el Capital pudiera

cuidar       

todas las estaciones dormidas

bajo la cáscara del agua.

 

© Andrea Lípari

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Poema de Elena Garritani

 


De las leyendas

 

De golpe y sin saber por qué el espejo le dice a la reina

que ya no es la más bella del reino, que una hermosa adolescente,

blanca como la nieve, adorable como la luz, le ha quitado el privilegio.

En ella se despierta el odio, las ganas de matarla, de envenenarla,

de desaparecerla.

Triunfa el bien, final feliz con príncipe, castillos y  anillos de oro.

La reina envejece entre cristales rotos y diagnóstico de Alzheimer.

Blanca Nieves rodeada de hijos y de amor y de fiestas.

Quién es ahora la más bella del reino, pregunta, se pregunta.

Pero sabemos, todo lo que se consuma, se consume .Mordemos la manzana,                                                      

corrompiendo el agua de los espejos del paraíso.

 

© Elena Garritani

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Poema de Diego Rodríguez Reis

 


after ego

 

sin necesidad

de intercesores

guías espirituales

magos o mantras

esta tarde llegué

yo solito

al nirvana

 

uno es una bestia

que come achuras

y toma

vino en caja

pero de repente

ve que llueve y después

los pajaritos cantan

esas cosas terribles

y se le revuelve el alma

se le desparrama

en la calle

 

sólo resta

de cara al ocaso

cambiarle la yerba al mate

y dejarse arrastrar por imágenes

acordes facsimilares

de océanos

de estepas

de cielos

hasta donde alcance la vista

 

© Diego Rodríguez Reis

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Poema de Mirian Rosana Farías

 


Circular memoria


Ese robusto y amplio abrigo

que nos intercepta y hace muro

que nos aleja y nos acerca

y nos devuelve al útero

para salir como el ave fénix

emplumadas en palabra y arte

en la circular memoria que traza surcos

y renueva la tierra y los poros

de toda mujer que ha sufrido

y se resguarda detrás de un tapiz

de algodón o muselina

que a veces, solo a veces la abriga

la mayoría de las veces la destapa.

 

© Mirian Rosana Farías

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Poema de Norma Starke

 


Ando recogiendo de a una las lágrimas del cielo

de a una en mis manos se deshacen

de a una intento contarlas y se me escapan los números

de a una las lágrimas rompen

y no sé por qué cuento 

las hojas 

las baldosas

los pájaros

los alambres

las tumbas

los cartones de cigarrillos vacíos

y no sé por qué

este afán de contar los arbolitos de Navidad encendidos

cuento y vuelvo al comienzo

una por una las cuentas de un collar de una pulsera

cuento de a uno de a dos y recomienzo cuando pierdo la cuenta

tantas luces acá arriba tantas baldosas acá abajo

tantos autos blancos tantos autos rojos

de una en una cuento las páginas de un cuaderno

las que están escritas las que están en blanco

cuento

y no sé por qué

este empeño en numerar las lágrimas

las estrellas más grandes

las más pequeñas

las que no se ven aún con lentes de aumento

no pienso

no escribo

cuento

y vuelvo a contar de a una de a dos de a mil

las perlas

las gotas

la lágrimas de este Universo

 

© Norma Starke

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21/6/26

Texto de Miguel Falquez-Certain

 


Hipótesis del sueño

 

Aconteció que cuando él hubo acabado de hablar con Saúl, el alma de Jonatán quedo ligada con la de David, y lo amó Jonatán como a sí mismo.

―1 Samuel, 18:1

¡Oh, si él me besara con besos de su boca! Porque mejores son tus amores que el vino.

―Cantar de los cantares, 1:2

               

         Sin embargo, nunca di cuenta cabal de tu total entrega. Después de todo fui yo quien buscó tu olor a musgo hasta encontrarte distraído junto al bar en las luces opalinas de la tarde. Estabas rodeado de turiferarios que me impedían acercarme; nuestros ojos se cruzaron con paciencia. Al inclinarme percibí los vellos de trigo que formaban abesanas en tu nuca, sentí la marejada de tu aliento, presentí una entrega. Nuestros labios nos mostraron el camino.

             Una ruptura reciente me había vuelto vulnerable. Codiciaba tus besos, anhelaba tu cuerpo joven de caña dulce, aspiraba la fascinante sorrostrada de tu ingenua labia. Abandoné todo por tus labios. Con la resolana del verano golpeando las paredes, mordisqueé tus botones hasta arrancarlos y te encontré, sólido y perfecto, en el sudor alicorado de tus muslos, en la transpiración interna de tu ombligo: nos incorporamos en medio de las sábanas con los embates tercos de una lujuria postergada, irguiéndonos en el ombú de aquella tarde irremediable.

             La costumbre nos vuelve deleznables. Adocenado y pusilánime, prefiriendo lo seguro ante el azar de lo sublime, regresé al sendero tortuoso pero conocido, a la artritis complaciente del olvido.

            Todo me ofreciste y, sin embargo, preferí los requilorios de una alianza insulsa. Un día codicié los besos de tu boca. Ya no existes. Vives en la hipótesis del sueño.

 

A Magdalena Araque

 

© Miguel Falquez-Certain

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