16/2/26

Poema de Daiana Haydee Ávalos Robledo

 

 

Pido peras al olmo.

 

                                   He amado la noche

                                   cuando amanecía,

                                   amé la muerte, y

                                   soñé

                                   con la realidad.

                                   “Quien me quita lo bailado” de Irene Gruss.

 

No.

No me voy a quedar esperando

las peras al olmo,

aunque es divertido inventar señales.

 

Sí.

Sí voy a acariciar, sutil

y sensual,

cada raíz, cada rugosidad de la corteza,

cada rama, la flor apenas abierta.

 

No.

No me voy a quedar estancada

en una sola emoción.

De emociones no vive nadie.

Ganarás el pan con el sudor de tu frente.

 

Sí.

Después que vea la polinización,

el fruto antes de ser fruto,

me voy a recostar

bajo su copa; mi espalda

descansará carga sobre su tronco.

 

No.

No voy a estar sola

en un solo lugar.

Me preguntaré si los pájaros

que hacen nido en este árbol

que no es mío serán familia

de otros pájaros en otras copas.

 

Sí.

Ni siquiera es pera,

ni siquiera es olmo.

Las mutaciones y Darwin

dicen algo.

Mientras el fruto crece,

a veces riego: de más,

de menos.

A veces me cubro de la lluvia

bajo sus hojas.

 

No.

No sé si dormiré una

siesta ahí.

Soy hija del fuego,

de la producción

y de las máquinas.

Soy eléctrica.

Parar no es sinónimo de paz

 

Sí.

Leeré sentada sobre

sus raíces algún día húmedo.

Mis pies se camuflan entre

hojas caídas, frutos verdes,

hormigas. Humus.

Si un pájaro canta

no quiere decir nada.

Si una brisa boa pasa

tampoco quiere decir nada.

Si una hoja seca

me lastima el rostro,

sonreiré.

Algo de todo esto

valió la pena.

 

© Daiana Haydee Ávalos Robledo

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