Poema de Daiana Haydee Ávalos Robledo
Pido peras al olmo.
He amado la
noche
cuando
amanecía,
amé la
muerte, y
soñé
con la
realidad.
“Quien me
quita lo bailado” de Irene Gruss.
No.
No me voy a quedar esperando
las peras al olmo,
aunque es divertido inventar señales.
Sí.
Sí voy a acariciar, sutil
y sensual,
cada raíz, cada rugosidad de la corteza,
cada rama, la flor apenas abierta.
No.
No me voy a quedar estancada
en una sola emoción.
De emociones no vive nadie.
Ganarás el pan con el sudor de tu frente.
Sí.
Después que vea la polinización,
el fruto antes de ser fruto,
me voy a recostar
bajo su copa; mi espalda
descansará carga sobre su tronco.
No.
No voy a estar sola
en un solo lugar.
Me preguntaré si los pájaros
que hacen nido en este árbol
que no es mío serán familia
de otros pájaros en otras copas.
Sí.
Ni siquiera es pera,
ni siquiera es olmo.
Las mutaciones y Darwin
dicen algo.
Mientras el fruto crece,
a veces riego: de más,
de menos.
A veces me cubro de la lluvia
bajo sus hojas.
No.
No sé si dormiré una
siesta ahí.
Soy hija del fuego,
de la producción
y de las máquinas.
Soy eléctrica.
Parar no es sinónimo de paz
Sí.
Leeré sentada sobre
sus raíces algún día húmedo.
Mis pies se camuflan entre
hojas caídas, frutos verdes,
hormigas. Humus.
Si un pájaro canta
no quiere decir nada.
Si una brisa boa pasa
tampoco quiere decir nada.
Si una hoja seca
me lastima el rostro,
sonreiré.
Algo de todo esto
valió la pena.
© Daiana Haydee Ávalos Robledo
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