5/8/26

Poema de Daiana Haydee Ávalos Robledo

  


Eros te abandonó

 

Eros te abandonó.

El otro día me di cuenta

cuando pasaba frente a tu negocio.

Te vi desde la ventana del cole.

Siempre miro, movida por la

curiosidad.

Vi la antigua carcasa del

deseo,

ese deseo mal planteado,

ese deseo impuesto.

 

Eros te abandonó.

Iba a llegar este

día en que solo fueras

un rostro desconocido,

un punto en alguna

parte de mi historia.

 

Me siento tranquila.

Nada me ata a vos:

todo se diluyó

a la velocidad de la luz.

 

Una suave llama me acompaña

en la zona central

de mi torso.

Se dilata, se contrae.

Crece.

Siempre crece.

Agita mi respiración

y elonga cada centímetro cuadrado

de mis piernas.

 

Desde hace rato

no habita en vos

esa mariposa de fuego

que danza sobre mis

omóplatos.

A veces me confunde:

se posa sobre alguien,

sobre otro;

a veces se esconde,

me deja pagando

varias estaciones.

 

Eros habita en otros

cuerpos. En silencios

que esperan, en manos

que no dan miedo.

Eros cambió.

Enciende mis pupilas,

baila por mi columna

vertebral,

aguarda un encuentro.

 

© Daiana Ávalos Robledo

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16/2/26

Poema de Daiana Haydee Ávalos Robledo

 

 

Pido peras al olmo.

 

                                   He amado la noche

                                   cuando amanecía,

                                   amé la muerte, y

                                   soñé

                                   con la realidad.

                                   “Quien me quita lo bailado” de Irene Gruss.

 

No.

No me voy a quedar esperando

las peras al olmo,

aunque es divertido inventar señales.

 

Sí.

Sí voy a acariciar, sutil

y sensual,

cada raíz, cada rugosidad de la corteza,

cada rama, la flor apenas abierta.

 

No.

No me voy a quedar estancada

en una sola emoción.

De emociones no vive nadie.

Ganarás el pan con el sudor de tu frente.

 

Sí.

Después que vea la polinización,

el fruto antes de ser fruto,

me voy a recostar

bajo su copa; mi espalda

descansará carga sobre su tronco.

 

No.

No voy a estar sola

en un solo lugar.

Me preguntaré si los pájaros

que hacen nido en este árbol

que no es mío serán familia

de otros pájaros en otras copas.

 

Sí.

Ni siquiera es pera,

ni siquiera es olmo.

Las mutaciones y Darwin

dicen algo.

Mientras el fruto crece,

a veces riego: de más,

de menos.

A veces me cubro de la lluvia

bajo sus hojas.

 

No.

No sé si dormiré una

siesta ahí.

Soy hija del fuego,

de la producción

y de las máquinas.

Soy eléctrica.

Parar no es sinónimo de paz

 

Sí.

Leeré sentada sobre

sus raíces algún día húmedo.

Mis pies se camuflan entre

hojas caídas, frutos verdes,

hormigas. Humus.

Si un pájaro canta

no quiere decir nada.

Si una brisa boa pasa

tampoco quiere decir nada.

Si una hoja seca

me lastima el rostro,

sonreiré.

Algo de todo esto

valió la pena.

 

© Daiana Haydee Ávalos Robledo

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12/1/26

Poema de Daiana Haydee Ávalos Robledo

 

El Otro

 

Tengo flores artificiales

de distintos colores,

haciendo nido en mis muñecas.

 

Juego a que me atan en un movimiento,

me desatan en otro movimiento.

 

Camino descalza, corro,

giro, bailo en lugares

tradicionalmente prohibidos.

 

Ya hice enojar a alguna que otra

señora del siglo pasado.

No me arrepiento.

Por adentro me río.

 

¿Acaso no es lindo esto?

Recordar que uno también tiene

un cuerpo.

Recordar que en él

placer, alegría y espíritu

son compatibles.

 

Juego con las flores de colores,

las hago volar,

les doy vida desafiando la lógica.

Ejecuto un milagro.

 

Alguien de mi red me habla de

amor, cuidado, respeto;

metaforea con plantas, riego, tierra,

dar un espacio libre

para que nuestros afectos

crezcan sin miedo.

 

Yo ya fui semilla que no brotaba,

ya fui brotecito verde,

ya fui hojas y tallo,

ya fui flor,

florecita

de muchos colores,

de muchas emociones.

 

Borro algunos límites.

¿Solo para nuestros afectos?

¿Y los demás?

 

¿Qué sucede con la señora

que te saca de un pensamiento

oscuro en la parada del cole

para hablarte del clima?

 

¿Qué sucede con el colectivero

que tranquilamente podría haberse

marchado, pero como ya me ubica

me espera a que cruce la avenida

para retornar a casa?

 

No sé, darling,

no sé.

 

Recuerdo escuelas a las

que pisé una vez

y no olvido.

 

Recuerdo algún silencio

cómplice mientras oía

un poema leído

con pasión

de alguien

que mí memoria oculta.

 

Las flores se hicieron enredadera

y se extienden por ahí;

no sé bien hasta dónde.

 

A veces unos pétalos vuelan

cerquita,

otros a unas cuadras,

otros a varios kilómetros.

 

Las enredaderas se prenden en cualquier

lugar donde haya polvo,

agua, viento.

 

El ágape

se extiende por todo el cuerpo.

 

¿Quién soy yo?

¿Quién sos vos?

¿Quién es el otro?

 

© Daiana Haydee Ávalos Robledo

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14/5/21

Poema de Daiana Haydee Ávalos Robledo

 


TINTA DE MI TINTA

 

al oeste bien al oeste

de la ciudad

donde las casitas

empiezan a ser ranchos

de chapa

y las calles pierden

la controlante rectitud y

en zig zag se organizan

 

ahí en donde mueren los números

dícese que vive

la sangre anterior 

a la de mi madre

al útero  del útero

de donde salí

 

es rara esta combinación

de un paisaje asimilado natural

y el desconocimiento

de rostros

que también dícese que son familia

 

veo a la mujer

que crea fábulas

el secreto

de una verdad que jamás sabré

el hueco vacío

de las manos

que me acunaron

 

dícese que los nietos

aman con dulzura

a lo que dícese

llaman abuela

 

el limite de Santa Fe

es desolador

como el intento fallido

de una compasión

que debería tener

 

la tinta de mi tinta

a veces esta llena

de misteriosos

rincones

sin respuestas

 

la tinta de mi tinta

hace que me sienta a fin

al paisaje

 

¿alguien puede decirme

por qué el peso de mi libertad

pesa tanto?

 

© Daiana Haydee Ávalos Robledo

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24/2/21

Poema de Daiana Haydee Ávalos Robledo

 


ROSAS

 

Degusté todas las rosas

de todos los colores,

los pétalos suaves y chillones

eran todos míos.

 

Nadaba en la profundidad

de ese oasis de serpientes,

tallos y hojas,

colmillos y espinas.

 

Mi boca como cada orificio y poro

no sabían que hacer

con tan demoledor manjar,

todo sabía sangre

y era la sangre más dulce

y boba de ese tiempo.

 

Las espinas parecían

esos girasoles que no debía

comprar en la primaria

pero que igual los compraba,

disfrutaba romperme los dientes.

 

Los tallos entraban en baile

en mi garganta,

juro que ahí es donde nacían

los nudos y los llantos,

donde mis cuerdas vocales se perforaban

y poco a poco mi voz se apagaba.

 

Todas las rosas fueron mías,

yo bailaba con mis vísceras

en la mano

 

© Daiana Haydee Ávalos Robledo

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6/1/21

Poema de Daiana Haydee Ávalos Robledo

 


FLORES


Alguna vez le escribí

a alguien que yo quería ser

un reparo

un refugio

un nido

una mañana de primavera

brazos enredaderas

manos ramilletes de jazmines de lluvia

 

después

deseché la idea

abandoné dioses

pisé tierra

entendí que siempre

seguía la inercia

sentía que a mi cuerpo

no le quedaba otra

y odié los jazmines

y fragancias

 

luego me amigué

con las raíces

y deseé ser tierra fértil

aceptar la biodiversidad

de la putrefacción

ver crecer florecitas

en lugares menos pensados

regalar partes de mi

para la construcción

de nidos

donde crecerán pájaros

 

© Daiana Haydee Ávalos Robledo

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