24/7/20
6/6/20
Timoteo Rinaldi recuerda a William Shakespeare
XXV
Que los
favorecidos por los astros
de honores
y de títulos se ufanen;
yo, que la
suerte priva de esos triunfos,
hallo mi
dicha en lo que más venero.
Los
favoritos de los grandes príncipes
abren al
sol sus hojas cual caléndulas,
y su
orgullo sepultan en sí mismos
pues los
abate un ceño que se frunce.
El célebre
guerrero laborioso,
derrotado
una vez tras mil victorias,
es del
libro de honores suprimido
y de su
gesta lo demás se olvida.
Feliz de
mí, que amando soy amado,
y ni
cambiar ni ser cambiado puedo.
© William Shakespeare
¿Quién
habría cavado ahí
tan en el
corazón de la hoja?
Quien lo
haya hecho, gracias.
© Timoteo Rinaldi
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16/5/20
Poema de Timoteo Rinaldi
Y de
repente, todo se convirtió en otra cosa.
La plaza en
obra iluminada por una luz tenue, en un pedazo de nube dorada con olor a
vainilla.
El músico
borracho tirado en el árbol, en Caetano Veloso.
La calesita
abandonada, en un ala de halcón dormida.
Yo, vaya a
saber en qué. En un colibrí tal vez.
¿Y vos?
© Timoteo Rinaldi
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15/4/20
Poema de Timoteo Rinaldi
La flor
entera que te di la rompí. Era nuestra estrella carmesí.
Fue sin
querer, te dije, y me alejé de tu boca como una abeja.
¿Pero quién
quiere una flor intacta y ningún beso?
Todavía
tengo pétalos aplastados en mi puño.
© Timoteo Rinaldi
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22/3/20
Poema de Timoteo Rinaldi
Eran verdes
las hojas que caían
I
Fue tan
suave que pareció una sábana la hoja que te cayó en la rodilla. Como si
quisiera darte calor.
Dijiste
tengo frío apenas la saqué, pero no puse mi mano. A veces soy muy tonto.
Fue solo en
el agujero pequeño del centro de la hoja que te vi acercándote.
Primero,
verde y celeste: un ojo o un cielo.
Después,
verde y rojo: tu boca como un manantial.
Puse mi
mano en tu rodilla y ya no vi nada más.
© Timoteo Rinaldi
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