28/4/26

Poema de Susana Baquero

 


A través de esa calle donde fluye la luz

veo los hilos desplegados

en la brisa de esta primavera.

Seguramente la araña maduró

en el momento de alcanzar el vuelo

y dejó su baba flotando

como un encaje destinado a emigrar.

 

Dicen que después se viene el aguacero.

 

Entonces, lenta camino

hasta el borde luminoso de un atajo

mientras voy devanando mis propios hilos,

instantes de finísima transparencia

que tejo

para cubrir el desamparo

que la lluvia dejará:

los restos extraviados

de esa sustancia viscosa que perturba

tan parecida, esa tarde

a la de tu propio nombre.

 

© Susana Baquero

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21/11/25

Poema de Susana Baquero

 


En una cómoda,

mi madre guardaba

sábanas y manteles bordados.

Flores y ramas competían

por un lugar entre las telas de lino.

Siempre los mostraba con orgullo,

nunca los usaba,

pero eso sí,

cuando abría los cajones

para que se asolaran sus tesoros,

ese jardín en movimiento

de hilos y puntadas

perfumaba todo el salón

y con solo ese gesto bastaba

para desenterrar la paciencia

de sus manos jóvenes

tardes enteras de puntadas precisas,

tangible promesa de ajuar

para el amor.

 

© Susana Baquero

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4/8/25

Poema de Susana Baquero

 


¿Quién habrá plantado

aquella higuera,

me pregunto,

que entretejió sus raíces

fuertes y profundas

en el fondo del jardín?

¿Quién la habrá puesto

justo ahí,

prodigando con sus hojas

todo un susurro de sombras?

¿Sería acaso

para que yo encontrara consuelo

bajo su copa ensanchada

durante las tardes incendiadas de verano?

¿Sería para que devorara

el urgente resplandor de ese fruto

que chorreaba dulzura

en parte promesa y regalo divino,

o para que cortara, en cambio,

sus partes verdes

y probara su leche eterna,

savia agria,

hasta que ardiera por completo mi corazón?

O simplemente

para que me quedara allí,

agazapada  y en silencio

hasta que una mariposa distraída

cediera, por fin,

a mi deseo alcanzarla

y no nos cruzara,

ni por azar,

la soledad.

 

© Susana Baquero

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27/11/24

Poema de Susana Baquero

 

 

Por este pueblo de calles estrechas

se filtran fantasmas entre mis pasos.

El tiempo está clavado

como la cruz en el centro de la plaza.

Cal y grieta en las paredes.

 

La luz del sol serpentea

por los tejados y desgrana

un rojo en el silencio.

 

Un hombre de camisa blanca

cuelga una sábana recién lavada

en su balcón

amanecido con geranios.

Se agita con el viento.

El deseo también se mueve,

está hecho de palabras ilusorias

que le preguntan al hombre

por su falta.

Pero él no desea otra cosa,

se contenta con la elección

de un fragmento,

demorarse en el ritual

de una escena cotidiana,

convenir que la felicidad

acontece en un balcón con geranios.

Su ropa colgada.

 

© Susana Baquero

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26/3/23

Poema de Susana Baquero

 


Bajo el parral

una filigrana de sombras

se dibuja sobre nuestras espaldas

mientras miramos una fotografía,

imágenes

como pequeñas mariposas disecadas.

¿Cuántos lenguajes son necesarios

para nombrar esa playa de arena fina,

ese mar vigoroso e irrepetible

salpicando un tiempo tan lejano?

La escena parece trivial:

los dos caminando con los pies descalzos,

las huellas ligeras de ese paso por el mundo,

perlitas luminosas que chorrean

sobre tu torso desnudo

y por encima una hilera de nubes

que apuran la partida.

¿Pero qué hay detrás de la trama,

del otro lado del rostro perezoso del verano?

¿No es acaso el azar el que despunta,

el que raspa y conmueve sin querer

en un instante?

Prefiero entonces detenerme en la marea

que lleva y trae penas a esa orilla,

en el dibujo del pájaro

arrasado por la tormenta,

y el gesto cruel de la gaviota

sobre el cuerpo áspero del pez muerto.

Así nos esforzamos    

contra la ruina del olvido.

Cavar capa por capa

para recuperar lo ínfimo,

no para recomponer

sino para salvarnos de la oscuridad.

Cavar para fecundar

el presente de las cosas presentes

junto al detalle de estas uvas

madurándose al sol.

 

© Susana Baquero

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22/9/21

Poema de Susana Baquero

 


El viento fricciona

sobre la superficie del mar,

las olas rompen en la orilla.

A veces son pura espuma

y mueren, escurridizas,

entre mis pies.

Me gusta la inconsistencia

de este suelo

donde sostengo el mundo

con una mirada.

A menudo, hay una agitación anárquica

de los recuerdos, es decir,

de lo íntimo,

entonces

pronto me desplazo,

voy y vuelvo

arrastrando la resaca,

llego al espacio protector

de los sueños,

me sumerjo en la casa,

en los cajones, en los huecos

de lo sagrado y la memoria,

pronuncio todas las palabras necesarias:

agua, piedra, amparo, ser.

Luego giro en dirección hacia la playa,

la cara al sol,

dócil

como una caña que no se quiebra ni se agota.

 

En este lugar pasan muchas cosas

y no pasa nada.

 

Cada tanto me pregunto

qué vendrá,

si esta vida de flujos infinitos

pudo haber comenzado aquí.

 

© Susana Baquero

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31/1/18

Poema de Susana M. Baquero



Encender
la radio,              
el ánimo,
el abandono,
el deseo.
Dejar
que un temblor
se acomode
en la palma de tu mano
como quien deja enraizada
una señal
en el desierto, una vez más.



© Susana M. Baquero

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30/12/17

Poema de Susana M. Baquero




Los campos van acumulando
los golpes del viento.
Llueven insectos en la ventanilla del tren,
conspiran contra la monotonía del paisaje.
Así agonizan también nuestros pensamientos,
se arrojan al vacío
y nos dejan solos
con el cuerpo cubierto por alas
al abrigo de las estaciones.



© Susana M. Baquero

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24/9/17

Poema de Susana M. Baquero


En un club de Manhattan
se escucha música de jazz.
En una mesa, una chica sostiene su copa de vino.
El escenario no es glamoroso
más bien guarda cierta penumbra envolvente
que contrasta con la luz de las estrellas
que se filtra por la ventana, apenas.
Alguien cruza una mirada
en dirección a sus ojos,
y eso la obliga a medir
el límite de su libertad,
atravesar, tal vez,
esa presión que oprime,
y gestar el asombro
en ese sótano
donde la vida suena
por el aire profano,
esperando la resurrección.


© Susana M. Baquero

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1/8/17

Poema de Susana M. Baquero




Sobre la ventanilla de la lancha
pegan fuerte las aguas del río.
¿Qué oleaje, o tormenta o deseo
abrirá las compuertas
de lo que pudo y no fue?
¿Qué día el cuerpo sumergido verá la luz
y con ella la extensión del delta,
los gigantes muertos,
la hilera de álamos
al costado del arroyo?
Mientras tanto, avanzo por el río
y pienso en mi destino:
ese hundirme en el suelo fangoso
con el golpe de las aguas,
saltar después a la tierra que acaricia,
respirar
y más tarde mantenerme en la superficie,
sobrevivir a la fragilidad. 

En otro rincón del paisaje
me inclino ante el río
e inauguro un rostro.
Mi imagen se refresca
en ese espejo
y soy otra que se roza
en el asombro,
cambio lo trivial
de ese vivir superfluo
para celebrar la permanencia
de estar aquí y después partir.
Lo imprevisible es un juego sagrado.

Un nuevo verosímil se desdobla
no va a dañarnos
simplemente confunde
memoria con poesía,
universos con horas,
lámparas con grillos.
Atrás quedan los ríos, los puentes,
la gota de rocío que horada la piedra.
En el devenir
enciendo fuegos
para buscar la armonía.
El ser rebalsa;
los espacios dejan huellas.


© Susana M. Baquero

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